David Howman y los predicadores de trigo

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Estoy seguro de que muy probablemente usted, querido lector, no conocerá de nada a David Howman. No se preocupe. No se ha perdido a nadie importante y puede seguir viviendo tan tranquilamente sin saber que estamos hablando del ex presidente de la Agencia Mundial Antidopaje. Este señor, como muchos otros, es un predicador de trigo y, para desgracia nuestra, anda pululando estos días por Madrid. ¿Qué significa lo de predicador de trigo? Bueno, ahora es más sencillo llamarlo populista. Se entiende mejor. Y se adapta como un guante a la mano de esos tipos que gritan tener soluciones sencillas para problemas complejos. Todo esto viene a cuento de la Operación Puerto. Y del ridículo que muchos vienen haciendo desde que estallara haca una docena de años.

Cuando el caso saltó, fueron múltiples y variadas las voces internacionales que señalaron con el dedo a España. Decían simple y sencillamente que era una vergüenza que España no sancionase a todos los deportistas implicados. Lo que sí sabían, puesto que ignorantes hay pocos, es que el caso estaba en sede judicial. Así que en realidad… ¿qué proponían? Para cumplir sus palabras, el Gobierno Español debería haber enviado a varios militares al juzgado de Madrid, disparar a los miembros de la Guardia Civil que protegen la entrada, subir hasta el despacho del juez y del secretario judicial, torturarles sin compasión hasta arrancarles las pruebas y luego irse a Suiza a confirmar el ADN de las bolsas con el de los sospechosos. Digo esta barbaridad porque la realidad era muy sencilla de entender: en España existe una Constitución. Y unas leyes. Las dos son tajantes: las pruebas de un caso penal no pueden ser utilizadas para nada más hasta que no acabe el caso penal.

Eso lo sabían todos los populistas que han estado durante años atacando a España, a nuestra justicia y a nuestro deporte acusándonos de connivencia con el dopaje. Pues bien, resulta que se acaba la Operación Puerto y los jueces deciden dar las pruebas (bolsas de sangre) a todos esos portavoces del simplismo. Y ojo porque también podían haber decidido devolvérselas a Eufemiano Fuentes. También hubiera sido legal. Pero decidieron que no. La justicia española decidió dar una oportunidad a los predicadores del trigo. Y más de media año después, ¿qué nos encontramos? Pues que el amigo David Howman reconoce que ya han contrastado ADN con sospechosos, que tienen la lista identificada… pero que los abogados de la Agencia Mundial Antidopaje les recomiendan por el momento no publicar la lista para evitar demandas.

Entonces… ¿en qué quedamos? Muy sencillo y muy bien explicado en el refranero español: es más sencillo predicar que dar trigo. Pero Howman se lava las manos: “Yo daría los nombres”. Otra vez el mismo argumento populista. Hacemos el ridículo pero no es culpa mía porque yo no mando. Pues bien, ya les garantizo yo que si siguiera siendo presidente, no los daría por lo mismo por lo que no se dan ahora mismo: en la vida hay que separar muy bien lo que te gusta de lo que puedes hacer… al menos si no quieres acabar en la cárcel y/o arruinado.

Lo de Howman y tantos otros recuerda a las conversaciones de bar que todos mantenemos de vez en cuando y que ante problemas graves acaban con dos frases igual de grandiosas: eso lo arreglo yo en 24 horas (solución que suele incluir lanzar bombas a cascoporro) o eso se arregla en dos patadas (solución que significa que no tienes ni idea, pero que con 2 gin-tonics más… alguna cosa se te ocurrirá). Lo dicho, soluciones de barra de bar a problemas graves traen lo que hemos sufrido durante años: cínicas acusaciones de no hacer nada por organismos a los que ahora podemos señalar inquisitorialmente por hacer lo mismo: la nada más absoluta. Sin embargo, yo no lo haré. Entiendo perfectamente que los abogados del AMA tengan muchas dificultades en dar los nombres de deportistas que no pueden ser sancionados y que sí pueden demandar por una ofensa contra su honor. Se dirá que los tramposos no tienen honor. Pero eso no es un argumento legal. Es un argumento visceral y de barra de bar. Y creo que el cupo de populismos en este caso está más que cubierto. Y lo dice un servidor al que sí le gustaría personalmente que se conocieran los nombres de las personas que hicieron trampas durante años. Pero entiendo perfectamente la diferencia entre el gusto personal y la legalidad. Ellos también. Pero prefieren negarlo para ganar titulares y portadas. Son los predicadores del trigo, los populistas de la lucha antidopaje.

