Yo apruebo y los profesores me suspenden

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La lengua castellana -y la mentalidad que detrás de ella se esconde- es rica en recursos. Por ejemplo, los verbos aprobar y suspender tienen una conjugación realmente difícil. Yo apruebo, tu apruebas, él aprueba, nosotros aprobamos… Hasta ahí parece sencillo. En cambio, el verbo suspender se declina así: él me suspende, ella me suspende, ellos me suspenden… Y así vivimos: cuando apruebo el protagonista soy yo y cuando suspendo el protagonista es otro.

Viene esto a cuento de un ciclista de cuyo nombre no quiero acordarme pero que sí habrá que citar. Se llama Marco Arriagada. Este buen hombre se puso hasta arriba de sustancias dopantes, tomó el pelo a todo el mundo en un Tour de San Luis de 2011, los laboratorios detectaron sus trampas y… entonces comenzó con su particular show. Cuando ganaba era él, pero cuando se demostró su dopaje, el sujeto empezó diciendo que él era inocente y todo era culpa de un compañero y un suplemento vitamínico para acabar reconociendo -ahora- que se dopaba. ¿Pide disculpas? No, ni mucho menos. Los que me suspenden son otros, como siempre.

ARRIAGADAFoto: Vueltaachile.cl

Miren lo que dice el angelito: “No me arrepiento de haberme dopado, porque todos lo hacían y no me quedó ninguna secuela”. [Nota del autor del blog: la ausencia de secuelas es una opinión subjetiva del propio Arriagada que este no compartimos].

Y para colmo de colmos añade sobre las instituciones que gestionan el deporte (UCI, Federación Chilena, Corte Arbitral del Comité Olímpico Chileno) y que le sancionaron con dos años de castigo: “Me jodieron la carrera. Este año hubo varios positivos y el COCh dio castigos de tres y seis meses. No me retribuyeron todo lo que entregué al país. Ni siquiera me dieron acceso a un psicólogo. Me borraron del mapa”.

En eso sí debemos darle la razón a Arriagada. El país debió castigarle económicamente por el daño que ha hecho a su país y, por supuesto, deberían darle ayuda psicológica. ¡La necesita!