Análisis literario: El sentido de un final, de Julian Barnes

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Mi relación personal con Julian BARNES es cuanto menos… curiosa. Hace apenas un mes, en una librería, encontré EL SENTIDO DE UN FINAL. Llevaba muchos años sin acercarme a ninguna obra de este autor inglés. Y caí en la tentación de comprar la novela. Este título venía avalado por un prestigioso premio al que Barnes había aspirado durante años y que nunca había logrado: el Booker. Pero más allá de distinciones literarias, lo importante es que se trataba de una novela de Barnes.

Al llegar a casa hice la prueba de comprobar cuántas obras hay de este escritor en las estanterías. Sorprendentemente, aparecieron cuatro más:  Antes de conocernos, Hablando del asunto, Una historia del mundo en diez capítulos y medio (muy recomendable si uno quiere reír, aunque advertimos que no es un libro muy tradicional) y Al otro lado del canal. No recordaba que fueran tantas, pero tampoco me sorprendió en exceso. ¿Y qué significa todo esto? Algo muy sencillo de explicar y todavía más sencillo de comprender: ningún libro de Julian Barnes cambiará tu vida, pero todos dejarán una sonrisa en tu rostro y un buen número de dudas en tu cabeza. Y eso hará que cuando vuelvas a ver un libro suyo en una estanterías, caigas en la tentación de comprarlo.

El-sentido-de-un-finalEso ha vuelto a ocurrir con El Sentido de un final. Barnes tiene varios temas recurrentes en sus novelas. Uno de ellos es el amor, aunque siempre trufado por las infidelidades y la incapacidad del ser humano para no mentir a su pareja. En ese apartado suele citarse la infidelidad que el propio Barnes sufrió por parte de su mujer y agente literario, algo que no impidió su posterior reconciliación. El otro es la muerte, un tema que siempre ha obsesionado al escritor británico. En El sentido de un final habla de ambos y habla, sobre todo, de la soledad y el paso del tiempo.

julian barnesLa historia está contada en primera persona. El protagonista se llama Tony Webster y nos relata cómo su pandilla de amigos conoció en el instituto a Adrian, un chico introvertido, maduro y con un ingenio muy superior a la media. Webster nos explica cómo y por qué esos amigos acabaron separando sus pasos al llegar a la vida adulta. El protagonista se casa y se divorcia. Y un día descubre que la madre de su primera novia le ha dejado en el testamento 500 libras y los diarios de su amigo Adrian. Webster solicita a su antigua novia que le dé los diarios y ésta no responde, lo que obliga al protagonista a repasar toda su vida y hacer un auténtico análisis de concienza.

A partir de esa base, Julian Barnes hace lucir todo su ingenio para tejer una trama cada vez más misteriosa. Evidentemente no es una novela negra, pero acaba convirtiéndose en una novela de misterio, el misterio de un final. Pero también es una novela con una carga profunda de decepción ante el paso de la vida y, sobre todo, es una obra inteligente que provoca pensamientos y sentimientos. ¿Qué más se puede pedir a la literatura? Como siempre, Barnes no defrauda.