El caso Urdaibai y Cuervos y Palomas

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“Ustedes están preocupados porque un señor decide pincharse una sustancia que parece que no es muy buena para su salud. Yo estoy preocupada porque tengo decenas de violaciones, asesinatos, malos tratos… sufridos por personas que no han decidido ser asesinadas, violadas ni maltratadas. Como ven, tenemos perspectivas muy diferentes”. Así de tajante se muestra en la novela Cuervos y Palomas la juez encargada de la instrucción, Paloma Sáez de Esnaola.

Viene esta frase a cuento de lo sucedido con el caso de las traineras de Urdaibai. De nuevo, hay una investigación policial sobre una presunta red de dopaje, aunque en este caso no se  trata de ciclismo ni de atletismo sino de remeros. De nuevo, el caso llega al juzgado de lo penal para que se dicte sentencia por un delito contra la salud pública. De nuevo, la prensa tiene claro que todos son culpables y así lo explican en los día previos a la sentencia, aportando un buen puñado de datos que confirman que hubo dopaje y que todos los implicados son unos caraduras. De nuevo, a la fiscalía le tiembla el pulso a la hora de pedir sentencias porque comprueba que el caso se está disolviendo como un azucarillo desde el punto de vista legal. Y de nuevo los juzgados deciden la absolución de los acusados.

¿Otro escándalo? ¿Una vez más España mira hacia otro lado en la persecución del dopaje? Pues para comprenderlo mejor, no hay una forma más lúdica que la de leer Cuervos y Palomas. Ahí se intenta analizar la visión tan diferente que tienen de un mismo problema los políticos y policías encargados de la lucha antidopaje y los jueces encargados de las instrucciones y las sentencias de estos casos. Leyendo la novela, lo de Urdaibai estaba cantado.

El problema del dopaje en el deporte popular

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El famoso informe CIRC (Comisión Independiente para la Reforma del Ciclismo) viene a insinuar que hay dopaje en el ciclismo amateur y también en las marchas cicloturistas. En fin, nada que no sepamos los que vivimos de cerca el ciclismo. Pero lo cierto es que en el ciclismo no somos una excepción de nada. Como practicante del atletismo popular, no tengo reparos a la hora de decir que el dopaje también está generalizado en ciertos ambientes del atletismo. Y no estoy hablando de los profesionales. Es más, para confirmarlo sólo basta mirar lo que sucedió en la San Silvestre de Salamanca, donde un gracioso dijo que habría control antidopaje y un montón de atletas se marcharon para casa sin dar ni un solo paso en la carrera.

Este tipo de situaciones nos lleva a muchas reflexiones: ¿por qué una persona de más de 40 años, que no compite por dinero, que tiene familia y que en teoría hace deporte para sentirse bien… decide llenar su cuerpo de sustancias dopantes sólo para ser el mejor de su grupo de amigos, de su pueblo o, en el mejor de los casos, de la carrera popular o de la marcha cicloturista? No hay una explicación sencilla, pero seguramente debe venir de mano de la psiquiatría más que del deporte. Por un lado, parece existir una necesidad de reafirmarse como macho-Alfa (el líder de la manada), por otro parece que es una lucha desesperada contra el tiempo y su paso, sin olvidar el síndrome de Peter Pan, aquellos que quieren seguir siendo niños de por vida. Y así podríamos seguir hasta casi el infinito.

cuervos-y-palomasSobre esta duda también reflexiono en la novela Cuervos y Palomas. Y casos como estos son los que demuestran que el dopaje no es un problema sencillo. Cuando la gente dice que el dopaje en el deporte profesional se acaba con sanciones de por vida y multas millonarias… no dejan de ver una parte del problema: cuando el deportista se dopa después de una decisión pensada y reflexionada, después de analizar los pros y los contras. Pero hay mucha gente que se está dopando sin ningún tipo de reflexión previa. Y carreras como la Quebrantahuesos -no se puede hablar de marcha cicloturista- son un ejemplo de la locura que ha alcanzado a muchos deportistas populares que están dispuestos a poner en riesgo su salud sólo a cambio de engrandecer su ego.

A partir de ahí, ¿qué soluciones hay? Pues está la vía de admitir que la salud es un derecho y no una obligación. Y a partir de ahí y asumiendo que no hay premios… dejar que cada uno haga lo que quiera con su cuerpo, puesto que además los recursos en la lucha contra el dopaje son limitados y estarían mejor centrados en exclusiva en el deporte de formación y en el deporte profesional. Es una vía radical. Pero es una opción. Luego tenemos la posibilidad del toque estético: dar un par de escarmientos con dos redadas en un par de deportes y acontecimientos multitudinarios. Como siempre, de apostar por esta vía seguro que se usa al ciclismo y al atletismo para dar el escarmiento. De eso no hay duda. Y está la tercera posibilidad: hacer controles y redadas policiales fuertes en el deporte popular invirtiendo miles de euros para concienciar a la sociedad sobre el peligro del dopaje. ¿Cuál es la mejor? Pues como siempre sucede en la vida, no hay varitas mágicas. Todas tienen ventajas e inconvenientes.

