Conoce Estados Unidos viendo el programa Cazasubastas, de Discovery Max

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En la televisión actual hay programas y programas. Por ejemplo, Sálvame permite hacer una disección perfecta de España y de los españoles. Pero si uno quiere conocer mejor Estados Unidos, lo que debe hacer es engancharse a Cazasubastas, de Discovery Max. ¿Nunca lo han visto? No se preocupen, yo se lo explico.

DISCOVERY MAX-CAZASUBASTASCazasubastas es un programa que cuenta la vida de dos tipos, Allen y Ton, que viven de ir a unas subastas muy especiales. Pero si rascamos un poco, el programa nos permite hacer una disección perfecta de los Estados Unidos de América.

Allen y Ton se dedican a pujar por trasteros abandonados. Primera condición: en España la gente casi nunca usa trasteros y casi-casi nunca los abandona. Y si los abandona, la empresa de trasteros casi-casi-casi nunca encontrará la autorización para vender todo lo que hay dentro sin antes mover cielo y tierra para localizar al propietario. En cambio, en Estados Unidos todo el mundo necesita un trastero. ¿Por qué? Muy sencillo: se pasan la vida comprando cosas sin saber muy bien si las necesitan, por lo que más pronto que tarde las casas se les quedan pequeñas. Segunda condición: se pasan la vida viajando, con muy poco arraigo a los sitios y en ocasiones prefieren dejar atrás el contenido de los trasteros antes de irse al siguiente destino. Y tercera condición: en cuanto no pagas un recibo, la empresa lo ejecuta, vende todo lo que hay y le importa tres pepinos si había mucho o poco y si el dueño intenta recuperarlo o no.

Aclarados esos primeros conceptos básicos, el programa también nos permite ver otras características muy propias del pueblo americano. Por ejemplo, la gran cantidad de armas de todo tipo y condición que hay guardadas en los trasteros. Por si alguien no lo sabe, en España sólo es posible tener armas si las guardas dentro de una caja de seguridad, con llave. Y como comprenderán la gente no se deja olvidado en el trastero un par de revólveres, un rifle y munición para acabar con toda la guerrilla prorusa que está peleando en Ucrania. En Estados Unidos sí es posible.

Además, el programa también nos permite ver como Ton y Allen siempre ganan dinero. Y como muchas veces compran por cantidades altísimas trasteros de los que no saben nada, puesto que la gracia de las subastas es que apenas hay unos segundos para mirar, lo que significa que se compra más veces a ciegas que con datos encima de la mesa. El mensaje que eso significa resulta abrumador: esos programas sirven para educar al estadounidense medio en conceptos básicos como arriesga tu dinero siempre que veas una oportunidad de negocio y no te preocupes porque acabarás ganando un montón de pasta.

En España, sinceramente, el programa (si se pudiera hacer) sería muy diferente. Para empezar, nunca se hablaría a las claras de los miles de euros que ganan Ton y Allen. Es más, aquí interesaría más rodar la historia de alguien subastero arruinado y de cómo pagó miles de euros sin que su familia lo supiera por un trastero que no vale nada, lo que les ha llevado a perder la casa. Eso, con una buena dosis de niños llorando y policías ejecutando la orden judicial de salir de la casa es más el estilo típico de España. La sonrisa en la cara y los miles de dólares en los bolsillos es la imagen de Estados Unidos, porque todos y cada uno de los trasteros en los que pierden dinero nunca -o casi nunca- aparecen en televisión. Recuerden: ¡Estados Unidos es el país de los triunfadores!

El cierre de Canal 9, Paco “Telefunken” y una sociedad de traca

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El cierre de Radio Televisión Valenciana, con Canal 9 como buque insignia, ha vuelto a servir para que los valencianos demostremos al mundo entero nuestra pasión por el esperpento. O dicho de un modo más coloquial: ¡somos de traca!

Son muchas las ideas que se agolpan en estas horas de convulsión (más periodística que social, tampoco nos equivoquemos en eso). Por eso mismo hay que intentar poner orden desde la primera línea y eliminar la tentación de convertir la crónica del cierre de Canal 9 en una historia de buenos y malos. Eso sería, sencillamente, mentir. O, mejor dicho, mantener las mismas mentiras que desde uno y otro lado se están lanzando para que calen en la sociedad.

ALBERTO FABRAEl principal culpable del cierre de Canal 9 son los gestores nombrados por el Partido Popular. Así de sencillo de escribir y de entender.

El presidente de la Generalitat Valenciana, Alberto Fabra, puede argumentar que la herencia recibida pesa como una losa. A estas alturas no hay nadie -incluidos los militantes del Partido Popular- que ignore que la Generalitat ha sido arruinada por la calamitosa gestión de Francisco Camps. Es cierto que Fabra se pasa el día desactivando bombas: empezando por Canal 9 y acabando por la Fórmula 1. Pero eso no resta un ápice de su responsabilidad. Y es que un buen gestor debe buscar soluciones a los problemas. Pero para eso hace falta autoridad. Fabra no la tiene.

Por un lado, el actual presidente de los valencianos nunca se ha presentado a unas elecciones autonómicas. Por otro, tampoco se ha sabido ganar su autoridad en su día a día. ¿Cómo? Muy sencillo: lo primero que debería haber hecho es pedir (y/o forzar) la dimisión como diputado autonómico de Francisco Camps.

