Saber perder, la melancólica visión de David Trueba

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La primera dificultad a la hora de hablar de este libro parte con la definición de David Trueba. ¿Decimos que es director de cine? ¿Decimos que es guionista? ¿Decimos que es escritor? En realidad, podemos decir las tres cosas y no nos equivocamos porque además las tres se dejan sentir en la novela Saber perder, un libro que al parecer Pep Guardiola regaló a Leo Messi y que no tengo ninguna duda de que jamás fue leído.

SABER PERDERSaber perder es una novela con cuatro personajes que se enfrentan a un mundo que cambia y que lo hacen sabedores de que su destino es la derrota. Por un lado, tenemos a Sylvia, un joven adolescente, de sólo 16 años, que acaba enamorándose de un futbolista argentino, con el que vive un amor con fecha de caducidad. Por otro lado, tenemos a ese futbolista recién llegado a Madrid, que vive en el caprichoso mundo de los millonarios, pero también de los hombres tratados como mercancías. También él se siente fuera de lugar. Además, la novela nos ofrece la visión del padre de Sylvia, Lorenzo, quien se ha visto abandonado por su mujer, sin futuro laboral y sin ambición para buscar nuevas oportunidades. El ciclo queda completado con el abuelo, Leandro, quien calma con prostitutas el dolor del final de su mujer. Posiblemente es el personaje peor perfilado del cuarteto.

DAVID TRUEBALa novela está escrita con un estilo muy particular en el que se mezclan estilo directo, indirecto, preguntas y respuestas… sin guiones, sin separaciones y sin cumplir ninguna de las normas lingüísticas. Sin embargo, funciona, pues permite dar velocidad a una historia que en el fondo parte de una premisa muy ambiciosa y complicada: ¡hacer disfrutar al lector con la historia de cuatro perdedores! Y lo cierto es que lo consigue, aunque a costa de dejar un profundo poso melancólico. Uno se pasa toda la novela deseando que los protagonistas tengan un golpe de suerte y cambie su vida… pero la visión de Trueba no sólo es melancólica sino también realista: en la vida real no hay personas a las que les toca la lotería. Eso sólo ocurre con Fabra. Los demás deben conformarse con poder sonreír al menos un par de veces cada día. Suele ser más que suficiente.