Cuatro amigos, de David Trueba

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Recuperamos la costumbre de comentar libros. Y volvemos con un autor del que ya habíamos hablado en el pasado: David Trueba (sí, el cineasta también escribe novelas más que apreciables). Si hace unas semanas hablamos de “Saber perder”, ahora es el turno de una novela anterior desde un punto de vista cronológico: “Cuatro amigos”.

cuatro-amigos1[1]Este libro parte de una premisa básica: el deseo de no dejar de ser joven. Ese es el motor que mueve a cuatro amigos a iniciar unas vacaciones que se presumen idílicas y que son confeccionadas con una única premisa: nada de mujeres. Es un viaje sólo por y para ellos. La realidad es completamente diferente desde el primer minuto. Los cuatro personajes están de vacaciones intentando mantenerse en la eterna adolescencia y compitiendo por momentos en su estupidez, con fragmentos propios de American Pie. Pero la realidad en la visión del mundo de David Trueba es habitualmente melancólica. Sólo hay que fijarse en el mote del protagonista, Solo, quien decide coronar sus vacaciones de amigos viajando a ver cómo su antigua novia, Bárbara, va a casarse con un político. No es la única presencia de mujeres. Otro de los amigos está casado y es padre de dos niños. Otro vive atormentado por sus kilos de más y su incapacidad para ligar. Y el último vive de relación en relación sin conseguir nada estable. Ese es el cuadro de amigos en una novela que es inferior en forma y fondo a “Saber perder”, pero que se deja leer y que permite la reflexión final que se esconde detrás de casi toda historia de amor imposible: el prado del vecino siempre parece más verde. Por eso mismo los cuatro personajes creen que los demás son más felices que ellos… pero en realidad es sólo eso: una ilusión.