Canciones de amor a quemarropa o la dificultad de la nostalgia

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El libro del que hoy hablaré -o mejor dicho, escribiré- es Canciones de amor a quemarropa, de Nickolas Butler. La novela está centrada en la historia de cuatro amigos, Henry, Lee, Kip y Ronny, que crecieron juntos en el mismo pueblo de Wisconsin, Little Wing. Cada uno emprendió un camino muy diferente: Henry se quedó en el pueblo y se casó con su primera novia. Ronny se convirtió en un famoso cowboy de rodeo aunque la vida ya no haya vuelto a sonreírle. Kip buscó fortuna en la bolsa mientras que Lee es una estrella de rock de fama mundial, un éxito surgido tras publicar su disco, Canciones de amor a quemarropa.

La historia va cambiando los puntos de vista. Está escrita en primera persona pero necesitas siempre varios párrafos antes de entender quién es el que habla en cada capítulo. En la novela se habla, sobre todo, de la nostalgia de los hombres -y las mujeres- que empiezan a ver cerca la barrera de los 40 años y que recuerdan con sensación de añoranza su adolescencia, la felicidad que ellos asocian a haber vivido en un pequeño pueblo y que no son capaces de encontrar en ninguna gran ciudad ni con ninguna mujer ni estilo de vida. Nada es tan pleno como lo que sintieron cuando vivían en Little Wing y no tenían ningún tipo de obligación.

A partir de ahí, la novela se abre a un debate interesante. Para algunos puede ser un ejercicio de cursilería. Para otros, puede ser una obra maestra. En principio, es una buena novela para el verano: sencilla de leer y entretenida en muchos de sus tramos, pero sin grandes ambicios literarias ni de forma ni de fondo. En muchos sentidos recuerda a la película Beatiful Girl, una de las primeras apariciones estelares de una por entonces jovencísima -tal vez mejor sería decir niña- Natalie Portman. Así que si te gustó aquella película, es más que probable que te guste esta novela.