El caso Urdaibai y Cuervos y Palomas

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“Ustedes están preocupados porque un señor decide pincharse una sustancia que parece que no es muy buena para su salud. Yo estoy preocupada porque tengo decenas de violaciones, asesinatos, malos tratos… sufridos por personas que no han decidido ser asesinadas, violadas ni maltratadas. Como ven, tenemos perspectivas muy diferentes”. Así de tajante se muestra en la novela Cuervos y Palomas la juez encargada de la instrucción, Paloma Sáez de Esnaola.

Viene esta frase a cuento de lo sucedido con el caso de las traineras de Urdaibai. De nuevo, hay una investigación policial sobre una presunta red de dopaje, aunque en este caso no se  trata de ciclismo ni de atletismo sino de remeros. De nuevo, el caso llega al juzgado de lo penal para que se dicte sentencia por un delito contra la salud pública. De nuevo, la prensa tiene claro que todos son culpables y así lo explican en los día previos a la sentencia, aportando un buen puñado de datos que confirman que hubo dopaje y que todos los implicados son unos caraduras. De nuevo, a la fiscalía le tiembla el pulso a la hora de pedir sentencias porque comprueba que el caso se está disolviendo como un azucarillo desde el punto de vista legal. Y de nuevo los juzgados deciden la absolución de los acusados.

¿Otro escándalo? ¿Una vez más España mira hacia otro lado en la persecución del dopaje? Pues para comprenderlo mejor, no hay una forma más lúdica que la de leer Cuervos y Palomas. Ahí se intenta analizar la visión tan diferente que tienen de un mismo problema los políticos y policías encargados de la lucha antidopaje y los jueces encargados de las instrucciones y las sentencias de estos casos. Leyendo la novela, lo de Urdaibai estaba cantado.

Entrevista en Biciciclismo sobre Cuervos y palomas y el dopaje

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La prestigiosa web Biciciclismo.com publica hoy una entrevista que me realizaron y que tiene como contenido fundamental tanto mi novela Cuervos y Palomas como el dopaje en el deporte profesional y muy especialmente en el ciclismo. A continuación, os copio el contenido de la entrevista, con preguntas y respuestas.

cuervos-y-palomasEl periodista Jorge Quintana Ortí envuelve en una novela negra una obra de aroma ciclista en torno al deporte profesional y su rincón más oscuro, el dopaje. En “Cuervos y palomas”, el escritor valenciano lanza una mirada crítica al pasado pero a la vez su visión es optimista por la regeneración y la credibilidad de un ciclismo  que tanto le apasiona y que tan bien conoce por sus años de reconocido trabajo en el semanario Meta2Mil, los últimos como director.

Un relato del lado más tenebroso y opaco del deporte, en una investigación policial que llevan a cabo el inspector Marco Klein, quien fuera un destacado especialista en correr maratones, y la subinspectora Magda Ramírez, absolutamente ignorante del mundo del deporte de élite, dos protagonistas que ha parido Quintana y que quiere, tanto que les ve en una segunda aventura. El escritor valenciano revela a preguntas de BiciCiclismo las tripas de “Cuervos y palomas” y ofrece su visión del dopaje ayer y hoy porque no duda que el ciclismo se ha regenerado.

