Entrevista en Biciciclismo sobre Cuervos y palomas y el dopaje

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La prestigiosa web Biciciclismo.com publica hoy una entrevista que me realizaron y que tiene como contenido fundamental tanto mi novela Cuervos y Palomas como el dopaje en el deporte profesional y muy especialmente en el ciclismo. A continuación, os copio el contenido de la entrevista, con preguntas y respuestas.

cuervos-y-palomasEl periodista Jorge Quintana Ortí envuelve en una novela negra una obra de aroma ciclista en torno al deporte profesional y su rincón más oscuro, el dopaje. En “Cuervos y palomas”, el escritor valenciano lanza una mirada crítica al pasado pero a la vez su visión es optimista por la regeneración y la credibilidad de un ciclismo  que tanto le apasiona y que tan bien conoce por sus años de reconocido trabajo en el semanario Meta2Mil, los últimos como director.

Un relato del lado más tenebroso y opaco del deporte, en una investigación policial que llevan a cabo el inspector Marco Klein, quien fuera un destacado especialista en correr maratones, y la subinspectora Magda Ramírez, absolutamente ignorante del mundo del deporte de élite, dos protagonistas que ha parido Quintana y que quiere, tanto que les ve en una segunda aventura. El escritor valenciano revela a preguntas de BiciCiclismo las tripas de “Cuervos y palomas” y ofrece su visión del dopaje ayer y hoy porque no duda que el ciclismo se ha regenerado.

-¿Cómo y por qué surge la inquietud de escribir esta novela?
-En realidad he escrito toda mi vida, no solo como periodista, sobre todo cuentos.  Escribir una novela, sin embargo, es otra historia, un esfuerzo de fondo y para eso hace falta madurez, tranquilidad y tiempo, algo que con el periodismo es muy complicado. Te tienes que sumergir en un mundo que no es el tuyo, crear unos personajes, dotarles de una vida entera y eso trabajando día a día es muy complicado. Entonces, cuando surge el parón de Meta2Mil, me empiezo a plantear escribir una novela. En ningún momento me planteo escribir de dopaje, intento escribir de corrupción, pero veo que la historia no me sale. Así que estoy un año y pico con los personajes definidos pero no estoy contento con el resultado. Llego a escribir casi 200 páginas. Y al final las tiro. En el fondo sí que tenía el gusanillo de escribir de dopaje pero siempre te da un cierto reparo porque lo has vivido muy de cerca y también había dejado el periodismo hacía poco. Así que lo tenía muy cercano todo, me faltaba un poco de perspectiva. Después de un año y pico fracasando porque al final esta novela surge del fracaso, decido coger a los personajes  y meterlos en una historia que sí que domino, que es el deporte de élite y el dopaje. Y cambia por completo, empiezo a escribir la historia, sale todo fluido, en 15 días escribo 200 páginas, toda la base, y soy capaz de escribir durante 10-12 horas diarias porque es un tema en el que me siento cómodo.

-¿Qué parte de realidad tiene la novela?
-No oculto que cuando eres periodista hay muchas cosas que conoces y no puedes escribir la mayoría por el Código Penal. No puedes contarlas porque no tienes las pruebas o tienes solo una fuente y en esas circunstancias no debes contarlas tampoco. La novela es perfecta para llenar esos huecos y hacer una serie de reflexiones con la tranquilidad que no tienes con el periodismo. En un periódico, tienes tantas páginas, caracteres… y te tienes que ceñir al día a día. Así que la novela ha sido, como escribo en la dedicatoria, una manera de ajustar cuentas con un pasado en el que hay cosas que te han quedado en el tintero. Hay parte que está basada en la realidad pero no hay que olvidar que es una novela y que los personajes protagonistas no existen.

-¿Por qué el título “Cuervos y palomas”?
-Alude a dos cosas. Palomas son el nombre que se da en el argot a las personas que llevan los productos dopantes. Y Paloma es también el nombre de la jueza instructora, se da la doble coincidencia. Y los policías cuando conocen un poco el argot, que las palomas son los que ellos tienen que buscar y que la jueza instructora se llama Paloma, tienen la feliz idea de llamar a la operación policial Operación Cuervo. De ahí Cuervos y Palomas.

