Historia de un viaje (I): conociendo Postobón

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Durante casi una semana he vivido un viaje inolvidable: pisar Colombia y conocer de cerca el equipo Manzana Postobón, una estructura gestionada desde la Corporación Pedaleamos por Colombia. Ya son muchos años trabajando con ellos. Pero era mi primera experiencia viviendo de primera mano el día a día de Luisa Fernanda Ríos (manager) y su equipo directivo, con el expresidente Ignacio Vélez y con el actual presidente Alejandro Restrepo.

Esta primera entrada del blog no hablará mucho de deporte. Hablará de algo más importante: la plata (o dinero) para sostener el deporte. Y, sobre todo, la voluntad de invertir en juventud y proyectos vinculados a las prácticas deportivas. Eso es precisamente lo que está haciendo Postobón. Pero vayamos por partes.

En Europa es conocido el nombre de Postobón, sobre todo, entre los aficionados de cierta edad, aunque en pocos casos se llega a identificar bien qué significa y a qué se dedica la marca. Es conocida porque durante más de una década (1986-1996) patrocinaron un equipo ciclista en el que militaron, entre otros, corredores de la talla de Lucho Herrera, Álvaro Mejía, Óscar de J. Vargas, Reynel Montoya o Pablo Wilches. En gran parte de ese período lucharon contra Café de Colombia, el otro gran equipo colombiano del pelotón mundial. Y también conquistaron triunfos de prestigio: etapas en Vuelta a España o Giro de Italia, general de Dauphiné…

postobon-grupoEse pasado deportivo glorioso fue posible gracias a una potencia económica indiscutible. Postobón nació en 1904 de la mano de dos empresarios: Posada y Tobón (de ahí el nombre de Pos-Tobón). Pero en realidad fue la llegada de la familia Ardila Lule la que impulsó el mayor crecimiento de la compañía colombiana de bebidas. En 1954 crearon la famosa Manzana Postobón, una bebida gaseosa, de sabor manzana, fresca y que está a medio camino entre el zumo y la cola. No sería el último gran hito para la compañía: en el camino compraron los derechos para embotellar y comercializar bebidas tan famosas como Pepsi-Cola, 7Up, Lipton, Gatorade… así como desarrollaron un buen número de zumos e incluso leche hasta consolidar un grupo con 12.000 trabajadores directos, 35 marcas y 250 referencias.

Todos esos son datos que pueden conseguirse en internet. Pero hay una referencia personal que debo transmitir y que no aparece en internet: en Colombia resulta imposible dar un solo paso en la calle sin sentir la presencia de Postobón. Los toldos de los bares, las vallas publicitarias, los equipos de fútbol más importantes del país e incluso la mayor parte de los deportistas olímpicos colombianos… ¡Todos están apoyados por la imagen corporativa de Postobón, auténtico motor del deporte colombiano!

En el caso del ciclismo, Manzana Postobón regresó en 2015. Y lo hizo apostando, como habíamos dicho, por Corporación Pedaleamos por Colombia, una entidad sin ánimo de lucro que había nacido casi una década antes y que había contado con los patrocinios de Colombia es pasión o 4-72. En todo ese tiempo, la Corporación ha vivido momentos gloriosos. Y también grandes dificultades. Pero de todo ello hablaremos en una segunda entrada del blog. Lo único evidente es que hablamos de un equipo continental… pero con un patrocinador que no conoce ningún tipo de límite por su potencial económico y por su entusiasmo hacia el deporte en general y el ciclismo en particular.

 

Van den Driessche y el dopaje tecnológico

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El Mundial de ciclocross nos ha permitido ver el primer caso en la historia de dopaje tecnológico, confirmado ya por el propio presidente de la Unión Ciclista Internacional. La sospechosa de haber competido con un motor dentro de su bicicleta es Femke Van den Driessche, una joven que partía como una de las candidatas a las medallas y que no tuvo su mejor día. El caso es que la investigada no puede negar la existencia del motor en su bici. Pero sí niega que sea su bicicleta.

