La película Boyhood, una obra maestra

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La película Boyhood es una obra maestra, aunque no para todos los públicos. En este caso, la historia de la forma es casi tan importante como el fondo. El director, Richard Linklater (del que ya hablamos aquí por su trilogía Antes del Amanecer, Antes del Atardecer y Antes del Anochecer) es un hombre obsesionado por el paso del tiempo. Si en su famosa trilogía intenta estudiar el paso del tiempo en las relaciones de pareja, en Boyhood analiza el paso del tiempo en la vida de un niño de 6 años al que acompañaremos hasta su entrada en la Universidad. Para hacerlo, Linklater se ha pasado una docena de años rodando la película: desde el verano de 2002 hasta octubre de 2013, así que no hay dos actores para interpretar al niño, ni hay uso de maquilleja, ni hay artificio alguno. Lo mismo ocurre con los padres del niño (Patricia Arquette y Ethan Hawke), quienes van envejeciendo de forma natural en un rodaje de 12 años pero sólo 39 días.

Boyhood_Momentos_de_una_vida-954973569-largeDejando a un lado ese peculiar paciencia de Linklater para invertir 12 años en un proyecto, vamos al fondo de la historia: es la infancia y adolescencia de un niño de padres divorciados en Estados Unidos. Y no hay nada extraordinario. El niño no un ningún cerebrito (es más, repite curso tras la separación de sus padres), el niño no es un genio de los deportes… Al final, es un niño cualquiera al que no le ocurre nada extraordinario durante toda su infancia o adolescencia. Y esa es precisamente la grandeza de Linklater, quien consigue entretenernos durante casi tres horas de película haciendo algo que sólo los más grandes consiguen: borrar las barreras de cine y vida haciendo que la película se convierta en un pedacito de vida de un grupo de personas.

Durante las tres horas de película vemos al niño cambiar numerosas veces de casas, de amigos, de familias… a cuenta de los tres divorcios de su madre. Y le vemos dirigirse hacia la Universidad con esa mezcla tan propia de los americanos: tienen que madurar para irse a estudiar a miles de kilómetros de sus familias, conseguir dinero para pagarse los estudios… y cuando llegan a la Universidad siguen siendo niños más empeñados en beber y conocer a chicas que en estudiar. Pero así es la vida misma: preparándonos para retos para los que no estamos preparados.

La película no es apta para todos los públicos. Si buscas explosiones, disparos, persecuciones arriesgadas, efectos especiales… no vayas a verla. Los grandes efectos especiales que usa Linklater son los de la vida misma: el paso del tiempo. Ahora, si tuviste un amor infantil-juvenil al que no has vuelto a ver, si recuerdas con cariño una casa que tus padres decidieron abandonar un día sin que tu supieras muy bien por qué, si echas de menos un lugar al que ibas a veranear en la adolescencia… te interesa la vida y te interesa Linklater.

PD: El actor Ethan Hawke debería firmar un acuerdo de por vida con Richard Linklater. Nadie como Linklater sabe sacar lo mejor de este hombre que vuelve a ejercer, una vez más, de padre divorciado, buena persona e irresponsable a partes iguales.