 

Los amaños del fútbol: la perspectiva del tiempo

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El 3 de octubre de 2014 -hace ya cinco meses- escribía un artículo en el blog sobre los paralelismos que encuentro entre el dopaje en el mundo del ciclismo y los amaños en el mundo del fútbol. El tiempo viene a darme la razón. Por eso mismo nunca viene mal recordar aquel artículo. Mañana lo actualizaremos con una nueva reflexión. Pero ahí va lo escrito, que sigue de plena actualidad en mitad de una redada que ya ha llevado a la cárcel a seis directivos del Osasuna y que tiene imputados a varias decenas de personas por el Levante-Zaragoza.

Una de las noticias más importantes de la semana dentro de la información deportiva es el juicio por el posible amaño de un partido de fútbol jugado entre el Levante y el Zaragoza hace ya unos cuantos años y que permitió a los aragoneses mantenerse entre la elite. El juicio aún no ha hecho sino comenzar, pero ya hemos visto lo suficiente para comprobar que el fútbol está repitiendo con los amaños los mismos errores que el ciclismo cometió con el dopaje. Y esos errores se resumen en uno: meter la cabeza debajo del ala.

_rz_a9658123APOYO MEDIÁTICO

Artículo hoy de Alfredo Relaño en el diario As: “No aconsejo cuestionar el fútbol más de la cuenta por este caso. El fútbol es creíble en un muy alto porcentaje, esa es mi experiencia. En tan alto porcentaje que podemos darlo por bueno”.

Este es el primer gran error. Nosotros también lo cometimos al hablar del ciclismo y decir que una manzana podrida no puede afectar a todo el cesto. Pero la realidad es que durante un gran período, la inmensa mayoría de los ganadores de Giro, Tour y Vuelta acabaron dando positivo, así que era imposible hablar de una manzana podrida. Pero lo hacíamos para consolarnos. Era una manera de mentirnos. Y es lo mismo que están haciendo ahora en el As con el fútbol y los amaños. Ojo, no es sólo el As. Es algo que repiten todos los medios de comunicación. Pero vayamos un paso más. ¿Por qué se equivoca Alfredo Relaño? Muy sencillo: estamos asumiendo que el Zaragoza se salva de bajar a 2ª División comprando (presuntamente) a sus rivales, pero según los periodistas eso no cuestiona la credibilidad del fútbol. En el propio artículo de Relaño acepta que en las dos-tres últimas jornadas se compran y venden partidos para subir a 1ª, 2ª y 2ª B, pero su conclusión es absurdamente ingenua y dice que eso no afecta a la credibilidad del deporte. ¿No? Esas compras y ventas de partidos están alterando totalmente la competición, desde arriba hasta abajo. Y del mismo modo que está aceptado que se compra y se vende para subir, ¿quién no nos dice que se compra y se vende para ganar un título? ¿O para entrar en la Champions? El modelo del fútbol está puesto en entredicho y deberían tomar medidas drásticas para garantizar la limpieza desde la primera hasta la última jornada. Si admitimos que las tres últimas jornadas son un tráfico de maletines, estamos admitiendo que este deporte está podrido en casi un 10% de sus jornadas y en los momentos decisivos. ¿Y eso no afecta a la credibilidad?

 

EXPLICACIONES ABSURDAS

Vamos ahora con explicaciones absurdas a lo ocurrido. Ahí va una del entrenador del Zaragoza, Javier Aguirre: “He dirigido más de 400 partidos como entrenador en España, no estoy preocupado ni lo más mínimo por este tema”. La frase recuerda palabra por palabra a la mítica expresión del ciclista sancionado por dopaje (ahí está el caso Armstrong): “He pasado más de 400 controles y nunca he dado positivo”.

Ahí va la reacción de Gabi, el entonces capitán: “El presidente del Zaragoza me dijo que necesitaba efectivo, que me ingresaría el dinero en mi cuenta y que yo debía dárselo en metálico”. Esta explicación es todavía más graciosa y absurda. Gabi debería saber que desde hace muchos años ningún juez acepta como defensa la ejecución de órdenes. En los juicios de Nuremberg todos los nazis decían que ellos se habían limitado a cumplir órdenes. Asumiendo esa defensa, sólo se podía condenar a Hitler. En este caso, a otro nivel, por supuesto, estamos ante lo mismo: uno no puede decir que se limitó a cumplir con lo que le pedían, sobre todo cuando lo que le pedían es completamente ilegal. Según la explicación de Gabi, le dan 85.000 euros por transferencia, que él saca del banco y se lo devuelve al presidente en dinero. Es de suponer que él no declara ese dinero en su renta como un ingreso. Por tanto, ¿de qué hablamos? ¿Está Gabi -y los demás- sirviendo como “lavadora” de dinero negro? ¿Está Gabi -y los demás- ayudando a Agapito a descapitalizar el Zaragoza cuando tienen una suspensión de pagos a la vuelta de la esquina? En fin… hay veces que las explicaciones son peores que la realidad.