Dice Fabra que cerrar Canal 9 es la medida más dura de todas cuantas ha tomado como presidente. Pero tal vez no habría sido tan dura si antes de proceder al despido de 1.800 trabajadores hubiera procedido a exigir la dimisión del responsable político de la ruina económica de la Comunidad Valenciana. Eso sí habría sido un gesto de valor que marca el carisma de un líder.

Por mirar a tiempos pretéritos, en Roma sabían muy bien cómo se lograba la autoritas y por eso genios como Julio César no dudaban a la hora de andar junto a sus tropas. Era la mejor manera de decirle a todo su ejército que él podía exigir porque era el primero que cumplía. En eso ha fallado Fabra y en eso, en realidad, falla toda la cúpula política española de cualquier partido, siempre dispuesto a apretar las clavijas de los demás pero no las propias.

CANAL9-MELDEROMERFoto: Melderomer

Sin embargo, no podemos ser tan estúpidos como para ignorar otros muchos matices en el cierre de Canal 9. Por ejemplo, hemos visto a una oposición que no hace muchos meses estaba pidiendo en pleno el cierre de la emisora y que ahora ha ido a esposarse en antena junto a los trabajadores mientras lágrimas recorrían sus rostros. ¿Por qué lloraban exactamente si ellos mismos habían pedido ese cierre durante meses? Muy sencillo: oportunismo político. Y es que la pasión por la foto ciega a más de uno hasta límites ridículos para cualquier observador medianamente objetivo.

Tampoco podemos ignorar la responsabilidad de los periodistas de la casa. Es cierto que todo el mundo tiene hipotecas que pagar y en ese sentido resulta humano comprender que uno pueda aceptar determinados “mensajes políticos”. Pero Canal 9 no ha sido una cadena en la que se edulcoraban ciertos mensajes. Esta plantilla de 1.800 trabajadores es la responsable de haber emitido durante años una información totalmente sesgada y manipulada, calificativos que ellos mismos han empleado durante las últimas semanas para calificar su trabajo de las últimas décadas.

Por cierto, no ha sido mucho más equilibrada la información de estas semanas finales en la vida de Canal 9. Simplemente, han cambiado el bando y todo lo que antes era pasión por el PP ahora se había convertido en odio hacia Fabra y su partido. ¿Era esa la nueva televisión plural? No, en realidad, era una televisión nacida de las entrañas del que se sabe cerca del paro y quiere morir, matando. ¿Comprensible? Sí. ¿Humano? También. ¿Profesional? No.

P1290490Foto: Isacar Marín

Los periodistas nos mostramos extrañados cada vez que constatamos que la sociedad confía menos en nosotros para acceder a la información. Pero lo sucedido en Canal 9 no deja de ser un triste ejemplo de los errores de la profesión. Dicen ahora los periodistas de Canal 9 que Fabra debe dimitir por sus mentiras al pueblo valenciano (la crítica de estar cometiendo un golpe de Estado no la vamos ni a comentar). Pero igual que Fabra debió empezar su mandato exigiendo la dimisión de Camps, esos mismos periodistas debían comenzar su alegato presentando su dimisión como trabajadores de la Radio Televisión Valenciana.

Para ser más claros, los mismos trabajadores que durante años no dudaron a la hora de vetar a la presidenta de la Asociación de Víctimas del Accidente de Metro del 3 de Julio, Beatriz Garrote, a la que hoy por fin han tenido a bien entrevistar, nos quieren hacer creer que una televisión pública de todos y para todos es posible. Evidentemente, puede existir una televisión pública así… pero no con las mismas personas que durante 20 años nos mintieron. Es lógico que toda esa plantilla pida al PP responsabilidades políticas. Pero también es lógico que los espectadores pidamos responsabilidades periodísticas. Señores, presenten su dimisión, renuncien a sus despidos… y luego critiquen lo que crean conveniente desde la independencia y la libertad.

Pero eso -la dimisión de unos y de otros- es ciencia ficción. Como lo es pensar que algo va a cambiar en el futuro. No le den vueltas a la cabeza. Esto es Valencia, una tierra que vive sus fiestas creando una estructura que cuesta miles de euros y quemándola en la plaza pública… para empezar a volver a construirla al día siguiente. Eso, para bien y para mal, forja el caracter de un pueblo. Tiene la virtud de crear ciudadanos que no se asustan ante los retos, que saben apretar los dientes cuando desaparece todo por lo que se ha luchado… pero también tiene su lado oscuro.

En realidad, no se olviden de esto: pronto veremos como se reconstruye una nueva televisión pública, con o sin el Partido Popular; pronto veremos como se manipula la información en favor de los que en ese momento manden en la Generalitat; pronto veremos como los amigos de los gestores montan rápidamente empresas productoras con las que conseguir contratos millonarios… Es sólo cuestión de tiempo. Siéntense y disfruten del ruido y el olor a pólvora. El sol valenciano hará que también este humo se disipe… Al final, ¡somos de traca!

PD: Si alguno cree que los valencianos no somos de traca sólo debe comprobar el esperpento de intentar cerrar la televisión con un señor llamado Paco “Telefunken”, que viene desde Gata -pregunta: ¿en Valencia no hay nadie para dar al botón del off?- y que cuando le piden que apague la televisión, dice que él no está para eso y se marcha a su casa. Ni en un sainete de Escalante habrían tenido la imaginación de incluir ese tono cómico en mitad del drama. Pero claro… parece que habían llamado a su primo, Paco “Panasonic”, pero pidió demasiado dinero y se conformaron con Paco “Telefunken” y su sobrino Pepe. Lo dicho, ¡de traca!