Van den Driessche afirma (copiado de ciclo21.com): “Rompí la cadena y me tuve que bajar. Cuando me retiré, me dijeron que iba a tener que ir a explicar cosas porque había algo que no estaba bien con mi bicicleta. Lo primero que hice fue preguntarle al mecánico de dónde había salido esa bicicleta, que ahora sé que es de un amigo mío. Es una bicicleta que me compró hace ya tiempo. Yo la he usado en temporadas pasadas y es una bicicleta idéntica a las que uso para competir. Ese amigo había estado reconociendo el circuito con mi hermano y la había dejado apoyada contra nuestra furgoneta. Uno de mis mecánicos debió de equivocarse y pensar que era una de las mías y la limpió y se la llevó al box”.

La respuesta es obvia: la bici no es suya, por lo que no debe haber sanción. Perfecto. Pero es muy sencillo de demostrar: copia de la transferencia bancaria por la que le compró la bici hace tiempo y, sobre todo, hay que coger esa bicicleta que no es suya y compararla con la que sí estaba usando en el momento de la retirada. Porque además ese amigo suyo seguro que no es igual de alto que ella, ni lleva las mismas medidas, así que si la bicicleta tiene el sillín y el manillar tres o cuatro centímetros más alto o bajo… está claro que no es su bici. En el ciclocross y en el deporte de elite, dos bicicletas con la misma distancia del eje del pedalier al sillín, del sillín al manillar… son sólo posibles cuando hablamos de dos bicicletas de la misma persona. Así que Van den Driessche no necesita lágrimas ni abogados. Si esa bici lleva medidas diferentes puede demostrar que no es suya. Lo que no podemos creer es que su amigo sea igual de alto que ella, lleve las mismas medidas, la misma potencia, la misma geometría… hasta el último milímetro. Eso rompe cualquier posibilidad fruto del azar de un amigo que compra una bici, que la deja apoyada en una furgoneta y un mecánico que no se da cuenta del error y la mete dentro del box. Tantas casualidades son imposibles!

A partir de ahí, la sanción resulta obvia: debería ser la máxima en tiempo y dinero… salvo que Van den Driessche se olvide de conspiraciones y nos explique quién le ofreció el uso del motor, quién le ayudó a instalarlo, en cuántas carreras lo ha utilizado… A través del esclarecimiento de la verdad se puede reducir la sanción. Pero si vamos a seguir hablando de ovnis y amigos que usan bicis y que se las dejan olvidadas dentro del box, tenemos que irnos a la sanción máxima, aunque sea sólo por higiene.

 

Cadáveres en la playa, la novela negra del Circuito de Getxo

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Ramiro Pinilla es el autor de Cadáveres en la playa. Antes de entrar en el análisis de la historia, echemos un vistazo al escritor, quien tuvo una vida de lo más curiosa (falleció en octubre de 2014): ganó el Premio Nadal en 1960 con Las ciegas hormigas. Luego estuvo en un plano mucho más oscuro durante décadas. No se sentía feliz con los editores y buscó su propia autoedición, lo que le marginó durante años en el mundillo de las letras. Más tarde volvió a escribir en grandes editoriales hasta el fin de sus días, puesto que no hay que olvidar que Cadáveres en la playa fue escrito con ¡89 años!

Cadáveres en la playa es una novela negra. En concreto, se trata del tercer caso de Samuel Esparta, un investigador privado que tiene una librería en Getxo y que en su tiempo libre indaga en asuntos bien turbios. El caso es que para todos los que hemos ido alguna vez a Getxo y muy especialmente a ver el Circuito de Getxo (carrera profesional que se disputa el 31 de julio de cada año), esta novela resulta de lo más especial. La historia está ambientada en los últimos años del franquismo. Pero el caso investigado se remonta muchísimos más años atrás. Un muerto y cuatro posibles asesinos. Y el amor de por medio, aunque los verdaderos protagonistas son la playa de Getxo y la bajada desde la ciudad hasta la arena, escenario del crimen.