-¿Cómo y por qué surge la inquietud de escribir esta novela?
-En realidad he escrito toda mi vida, no solo como periodista, sobre todo cuentos.  Escribir una novela, sin embargo, es otra historia, un esfuerzo de fondo y para eso hace falta madurez, tranquilidad y tiempo, algo que con el periodismo es muy complicado. Te tienes que sumergir en un mundo que no es el tuyo, crear unos personajes, dotarles de una vida entera y eso trabajando día a día es muy complicado. Entonces, cuando surge el parón de Meta2Mil, me empiezo a plantear escribir una novela. En ningún momento me planteo escribir de dopaje, intento escribir de corrupción, pero veo que la historia no me sale. Así que estoy un año y pico con los personajes definidos pero no estoy contento con el resultado. Llego a escribir casi 200 páginas. Y al final las tiro. En el fondo sí que tenía el gusanillo de escribir de dopaje pero siempre te da un cierto reparo porque lo has vivido muy de cerca y también había dejado el periodismo hacía poco. Así que lo tenía muy cercano todo, me faltaba un poco de perspectiva. Después de un año y pico fracasando porque al final esta novela surge del fracaso, decido coger a los personajes  y meterlos en una historia que sí que domino, que es el deporte de élite y el dopaje. Y cambia por completo, empiezo a escribir la historia, sale todo fluido, en 15 días escribo 200 páginas, toda la base, y soy capaz de escribir durante 10-12 horas diarias porque es un tema en el que me siento cómodo.

-¿Qué parte de realidad tiene la novela?
-No oculto que cuando eres periodista hay muchas cosas que conoces y no puedes escribir la mayoría por el Código Penal. No puedes contarlas porque no tienes las pruebas o tienes solo una fuente y en esas circunstancias no debes contarlas tampoco. La novela es perfecta para llenar esos huecos y hacer una serie de reflexiones con la tranquilidad que no tienes con el periodismo. En un periódico, tienes tantas páginas, caracteres… y te tienes que ceñir al día a día. Así que la novela ha sido, como escribo en la dedicatoria, una manera de ajustar cuentas con un pasado en el que hay cosas que te han quedado en el tintero. Hay parte que está basada en la realidad pero no hay que olvidar que es una novela y que los personajes protagonistas no existen.

-¿Por qué el título “Cuervos y palomas”?
-Alude a dos cosas. Palomas son el nombre que se da en el argot a las personas que llevan los productos dopantes. Y Paloma es también el nombre de la jueza instructora, se da la doble coincidencia. Y los policías cuando conocen un poco el argot, que las palomas son los que ellos tienen que buscar y que la jueza instructora se llama Paloma, tienen la feliz idea de llamar a la operación policial Operación Cuervo. De ahí Cuervos y Palomas.

-En el ciclismo ha habido palomas.
-Sí, sí, evidentemente.

-¿Y hay palomas todavía?
-¿Ahora mismo? ¿Sinceramente? Es una de las reflexiones que contesto en el libro. Yo creo que el ciclismo como deporte ha hecho los deberes. ¿Lo han hecho todos? No, porque todavía hay positivos con EPO. Por tanto, decir que en el ciclismo todos sus artistas van limpios es chocar con la realidad. Ahora bien, decir que no ha habido un cambio cultural y generacional, también sería mentir. El ciclismo ha hecho los deberes, ¿ha acabado? No, pero por lo menos hay un propósito y una intención por cambiar. El ciclismo ha dado ese paso de examinarse y es un proceso doloroso, y espero que todos los deportes tomen nota.

-¿Está de acuerdo en que hay una nueva mentalidad, un ciclismo más limpio?
-Otra de las reflexiones del libro es que un chaval que tiene ahora 24-25 años y que entró con 20 en el ciclismo pues lleva cuatro temporadas con un pasaporte biológico, diciendo todos los días de su vida donde duerme y no ha conocido otra cosa. Y ha entrado en un ciclismo en el que yendo absolutamente limpio se pueden ganar carreras, cosa que antes no sucedía. Y ese es un cambio generacional, de mentalidad y cultural muy grande. ¿Van todos limpios? No, pero al menos cuando llegan a la máxima categoría se les han puesto los medios para que puedan ir limpios y ven que pueden ganar carreras. Antes no era así, no hay por qué ocultarlo. Es la realidad.