Y la realidad es difícil de asumir. Pero hasta que uno no reconoce el problema, no empieza a salir de él.

 

 

Así ven la novela Cuervos y palomas

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PODIO

Escribir sobre lo escrito por uno mismo resulta un ejercicio de egocentrismo y/o de miopía, puesto que nadie es capaz de analizar su propia prosa con la clarivendia con la que se puede estudiar la del prójimo. Por eso mismo resulta tan digno de agradecer el esfuerzo de Libros de Ruta por ofrecer una crítica completa de mi primera novela. A continuación, el texto completo:

Cuervos y palomas se construye sobre la complejidad del absoluto protagonista de la historia: Marco Klein. El hombre de los silencios, del tormento interior. La criatura incapaz de purgar sus propios pecados: los deportivos, que sólo se pueden inferir; y también los personales, claros ante la vista del lector. Un chiquillo que arrastra aún un cuarto de siglo el dolor ante el rechazo a uno de sus familiares; veinte años sin poder calzar en orden las cuatro piezas de su corazón; o, al menos, dos horas y diez minutos sólo para escapar de cada uno de sus problemas. Un rubio andaluz, de mil acentos.

El mundo de Klein es la rueda sobre la que gira el debut de un periodista reconocido por su trayectoria en el ciclismo, el torrentí Jorge Quintana (1976), que demuestra hechuras de sobra para la novela políciaca y un puñado de recursos para retener al lector en determinados momentos. Lo hace sobre todo en dos tramos: una sección de veinte páginas, las que doblan el lomo por la mitad, en las que la voz del doctor Laureano Ríos es el vademécum anti-cuñados sobre el dopaje en el ciclismo y en todos los deportes; y las últimas setenta, que sin romper en un cierre ’a la americana’, dejan al lector con cierta pena por saber cómo acaban los personajes, a los que acaba cogiendo cariño.

Atrapa en Cuervos y palomas la telaraña maléfica de Ríos, mentiroso compulsivo al que las fórmulas maravillosas que infunde por igual a deportistas y abueletes parecen haberle sorbido la materia gris. Lo hace la subinspectora Magda Ramírez, el espíritu más puro de la historia, con temperamento e ingenuidad en dosis iguales pero con bondad ante todo. Y el viaje por la Península de los dos polícias nos propone arquetipos muy de la ‘España del desastre’: el Master ProTour que decidió vivir por encima de su ritmo de vida y que sólo al final camufla un poco su estupidez (El Tuerto); el policía de barriga incipiente en busca de medallas (Vicente Garrido); o las mujeres -Sainz de Esnaola; la ignota y pálida mujer de cabello azabache; o la rusa con niño- que clavan sus espinas en el estómago del inspector. Se habla de dopaje y de la situación del deporte, antes y ahora, pero como insistimos, el libro es mucho más.

Quien lea esta novela desde un entorno ciclista especializado encontrará simpáticas referencias a lugares comunes del mundillo o nombres que le recordarán al pelotón de los ’90, los ‘2000 o incluso algún que otro exótico español en activo (¡qué dificil es, en efecto, construir un universo nuevo!). Pero aunque llegará por la fama de Quintana, se quedará más satisfecho por un conjunto más cercano a lo negro que a lo deportivo. Quintana cita entre sus referencias a Lorenzo Silva y a Alicia Giménez Bartlett; las alusiones al primero son poco esquivas en el arranque, pero el estilo más genuino del autor se va haciendo hueco.

Es una novela apetecible, traspasa el cajón de la literatura ciclista e incluso hubiese merecido no ser autoeditada. Los que la hemos disfrutado ya esperamos su secuela -oprecuela, pues tantos cabos sueltos quedan por detrás como por delante-. Y si les parece estar leyendo una copia de las noticias de los últimos años, recuerden la cita que abre el libro: “(…) No escriba más que ficción. El resto sólo le traerá problemas

Las primeras entrevistas y las primeras cinco reflexiones sobre Cuervos y palomas

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La promoción de Cuervos y palomas me ha llevado ineludiblemente a la concesión de las primeras entrevistas. Una de ellas ha sido con valenciaplaza.com. Para los que no lo conozcan, es el principal medio digital en la Comunidad Valenciana. La entrevista fue realizada por el periodista Carlos Aimeur, responsable de Cultura, y me sirvió para desgranar algunos de los mensajes de esta novela sobre deporte profesional y dopaje. Para el que quiera leer la entrevista completa, ahí va el LINK. Pero en esta entrada del blog me permitiré el lujo de desarrolar más algunos conceptos.

