El problema del dopaje en el deporte popular

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El famoso informe CIRC (Comisión Independiente para la Reforma del Ciclismo) viene a insinuar que hay dopaje en el ciclismo amateur y también en las marchas cicloturistas. En fin, nada que no sepamos los que vivimos de cerca el ciclismo. Pero lo cierto es que en el ciclismo no somos una excepción de nada. Como practicante del atletismo popular, no tengo reparos a la hora de decir que el dopaje también está generalizado en ciertos ambientes del atletismo. Y no estoy hablando de los profesionales. Es más, para confirmarlo sólo basta mirar lo que sucedió en la San Silvestre de Salamanca, donde un gracioso dijo que habría control antidopaje y un montón de atletas se marcharon para casa sin dar ni un solo paso en la carrera.

Este tipo de situaciones nos lleva a muchas reflexiones: ¿por qué una persona de más de 40 años, que no compite por dinero, que tiene familia y que en teoría hace deporte para sentirse bien… decide llenar su cuerpo de sustancias dopantes sólo para ser el mejor de su grupo de amigos, de su pueblo o, en el mejor de los casos, de la carrera popular o de la marcha cicloturista? No hay una explicación sencilla, pero seguramente debe venir de mano de la psiquiatría más que del deporte. Por un lado, parece existir una necesidad de reafirmarse como macho-Alfa (el líder de la manada), por otro parece que es una lucha desesperada contra el tiempo y su paso, sin olvidar el síndrome de Peter Pan, aquellos que quieren seguir siendo niños de por vida. Y así podríamos seguir hasta casi el infinito.

cuervos-y-palomasSobre esta duda también reflexiono en la novela Cuervos y Palomas. Y casos como estos son los que demuestran que el dopaje no es un problema sencillo. Cuando la gente dice que el dopaje en el deporte profesional se acaba con sanciones de por vida y multas millonarias… no dejan de ver una parte del problema: cuando el deportista se dopa después de una decisión pensada y reflexionada, después de analizar los pros y los contras. Pero hay mucha gente que se está dopando sin ningún tipo de reflexión previa. Y carreras como la Quebrantahuesos -no se puede hablar de marcha cicloturista- son un ejemplo de la locura que ha alcanzado a muchos deportistas populares que están dispuestos a poner en riesgo su salud sólo a cambio de engrandecer su ego.

A partir de ahí, ¿qué soluciones hay? Pues está la vía de admitir que la salud es un derecho y no una obligación. Y a partir de ahí y asumiendo que no hay premios… dejar que cada uno haga lo que quiera con su cuerpo, puesto que además los recursos en la lucha contra el dopaje son limitados y estarían mejor centrados en exclusiva en el deporte de formación y en el deporte profesional. Es una vía radical. Pero es una opción. Luego tenemos la posibilidad del toque estético: dar un par de escarmientos con dos redadas en un par de deportes y acontecimientos multitudinarios. Como siempre, de apostar por esta vía seguro que se usa al ciclismo y al atletismo para dar el escarmiento. De eso no hay duda. Y está la tercera posibilidad: hacer controles y redadas policiales fuertes en el deporte popular invirtiendo miles de euros para concienciar a la sociedad sobre el peligro del dopaje. ¿Cuál es la mejor? Pues como siempre sucede en la vida, no hay varitas mágicas. Todas tienen ventajas e inconvenientes.

 

Así ven la novela Cuervos y palomas

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PODIO

Escribir sobre lo escrito por uno mismo resulta un ejercicio de egocentrismo y/o de miopía, puesto que nadie es capaz de analizar su propia prosa con la clarivendia con la que se puede estudiar la del prójimo. Por eso mismo resulta tan digno de agradecer el esfuerzo de Libros de Ruta por ofrecer una crítica completa de mi primera novela. A continuación, el texto completo:

Cuervos y palomas se construye sobre la complejidad del absoluto protagonista de la historia: Marco Klein. El hombre de los silencios, del tormento interior. La criatura incapaz de purgar sus propios pecados: los deportivos, que sólo se pueden inferir; y también los personales, claros ante la vista del lector. Un chiquillo que arrastra aún un cuarto de siglo el dolor ante el rechazo a uno de sus familiares; veinte años sin poder calzar en orden las cuatro piezas de su corazón; o, al menos, dos horas y diez minutos sólo para escapar de cada uno de sus problemas. Un rubio andaluz, de mil acentos.

El mundo de Klein es la rueda sobre la que gira el debut de un periodista reconocido por su trayectoria en el ciclismo, el torrentí Jorge Quintana (1976), que demuestra hechuras de sobra para la novela políciaca y un puñado de recursos para retener al lector en determinados momentos. Lo hace sobre todo en dos tramos: una sección de veinte páginas, las que doblan el lomo por la mitad, en las que la voz del doctor Laureano Ríos es el vademécum anti-cuñados sobre el dopaje en el ciclismo y en todos los deportes; y las últimas setenta, que sin romper en un cierre ’a la americana’, dejan al lector con cierta pena por saber cómo acaban los personajes, a los que acaba cogiendo cariño.