Y los que de verdad amamos el ciclismo tenemos que reconocer que durante años el dopaje fue generalizado. Si queremos callarnos, ocultarnos… no hacemos nada bueno. El proceso de cambio se ha llevado a cabo. Ahora a nadie se le ocurre que haya una red de dopaje organizada dentro de un equipo, por ejemplo… Hace unos años tuvimos el caso Festina, y a lo peor no sólo era Festina porque cuando se hicieron redadas en ese Tour hubo algún otro equipo. No era nada extraño. Y eso es lo que intento explicar en la novela: esa evolución, cómo hay un momento en el deporte que el que dopa es un masajista, luego entran los médicos, los médicos organizan el deporte de forma sistematizada dentro del equipo, y ahora hemos pasado a una fase en la que los médicos están contra el dopaje, al igual que los mánagers, los sponsors… Y cuando hay dopaje son casos aislados al margen de la estructura.

-¿Se cree los resultados del ciclismo actual?
-Yo en líneas generales me los creo.

-¿Hasta cuando hay que mirar atrás?
-Sinceramente, creo que a día de hoy no sirve de nada que digamos que en los años 90 paso esto o lo otro, o quitar del podio a alguien porque hace 14 años se sabe ahora que tomó EPO y borrarlo del palmarés. Tenemos que asumir lo que hubo en el pasado y lo que hay que hacer es trabajar en el futuro y de una forma coherente y sensata. Hacer controles a las 3 de la mañana…

-¿Qué le pareció el informe de la Comisión Independiente de Reforma del Ciclismo (CIRC) impulsado por la UCI?
-Que para ese viaje no hacían falta tantas alforjas. Para decirnos que existía un dopaje organizado y que a día de hoy hay, pero menos tampoco hacía falta gastarnos tres millones de euros y hacer entrevistas a tropecientas personas. El sentido común nos lo dice. A mí lo que me preocupa y en lo que debíamos haber gastado tres millones es en reunir a todos los médicos de todos los equipos, a todas las comisiones antidopaje de todos los países y en pensar en nuevas fórmulas en la lucha contra el dopaje; ahí es donde debemos invertir los tres millones de euros. No en pensar si en el año 99 pasó no sé qué. Han hecho un trabajo enciclopédico del dopaje, que está muy bien, pero no hemos avanzado lo suficiente en el futuro porque al final hemos dicho cuatro vaguedades y que hay que hacer controles a las 3 de la mañana. Quizá hay que tener unos médicos UCI que gestionen a los equipos en las grandes vueltas y que dependan de la UCI, esa sí que es una medida real que se puede estudiar y plantear, pero…

Yo pienso que trabajar en un control médico externo es más sencillo que ir a las 4 de la mañana a hacer un control a un tío que está disputando el Tour de Francia porque incluso puede condicionar la propia carrera. Hay líneas rojas que no podemos atravesar. Hay cosas que son absurdas. Es más sencillo que la UCI tenga a un médico pagado por la UCI que supervise a un equipo durante una gran vuelta y que les haga un hemograma todos los días a los corredores pero a las 5-6 de la tarde. Y que si un corredor por ejemplo sufre una anemia severa que en un momento dado pueda tomar hierro y que sea administrado por ese médico y que reporten a un comisario de médicos general de la UCI, o de un organismo independiente. Hay medidas que pueden ser prácticas y ayudar a dar más transparencia.

-¿Se vende bien el ciclismo como deporte?
-Bueno, no estoy de acuerdo cuando se dice que el dopaje nos ha quitado patrocinadores. Si casi tenemos los mismos equipos que en el 93-94, cuando Induráin ganaba los Tours. Lo que nos ha quitado los patrocinadores ha sido la crisis económica y en cuanto remonte volveremos a tener equipos. Eso no quita que hay que vender el ciclismo mucho mejor. Y otra cosa que comento en la novela es que hay deportes como el atletismo y el ciclismo que son golpeados porque el propio sistema necesita que haya positivos y escándalos para justificarse y seguir consiguiendo dinero con el que crecer. Y siempre se ataca a los deportes que no se saben organizar, ni venderse ni trabajar.