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1. NOVELA O REPORTAJE. Sobre este punto ya he escrito en este mismo blog intentando explicar si el libro es realidad o ficción. Pero vamos allá: el libro es una novela y como tal debe ser leído. Sin embargo, resulta obvio que cuando uno escribe tiene en su cabeza historias que ha conocido y que no ha podido desarrollar en la función de periodista. Sin las evidencias incontestables, es mejor abstenerse de ciertos relatos si uno no quiere acabar todo el día en los juzgados. Por eso mismo, el libro es una novela… pero las historias que cuento son absolutamente verosímiles (o ése era uno de mis objetivos personales).

2. LA SOLUCIÓN AL DOPAJE. No existe fórmula mágica que permita acabar con el dopaje. Y el que promete un deporte profesional limpio de cualquier práctica dopante… está mintiendo. Lo que existen son medios para disminuir el número de deportistas que se dopan. Y hay deportes (y países) que se lo han tomado en serio y otros que no tanto. Además, la visión sobre el dopaje no es constante en la historia. Hubo un tiempo en que un deportista daba positivo y le sancionaban con 10 minutos y seguía corriendo o salía incluso clasificado en esa carrera, sin ningún otro tipo de sanción. Ahora, en cambio, dar positivo es una mancha imborrable en lo deportivo e incluso en lo personal y hay quien pide hasta penas de cárcel. Como vemos, el fenómeno está en cambio constante y sólo los tontos no se adaptan a las nuevas situaciones.

3. LA HIPOCRESIA DE LOS POLÍTICOS. La novela también se centra en la hipocresía de los políticos. Para ellos, la lucha contra el dopaje se ha convertido en una nueva bandera, como si fuera la lucha contra la corrupción. Pero ese poder político es el que durante años ha fomentado el dopaje de Estado. En la entrevista con valenciaplaza.com cito el ejemplo de las dos Alemanias, que compitieron usando a sus deportistas como conejillos de indias con el único objetivo de realizar una propaganda política de sus regímenes.

4. LOS QUE ARROJAN LA PRIMERA PIEDRA… El dopaje debe ser perseguido. Y los deportistas que se dopan, castigados. Pero no es sencillo arrojar la primera piedra. Al menos, no me considero capacitado para ello. De ahí la frase tal vez más polémica de mi entrevista en valenciaplaza.com: “Cuando Armstong pasó a profesionales tenía la certeza científica de que no existía forma de que te pillasen si tomabas ciertas sustancias dopantes. Y cuando sabes que mucha gente las usa, que tus competidores las emplean, ¿quién se resiste a la tentación?“. La frase (la negrita es del periodista) supone toda una reflexión personal que llevo años haciéndome. ¿Significa que defienda a Armstrong y a todos los que se doparon? ¡No! Pero tampoco me siento capaz de llevarlos a la hoguera porque sinceramente no sé qué habría hecho yo en una situación similar. Es muy fácil juzgar a los demás, pero hay que juzgar desde la humildad del pecador y no desde la soberbia del puro e inmaculado. En aquella época, el entorno de los deportistas, la falta de medios de los laboratorios… todo invitaba al error. Por supuesto, hubo gente que quiso y supo mantenerse al margen y deben ser elogiados. En ese sentido, siempre recordaré una entrevista que como periodista hice a Eleuterio Mancebo, un ciclista valenciano que fue doble campeón de España amateur y que no quiso dar el salto a profesionales en cuanto vio que aquello iba a significar una vulneración de sus códigos éticos. Eleuterio sigue trabajando por y para el ciclismo en la Comunidad Valenciana y, personalmente, siempre lo he considerado el mejor ejemplo que jamás se pueda dar en la lucha contra el dopaje porque, además, siempre ha mantenido un mensaje positivo sobre su decisión.

