Una anécdota (y algo más) sobre Andorra

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Hace ya un tiempo -tal vez casi dos años- me tocó ir a Andorra para una reunión. Dejaremos a un lado el objeto de la reunión -uno de tantos proyectos que no termina de cuajar en nada- para centrarme únicamente en un detalle: el viaje. Y, sobre todo, en el momento del paso de la frontera entre Andorra y España. Para empezar, diré hacía 20 años que no pisaba Andorra, por lo que no recordaba absolutamente nada del país de los Pirineos. Para acabar, nadie me detuvo ni me dijo ni buenas tardes a la hora de introducirme en territorio andorrano, por lo que prácticamente ni me di cuenta de que había cruzado la frontera.

7880205En cambio, al salir de Andorra para volver a casa, puesto que la idea era hacer ida y vuelta en el mismo día, un amable miembro de la Guardia Civil, con un más amable todavía perro, me estaban esperando en la frontera. Ahí comenzaron unas cuantas preguntas de rigor: ¿para qué ha venido? ¿cuánto dinero lleva encima? Mi respuesta fue la obviedad más absoluta: no tengo ni idea del dinero que llevo encima. El Guardia Civil insistió: ¿Más o menos de 100.000 euros? Mi respuesta también me resultó obvia: mi duda es si más o menos de 100 euros, así que supongo que con eso le contesto, ¿no? El Guardia Civil no pareció satisfecho con la contestación y me dijo que nuestro común amigo de cuatro patas iba a darse una vueltecita por mi coche para comprobar que no había ningún fajo de billetes escondido. Me dieron ganas de decirle que si encontraba billetes en mi coche, se los regalaba al perro para pienso durante toda su vida, pero opté por el silencio, nunca suficientemente bien considerado cuando uno está frente a la autoridad competente.

La experiencia me permitió -al margen de tener un motivo más para limpiar el coche a la llegada a mi casa- disponer de unos minutos para hablar con el Guardia Civil. Le dije, con toda la sinceridad del mundo, lo que en ese momento pensaba: “Lo siento. Pero yo creía que esto del dinero negro funcionaba al revés: la gente lo traía a Andorra”. El joven Guardia Civil sonrió y me dijo: “Está claro que no andas metido en el negocio. Hasta hace unos años así era. Pero ahora el viaje es a la inversa: todos los que tienen dinero negro en Andorra buscan un método para traerlo de vuelta a España y poder ir tirando hasta que salgan de la crisis. Nadie en España tiene dinero negro que traer para aquí, pero todos quieren recuperar el que trajeron en los años del boom. Y créeme: no hay mucho, ¡hay muchísimo!”.

Evidentemente el perro confirmó que en mi coche sólo había un paquete de chicles Trident. Y me marché a casa sin más. Pero con muchas ideas de cómo funcionaba el tránsito de billetes entre España y Andorra. No mucho tiempo después hemos visto que lo de ir con los fajos de billete en el coche es una horterada propia de corruptos de baja monta. Los peces gordos tenían a los bancos haciendo ese trabajo para ellos.