-¿A día hoy, quién es más importante en un equipo, el corredor, el mánager, el director deportivo, el preparador físico o el médico?
-Pues si lo analizas bien, en los equipos ciclistas hace muchos años los que tenían mejores sueldos eran los médicos, y aquí la UCI lo podría explicar porque tiene acceso a todos los contratos laborales; ahora mismo estoy convencido que los mejores sueldos son de los ciclistas y que hay muchos más preparadores físicos que antes. Es más, en la novela se cuenta una anécdota que es fruto de los datos que descubrí en el Centro de Alto Rendimiento de Granada, puesto que parte de la trama sucede allí. Y la gente que trabaja allí me contó en una de las entrevistas, porque he intentado documentarme, que a ellos les había sorprendido gratamente que todos los que ahora van al CAR lo hacen con un preparador, cuando hace años iban con médicos. Ojo, que hay médicos muy buenos y que se dedican a entrenar. Pero ahora hay equipos que tienen 5-6 preparadores; estamos llegando a la profesionalización en la preparación, en la nutrición, en aspectos que antes no se cuidaban porque no hacía falta.

-¿Qué acogida ha tenido la novela?
-Tenía ciertas dudas por cómo iba a acoger la novela el mundo del deporte y me ha sorprendido porque está siendo mucho mejor de lo que podía esperar. Porque los que han vivido esa época entienden que no estoy contando ninguna mentira y en el fondo el libro también tiene una parte muy optimista. Empieza fuerte, con la muerte de un deportista por una transfusión, pero también tiene un toque optimista. Evidentemente se puede hacer todavía mejor, pero vamos por el buen camino, aunque de vez en cuando tengamos alguna recaída.

-¿Se has saciado?
-No. La segunda parte de la novela la tengo preparada. No será sobre deporte pero será con los mismos protagonistas: Marco Klein y Magda Ramírez. Sí me he cansado de la trama del deporte, esa la quiero dejar descansar. Pero de los protagonistas no me he cansado. Además, muchos lectores me piden que siga con su vida. Me pasa como a ellos. Al final les coges cariño y, además, el protagonista que es un policía ha sido deportista de élite y tiene su encanto, entonces siempre habrá algo de deporte en esas novelas.

La comercialización del libro es realizada a través de www.librosderuta.com y puedes comprarlo directamente aquí

Para conocer mejor el libro, puedes leer prologo quintana

Regalar un libro por San Jorge/Sant Jordi

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El mundo capitalista en el que vivimos ha sabido crear una serie de tradiciones que tienen como objetivo final el estímulo del consumo. Desde que somos bien pequeñitos, comprendemos que el día del Padre, el de la Madre, el de San Valentín… no son días normales y socialmente nos vemos obligados a hacer nuestro regalito de turno. Uno, que no tiene la potencia de El Corte Inglés, también tiene la ilusión de contagiar entre los amigos ese mismo espíritu consumista. No lo vamos a ocultar. Así que por favor… dentro exactamente de siete días, el 23 de abril, cumplid con la tradición y regalar un libro y una rosa por San Jorge/Sant Jordi. Y, por supuesto, mi propuesta es que el libro elegido sea CUERVOS Y PALOMAS.

imagererewrLa acogida en ventas y críticas de mi primera novela ha superado las expectativas que tenía planteadas, tal vez porque uno es de tendencia pesimista. Pero eso mismo me incita a invitar a todos mis amigos a que no olviden la cita del 23 de abril y a que regalen (o incluso se regalen, puesto que no hay mejor regalo que el que uno decide hacerse) un libro para esa fecha tan señalada, la fecha del Día Internacional del Libro por coincidir con los fallecimientos de Miguel de Cervantes y William Shakespeare.

