La París-Niza aún es muy superior a la Tirreno-Adriático

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Durante toda la semana se está debatiendo sobre la París-Niza y la Tirreno-Adriático, las dos carreras más importantes del mes de marzo y ambas pertenencientes a la elite del calendario ciclista mundial. Y la opinión del aficionado es obvia: la Tirreno-Adriático supera a la París-Niza por recorrido, participación… Sin embargo, permítannos que con todo el ánimo de polemizar rompamos en mil pedazos esa idea. No, no es cierto. A día de hoy la París-Niza sigue siendo muy superior a la Tirreno-Adriático.

PODIOPARISNIZA-ASO-P.PERREVEPara demostrarlo podemos comenzar con datos anecdóticos. Por ejemplo, se ha criticado a la París-Niza por el tras coche de un corredor en una etapa sin trascendencia. Pero cabe recordar que eso es responsabilidad única y exclusiva de su equipo y del ciclista y, posteriormente, de los árbitros, que son los que deben castigar la acción. Lo que sí depende de la organización es el apartado de las clasificaciones. Y en ese punto concreto, la París-Niza funciona como un reloj y la Tirreno-Adriático como un casino, puesto que muchas horas después de acabar la prueba seguimos con un top10 de etapa y general. En cambio, la prueba francesa apenas tarda unos pocos minutos en ofrecer la clasificación completa.

Pero dejemos a un lado las anécdotas y vayamos a lo importante: ¿para qué compiten los ciclistas? Tal vez algún aficionado pierda el foco, pero se corre sólo por un objetivo: conseguir publicidad para los patrocinadores. Y en ese apartado no hay duda alguna: la París-Niza barre a la Tirreno-Adriático.

Los datos de audiencia del WorldTour de 2012 -los últimos que poseemos, pero son similares a los del último lustro- no dejan lugar a la duda: la París-Niza es la cuarta carrera del mundo que más audiencia televisiva consigue, sólo superada por Tour, Giro y Vuelta. En 2012, por ejemplo, la París-Niza acumuló una audiencia de 125 millones de espectadores. ¿Y la Tirreno? Sólo logró 45 millones. Es más, entre Tirreno y Milán-San Remo, se quedaron en 68 millones, es decir, poco más que la mitad de espectadores que la París-Niza.

Algunos pueden argumentar -con razón- que esas audiencias millonarias son conseguidas por ASO gracias a vender un paquete completo a las televisiones: cuando compras el Tour, ASO te vende Dauphiné, París-Niza… Como decíamos, tienen razón. Pero eso no quita un ápice a un detalle básico: en España y sin parabólica, se ha podido ver la París-Niza en directo todos los días. Pero no se han podido ver los magníficos recorridos y las extraordinarias prestaciones de Alberto Contador en la Tirreno. ¿Es mejor carrera la italiana? ¿Tiene mejor participación? Cada uno tendrá su opinión. Lo que está claro es que Ag2r y Lampre-Merida, por ejemplo, han acertado llevando a Betancur y Rui Costa a la París-Niza. Han conseguido que sus patrocinadores sean vistos por más de 100 millones de espectadores… Con la Tirreno, eso no habría sido posible. Y cuando acabe la temporada y las marcas reciban los datos de las audiencias televisivas no recordarán si el trazado fue muy montañoso o poco. Verán los millones de aficionados que siguieron las evoluciones de la carrera donde sus nombres fueron recitados una y otra vez. Lo dicho, con ánimo de polemizar, la París-Niza es aún muy superior a la Tirreno-Adriático.

@JQuintana76

Foto: ASO

Yo apruebo y los profesores me suspenden

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La lengua castellana -y la mentalidad que detrás de ella se esconde- es rica en recursos. Por ejemplo, los verbos aprobar y suspender tienen una conjugación realmente difícil. Yo apruebo, tu apruebas, él aprueba, nosotros aprobamos… Hasta ahí parece sencillo. En cambio, el verbo suspender se declina así: él me suspende, ella me suspende, ellos me suspenden… Y así vivimos: cuando apruebo el protagonista soy yo y cuando suspendo el protagonista es otro.

Viene esto a cuento de un ciclista de cuyo nombre no quiero acordarme pero que sí habrá que citar. Se llama Marco Arriagada. Este buen hombre se puso hasta arriba de sustancias dopantes, tomó el pelo a todo el mundo en un Tour de San Luis de 2011, los laboratorios detectaron sus trampas y… entonces comenzó con su particular show. Cuando ganaba era él, pero cuando se demostró su dopaje, el sujeto empezó diciendo que él era inocente y todo era culpa de un compañero y un suplemento vitamínico para acabar reconociendo -ahora- que se dopaba. ¿Pide disculpas? No, ni mucho menos. Los que me suspenden son otros, como siempre.

ARRIAGADAFoto: Vueltaachile.cl

Miren lo que dice el angelito: “No me arrepiento de haberme dopado, porque todos lo hacían y no me quedó ninguna secuela”. [Nota del autor del blog: la ausencia de secuelas es una opinión subjetiva del propio Arriagada que este no compartimos].

Y para colmo de colmos añade sobre las instituciones que gestionan el deporte (UCI, Federación Chilena, Corte Arbitral del Comité Olímpico Chileno) y que le sancionaron con dos años de castigo: “Me jodieron la carrera. Este año hubo varios positivos y el COCh dio castigos de tres y seis meses. No me retribuyeron todo lo que entregué al país. Ni siquiera me dieron acceso a un psicólogo. Me borraron del mapa”.

En eso sí debemos darle la razón a Arriagada. El país debió castigarle económicamente por el daño que ha hecho a su país y, por supuesto, deberían darle ayuda psicológica. ¡La necesita!