Los cuerpos extraños y la saga de Lorenzo Silva

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Hoy toca novela negra de un escritor, Lorenzo SILVA, que con el paso de los años se ha convertido posiblemente en la principal referencia de la literatura española en este género, junto a Alicia Giménez Barlett y su famosa Petra Delicado. Para empezar a hablar de Lorenzo SILVA hay que decir que ganó el premio Planeta de 2013 con La Marca del meridiano, aunque casi inmediatamente habría que añadir que a pesar de ello es un notable artesano de la literatura, puesto que los premios tan comerciales parecen llevar consigo suculentos réditos económicos, pero también sospechas literarias. No es el caso, al menos en el segundo punto de la frase. El libro de SILVA que hemos leído es el último de la saga: Los Cuerpos Extraños. Así que empecemos por el principio.

LORENZO SILVALorenzo SILVA ha escrito ya ocho novelas. La primera fue el Lejano país de los estanques y la última, Los Cuerpos Extraños. En este período de tiempo, casi todo ha ido cambiando, aunque hay elementos fijos. En sus novelas, la investigación es siempre desarrollada por dos Guardias Civiles: Rubén Bevilacqua y Virginia Chamorro. De jóvenes de 30 y 20 años pasan a agentes de 50 y 40, con la lógica evolución de su mentalidad, que va amargándose en cada uno de los libros, pero sin llegar a perder nunca el entusiasmo por la defensa de la imagen de la Guardia Civil, una constante en los libros de un Lorenzo SILVA que incluso ha escrito otras obras de tinte histórico sobre el cuerpo benemérito.

Yendo a lo literario, Los Cuerpos Extraños es una novela centrada en la costa valenciana -no se identifica la ciudad-. Ha aparecido muerta una alcaldesa y los agentes deben descubrir qué ha sucedido en una red en la que se mezclan posibles casos de corrupción urbanística con la vida de desenfreno sexual de la mujer asesinada.

los-cuerpos-extranos_9788423348299Desde el punto de vista argumental, no es la mejor novela de Lorenzo SILVA. En muchos sentidos era mejor la trama construida en La marca del meridiano. Pero cuando uno ha leído los ocho libros de la saga, resulta imposible no apreciar los matices de la relación entre Vila -Bevilacqua resulta muy difícil de pronunciar y memorizar para los españoles- y Chamorro, puesto que uno de los logros más importantes de SILVA es hacer evolucionar y envejecer a sus personajes, algo que no todos los autores hacen.

La novela, por tanto, es recomendable para los que busquen novela negra española de calidad, aunque si nunca han leído a Lorenzo SILVA sería mucho mejor que comenzaran con el primero de la serie, El lejano país de los estanques, porque de ese modo es probable que no ganen un libro… sino ocho para su colección.

Saber perder, la melancólica visión de David Trueba

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La primera dificultad a la hora de hablar de este libro parte con la definición de David Trueba. ¿Decimos que es director de cine? ¿Decimos que es guionista? ¿Decimos que es escritor? En realidad, podemos decir las tres cosas y no nos equivocamos porque además las tres se dejan sentir en la novela Saber perder, un libro que al parecer Pep Guardiola regaló a Leo Messi y que no tengo ninguna duda de que jamás fue leído.

SABER PERDERSaber perder es una novela con cuatro personajes que se enfrentan a un mundo que cambia y que lo hacen sabedores de que su destino es la derrota. Por un lado, tenemos a Sylvia, un joven adolescente, de sólo 16 años, que acaba enamorándose de un futbolista argentino, con el que vive un amor con fecha de caducidad. Por otro lado, tenemos a ese futbolista recién llegado a Madrid, que vive en el caprichoso mundo de los millonarios, pero también de los hombres tratados como mercancías. También él se siente fuera de lugar. Además, la novela nos ofrece la visión del padre de Sylvia, Lorenzo, quien se ha visto abandonado por su mujer, sin futuro laboral y sin ambición para buscar nuevas oportunidades. El ciclo queda completado con el abuelo, Leandro, quien calma con prostitutas el dolor del final de su mujer. Posiblemente es el personaje peor perfilado del cuarteto.

DAVID TRUEBALa novela está escrita con un estilo muy particular en el que se mezclan estilo directo, indirecto, preguntas y respuestas… sin guiones, sin separaciones y sin cumplir ninguna de las normas lingüísticas. Sin embargo, funciona, pues permite dar velocidad a una historia que en el fondo parte de una premisa muy ambiciosa y complicada: ¡hacer disfrutar al lector con la historia de cuatro perdedores! Y lo cierto es que lo consigue, aunque a costa de dejar un profundo poso melancólico. Uno se pasa toda la novela deseando que los protagonistas tengan un golpe de suerte y cambie su vida… pero la visión de Trueba no sólo es melancólica sino también realista: en la vida real no hay personas a las que les toca la lotería. Eso sólo ocurre con Fabra. Los demás deben conformarse con poder sonreír al menos un par de veces cada día. Suele ser más que suficiente.