Para que nadie tenga que ir a tientas, ahí va un LINK PARA LEER LOS PRIMEROS CAPÍTULOS.

cuervos-y-palomasEl argumento de CUERVOS Y PALOMAS es sencillo de explicar en una línea: una mirada hacia el dopaje en el deporte profesional. La trama es eléctrica y los personajes son tan contradictorios como la propia vida que todos nosotros vivimos. La historia arranca con el fallecimiento de un atleta que estaba en Valencia para disputar una gran competición de atletismo. Los datos son elocuentes: ha muerto mientras se practicaba una transfusión sanguínea. A partir de ahí, la Policía Nacional de Valencia decide pedir ayuda a uno de sus agentes de Granada, Marco Klein, quien fue atleta de elite en su juventud y quie, por tanto, puede conocer mejor el mundillo del deporte profesional. Klein viaja acompañado de la subinspectora Magda Ramírez, mujer que lo desconoce absolutamente todo sobre el deporte y que sirve de contrapeso para que el lector vaya aprendiendo y comprendiendo lo que lleva a un deportista o a un médico a saltarse todas las reglas éticas y a poner en riesgo su salud. Además, también existe una segunda trama: el triángulo amoroso entre el inspector Marco Klein, la subinspectora Magda Ramírez y la juez de instrucción Paloma Sáez de Esnaola, sin olvidar la sombra nunca explicada de una mujer sin nombre en Granada que atormenta al policía.

El libro cuesta 15 euros más gastos de envío y en 24-48 horas está en tu casa, por lo que aún tienes margen para encargarlo y tenerlo listo antes del día de San Jorge.

LINK PARA COMPRARLO.

Mi novela es mejor que el informe del CIRC (y más barata)

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Hace ya unos 200 años Napoleón Bonaparte dejó para la historia una de sus frases inolvidables: “Si quieres resolver un problema, nombra un responsable. Si quieres que el problema siga eternamente, nombra una comisión”. La frase se ajusta perfectamente a lo sucedido en los últimos meses con la Unión Ciclista Internacional y la pomposa Comisión Independiente para la Reforma del Ciclismo, un órgano que ha necesitado de muchos miles de euros… para elaborar un documento de 227 páginas que no aporta absolutamente nada novedoso. En el fondo, no son sino obviedades cobradas a precio de oro, que es otra de las características de los informes del siglo XXI.

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Es más, no tengo reparo alguno  en aconsejar -sin ninguna modestia, lo asumo- a la UCI y a cualquier posible lector que no pierdan el tiempo leyendo el informe del CIRC. Resulta mucho más instructivo y entretenido leer mi novela, Cuervos y palomas, con la ventaja añadida de que cuesta 15 euros más gastos de envío y no tres millones de euros, como se dice que se ha invertido en el CIRC (o CIRCO, según las lenguas viperinas).

El caso es que el informe del CIRC llega a las únicas conclusiones posibles para comisiones creadas sin verdadera voluntad de dar un paso adelante en la lucha contra el dopaje.

Por ejemplo, sobre el dopaje dicen: Hay doping pero menos que antes. Sin leer el informe uno ya sabía que no había alternativa posible a esa conclusión (en la que yo también creo). Si hoy en día existe el mismo doping que antes… ¿para qué nos estamos gastando millones de euros en controles? Y si, en cambio, ya no hay doping, ¿para qué hay que seguir invirtiendo millones de euros? Así que la conclusión era obvia: hay, pero menos. Es lo que le interesa decir al sistema. Y la respuesta que darán siempre será la misma.

Sobre los pagos de Armstrong a la UCI de Verbruggen y McQuaid dicen: lo hicieron mal, pero no es delito. Otra vez la propuesta típica de una comisión nombrada para rellenar folios y no pisar callos. Es decir, criticamos a los gestores anteriores de la UCI pero no pisamos el charco de decir que fueron corruptos. Y así tenemos a todos contentos.