5. EL CAMBIO DE CHIP. ¿Significa eso que ahora vivimos en una misma burbuja de dopaje generalizado? Sinceramente, y esa es otra de las tesis de la novela, la situación ha cambiado radicalmente y gracias al pasaporte biológico, aunque para ser más precisos habría que decir que la situación ha cambiado en deportes como el ciclismo, que es el que más empeño ha puesto en la limpieza de su casa. Por eso me atrevo a decir: entiendo al atleta que se dopaba antes, aunque no lo justifique ni lo aplauda. Hace unos años era una víctima y resultaba muy difícil romper el círculo vicioso en el que te metías. El que se dopa ahora no tiene cerebro, es un tramposo puro y duro, sobre todo cuando ahora todo está preparado para que uno no tenga que recurrir a la ayuda de sustancias dopantes. Eso sí, hay deportes donde se sigue mirando hacia otro lado y países que directamente encubren a su elite… a cambio de medallas. El cambio de chip nunca es rápido ni sencillo.

CONCLUSIÓN: Entiendo perfectamente que todas estas reflexiones e ideas personales sobre el dopaje pueden parecer demasiado teóricos. O un peñazo, ¡vaya! Por eso mismo he intentado darle forma de novela, arrancar con un asesinato, poner en el centro de la investigación a un policia que fue atleta en su juventud, Marco Klein, y que tiene una vida amorosa bastante desquiciada… todo ello para intentar atrapar al lector y conseguir algo tan sencillo de escribir como difícil de alcanzar: ¡entretener!

 

Kenia quiere meter en la cárcel a los dopados: no entienden nada

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En Kenia andan muy enfadados. Durante años años han ganado en prácticamente todas las disciplinas de fondo del atletismo (con permiso de etíopes, por supuesto), pero en los últimos meses han visto como varias de sus estrellas daban positivo, entre ellas la reina del maratón: Rita Jeptoo. ¿La solución? Pues al parecer los jerifaltes del atletismo, con Kipchose Keino a la cabeza, han decidido que una solución pasa por meter en la cárcel al atleta que se dope. Sinceramente, no es el camino y medidas como ésa demustran que no están entendiendo el verdadero problema.

rita_jeptooRita Jeptoo, la mejor maratoniana del momento, cazada en un control antidopaje.

Un amigo mío, abogado de carrera pero no de profesión, me dijo un día que los políticos estúpidos son los que cada vez que hay un problema, le añaden cinco años de cárcel al delito en cuestión para hacerlo más duro. Pero nunca la solución penal ha solventado nada. Y el mejor ejemplo es el de Estados Unidos, donde hay pena de muerte pero sigue habiendo asesinatos. Más que matar a un asesino no se puede hacer. Y, sin embargo, el problema sigue sin solución.

¿Significa eso que no hay que hacer nada? No, ni mucho menos. Lo que significa es que soluciones de barra de bar -cuántas veces hemos escuchado eso lo arreglo yo en 24 horas- no sirven para un problema como el dopaje. Para empezar, el gobierno de Kenia debe invertir dinero en un plan de educación en las escuelas deportivas. Y para acabar debe controlar a los médicos y a los manager de los atletas, muchas veces tipos sin escrúpulos que trafican con “carne” aprovechando las condiciones fisiológicas privilegiadas de estos corredores para hacerse de oro -ellos, no los atletas-. En ese sentido, es fácil comprender que la EPO no aparece en los árboles. Y mucho menos en un país como Kenia donde la sanidad no es que brille precisamente. Por tanto, ¿quién lleva la EPO hasta estos atletas? Eso sí que debe ser investigado. Y si a eso le sumamos un laboratorio antidopaje acreditado en Kenia, algo que hasta ahora no existía, comenzamos el difícil camino de la lucha contra el dopaje por los cimientos: educación, examen del entorno del deportista y control efectivo al deportista cuando se está entrenando, algo que hasta ahora no existía y que hacía muy sencillo caer en la tentación del dopaje. Esa es la trinidad indiscutible. ¿Solucionará eso el problema? No, porque ya lo hemos dicho al principio: no hay fórmulas mágicas. Pero lo que jamás acabará con el dopaje es la cárcel y mucho menos para deportistas que no tienen nada y que saben que el deporte profesional es la salvación de su vida y de toda su familia.

Una historia ya vista: los amaños en el fútbol como el dopaje en el ciclismo

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Una de las noticias más importantes de la semana dentro de la información deportiva es el juicio por el posible amaño de un partido de fútbol jugado entre el Levante y el Zaragoza hace ya unos cuantos años y que permitió a los aragoneses mantenerse entre la elite. El juicio aún no ha hecho sino comenzar, pero ya hemos visto lo suficiente para comprobar que el fútbol está repitiendo con los amaños los mismos errores que el ciclismo cometió con el dopaje. Y esos errores se resumen en uno: meter la cabeza debajo del ala.

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Artículo hoy de Alfredo Relaño en el diario As: “No aconsejo cuestionar el fútbol más de la cuenta por este caso. El fútbol es creíble en un muy alto porcentaje, esa es mi experiencia. En tan alto porcentaje que podemos darlo por bueno”.