-En el ciclismo ha habido palomas.
-Sí, sí, evidentemente.

-¿Y hay palomas todavía?
-¿Ahora mismo? ¿Sinceramente? Es una de las reflexiones que contesto en el libro. Yo creo que el ciclismo como deporte ha hecho los deberes. ¿Lo han hecho todos? No, porque todavía hay positivos con EPO. Por tanto, decir que en el ciclismo todos sus artistas van limpios es chocar con la realidad. Ahora bien, decir que no ha habido un cambio cultural y generacional, también sería mentir. El ciclismo ha hecho los deberes, ¿ha acabado? No, pero por lo menos hay un propósito y una intención por cambiar. El ciclismo ha dado ese paso de examinarse y es un proceso doloroso, y espero que todos los deportes tomen nota.

-¿Está de acuerdo en que hay una nueva mentalidad, un ciclismo más limpio?
-Otra de las reflexiones del libro es que un chaval que tiene ahora 24-25 años y que entró con 20 en el ciclismo pues lleva cuatro temporadas con un pasaporte biológico, diciendo todos los días de su vida donde duerme y no ha conocido otra cosa. Y ha entrado en un ciclismo en el que yendo absolutamente limpio se pueden ganar carreras, cosa que antes no sucedía. Y ese es un cambio generacional, de mentalidad y cultural muy grande. ¿Van todos limpios? No, pero al menos cuando llegan a la máxima categoría se les han puesto los medios para que puedan ir limpios y ven que pueden ganar carreras. Antes no era así, no hay por qué ocultarlo. Es la realidad.

Y los que de verdad amamos el ciclismo tenemos que reconocer que durante años el dopaje fue generalizado. Si queremos callarnos, ocultarnos… no hacemos nada bueno. El proceso de cambio se ha llevado a cabo. Ahora a nadie se le ocurre que haya una red de dopaje organizada dentro de un equipo, por ejemplo… Hace unos años tuvimos el caso Festina, y a lo peor no sólo era Festina porque cuando se hicieron redadas en ese Tour hubo algún otro equipo. No era nada extraño. Y eso es lo que intento explicar en la novela: esa evolución, cómo hay un momento en el deporte que el que dopa es un masajista, luego entran los médicos, los médicos organizan el deporte de forma sistematizada dentro del equipo, y ahora hemos pasado a una fase en la que los médicos están contra el dopaje, al igual que los mánagers, los sponsors… Y cuando hay dopaje son casos aislados al margen de la estructura.

-¿Se cree los resultados del ciclismo actual?
-Yo en líneas generales me los creo.

-¿Hasta cuando hay que mirar atrás?
-Sinceramente, creo que a día de hoy no sirve de nada que digamos que en los años 90 paso esto o lo otro, o quitar del podio a alguien porque hace 14 años se sabe ahora que tomó EPO y borrarlo del palmarés. Tenemos que asumir lo que hubo en el pasado y lo que hay que hacer es trabajar en el futuro y de una forma coherente y sensata. Hacer controles a las 3 de la mañana…

-¿Qué le pareció el informe de la Comisión Independiente de Reforma del Ciclismo (CIRC) impulsado por la UCI?
-Que para ese viaje no hacían falta tantas alforjas. Para decirnos que existía un dopaje organizado y que a día de hoy hay, pero menos tampoco hacía falta gastarnos tres millones de euros y hacer entrevistas a tropecientas personas. El sentido común nos lo dice. A mí lo que me preocupa y en lo que debíamos haber gastado tres millones es en reunir a todos los médicos de todos los equipos, a todas las comisiones antidopaje de todos los países y en pensar en nuevas fórmulas en la lucha contra el dopaje; ahí es donde debemos invertir los tres millones de euros. No en pensar si en el año 99 pasó no sé qué. Han hecho un trabajo enciclopédico del dopaje, que está muy bien, pero no hemos avanzado lo suficiente en el futuro porque al final hemos dicho cuatro vaguedades y que hay que hacer controles a las 3 de la mañana. Quizá hay que tener unos médicos UCI que gestionen a los equipos en las grandes vueltas y que dependan de la UCI, esa sí que es una medida real que se puede estudiar y plantear, pero…

