Esto no es la 3ª Guerra Mundial

Estándar
paris-ch_00000

Después de los atentados de París, en muchos periódicos se ha hablado de la 3ª Guerra Mundial como la guerra contra la yihad. Con toda la humildad del mundo, lo que sucede ahora no puede ser la 3ª Guerra Mundial por la sencilla razón de que esa guerra ya se produjo y fue la también llamada Guerra Fría. Para entender mejor lo que está sucediendo, es bueno echar un vistazo a nuestro pasado. Es así como se puede tener la perspectiva necesaria para analizar el futuro.

La Gran Guerra (o 1ª Guerra Mundial) se desarrolla desde 1914 hasta 1918 y enfrenta a grandes ejércitos en un duelo en el que la población civil pasa mucha miseria, pero que es fundamentalmente un duelo de ejércitos y de pelea de trincheras, lejos de las catastróficas consecuencias que tendrían posteriormente los combates militares.

La 2ª Guerra Mundial cambia por completo todos los conceptos de la guerra hasta entonces conocida. Fin de las trincheras y guerra de movilidad marcada por los tanques y los aviones. Dura más años (de 1939 a 1945 si asumimos la visión europea) y, sobre todo, acaba afectando a la población civil: bombardeos indiscriminados borran por completo de la faz de la tierra numerosas ciudades. El mejor ejemplo pueden ser las dos bombas atomicas. Pero antes de esa explosión final hay millones de civiles que son asesinados sistemáticamente en función de su raza, religión… Ya no hablamos, por tanto, de un combate militar sino de una guerra global en la que todos pueden ser asesinados.

El salto en la 3ª Guerra Mundial también es grande y viene marcado por la tecnología. Es tan potente el poder de destrucción de los ejércitos de Estados Unidos y la URSS… que ya no hay posibilidad de enfrentamiento directo. En esos 40 años largos (desde 1947 hasta 1989-1991), la capacidad militar no permitiría borrar una ciudad del mapa sino permitiría borrar a toda la humanidad. A partir de esa constatación, entramos en un juego de amenazas y de enfrentamientos indirectos. Tenemos la guerra de Corea, la guerra de Vietnam, la guerra de Afganistán…, sin olvidar el conflicto de los misiles de Cuba. Cada bando apoya sus títeres para debilitar al contrario, pero intentando que no estalle el conflicto directo.

La 3ª Guerra Mundial nos deja por tanto una característica que ahora volvemos a recuperar: no hay posibilidad de enfrentamiento directo entre los ejércitos porque o llevan a la destrucción total de la humanidad o llevan a la rápida victoria de uno de los contendientes, aunque hay una tercera posibilidad que es en la que nos encontramos inmersos: uno de los ejércitos se esconde en terreno montañoso (Afganistán) o selvático (Vietnam) para esquivar la superioridad numérica y aerea del rival y para forzar lo que ya inventaron los españoles en laguerra contra la Francia de Napoleón: la guerra de guerrillas.

Por eso mismo hemos entrado ahora en un nuevo conflicto armado, que podría ser denominado como 4ª Guerra Mundial y en el que hay una característica básica: no hay ejércitos enfrentados o, mejor dicho, no sólo hay ejércitos enfrentados. La guerra de guerrillas se extiende al mundo entero. Pero es que, además, ni tan siquiera pueden ser delimitados con claridad los dos bandos. La difuminación, por tanto, es total. Pero por intentar ser mínimamente coherente podríamos hablar de un bando yihadista en el que hay que incluir un intento de creación de Estado (Estado Islámico), pero también numerosos grupos terroristas con diferentes líderes, motivación y objetivos. En el otro bando, podemos citar a las potencias democráticas occidentales pero también a países árabes. Todos ellos han sido castigados en diferentes momentos y de diferentes formas por los yihadistas. Si en un bando (yihadista) no hay una excesiva coordinación, en el otro no hay ni siquiera esa voluntad de coordinación. Esta 4ª Guerra Mundial también incluye varios frentes: uno en Oriente Medio, pero otro en cada uno de los países del mundo. Por tanto, la respuesta no puede ser únicamente militar sino también policial e incluso económica. Pero para llegar a una solución hay que partir de una voluntad de colaboración en los golpeados por la yihad que por el momento no existe.

FOTO: elrobotpescador

Operación Dulce: sólo el final es dulce

Estándar

¿Puede un buen final salvar un libro insulso? Esa es la pregunta que deja la última novela leída: Operación Dulce, de Ian McEwan. Pero vayamos al fondo del asunto.

El autor es un británico de reconocido prestigio: Ian McEwan. Muchas de sus novelas han conseguido grandes premios literarios. El tema es interesante: ambientado en la Guerra Fría y la lucha de espías. Por tanto, parece tenerlo todo para ser un gran novelón. Pero la obra defrauda desde el principio.

Maquetaci—n 1La Operación Dulce es la historia del intento de los servicios británicos por “premiar” a escritores que estén contra el comunismo dándoles el dinero necesario para que puedan desarrollar su carrera, pero sin intentar influirles. En realidad, la propia idea es absurda. Y mucho más si la operación se encarga a la última de las becarias. Para más inri, el autor insiste constantemente en que la Operación Dulce no es importante para los servicios británicos… Y entonces, ¿qué hacemos leyendo el libro? Podríamos hablar de la maestría de las pequeñas historias. Pero tampoco la novela la consigue.

Eso sí, el final es muy bueno. Enlaza bien la historia y le da el tradicional final feliz para dejar al lector contento. Pero ese último capítulo sinceramente es lo mejor del libro hasta el punto de compensar en gran parte la escasa sustancia del resto de la novela.