Por eso mismo podemos concluir que esta corta novela (242 páginas en la edición de bolsillo) es una novela negra curiosa para los amantes del ciclismo, puesto que resulta un escenario conocido por todos. Pero dejando a un lado la anécdota, lo cierto es que el libro se lee rápidamente aunque suena a historia demasido sencilla. En ese sentido, más que novela negra tal vez deberíamos hablar de novela detectivesca o de enigma final, donde la gracia está en averiguar cuál de los cuatro sospechosos es el verdadero asesino. Los diálogos entre Esparta y su secretaria son, sin duda alguna, los mejores de la obra. Y uno se queda con ganas de conocer más, algo que desgraciadamente ya no será posible por el fallecimiento de Pinilla.

El mejor libro de 2015 (español): Puerto escondido, de María Oruña

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Compré el libro antes de un viaje, casi sin fijarme en el argumento y con muchos prejuicios hacia la novela, así que arrancaba la lectura sin ningún tipo de buena predisposición hacia los personajes o la autora. Pero la historia funciona bien desde las primeras líneas y sirve para borrar cualquier tipo de prejuicio. María Oruña consigue que considere Puerto escondido como el mejor libro español que he leído en 2015. Y lo hace gracias a lo mejor que se puede decir de un escritor: engancha y entretiene.

El argumento es sencillo: aparece el cadáver de un bebé en una casa de Suances (Cantabria). A partir de ahí iremos conociendo dos tramas paralelas: una centrada en la investigación de ese cadáver (la actualidad) y otra basada en los tiempos de la Guerra Civil y los “maquis”, con otro asesinato de por medio, historias que acabarán uniéndose en un mismo punto y que harán saltar por los aires la tranquilidad de los dos protagonistas: el medio británico Olivier, propietario de la casa donde aparece el bebé muerto, y la Guardia Civil Valentina Redondo.

La prosa es sencilla. El argumento y la forma también lo son, aunque haya constantes saltos temporales. Pero el libro se deja leer con facilidad. No es, por tanto, ninguna obra complicada y resulta recomendable para todos los públicos y gustos, especialmente para lectores interesados en novela negra y en Cantabria, puesto que gran parte de la trama se desarrolla entre Comillas, Santillana del Mar, Suances, Hinojedo, Torrelavega o Santander.

Lo mejor, sin duda alguna, es la creación de personajes con gancho, como la Guardia Civil Valentina Redondo, que es la jefe de las investigaciones policiales. Es un personaje con el que se pueden seguir construyendo historias y eso parece que es lo que quiere y tiene pensado la autora. Lo peor: la promoción de María Oruña como la nueva Dolores Redondo, etiqueta totalmente innecesaria. Sinceramente y después de haber leído los dos primeros libros de ambas autoras, no hay muchas similitudes. Sí, se trata de novelas negras, ambientadas en el norte de España, con mujeres como líderes de la investigación policial… Pero el libro de María Oruña está mucho mejor escrito.

 

La guerra UCI-ASO y el punto de no retorno

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Los titulares han sido llamativos: el Tour de Francia y la Vuelta a España se salen del WorldTour. Guerra entre UCI (Unión Ciclista Internacional) y ASO (organizador del Tour). Pero la realidad, como casi siempre, es mucho más compleja. Como bien explicó Biciclismo, el Tour de Francia y la Vuelta a España no se han salido de ningún WorldTour. Lo único que han hecho es decir que en mayo de 2016 solicitarán ese descenso de categoría para 2017. Es decir, amenazan… pero dejan todo el tiempo del mundo para negociar. Es, por tanto, una postura inteligente. O no, que diría Mariano Rajoy.

La amenaza de ASO da tiempo a Velon (organización que aglutina a la mayor parte de los equipos WorldTour) para reaccionar. Y es que no hablamos de una guerra entre UCI y ASO sino de una guerra entre ASO y los equipos por la propiedad del negocio. En el fútbol o en el baloncesto… el negocio es de los clubes. Y la guerra siempre ha sido entre clubes y federación. En el ciclismo resulta muy diferente porque al margen de los clubes (equipos) es necesaria la presencia de un organizador que se encargue de diseñar recorridos, contratar hoteles, coordinar el tráfico con la policía local… y, en definitiva, buscar los recursos para que la prueba sea un éxito. Y también es necesaria la federación. Por tanto, hablamos de un negocio, el ciclismo profesional, en el que hay tres comensales: equipos, federación y organizadores. Son más a repartir y como suele ocurrir nadie se preocupa por hacer la tarta más grande. La única preocupación parece pasar por conseguir que tu pedazo de tarta sea el mayor posible.

