Iker Casillas, la opinión pública y la opinión publicada

Estándar

El presidente del Gobierno más longevo en la democracia española, Felipe González, acuñó una frase para la historia al diferenciar la opinión pública y la opinión publicada. Según González, la opinión pública estaba con él mientras que sólo la opinión publicada (los medios de comunicación) se mostraban críticos con su gestión. El líder del PSOE se equivocó en su diagnóstico porque sus errores en la gestión fueron tantos y tan gordos que finalmente la opinión pública acabó creyendo a pies juntillas a la opinión publicada y desalojándole de la Moncloa.

CASILLASViene esto a cuento de la situación por la que vive Iker Casillas, un ejemplo claro de la diferencia que hay entre la opinión pública y la opinión publicada. El portero del Real Madrid ha contado desde hace años con la protección mediática lógica de ser el mejor portero del mundo, algo que nadie en su sano juicio pudo discutir durante un lustro. Pero hubo un día en que aquello se rompió. El rendimiento deportivo del portero cayó en picado, aunque el odio de la mayor parte de la prensa hacia Mourinho -no entramos a juzgar si acertado o desacertado-, vistió aquello de cacería personal cuando Casillas estaba firmando una de las peores temporadas de su vida. Pero se marchó Mourinho y Casillas siguió sin mejorar mientras la prensa mantenía su opinión: Casillas era Dios, el mejor portero del mundo. El problema es que muchos aficionados iban al estadio y veían algo muy diferente. ¿Durante cuánto tiempo se puede mantener ese espejismo? Algunos pensaron que durante toda la vida. Y se equivocaron.

Tampoco gustó nada el trato que esos medios de comunicación dieron a Diego López, quien según ellos no merecía ser el portero del Real Madrid, a pesar de que reunía los mismos condicionantes que Casillas: portero, español, madridista y formado en la cantera. Pero no era suficiente. La campaña mediática contra López no tuvo ni pies ni cabeza. Se le hizo culpable de todo. Y frente a esa campaña, el capitán mantenía el silencio en lugar de salir a una rueda de prensa y defender públicamente a su compañero para así cerrar el debate. Casillas jugó sus cartas pensando que la opinión publicada le iba a apoyar hasta el final, es decir, hasta recuperar la titularidad en todas las competiciones. Y así está siendo, incluso más allá de lo razonable, pero lo está siendo para desgracia del propio Casillas.

En el final de la pasada temporada, los periodistas acabaron firmando la sentencia de muerte de su credibilidad al echar la culpa de la derrota en la Liga a Diego López mientras encumbraban a Casillas por haber ganado la Copa del Rey y la Champions, aunque para ello tuvieran  que obviar sus errores en ambas competiciones. Es más, puestos a elogiar por elogiar incluso llegaron a decir que Neymar había lanzado el balón al poste en la final de la Copa del Rey gracias a la suerte que siempre tiene Casillas. En fin… un argumento que no merece respuesta alguna. Sus errores en la final de Champions y en el Mundial hicieron que esa defensa a ultranza tuviera que ser mitigada, puesto que el espejismo se estaba rompiendo a pasos de gigante. Pero el daño estaba hecho. Como la insistencia en decir que Casillas nunca perdía contra el Atlético de Madrid… justo antes de dos derrotas consecutivas con él bajo los tres palos sobre las que luego se pasa de puntillas. ¡Qué remedio! Ese tipo de campaña de loas y alabanzas hacia Casillas han desesperado a más de uno y de dos de los aficionados al club blanco.

Ahora, una buena parte de la afición se está portando de modo mezquino con Casillas, puesto que le silban sin que haya cometido errores graves en este inicio de temporada. Pero esto no es sino fruto de la campaña mediática de protección realizada en el pasado y que ha llevado a la división del Bernabeu, puesto que leen y escuchan descripciones de lo sucedido que son diametralmente opuestas a lo que ellos llevan años viendo en el campo y/o por televisión. Es la famosa ruptura entre opinión pública y publicada.

Algunos, siguiendo el nefasto ejemplo de lo que le ocurrió a Felipe González, pensarán que aquí se está jugando la titularidad o no de un portero. Eso no tiene ninguna importancia. Es como ganar un título más o menos. A prácticamente nadie le va a cambiar la vida. Pero los periodistas y muy especialmente los directores de los grandes medios de comunicación parecen no haber entendido lo que de verdad está en juego en esta batalla mediática: se está jugando su credibilidad. Y ellos ya han perdido esa batalla, una más, aunque todavía no sean conscientes de ello. Luego hablaremos de la crisis del papel, de los problemas de los medios de comunicación para ser rentables… pero la realidad es que no puedes mentir al público durante dos años y pensar que la gente es tonta, porque no lo es.