Yo pienso que trabajar en un control médico externo es más sencillo que ir a las 4 de la mañana a hacer un control a un tío que está disputando el Tour de Francia porque incluso puede condicionar la propia carrera. Hay líneas rojas que no podemos atravesar. Hay cosas que son absurdas. Es más sencillo que la UCI tenga a un médico pagado por la UCI que supervise a un equipo durante una gran vuelta y que les haga un hemograma todos los días a los corredores pero a las 5-6 de la tarde. Y que si un corredor por ejemplo sufre una anemia severa que en un momento dado pueda tomar hierro y que sea administrado por ese médico y que reporten a un comisario de médicos general de la UCI, o de un organismo independiente. Hay medidas que pueden ser prácticas y ayudar a dar más transparencia.

-¿Se vende bien el ciclismo como deporte?
-Bueno, no estoy de acuerdo cuando se dice que el dopaje nos ha quitado patrocinadores. Si casi tenemos los mismos equipos que en el 93-94, cuando Induráin ganaba los Tours. Lo que nos ha quitado los patrocinadores ha sido la crisis económica y en cuanto remonte volveremos a tener equipos. Eso no quita que hay que vender el ciclismo mucho mejor. Y otra cosa que comento en la novela es que hay deportes como el atletismo y el ciclismo que son golpeados porque el propio sistema necesita que haya positivos y escándalos para justificarse y seguir consiguiendo dinero con el que crecer. Y siempre se ataca a los deportes que no se saben organizar, ni venderse ni trabajar.

-¿A día hoy, quién es más importante en un equipo, el corredor, el mánager, el director deportivo, el preparador físico o el médico?
-Pues si lo analizas bien, en los equipos ciclistas hace muchos años los que tenían mejores sueldos eran los médicos, y aquí la UCI lo podría explicar porque tiene acceso a todos los contratos laborales; ahora mismo estoy convencido que los mejores sueldos son de los ciclistas y que hay muchos más preparadores físicos que antes. Es más, en la novela se cuenta una anécdota que es fruto de los datos que descubrí en el Centro de Alto Rendimiento de Granada, puesto que parte de la trama sucede allí. Y la gente que trabaja allí me contó en una de las entrevistas, porque he intentado documentarme, que a ellos les había sorprendido gratamente que todos los que ahora van al CAR lo hacen con un preparador, cuando hace años iban con médicos. Ojo, que hay médicos muy buenos y que se dedican a entrenar. Pero ahora hay equipos que tienen 5-6 preparadores; estamos llegando a la profesionalización en la preparación, en la nutrición, en aspectos que antes no se cuidaban porque no hacía falta.

-¿Qué acogida ha tenido la novela?
-Tenía ciertas dudas por cómo iba a acoger la novela el mundo del deporte y me ha sorprendido porque está siendo mucho mejor de lo que podía esperar. Porque los que han vivido esa época entienden que no estoy contando ninguna mentira y en el fondo el libro también tiene una parte muy optimista. Empieza fuerte, con la muerte de un deportista por una transfusión, pero también tiene un toque optimista. Evidentemente se puede hacer todavía mejor, pero vamos por el buen camino, aunque de vez en cuando tengamos alguna recaída.

-¿Se has saciado?
-No. La segunda parte de la novela la tengo preparada. No será sobre deporte pero será con los mismos protagonistas: Marco Klein y Magda Ramírez. Sí me he cansado de la trama del deporte, esa la quiero dejar descansar. Pero de los protagonistas no me he cansado. Además, muchos lectores me piden que siga con su vida. Me pasa como a ellos. Al final les coges cariño y, además, el protagonista que es un policía ha sido deportista de élite y tiene su encanto, entonces siempre habrá algo de deporte en esas novelas.