Y así podríamos seguir una tras otra con las 227 páginas de una comisión que ha gastado miles de euros y que no ha aportado nada. Lo dicho, mi novela tampoco les cambiará la vida, pero al menos no me van a pagar 3 millones de euros y les garantizo que no van a necesitar tres cafés para no dormirse, tal y como más de uno y de dos han necesitado esta mañana leyendo el informe del CIRC (o CIRCO).

Los placeres de escribir una novela (o simplemente de vivir)

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MARCA PLUS

Con la novela Cuervos y palomas publicada y con una segunda parte ya casi acabada, me apetece detenerme a contar a mis amigos y sufridos lectores los motivos por los que uno se decide a perder -tal vez sería mejor usar el verbo invertir- unas cuantas horas de su vida escribiendo una novela.

Podría usar muchos y muy variados argumentos, pero desde luego no sirve el económico, puesto que el que quiera ganar dinero escribiendo en España sólo tiene una opción rentable: preparar los guiones de Gran Hermano VIP, que es lo que de verdad tiene tirón. Así que debe haber otro tipo de beneficio muy alejado del crematístico. Tampoco mi personalidad -demasiado introvertida- me lleva a encontrar el placer en la parte mediática de la publicación de una novela, lo que no quita que sienta un profundo agradecimiento hacia todos y cada uno de aquellos que me han apoyado en el difícil camino de la promoción, con una simple foto en facebook o con el boca a boca, que son métodos que dan el mejor rendimiento posible y seguro que mucho mejor de lo que sus autores imaginan. Por cierto, en el camino de la divulgación de mi novela, hoy toca agradecer al periodista Nacho Labarga su detalle de incluir el libro en los recomendados dentro de la revista Marca Plus.

MARCA PLUSPero el verdadero sentido por el que uno escribe es otro muy distinto. Escribo y, sobre todo, escribo novelas porque me gusta. Tal vez la explicación suene estúpida, infantil o simplista. Pero sorprende ver la cantidad de tareas que hacemos al cabo del día y con las que no sentimos ningún tipo de placer, incluso muchas de ellas nos hacen sentirnos mal.

Para empezar, uno debe asumir que el hecho de sentarse a escribir una novela es un gesto de egoísmo y egocentrismo, puesto que escribir resulta inevitablemente una actividad solitaria, un proceso que, además, va a hacer que el mundo gire a tu alrededor durante semanas, meses y tal vez años robando horas a la familia y al mundo exterior, puesto que tienes un nuevo mundo en el que fijar toda tu atención.

Pero si uno es capaz de limitar ese efecto secundario, es sólo cuestión de dejarse ir y disfrutar. Hoy en día está muy extendido el mito del autor maldito. Es decir, históricamente se ha hablado mucho de la frustración del escritor, ese ser desesperado que se arranca los pelos de la cabeza para intentar llenar un folio y que al final del día acaba rompiéndolo en mil pedazos porque no está satisfecho con el resultado. Sí, es cierto y puede funcionarle a algunas personas. Son las mismas que se dedican a la arquitectura discutiendo todo el día con los folios en blanco y las pantallas del ordenador, son las mismas que se dedican al derecho y se pasan toda la vida despotricando de sus clientes… Es más, incluso pueden ser auténticas figuras de su especialidad. En lo que no serán nunca un ejemplo es en algo mucho más importante: ¡aprovechar la vida!

Por eso mismo, la satisfacción de haber sacado a la calle Cuervos y Palomas es grande. Pero todavía lo fue más el proceso creativo de inventarles una personalidad, de crear un mundo para ellos y de convertirlos en seres contradictorios, es decir, seres humanos, porque así somos todos… en mayor o menor medida, seres que nos pasamos la vida deseando cumplir sueños por los que nunca nos atrevemos a soñar. En mi caso y pensando en la literatura, tengo la satisfacción de haber cumplido ese sueño. Será, tal vez, porque nunca he olvidado una frase de Orson Welles en Ciudadano Kane: «Hay dos tipos de personas: las que consiguen lo que quieren y las que no se atreven a conseguir lo que quieren».

