Pedro J. Ramírez y el sueño de ser periodista

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El periódico El Mundo anunció ayer la destitución de Pedro J. Ramírez como director. Desde ese mismo momento -e incluso unas horas antes- son muchos los artículos y los minutos de televisión y radio utilizados para criticar o elogiar a uno de los periodistas más influyentes de España. Así que resulta muy difícil pensar que pueda aportar algo diferente… Pero merece la pena intentarlo, aunque únicamente sea como nota biográfica de esa generación de jóvenes que estudiaron periodismo con el sueño de trabajar un día en El Mundo.

PEDRO J.-ELMUNDOTodavía recuerdo como si fuera ayer el primer día que conocí de la existencia de el diario EL MUNDO. Fue en un viaje en tren camino de un partido de baloncesto. Nuestro entrenador -que apenas debía superar la veintena- lo llevaba en su mano. Un servidor jamás había visto ni ese nombre ni esos colores verdes. Por aquel entonces todavía no estaba en edad de comprar periódicos… pero aquel nombre tan especial y aquella maquetación tan diferente ya nunca me volverían a resultar desconocidos.

Luego, ya en la adolescencia, hubo que elegir carrera universitaria. La opción más lógica era escoger la rama de ciencias y apostar por informática: “Es la profesión del futuro”, se decía entonces. Ahora deberíamos reflexionar y concluir que no ha cambiado mucho: informática sigue siendo la profesión del futuro, puesto que en este país parece que únicamente somos capaces de sacar partido a los camareros.

Pero volvamos a ese momento clave en la vida de un joven: el día que se rellena la inscripción de la Universidad. Las exclusivas de El Mundo habían llenado mi cabeza de pasión por el periodismo. Aquella portada de Luis Roldán tirando de la manta fue antológica.

PORTADAY así fueron cayendo los años. Nada podrá hacer que olvidemos aquellos nervios cuando en las tertulias radiofónicas de la noche explicaban que la portada del día siguiente de El Mundo estaba embargada por el propio periódico. Eso suponía un gran bombazo, puesto que no querían que la competencia pudiera saber cuál iba a ser su titular del día siguiente.

Y al día siguiente tocaba levantarse bien temprano, comprar el periódico en el primer kiosko y caminar hacia la Universidad -cincuenta minutos de viaje en metro daban para casi todo-, con El Mundo en la mano y con decenas de titulares en la cabeza. Aquello sí fue una verdadera escuela de periodismo, con ese particular uso del “ahora” que para siempre ha acuñado El Mundo: “Fulanito dice ahora que sí conocía a Menganito”. Jamás una palabra como “ahora” cobró tanta luz en el periodismo español, invento marca de la casa.

A Pedro J. Ramírez, entre otros, le debo por tanto la elección del periodismo como pasión -hoy en día difícilmente se puede hablar ya de profesión-. Sus exclusivas sobre Filesa, Roldán, los GAL… marcaron toda una época. Algunos pensaron que Pedro J. Ramírez sentía odio personal hacia el PSOE y hacia Felipe González. No nos equivoquemos: tal vez estaban en lo cierto, puesto que las batallas periodísticas muy frecuentemente acaban convertidas en batallas personales.

Pero Pedro J. no se olvidó de atacar al PP cuando se han descubierto casos como el de Bárcenas o -a nivel local- a la Generalitat Valenciana -también del PP- en temas espinosos como los trajes de Camps y el accidente del metro.

Por eso la caída de Pedro J. Ramírez es un día negro para el periodismo. Entiendo que muchos se alegren. Es lógico. Todos los señalados por un titular de El Mundo tienen motivos para sentirse contentos. Y ahí incluimos a políticos del PP y del PSOE, a sindicalistas, a empresarios… y, por supuesto, a la casa real, puesto que no hay que olvidar el empeño puesto por destapar el caso Urdangarín.

¿Tuvo razón en todo Pedro J.? Por supuesto que no. ¿Sus críticas fueron siempre inocentes? Tampoco. ¿Tiene un ego desmedido? La respuesta es obvia. Pero si el periodismo tiene futuro, éste pasa por mantener la línea valiente y crítica que siempre ha representado el diario El Mundo.

Otro día hablaremos de cómo y por qué conseguía El Mundo tantas exclusivas. Explicaremos cómo y por qué el señor Belloch, bi-ministro de Felipe González, filtraba documentos contra su jefe con la esperanza de que éste tuviese que dimitir y ser entonces coronado como nuevo presidente. Un día lo explicaremos. Hoy era el día de escribir las reflexiones personales sobre Pedro J. Aunque tal vez hubiera bastado con una única palabra: “Gracias”.

PD: Ahí dejamos dos portadas muy diferentes… o prácticamente iguales.PORTADA EL MUNDO BARCENAS ED

EL MUNDO-FILESA