Nadie (o casi nadie) quiere ser un bad boy

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Los patrocinadores son cada vez más importantes en los ingresos de los deportistas y, por tanto, en la imagen que todos intentan transmitir a la sociedad. Por eso mismo parece claro que una imagen pública intachable es necesaria para ganarse el corazón de los aficionados y, al mismo tiempo, para incrementar la cuenta corriente. Viene esto a cuento de lo sucedido con el polémico vídeo de Jorge Lorenzo, donde se mostraba su casa. El piloto ya ha forzado a su sponsor e ideólogo del vídeo (Monster) a que lo borre y también ha pedido disculpas públicamente. Pero no siempre ocurre eso. Hay algunos deportistas que disfrutan ejerciendo de “bad boys” (chicos malos).

Hoy toca hablar de tiempos pasados en el deporte, aunque no tan lejanos. Y, sobre todo, toca hablar de Estados Unidos, un país donde sí es posible hacer carrera -y ganar mucho dinero- con una impecable imagen de “malote”. Eso es lo que ocurrió en la liga más profesional de todas cuentas se organizan en el mundo: la NBA de baloncesto.

DETROIT PISTONSCon unos Boston Celtics (Larry Bird) y unos Los Angeles Lakers (Magic Johnson) en decadencia y frente a unos Chicago Bulls (Michael Jordan) emergentes pero todavía no dominadores, aparecieron un grupo de canallas que jugaban realmente bien al baloncesto pero que además aprovechan cualquier triquiñuela posible para descentrar a sus rivales y muy especialmente a las estrellas de los equipos contrarios. ¿De quién hablamos? Los amantes del baloncesto seguro que lo recuerdan: los bad boys, los Detroit Pistons.

Si uno quiere echar mano de la nostalgia, puede hacerlo con este vídeo de poco más de cuatro minutos. Es suficiente para ver a todos y cada uno de los jugadores de Detroit repartiendo palos a sus rivales. Y entre todos destaca con luz propia Bill Laimbeer, un pivot que ni era alto, ni era rápido ni tenía un técnica especialmente pulida, pero que sabía sacar de quicio a todos sus rivales y coger más rebotes que nadie por partido.

Con su cara de no haber roto un plato, Laimbeer aparece en el vídeo pidiendo una y otra vez a la afición rival que les gritasen más y les insultasen con más ahínco (por cierto, Laimbeer ha sido posteriormente un entrenador de éxito en el baloncesto femenino, con varios títulos en la NBA de mujeres).

Esa (el odio de los rivales) era la fuerza de unos Pistons que ganaron la NBA en 1989 y 1990 con jugadores de calidad como Isaiah Thomas, Joe Dumars, Vinnie Johnson (microhondas) y, por supuesto, el inconfundible Dennis Rodman, quien posteriormente ha seguido ejerciendo de bad boy y de asesor del presidente de Corea del Norte, valga la redundancia.

DENIS RODMAN-OPEN SPORTSFOTO: OPEN SPORTS

Tal vez las grandes multinacionales que hoy dominan el deporte no consentirían que unos chicos como los que formaron aquel mítico grupo ganaran la NBA. Tal vez sea más oportuno pedir a todo el mundo que se comporte en una línea de corrección y de ética. Tal vez el deporte sea el mejor vehículo para enseñar a los jóvenes valores como la cultura del esfuerzo. Tal vez sea así. Pero en nuestra historia también hay bad boys que consiguen triunfar dentro y fuera de la cancha con un estilo absolutamente canalla. Son los menos, pero los hay, aunque Jorge Lorenzo y sus agentes hayan querido rápidamente limpiar su imagen y desmarcarse de cualquier tipo de polémica.

PD: Si alguien piensa que el modelo de “bad boy” sólo es aplicable al deporte, está equivocado. En el mundo de la moda, por ejemplo, hay una “bad girl” que también asombra al mundo entero. Se trata de Kate Moss, una supermodelo que en su carrera artística puede presumir de haber cometido todos los errores posibles y de haber transmitido siempre la peor imagen posible. Y, sin embargo, sigue facturando millones y millones de euros y los grandes modistos la tienen como icono a pesar de que a la mayor parte de los seres humanos no nos hagan ninguna gracia ni sus huesos (puesto que es lo más destacable en su anatomía) ni sus escándalos, con sesiones de drogadicción incluidas. Misterios de la vida y es que ser “bad girl” también parece rentable.

Jorge Lorenzo y la dificultad de dar un paso atrás

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No hace muchos días escribimos una entrada sobre la casa de Jorge Lorenzo y los riesgos a los que se enfrentan en su día a día los deportistas de elite. Poco después, se supo que el vídeo había sido eliminado y posteriormente se ha dado un paso más con una petición de disculpas por parte del piloto.