Atrapa en Cuervos y palomas la telaraña maléfica de Ríos, mentiroso compulsivo al que las fórmulas maravillosas que infunde por igual a deportistas y abueletes parecen haberle sorbido la materia gris. Lo hace la subinspectora Magda Ramírez, el espíritu más puro de la historia, con temperamento e ingenuidad en dosis iguales pero con bondad ante todo. Y el viaje por la Península de los dos polícias nos propone arquetipos muy de la ‘España del desastre’: el Master ProTour que decidió vivir por encima de su ritmo de vida y que sólo al final camufla un poco su estupidez (El Tuerto); el policía de barriga incipiente en busca de medallas (Vicente Garrido); o las mujeres -Sainz de Esnaola; la ignota y pálida mujer de cabello azabache; o la rusa con niño- que clavan sus espinas en el estómago del inspector. Se habla de dopaje y de la situación del deporte, antes y ahora, pero como insistimos, el libro es mucho más.

Quien lea esta novela desde un entorno ciclista especializado encontrará simpáticas referencias a lugares comunes del mundillo o nombres que le recordarán al pelotón de los ’90, los ‘2000 o incluso algún que otro exótico español en activo (¡qué dificil es, en efecto, construir un universo nuevo!). Pero aunque llegará por la fama de Quintana, se quedará más satisfecho por un conjunto más cercano a lo negro que a lo deportivo. Quintana cita entre sus referencias a Lorenzo Silva y a Alicia Giménez Bartlett; las alusiones al primero son poco esquivas en el arranque, pero el estilo más genuino del autor se va haciendo hueco.

Es una novela apetecible, traspasa el cajón de la literatura ciclista e incluso hubiese merecido no ser autoeditada. Los que la hemos disfrutado ya esperamos su secuela -oprecuela, pues tantos cabos sueltos quedan por detrás como por delante-. Y si les parece estar leyendo una copia de las noticias de los últimos años, recuerden la cita que abre el libro: “(…) No escriba más que ficción. El resto sólo le traerá problemas

Paolo Futre y las vergüenzas del fútbol

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El portugués Paolo Futre ha declarado en la prensa de su país que el presidente de su club, Jesús Gil, le dijo que se dejaran perder un partido para que así el Espanyol se salvara de categoría. Y, como pueden imaginar, la noticia sobre el amaño de un partido entre el Atlético de Madrid y el Espanyol no ha abierto ninguna portada. Es decir, de nuevo vemos un ejemplo claro de que las informaciones que pueden dañar la imagen del fútbol son enviadas al cuarto trastero por parte de los periodistas. Es más, algunos incluso afean a Futre sus palabras. Ahí va un fragmento de la columna de Alfredo Relaño de hoy en el As:

“Respecto a Futre, dio ayer con ligereza carácter público a un suceso de años atrás. Su narración es verosímil. El Atlético no se jugaba nada, el Espanyol, la promoción. Luis Aragonés iba a pasar de este club al madrileño. Gil y Pardo, el presidente espanyolista, se tenían mutua simpatía. Cabe en la lógica del fútbol que Gil dijera a sus chicos que no apretaran. Esas cosas pasan. Con su relato al cabo de tanto tiempo, Futre le da al asunto una dimensión exagerada. Se coloca como héroe del ‘fair play’ (bien pudo decirlo en su día) y deja en pésimo lugar a sus compañeros de entonces y al club que le veneró”.

El periodista confirma que la noticia le parece verosímil… pero dice que comentarlo ahora le da una dimensión exagerada. ¿En qué sentido? No séra por las portadas que ha acaparado en España y en el resto del mundo saber que dos equipos amañaron un partido para condenar a un rival a Segunda División. Lo dijimos hace tiempo y seguimos manteniendo la misma idea: el fútbol -con los periodistas incluidos- está repitiendo los mismos males que el ciclismo cometió -con los periodistas dentro- al hablar del dopaje. Es decir, cada vez que hay una fuga de información, se dice que no hay que exagerar, que es un caso aislado, que ha pasado tiempo, que ahora hay medidas buenas… La realidad es que el ciclismo ha necesitado de un cambio radical, como el pasaporte biológico, y muchos años de castigos severos para que cambie la mentalidad del pelotón. En el fútbol ni hay medidas antifraude claras ni se está castigando a nadie. Y eso lo único que garantiza es que el próximo verano, cuando haya que jugarse el descenso a 2ª División… vamos a tener de nuevo equipos que son comprados y equipos que compran, porque el mensaje que hasta ahora están viendo los futbolistas es que si todos callan y se mantienen firmes en su silencio -la famosa omertá- nunca pasa nada. Y así nos luce el pelo.

