Hacienda, el Zaragoza y la difícil situación con los pagos pendientes

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La Agencia Tributaria, alias Hacienda, está apretando las clavijas de todos los equipos de fútbol de España hasta el punto de ponerlos contra las cuerdas. El que vive una situación más complicada de todos es el Zaragoza, conjunto que incluso se está planteando la desaparición ante la imposibilidad de devolver su enorme deuda si no se le concede un aplazamiento. La historia de Hacienda y el Zaragoza es muy sencilla de explicar, puesto que todas las relaciones se basan en los mismos criterios.

si-soy-del-real-zaragozaCuando un líder quiere mandar sobre un grupo de alumnos, empleados… la mejor táctica es comenzar siendo estrictos en las normas para acabar siendo flexible en los detalles. El problema es que Hacienda lo ha hecho justo al revés: ha sido flexible con todo el mundo permitiendo que nadie pagara y nadie tuviera en cuenta que un día habría que pagar. Y ahora se ha puesto en plan severo exigiendo sí o sí los pagos al contado hasta el punto de estar al límite de hacer desaparecer a varios equipos y muy especialmente al Zaragoza. Es decir, lo hemos hecho justo al revés de lo que manda el sentido común.

Sinceramente, no tiene ningún sentido condenar a media docena de equipos de fútbol. Lo que se debía haber hecho es no dejarles llegar a esta situación. Ahora mismo, Hacienda debe valorar mucho la situacion económica y ver si los clubes son viables o no y si los nuevos gestores que han tomado los mandos son serios o no. Si lo son, deben dar aplazamientos por puro egoísmo, porque así todos -y me incluyo- iremos recuperando aunque sea poco a poco parte de lo que jamás se les debió dejar deber. Pero dar un portazo y cerrar los clubes no arreglará nada, puesto que irán al concurso de acreedores y a la liquidación. Y si te he visto… no me acuerdo.

Incluso los más críticos con el fútbol y su falta de pagos a Hacienda, entre los que me incluyo, entenderemos aplazamientos dentro de un plan de viabilidad. Es mejor que el Zaragoza vaya pagando poco a poco a que cierre el chiringuito y no pague a nadie. Así de sencillo de entender.

Una historia ya vista: los amaños en el fútbol como el dopaje en el ciclismo

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Una de las noticias más importantes de la semana dentro de la información deportiva es el juicio por el posible amaño de un partido de fútbol jugado entre el Levante y el Zaragoza hace ya unos cuantos años y que permitió a los aragoneses mantenerse entre la elite. El juicio aún no ha hecho sino comenzar, pero ya hemos visto lo suficiente para comprobar que el fútbol está repitiendo con los amaños los mismos errores que el ciclismo cometió con el dopaje. Y esos errores se resumen en uno: meter la cabeza debajo del ala.

_rz_a9658123APOYO MEDIÁTICO

Artículo hoy de Alfredo Relaño en el diario As: “No aconsejo cuestionar el fútbol más de la cuenta por este caso. El fútbol es creíble en un muy alto porcentaje, esa es mi experiencia. En tan alto porcentaje que podemos darlo por bueno”.

Este es el primer gran error. Nosotros también lo cometimos al hablar del ciclismo y decir que una manzana podrida no puede afectar a todo el cesto. Pero la realidad es que durante un gran período, la inmensa mayoría de los ganadores de Giro, Tour y Vuelta acabaron dando positivo, así que era imposible hablar de una manzana podrida. Pero lo hacíamos para consolarnos. Era una manera de mentirnos. Y es lo mismo que están haciendo ahora en el As con el fútbol y los amaños. Ojo, no es sólo el As. Es algo que repiten todos los medios de comunicación. Pero vayamos un paso más. ¿Por qué se equivoca Alfredo Relaño? Muy sencillo: estamos asumiendo que el Zaragoza se salva de bajar a 2ª División comprando (presuntamente) a sus rivales, pero según los periodistas eso no cuestiona la credibilidad del fútbol. En el propio artículo de Relaño acepta que en las dos-tres últimas jornadas se compran y venden partidos para subir a 1ª, 2ª y 2ª B, pero su conclusión es absurdamente ingenua y dice que eso no afecta a la credibilidad del deporte. ¿No? Esas compras y ventas de partidos están alterando totalmente la competición, desde arriba hasta abajo. Y del mismo modo que está aceptado que se compra y se vende para subir, ¿quién no nos dice que se compra y se vende para ganar un título? ¿O para entrar en la Champions? El modelo del fútbol está puesto en entredicho y deberían tomar medidas drásticas para garantizar la limpieza desde la primera hasta la última jornada. Si admitimos que las tres últimas jornadas son un tráfico de maletines, estamos admitiendo que este deporte está podrido en casi un 10% de sus jornadas y en los momentos decisivos. ¿Y eso no afecta a la credibilidad?

