Operación Dulce: sólo el final es dulce

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¿Puede un buen final salvar un libro insulso? Esa es la pregunta que deja la última novela leída: Operación Dulce, de Ian McEwan. Pero vayamos al fondo del asunto.

El autor es un británico de reconocido prestigio: Ian McEwan. Muchas de sus novelas han conseguido grandes premios literarios. El tema es interesante: ambientado en la Guerra Fría y la lucha de espías. Por tanto, parece tenerlo todo para ser un gran novelón. Pero la obra defrauda desde el principio.

Maquetaci—n 1La Operación Dulce es la historia del intento de los servicios británicos por “premiar” a escritores que estén contra el comunismo dándoles el dinero necesario para que puedan desarrollar su carrera, pero sin intentar influirles. En realidad, la propia idea es absurda. Y mucho más si la operación se encarga a la última de las becarias. Para más inri, el autor insiste constantemente en que la Operación Dulce no es importante para los servicios británicos… Y entonces, ¿qué hacemos leyendo el libro? Podríamos hablar de la maestría de las pequeñas historias. Pero tampoco la novela la consigue.

Eso sí, el final es muy bueno. Enlaza bien la historia y le da el tradicional final feliz para dejar al lector contento. Pero ese último capítulo sinceramente es lo mejor del libro hasta el punto de compensar en gran parte la escasa sustancia del resto de la novela.