Blade Runner, la máquina de la verdad y asesinos que no pueden fumar

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No hace muchos días hablábamos de BLADE RUNNER, la película de Ridley Scott. Y decíamos que este film de ciencia ficción (basado en una novela de Philip K. Dick) había intentando predecir cómo sería el mundo en el año 2019. Evidentemente, todavía no hay robots que puedan ser confundidos con los seres humanos (hilo argumental de la novela y de la película), aunque sí parece que hay personas que tal vez no sean seres humanos.

BLADE RUNNERViene esto a cuento de la NOTICIA publicada en la prensa hace apenas unos días. Al parecer, por primera vez en España un juez ha aceptado que un acusado de asesinato tenga que pasar una prueba similar al polígrafo (o máquina de la verdad).

De todos modos, el test no será el habitual polígrafo en el que se miden variables como la tensión, el pulso, la sudoración… En realidad, el test al que se someterá al sospechoso de asesinato es un examen para comprobar las ondas cerebrales y así poder confirmar o no la acusación y también el lugar donde puede estar el cadaver de la mujer del acusado.

En la película Blade Runner, un joven Harrison Ford sometía a los sospechos de ser replicantes (robots) a un test de lo  más curioso. Si no lo han visto, pueden ver la película entera… o ver este test en el siguiente LINK.

Como ven, en Blade Runner se analizaba las reacciones en el ojo… sin importar que el sujeto fumase o no. En eso, Ridley Scott se equivocó. ¡Y mucho! En 2019 ya es posible que un juez autorice el uso de máquinas para saber si somos asesinos o no, puesto que la justicia en Estados Unidos, Israel, Japón y ahora también en España empieza a validar este tipo de estudios, pero amigo Ridley… jamás permitirán al acusado que fume. Sólo por eso, ¡acabaría en la cárcel!

El test de ADN, de violadores a cacas de perro

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Blade Runner es una película de ciencia ficción que, entre otras cosas, intenta imaginar el mundo en el año 2019. Resulta evidente que estamos muy lejos de lo que el film de Ridley Scott planteaba. Pero no hay que olvidar un detalle: en Blade Runner se mezclan replicantes con aspecto humano y personajes que van en bicicleta. Esa es una de las grandezas de la película, puesto que imagina en perfecta armonía prototipos hiper-futuristas con otros totalmente arcaicos.

No vamos a ser tan osados de decir cómo será el año 2019, puesto que ya lo tenemos casi a la vuelta de la esquina. Pero resulta evidente que hay dos características propias del siglo XXI: la velocidad del progreso tecnológico… y la lentitud de la justicia.

BLADE RUNNERFoto: Neele Lind

Vamos al caso: el test de ADN es uno de los descubrimientos más importantes del siglo XX. Durante años, su precio y la tecnología necesaria para hacer estos sofisticados test han hecho que únicamente pudiera aplicarse en muy pocos casos. Por ejemplo, empezó utilizándose para pruebas de paternidad. Pero también acabó usándose para encarcelar a violadores. En esos casos, los test de ADN estaban limitados a procesos judiciales largos y costosos y siempre en el ámbito penal o, al menos, en el civil.

Pero como dicen los clásicos del barrio la ciencia avanza que es una barbaridad. Y los test de ADN han empezado a multiplicarse. En el mundo del deporte, por ejemplo, los ciclistas están obligados a ceder voluntariamente -ya sé que obligados y voluntariamente no deben ser escritos en una misma frase, pero así es- su ADN. ¿Cuál es la finalidad? Pues pueden preguntárselo a corredores como Jan Ullrich. El alemán fue sancionado por ese test… para casos en los que no había una violación ni un hijo desposeído de sus derechos sino un deportista que hacía trampas a otros.

De todos modos, no crean que el ADN se va a acabar ahí. Como siempre, cuando quieran ver el futuro, miren a Estados Unidos y Japón, dos países donde para bien o para mal acabamos colocando nuestros ojos e imitando -casi siempre lo peor de ambos-. Pues resulta que en Estados Unidos, donde cualquier problema puede acabar en un juzgado, emplean los test de ADN para las cacas de perro.

Lo explicamos: en determinadas urbanizaciones de lujo y ante dueños desalmados que no tienen reparo a la hora de que sus perros hagan caca mientras ellos miran a otro lado, se han impuesto los test de ADN. Al parecer apenas cuestan 60 euros y permiten identificar al propietario del excremento -al perro y, por tanto, a su dueño-, lo que facilita la sanción económica y la humillación pública.

De todos modos, parece que como efecto freno funciona realmente bien, puesto que en esas mismas urbanizaciones son pocos o ninguno los que miran hacia otro lado. Saben que si su perro -o mejor dicho, ellos- dejan un excremento en el suelo, la asociación de vecinos cogerá una muestra, analizará el ADN e identificará al criminal. ¡Y todo por 60 euros! Piensen en el abanico de posibilidades al que nos llevará esta modernidad: ¿habrá test de ADN para los adolescentes que entren en los parques a comer pipas? En fin, al final resultará que Blade Runner no era tan futurista como pensábamos.