 

EXPLICACIONES ABSURDAS

Vamos ahora con explicaciones absurdas a lo ocurrido. Ahí va una del entrenador del Zaragoza, Javier Aguirre: “He dirigido más de 400 partidos como entrenador en España, no estoy preocupado ni lo más mínimo por este tema”. La frase recuerda palabra por palabra a la mítica expresión del ciclista sancionado por dopaje (ahí está el caso Armstrong): “He pasado más de 400 controles y nunca he dado positivo”.

Ahí va la reacción de Gabi, el entonces capitán: “El presidente del Zaragoza me dijo que necesitaba efectivo, que me ingresaría el dinero en mi cuenta y que yo debía dárselo en metálico”. Esta explicación es todavía más graciosa y absurda. Gabi debería saber que desde hace muchos años ningún juez acepta como defensa la ejecución de órdenes. En los juicios de Nuremberg todos los nazis decían que ellos se habían limitado a cumplir órdenes. Asumiendo esa defensa, sólo se podía condenar a Hitler. En este caso, a otro nivel, por supuesto, estamos ante lo mismo: uno no puede decir que se limitó a cumplir con lo que le pedían, sobre todo cuando lo que le pedían es completamente ilegal. Según la explicación de Gabi, le dan 85.000 euros por transferencia, que él saca del banco y se lo devuelve al presidente en dinero. Es de suponer que él no declara ese dinero en su renta como un ingreso. Por tanto, ¿de qué hablamos? ¿Está Gabi -y los demás- sirviendo como “lavadora” de dinero negro? ¿Está Gabi -y los demás- ayudando a Agapito a descapitalizar el Zaragoza cuando tienen una suspensión de pagos a la vuelta de la esquina? En fin… hay veces que las explicaciones son peores que la realidad.

Y la realidad es difícil de asumir. Pero hasta que uno no reconoce el problema, no empieza a salir de él.

Blade Runner, la máquina de la verdad y asesinos que no pueden fumar

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No hace muchos días hablábamos de BLADE RUNNER, la película de Ridley Scott. Y decíamos que este film de ciencia ficción (basado en una novela de Philip K. Dick) había intentando predecir cómo sería el mundo en el año 2019. Evidentemente, todavía no hay robots que puedan ser confundidos con los seres humanos (hilo argumental de la novela y de la película), aunque sí parece que hay personas que tal vez no sean seres humanos.

BLADE RUNNERViene esto a cuento de la NOTICIA publicada en la prensa hace apenas unos días. Al parecer, por primera vez en España un juez ha aceptado que un acusado de asesinato tenga que pasar una prueba similar al polígrafo (o máquina de la verdad).

De todos modos, el test no será el habitual polígrafo en el que se miden variables como la tensión, el pulso, la sudoración… En realidad, el test al que se someterá al sospechoso de asesinato es un examen para comprobar las ondas cerebrales y así poder confirmar o no la acusación y también el lugar donde puede estar el cadaver de la mujer del acusado.

En la película Blade Runner, un joven Harrison Ford sometía a los sospechos de ser replicantes (robots) a un test de lo  más curioso. Si no lo han visto, pueden ver la película entera… o ver este test en el siguiente LINK.

Como ven, en Blade Runner se analizaba las reacciones en el ojo… sin importar que el sujeto fumase o no. En eso, Ridley Scott se equivocó. ¡Y mucho! En 2019 ya es posible que un juez autorice el uso de máquinas para saber si somos asesinos o no, puesto que la justicia en Estados Unidos, Israel, Japón y ahora también en España empieza a validar este tipo de estudios, pero amigo Ridley… jamás permitirán al acusado que fume. Sólo por eso, ¡acabaría en la cárcel!