Este es el primer gran error. Nosotros también lo cometimos al hablar del ciclismo y decir que una manzana podrida no puede afectar a todo el cesto. Pero la realidad es que durante un gran período, la inmensa mayoría de los ganadores de Giro, Tour y Vuelta acabaron dando positivo, así que era imposible hablar de una manzana podrida. Pero lo hacíamos para consolarnos. Era una manera de mentirnos. Y es lo mismo que están haciendo ahora en el As con el fútbol y los amaños. Ojo, no es sólo el As. Es algo que repiten todos los medios de comunicación. Pero vayamos un paso más. ¿Por qué se equivoca Alfredo Relaño? Muy sencillo: estamos asumiendo que el Zaragoza se salva de bajar a 2ª División comprando (presuntamente) a sus rivales, pero según los periodistas eso no cuestiona la credibilidad del fútbol. En el propio artículo de Relaño acepta que en las dos-tres últimas jornadas se compran y venden partidos para subir a 1ª, 2ª y 2ª B, pero su conclusión es absurdamente ingenua y dice que eso no afecta a la credibilidad del deporte. ¿No? Esas compras y ventas de partidos están alterando totalmente la competición, desde arriba hasta abajo. Y del mismo modo que está aceptado que se compra y se vende para subir, ¿quién no nos dice que se compra y se vende para ganar un título? ¿O para entrar en la Champions? El modelo del fútbol está puesto en entredicho y deberían tomar medidas drásticas para garantizar la limpieza desde la primera hasta la última jornada. Si admitimos que las tres últimas jornadas son un tráfico de maletines, estamos admitiendo que este deporte está podrido en casi un 10% de sus jornadas y en los momentos decisivos. ¿Y eso no afecta a la credibilidad?

 

EXPLICACIONES ABSURDAS

Vamos ahora con explicaciones absurdas a lo ocurrido. Ahí va una del entrenador del Zaragoza, Javier Aguirre: “He dirigido más de 400 partidos como entrenador en España, no estoy preocupado ni lo más mínimo por este tema”. La frase recuerda palabra por palabra a la mítica expresión del ciclista sancionado por dopaje (ahí está el caso Armstrong): “He pasado más de 400 controles y nunca he dado positivo”.

Ahí va la reacción de Gabi, el entonces capitán: “El presidente del Zaragoza me dijo que necesitaba efectivo, que me ingresaría el dinero en mi cuenta y que yo debía dárselo en metálico”. Esta explicación es todavía más graciosa y absurda. Gabi debería saber que desde hace muchos años ningún juez acepta como defensa la ejecución de órdenes. En los juicios de Nuremberg todos los nazis decían que ellos se habían limitado a cumplir órdenes. Asumiendo esa defensa, sólo se podía condenar a Hitler. En este caso, a otro nivel, por supuesto, estamos ante lo mismo: uno no puede decir que se limitó a cumplir con lo que le pedían, sobre todo cuando lo que le pedían es completamente ilegal. Según la explicación de Gabi, le dan 85.000 euros por transferencia, que él saca del banco y se lo devuelve al presidente en dinero. Es de suponer que él no declara ese dinero en su renta como un ingreso. Por tanto, ¿de qué hablamos? ¿Está Gabi -y los demás- sirviendo como “lavadora” de dinero negro? ¿Está Gabi -y los demás- ayudando a Agapito a descapitalizar el Zaragoza cuando tienen una suspensión de pagos a la vuelta de la esquina? En fin… hay veces que las explicaciones son peores que la realidad.

Y la realidad es difícil de asumir. Pero hasta que uno no reconoce el problema, no empieza a salir de él.

Lo último en dopaje: bueyes que dan positivo por dueños que son muy burros

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La noticia saltó a finales de agosto… pero se ha hecho poco hincapié y nunca viene mal repescarla. Para conocer la historia hay que ir a Erandio Goikoa y pensar en los deportes rurales vascos. Uno de los que tiene más aceptación entre el público es una especie de tiro y arrastre (de una piedra), pero con bueyes. El escándalo saltó en las fiestas de Andra Mari cuando dos de los bueyes cayeron fulminados. Muertos. Ahora la pregunta es: ¿estaban dopados? Nadie puede saberlo a ciencia cierta hasta que no acaben todos los controles. Las primeras informaciones periodísticas son tajantes y hablan de dopaje ya verificado en las analíticas, aunque no se haya especificado la sustancia. Así que la posibilidad del dopaje parece la más verosímil después de que los técnicos de la Diputación se hayan puestos manos a la obra, con análisis de los cadáveres incluidos. El problema para los propietarios es que si han dopado a sus bueyes se arriesgan a una condena por maltrato animal, al margen de quedar excluidos de estas competiciones durante seis meses.