La decisión del Tour y la Vuelta supone una amenaza absoluta para los equipos. Con la condición de HC, los equipos no tienen garantizada su presencia en la carrera más importante del mundo. Es más, cuatro de los 18 WorldTour ya saben que se quedarán fuera. Y evidentemente no será ninguno de los franceses, por lo que el riesgo para los miembros de Velon es altísimo. ¿Respuestas? Como suele suceder ante un conflicto y eso ya lo decía Maquiavelo, la única respuesta que pueden dar los equipos es:

1. Rendirse. Ponerse del lado de ASO, dejar en la estacada a la UCI y abandonar la idea de la reforma del WorldTour. En ese caso, resulta evidente que la UCI frenará en seco todos los proyectos de cambio, las grandes carreras de ASO seguirán en el WorldTour y se mantendrá el “status quo”. Es decir, todo seguirá igual. Pero Velon habrá fracasado en su proyecto y los equipos jamás conseguirán tener su parte de los derechos televisivos. Eso sí, conseguirán cierta estabilidad reglamentaria.

2. Asesinar al rival. Llevar el enfrentamiento con ASO al punto de no retorno. ¿Cómo? Muy sencillo: despreciando todas sus carreras. Eso es fácil: llevar a ciclistas sub-23 a París-Niza y viajar con todas las figuras a la Tirreno. Y hacer lo mismo con Dauphiné y Suiza. Serán dos avisos… pero nunca será suficiente. Velon -y los equipos WorldTour- necesitan buscar un socio financiero/logístico para lanzarse a una aventura mucho más arriesgada: crear una prueba por etapas de 21 días en el mes de julio de 2017. Para eso pueden negociar con RCS -Giro de Italia- o pueden buscar un magnate de los negocios que esté dispuesto a crear una carrera alternativa al Tour. O ambas cosas. Evidentemente, montar una carrera de 21 días es muy difícil. Pero no resulta imposible. Los derechos de televisión del Tour de Francia están comprados… y muchas cadenas no querrán invertir en una prueba alternativa. Pero… ¿usted prefiere ver un Tour de Francia con equipos WorldTour franceses y sin figuras o un Tour de Europa con Nairo Quintana, Chris Froome, Peter Sagan…? Evidentemente, el Tour tiene la tradición y los contactos. Pero sin las figuras… no puede resistir el pulso más de un año.

Esto mismo sucedió en el baloncesto europeo, cuando durante una temporada hubo dos Copas de Europa, la impulsada por los clubes -o algunos clubes- y la impulsada por la Federación. Al final, la federación tuvo que ceder el control a los clubes, quienes ganaron el pulso. ¿Serán los equipos capaces de llevar el órdago hasta el final? La historia demuestra que no, que los equipos siempre acaban cediendo al Tour de Francia. Por eso ASO gana cada vez más dinero. Y por eso los equipos son cada vez más débiles. De todos modos, la historia no está escrita. No hay ningún tipo de determinismo histórico que garantice el futuro. Ni tampoco podemos decir que una opción sea mejor que la otra. Todo depende de cómo se gestione el enfrentamiento. Lo que está claro es que si Velon quiere reaccionar… ahora tiene tiempo para hacerlo. Eso es lo único que ASO no ha sabido calcular. Ha dejado tiempo para que el enemigo se puede organizar. Mala elección. Titular llamativo con el descenso de categoría de las carreras… pero decisión equivocada desde el punto de vista estratégico.

Oleg Tinkov no ha entendido nada

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El ruso Oleg Tinkov ha concedido recientemente una entrevista a Cyclingnews.com. En la web biciciclismo.com puede leerse una traducción al castellano de sus siempre interesantes reflexiones. Tinkov lanza dos mensajes claros: ha intentado cambiar el ciclismo y ha fracasado en su intento. Y por eso mismo dejará de patrocinar el Tinkoff-Saxo a finales de 2016 y venderá el equipo al que más le pague.