 

 

Una historia ya vista: los amaños en el fútbol como el dopaje en el ciclismo

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Una de las noticias más importantes de la semana dentro de la información deportiva es el juicio por el posible amaño de un partido de fútbol jugado entre el Levante y el Zaragoza hace ya unos cuantos años y que permitió a los aragoneses mantenerse entre la elite. El juicio aún no ha hecho sino comenzar, pero ya hemos visto lo suficiente para comprobar que el fútbol está repitiendo con los amaños los mismos errores que el ciclismo cometió con el dopaje. Y esos errores se resumen en uno: meter la cabeza debajo del ala.

_rz_a9658123APOYO MEDIÁTICO

Artículo hoy de Alfredo Relaño en el diario As: “No aconsejo cuestionar el fútbol más de la cuenta por este caso. El fútbol es creíble en un muy alto porcentaje, esa es mi experiencia. En tan alto porcentaje que podemos darlo por bueno”.

Este es el primer gran error. Nosotros también lo cometimos al hablar del ciclismo y decir que una manzana podrida no puede afectar a todo el cesto. Pero la realidad es que durante un gran período, la inmensa mayoría de los ganadores de Giro, Tour y Vuelta acabaron dando positivo, así que era imposible hablar de una manzana podrida. Pero lo hacíamos para consolarnos. Era una manera de mentirnos. Y es lo mismo que están haciendo ahora en el As con el fútbol y los amaños. Ojo, no es sólo el As. Es algo que repiten todos los medios de comunicación. Pero vayamos un paso más. ¿Por qué se equivoca Alfredo Relaño? Muy sencillo: estamos asumiendo que el Zaragoza se salva de bajar a 2ª División comprando (presuntamente) a sus rivales, pero según los periodistas eso no cuestiona la credibilidad del fútbol. En el propio artículo de Relaño acepta que en las dos-tres últimas jornadas se compran y venden partidos para subir a 1ª, 2ª y 2ª B, pero su conclusión es absurdamente ingenua y dice que eso no afecta a la credibilidad del deporte. ¿No? Esas compras y ventas de partidos están alterando totalmente la competición, desde arriba hasta abajo. Y del mismo modo que está aceptado que se compra y se vende para subir, ¿quién no nos dice que se compra y se vende para ganar un título? ¿O para entrar en la Champions? El modelo del fútbol está puesto en entredicho y deberían tomar medidas drásticas para garantizar la limpieza desde la primera hasta la última jornada. Si admitimos que las tres últimas jornadas son un tráfico de maletines, estamos admitiendo que este deporte está podrido en casi un 10% de sus jornadas y en los momentos decisivos. ¿Y eso no afecta a la credibilidad?

 

EXPLICACIONES ABSURDAS

Vamos ahora con explicaciones absurdas a lo ocurrido. Ahí va una del entrenador del Zaragoza, Javier Aguirre: “He dirigido más de 400 partidos como entrenador en España, no estoy preocupado ni lo más mínimo por este tema”. La frase recuerda palabra por palabra a la mítica expresión del ciclista sancionado por dopaje (ahí está el caso Armstrong): “He pasado más de 400 controles y nunca he dado positivo”.

Ahí va la reacción de Gabi, el entonces capitán: “El presidente del Zaragoza me dijo que necesitaba efectivo, que me ingresaría el dinero en mi cuenta y que yo debía dárselo en metálico”. Esta explicación es todavía más graciosa y absurda. Gabi debería saber que desde hace muchos años ningún juez acepta como defensa la ejecución de órdenes. En los juicios de Nuremberg todos los nazis decían que ellos se habían limitado a cumplir órdenes. Asumiendo esa defensa, sólo se podía condenar a Hitler. En este caso, a otro nivel, por supuesto, estamos ante lo mismo: uno no puede decir que se limitó a cumplir con lo que le pedían, sobre todo cuando lo que le pedían es completamente ilegal. Según la explicación de Gabi, le dan 85.000 euros por transferencia, que él saca del banco y se lo devuelve al presidente en dinero. Es de suponer que él no declara ese dinero en su renta como un ingreso. Por tanto, ¿de qué hablamos? ¿Está Gabi -y los demás- sirviendo como “lavadora” de dinero negro? ¿Está Gabi -y los demás- ayudando a Agapito a descapitalizar el Zaragoza cuando tienen una suspensión de pagos a la vuelta de la esquina? En fin… hay veces que las explicaciones son peores que la realidad.

Y la realidad es difícil de asumir. Pero hasta que uno no reconoce el problema, no empieza a salir de él.