Educar en el asombro, una bomba atómica contra nuestro sistema educativo y nuestros valores como padres

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La abogada Catherine L’Ecuyer abandonó hace ya muchos años su Canadá natal para instalarse en España. Ahora es una mujer en el centro del debate mediático por su libro Educar en el asombro, una obra en la que reflexiona sobre nuestro sistema educativo. E incluso todavía más: lanza una auténtica bomba atómica frente a muchos de nuestros valores como padres. L’Ecuyer ha escrito un libro alejado de las típicas recetas de autoayuda: esto es bueno, aquello es malo. La autora se ha centrado mucho en reflexionar sobre un reducido número de ideas. Vamos a analizarlas.

EDUCAR

1. El necesario ASOMBRO. Para L’Ecuyer, un niño no es un adulto imperfecto. Es simplemente un niño. Y como tal necesita aprender todo lo que nosotros ya sabemos. Por eso mismo, sólo los niños son capaces de preguntar por qué no llueve hacia arriba. El problema ante estas preguntas es que la frenética actividad de los padres impide la respuesta. No hay tiempo para estar con el niño y lo más habitual es colocarlo frente a un vídeo -cita los famosos Baby Einstein- con el que aplacamos nuestro conflicto moral de no dedicar tiempo a la educación. ¡Gracias al vídeo saldrá listo el niño! La realidad es diferente y L’Ecuyer cita a Chesterton: “Cuando somos muy niños, no necesitamos cuentos de hadas sino simplemente cuentos. La vida de por sí es bastante interesante. Un niño de siete años puede emocionarse pensando que Perico, al abrir la puerta, se encontrará un dragón. Para un niño de tres años es emoción suficiente ver que Perico abre la puerta”.

2. El necesario SILENCIO y la lucha contra la SOBREESTIMULACIÓN. Otra idea básica para L’Ecuyer es que los padres del Siglo XXI no trabajamos suficiente en el silencio. Y no acostumbramos a los niños a que permanezcan callados e incluso a que se aburran. Ese aburrimiento es lo que generará nuevas ideas, aventuras surgidas de su imaginación. En cambio, parece que debemos estimular constatemente a los hijos generándoles unas agendas que ni los ejecutivos de Wall Street, con clases de inglés, natación, chino, refuerzo de matemáticas… hasta lograr que no tengan ni un segundo libre para generar una vida interior propia. L’Ecuyer afirma que detrás de los trastornos de atención existen muchos niños sobre-estimulados desde su nacimiento con vídeos, horas y más horas de televisión sin control y agendas de ejecutivos agresivos.

3. El respeto a los RITMOS. Otra obsesión para L’Ecuyer es el respeto a los ritmos de los niños. Y eso arranca desde primera hora de la mañana. Por ejemplo, explica cómo los padres suelen llevar casi arrastrando a sus hijos a los colegios sin explicarle nada de lo que sorprende al niño en ese viaje mientras los abuelos sí suelen acompañar al hijo. Para los padres no hay tiempo que perder: deberías estar cambiado, deberías haber desayuno, deberías estar abajo, deberías estar ya en el colegio… Al final, los niños tienen la sensación de que no están nunca donde deben. Pero tal vez el problema es que el niño simplemente tiene otro ritmo y los padres no quieren escucharlo. Pero ese respeto al ritmo no es sólo la anécdota de ir al colegio o vestirse cada mañana sino también la necesidad de respetar el hecho de que un niño debe ser niño, debe tener una infancia plena. Parece que queremos tener niños-récord, que superen cualquier límite en el aprendizaje. Cuanto más rápido, mejor. Cuanto antes aprenda a leer, mejor. Cuanto antes aprenda a sumar, mejor. Pero la realidad no es esa y son muchos los países donde primero se intenta que el niño desarrolle su inteligencia, su imaginación y madure intelectualmente y luego se aborda el aprendizaje técnico de materias como matemáticas o lenguaje evitando en gran parte el fracaso escolar.

4. La precaución ante la TECNOLOGÍA. L’Ecuyer siente al menos precaución ante la tecnología como medio de enseñanza de los niños. Para la autora, los colegios basados en iPhones, iPad y pantallas de ordenador no tienen por qué ser mejores que los colegios basados en un boli, un papel y una goma de borrar. Es más, pone como ejemplo el colegio más elitista de Sillicon Valley, un centro sin ordenadores en el epicentro mundial de la tecnología. Para la autora, los niños no deben invertir miles de horas en aprender software (programas informáticos). La excusa de que eso será bueno para su futuro laboral no se tiene en pie, puesto que cualquier tecnología actual estará desfasada por completo antes de que cualquier niño llegue a enfrentarse al mercado laboral. En ese sentido, cita a Google. ¿Para qué es necesario que un niño aprende a usar Google? Lo que debe hacer el niño es aprender a pensar por sí mismo y a estrujarse la cabeza. Para aprender a usar Google siempre tendrá tiempo y en poco más de diez minutos, conocerá lo suficiente para usar el buscador.

Para saber más sobre la autora, puede leerse su blog: apegoasombro.blogspot.com

O también la entrevista realizada en La Vanguardia. LINK