La comercialización del libro es realizada a través de www.librosderuta.com y puedes comprarlo directamente aquí

Para conocer mejor el libro, puedes leer prologo quintana

Así ven la novela Cuervos y palomas

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PODIO

Escribir sobre lo escrito por uno mismo resulta un ejercicio de egocentrismo y/o de miopía, puesto que nadie es capaz de analizar su propia prosa con la clarivendia con la que se puede estudiar la del prójimo. Por eso mismo resulta tan digno de agradecer el esfuerzo de Libros de Ruta por ofrecer una crítica completa de mi primera novela. A continuación, el texto completo:

Cuervos y palomas se construye sobre la complejidad del absoluto protagonista de la historia: Marco Klein. El hombre de los silencios, del tormento interior. La criatura incapaz de purgar sus propios pecados: los deportivos, que sólo se pueden inferir; y también los personales, claros ante la vista del lector. Un chiquillo que arrastra aún un cuarto de siglo el dolor ante el rechazo a uno de sus familiares; veinte años sin poder calzar en orden las cuatro piezas de su corazón; o, al menos, dos horas y diez minutos sólo para escapar de cada uno de sus problemas. Un rubio andaluz, de mil acentos.

El mundo de Klein es la rueda sobre la que gira el debut de un periodista reconocido por su trayectoria en el ciclismo, el torrentí Jorge Quintana (1976), que demuestra hechuras de sobra para la novela políciaca y un puñado de recursos para retener al lector en determinados momentos. Lo hace sobre todo en dos tramos: una sección de veinte páginas, las que doblan el lomo por la mitad, en las que la voz del doctor Laureano Ríos es el vademécum anti-cuñados sobre el dopaje en el ciclismo y en todos los deportes; y las últimas setenta, que sin romper en un cierre ’a la americana’, dejan al lector con cierta pena por saber cómo acaban los personajes, a los que acaba cogiendo cariño.

Atrapa en Cuervos y palomas la telaraña maléfica de Ríos, mentiroso compulsivo al que las fórmulas maravillosas que infunde por igual a deportistas y abueletes parecen haberle sorbido la materia gris. Lo hace la subinspectora Magda Ramírez, el espíritu más puro de la historia, con temperamento e ingenuidad en dosis iguales pero con bondad ante todo. Y el viaje por la Península de los dos polícias nos propone arquetipos muy de la ‘España del desastre’: el Master ProTour que decidió vivir por encima de su ritmo de vida y que sólo al final camufla un poco su estupidez (El Tuerto); el policía de barriga incipiente en busca de medallas (Vicente Garrido); o las mujeres -Sainz de Esnaola; la ignota y pálida mujer de cabello azabache; o la rusa con niño- que clavan sus espinas en el estómago del inspector. Se habla de dopaje y de la situación del deporte, antes y ahora, pero como insistimos, el libro es mucho más.

Quien lea esta novela desde un entorno ciclista especializado encontrará simpáticas referencias a lugares comunes del mundillo o nombres que le recordarán al pelotón de los ’90, los ‘2000 o incluso algún que otro exótico español en activo (¡qué dificil es, en efecto, construir un universo nuevo!). Pero aunque llegará por la fama de Quintana, se quedará más satisfecho por un conjunto más cercano a lo negro que a lo deportivo. Quintana cita entre sus referencias a Lorenzo Silva y a Alicia Giménez Bartlett; las alusiones al primero son poco esquivas en el arranque, pero el estilo más genuino del autor se va haciendo hueco.

Es una novela apetecible, traspasa el cajón de la literatura ciclista e incluso hubiese merecido no ser autoeditada. Los que la hemos disfrutado ya esperamos su secuela -oprecuela, pues tantos cabos sueltos quedan por detrás como por delante-. Y si les parece estar leyendo una copia de las noticias de los últimos años, recuerden la cita que abre el libro: “(…) No escriba más que ficción. El resto sólo le traerá problemas