Lo cierto es que el gesto de Jorge Lorenzo es difícil de ver, muy difícil. Hoy en día no es habitual que políticos, deportistas y famosos en general pronuncien ante la cámaras un simple “me he equivocado”. Nunca tres palabras evitan tantas justificaciones equivocadas. Lorenzo lo ha hecho y es digno de elogiar.

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En nuestro país también vivimos una rectificación por parte del rey Juan Carlos, aunque no quedó muy claro si se arrepentía de cazar elefantes, de haberse fracturado la cadera o de que todo se hubiera hecho público.

De todos modos, no es habitual. Sólo basta con echar la vista atrás y pensar en Bill Clinton y su relación con Monica Lewinsky. Clinton mintió de tantas formas tan diferentes que demuestra una de las circunstancias que jamás saltan a la luz pública pero que deben ser explicadas: los políticos -y en menor medida los deportistas- viven rodeados de personas que sólo tienen como objetivo en la vida reírle las gracias a su empleador. La expresión más auténtica para definir la corte de pelotas que suelen rodear a las personas importantes no es otra que la de “agradaor”, es decir, un tipo siempre dispuesto a decir al jefe lo que el jefe sin duda alguna quiere escuchar. Y así nos luce el pelo…

Jorge Lorenzo y los males del deportista

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El mallorquín JORGE LORENZO ha conseguido cierto protagonismo en las redes sociales con un vídeo en el que mostraba su supuesta casa en Barcelona. Decimos lo de supuesta porque con estos reportajes -al igual que en los del Hola, pero por motivos muy diferentes- nunca sabes si es su casa o si han alquilado la de otro para hacer publicidad y salir del paso. Pero vamos a dar por supuesto que ése es su hogar (ahí está el vídeo, con chicas Play Boy incluidas, aunque no vengan a cuento de nada).

La primera duda grande es si de verdad tiene lógica económica una inversión de cinco millones de euros en una casa propia de un adolescente. No lo parece (lo de tener lógica), puesto que no son muchos los adelescentes que en el futuro podrán pensar en comprar esa casa, puesto que ese tipo de potencial comprador o no tiene dinero o prefiere hacérsela a su gusto. Y decimos lo de casa de adolescente por la discoteca interna, por montar un ring de boxeo y por tantos y tantos detalles que llevan a pensar siempre lo mismo: perfecto…es la casa de tus sueños… hoy, pero ¿dentro de diez años servirá para que viva una familia?

JORGE LORENZOFoto: Willtron

La segunda duda es cuánto dinero -y por tanto personal para el cuidado y mantenimiento- hace falta para mantener una casa así. Es evidente que con unos 15 millones anuales de ingresos, Jorge Lorenzo no tiene problemas para llegar a final de mes. Pero él vive una profesión de alto riesgo donde una caída puede reducir los ingresos drásticamente (casi a cero) y, además, los pilotos son muy jóvenes y tienen por delante toda una vida, algo que parece no preocuparles mucho hoy, pero que debería ser motivo de reflexión.

No sólo la casa muestra los males típicos del deportista de elite. También en el garaje se ven muchos de los caprichos habituales: coches de lujo para deportistas que pasan casi todo el año fuera de casa y que apenas harán cuatro o cinco mil kilómetros con el por año (siendo generosos).

OLYMPUS DIGITAL CAMERAFoto: Gogo Visual

Puede ser que Jorge Lorenzo esté mucho años en la elite y gane el dinero suficiente para permitirse todos esos lujos el resto de su vida. Pero también puede ser que no sea así, por desgracia. Lo que está claro es que en el entorno de Lorenzo (y en el de tantos y tantos deportistas) no se practica una tradición romana. En la República (y el Imperio) cada vez que un general conseguía una victoria importante se le permitía entrar en Roma con un desfile triunfal. ¡Era su momento de gloria! Pero subido al carro desde el que el general saludaba a las masas viajaba siempre un simple esclavo que tenía una función muy importante: mantenía sobre la cabeza del general los laureles de la victoria, pero también le repetía a su oído: “Respice post te, hominem te esse memento (“mira hacia atrás y recuerda que sólo eres un hombre”).

Por desgracia, en el entorno de los deportistas (y no sólo deportistas) no parecen abundar los esclavos que recuerdan la humildad necesaria en los triunfos.

PD: Puede ser que el vídeo no haga justicia a la vida de Jorge Lorenzo. Y puede ser que se quede corto. Es sólo una anécdota. Y si piensan que con esa cantidad de dinero es imposible arruinarse, otro día les hablaremos de la situación de los jugadores de la NBA, donde más del 50% están arruinados sólo cinco años después de colgar las botas. Allen Iverson, con 120 millones de euros ganados en su trayectoria como jugador de baloncesto, es el mejor ejemplo de deportista que lo gana todo con la misma facilidad con la que lo pierde.