Así ven la novela Cuervos y palomas

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PODIO

Escribir sobre lo escrito por uno mismo resulta un ejercicio de egocentrismo y/o de miopía, puesto que nadie es capaz de analizar su propia prosa con la clarivendia con la que se puede estudiar la del prójimo. Por eso mismo resulta tan digno de agradecer el esfuerzo de Libros de Ruta por ofrecer una crítica completa de mi primera novela. A continuación, el texto completo:

Cuervos y palomas se construye sobre la complejidad del absoluto protagonista de la historia: Marco Klein. El hombre de los silencios, del tormento interior. La criatura incapaz de purgar sus propios pecados: los deportivos, que sólo se pueden inferir; y también los personales, claros ante la vista del lector. Un chiquillo que arrastra aún un cuarto de siglo el dolor ante el rechazo a uno de sus familiares; veinte años sin poder calzar en orden las cuatro piezas de su corazón; o, al menos, dos horas y diez minutos sólo para escapar de cada uno de sus problemas. Un rubio andaluz, de mil acentos.

El mundo de Klein es la rueda sobre la que gira el debut de un periodista reconocido por su trayectoria en el ciclismo, el torrentí Jorge Quintana (1976), que demuestra hechuras de sobra para la novela políciaca y un puñado de recursos para retener al lector en determinados momentos. Lo hace sobre todo en dos tramos: una sección de veinte páginas, las que doblan el lomo por la mitad, en las que la voz del doctor Laureano Ríos es el vademécum anti-cuñados sobre el dopaje en el ciclismo y en todos los deportes; y las últimas setenta, que sin romper en un cierre ’a la americana’, dejan al lector con cierta pena por saber cómo acaban los personajes, a los que acaba cogiendo cariño.

Atrapa en Cuervos y palomas la telaraña maléfica de Ríos, mentiroso compulsivo al que las fórmulas maravillosas que infunde por igual a deportistas y abueletes parecen haberle sorbido la materia gris. Lo hace la subinspectora Magda Ramírez, el espíritu más puro de la historia, con temperamento e ingenuidad en dosis iguales pero con bondad ante todo. Y el viaje por la Península de los dos polícias nos propone arquetipos muy de la ‘España del desastre’: el Master ProTour que decidió vivir por encima de su ritmo de vida y que sólo al final camufla un poco su estupidez (El Tuerto); el policía de barriga incipiente en busca de medallas (Vicente Garrido); o las mujeres -Sainz de Esnaola; la ignota y pálida mujer de cabello azabache; o la rusa con niño- que clavan sus espinas en el estómago del inspector. Se habla de dopaje y de la situación del deporte, antes y ahora, pero como insistimos, el libro es mucho más.

Quien lea esta novela desde un entorno ciclista especializado encontrará simpáticas referencias a lugares comunes del mundillo o nombres que le recordarán al pelotón de los ’90, los ‘2000 o incluso algún que otro exótico español en activo (¡qué dificil es, en efecto, construir un universo nuevo!). Pero aunque llegará por la fama de Quintana, se quedará más satisfecho por un conjunto más cercano a lo negro que a lo deportivo. Quintana cita entre sus referencias a Lorenzo Silva y a Alicia Giménez Bartlett; las alusiones al primero son poco esquivas en el arranque, pero el estilo más genuino del autor se va haciendo hueco.

Es una novela apetecible, traspasa el cajón de la literatura ciclista e incluso hubiese merecido no ser autoeditada. Los que la hemos disfrutado ya esperamos su secuela -oprecuela, pues tantos cabos sueltos quedan por detrás como por delante-. Y si les parece estar leyendo una copia de las noticias de los últimos años, recuerden la cita que abre el libro: “(…) No escriba más que ficción. El resto sólo le traerá problemas