DIARIO VASCOFOTO DIARIO VASCO (Ajena a la información del dopaje)

La posibilidad de que esos bueyes fallecieran por dopaje no es ninguna elucubración fantasiosa. Ya ha habido en el pasado muchos bueyes que han dado positivo con Flunixin, un antiinflamatorio, o con estimulantes como cafeína-pentoxifilina. Y ojo a los datos del año pasado: 40 controles realizados y cinco positivos, es decir, más de un 10 por 100. Como todo el mundo comprenderá, ninguno de esos bueyes se pasó por la farmacia para comprarse los antiinflamatorios y así rendir más en la siguiente competición. ¿Así que hablamos de bueyes dopados o de dueños que son muy burros?

El caso del dopaje en este tipo de deporte viene a certificar una de las claves por las que el dopaje ha existido, existe y existirá: el egoísmo del ser humano.

No entendemos el dopaje: positivo un tenista de 15 años

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La noticia negra de esta semana en el deporte es el positivo de Paco Climent, un joven tenista de sólo 15 años. Es una noticia negra y además viene a certificar que seguimos sin entender bien qué es el dopaje en el deporte y cómo podemos luchar contra él.

Sólo hay que ver las manifestaciones en Las Provincias de un portavoz de la Federación Valenciana de Tenis para entender lo mal que estamos peleando contra esta lacra: «Paco está empezando y el positivo no tiene sentido. Está en período de formación y para nosotros ha sido una auténtica sorpresa. Es un chico muy educado y tranquilo, así que nos ha sorprendido a todos», apuntan desde la Federación Valenciana de Tenis.

En fin, mientras sigamos pensando que los positivos sólo son posibles por parte de chicos nerviosos y maleducados seguiremos sin entender nada. Es lo mismo que pasa cuando sale una vecina en el telediario diciendo que el chico del quinto era muy educado y que siempre decía buenos días en el ascensor… ¿Y qué tendrá que ver eso con que sea un maltratador patológico que pega palizas sistemáticas a su mujer? Pues lo mismo: ¿qué tiene que ver ser o no una persona educada con doparse para mejorar el rendimiento?

Además, el caso es mucho más claro que lo que vienen a explicarnos, puesto que al margen de Climent ha dado positivo otro tenista de la misma escuela, el ruso Phillip Aleksayan, de 18 años. Y ambos con la misma sustancia, así que es imposible hablar de casualidad sino de causalidad.

Al parecer, ambos han afirmado que “un farmacéutico desconocido en el Granadia Tennis Club” fue el que les animó a tomar la sustancia prohibida. Y ahí es donde está la clave. Destruir la vida -y no sólo deportiva- de Paco Climent no es ninguna solución. Evidentemente ha cometido un tremendo error y debe pagar por ello. Pero hay que identificar a ese farmacéutico que tiene las narices de ofrecer una sustancia como el estanozol a un chico de ¡15 años!

La excusa de que es una persona desconocida sólo puede llevar a la risa… o a las lágrimas. ¡Siempre estamos igual en este país! Es imposible que estos chicos no sepan su nombre, su teléfono, el lugar de residencia. Y ahí es donde hay que atacar sin piedad de ningún tipo.

Además, sería bueno que Paco Climent tuviese apoyo psicológico porque el período que le viene por delante será muy duro. Por cuestiones laborales que no vienen al caso, he tratado con gente que ha pasado por ese infierno -merecidamente- y el nivel de destrucción psicológica es infinitamente mayor a lo que cualquiera puede imaginar.

Y, al mismo tiempo, sería más que interesante que el propio Paco pudiera dar charlas en todas las escuelas de tenis de la Comunidad explicándoles su caso. No sirve de nada que gente como un servidor le diga a un chaval joven que se no dope. Es mucho más efectivo que un tenista joven, de 16 años, les exponga con palabras que ellos entenderán muy bien su caso: dos años de sanción… y su carrera deportiva cortada de raíz por creer en falsas promesas. Y tampoco estaría de más que hubiese un control antidoping serio, tal y como ocurre en el ciclismo y como no sucede en casi ningún otro deporte.

En la lucha contra el dopaje, no hay fórmula mágica. Pero todo parte de un tridente: investigación policial para meter entre rejas a los tipos sin escrúpulos que ofrecen sustancias dopantes a menores -y mayores- de edad; controles antidoping serios; información clara a los más jóvenes sobre las consecuencias de cometer un error. No es la solución mágica a todos los problemas… pero quedarnos con que el chico es muy educado y con que el farmacéutico no puede ser identificado es sentar las bases para cometer el mismo error una y otra vez.