Sobre los intentos de cambiar el ciclismo, poco o nada podemos decir. Resulta obvio que el ciclismo necesita de muchos cambios. Tal vez la de Tinkov no haya sido la mejor fórmula para promover esos cambios. El dice haberse sentido como Don Quijote. Y lo cierto es que alguien debería recordarle que Don Quijote no era un reformista de la sociedad sino un trastornado. Pero dejando a un lado la anécdota, vayamos a lo importante: ¿a quién le va a vender su equipo? ¡A nadie!

Lo que Oleg Tinkov no ha entendido es que su equipo ahora mismo no vale nada. En los mercados, y seguro que él lo sabe muy bien y, por supuesto, infinitamente mejor que un servidor, todo depende de la oferta y la demanda. Y ahora mismo no hay una gran demanda de plazas dentro del WorldTour porque el coste -10 millones de euros- no invita a que decenas de empresas se lancen de cabeza. En ese mismo sentido, tampoco vale nada el equipo Movistar, el mejor del mundo en 2015. Como no lo valió en su día Euskaltel. ¿Cuánto pagaron por el equipo vasco cuando desapareció? 0 euros. Y eso es lo mismo que le pagarán a él por su equipo. Dice el artículo que Tinkov pagó 6 millones a Riis y 1 millón más por cada temporada. Eso resulta difícil de demostrar. Es algo que personalmente desconozco por completo. Pero sí tengo muy claro que los equipos WorldTour no valen nada porque no hay presión de marcas para entrar. Valen lo que se pueda sacar por sus bicicletas de segunda mano, sus autobuses y sus camiones. Poco más…

A finales de 2016 se aprobarán licencias para tres temporadas para 2017-2018-2019. Pero ahora mismo hay 18 aspirantes, aunque en realidad deberíamos hablar de 17 si eliminamos ya el equipo de Tinkov. Por  tanto, cualquiera que quiera convertirse en WorldTour, lo tiene sencillo: pide la licencia, ficha un par de corredores con buenos puntos en el WorldTour y está dentro sin necesidad de tener que pasar por la caja de Tinkov.

Tinkov afirma que él tiene firmados a Sagan y Majka para 2017 y que cualquiera que compre su equipo se quedará con esos dos contratos. Lo que no sabe -o no quiere decir públicamente- es que muchos van a jugar al gato y al ratón con él. ¿Cómo? Si Sagan tiene firmado un contrato de cuatro millones, ofrecerán dos… y esperarán pacientemente a que Tinkov tenga que pagar los otros dos. Es decir, Sagan tiene garantizado ese contrato. Y es cierto que alguien puede ponerse nervioso y pagar a Tinkov una millonada por el equipo para quedarse con esos contratos millonarios de Sagan y Majka, pero también pueden esperar pacientemente a que el equipo sea declarado en bancarrota para entonces ir a firmarles a bajo precio. Eso es lo que Tinkov de momento no ve.

El empresario ruso incluso especula con la posibilidad de que sea el dueño de CCC quien quiera comprarle su licencia. Pero como decíamos anteriormente, si CCC firma a un par de ciclistas buenos, estará en el WorldTour… sin pagar nada a Tinkov. Ejemplo: cualquier equipo que hubiera firmado a Rigoberto Urán (por poner un ejemplo) para 2016 habría acabado metiéndose en el WorldTour sin necesidad de pagar nada por la propiedad de ningún equipo.

Algo diferente ocurrirá cuando tengamos licencias por tres años, sin posibilidad de ascenso o descenso en ese período. Y, sobre todo, algo diferente ocurrirá cuando la economía mundial se recupere y cuando el ciclismo consiga ser realmente atractivo para más multinacionales. Ese día podemos encontrarnos con dos, tres o cuatro proyectos queriendo entrar… y con la necesidad de pagar millonadas a los dueños de las licencias para meterse en la elite. Hasta entonces… las cuentas de Tinkov son cuentas de la lechera por mucho que el empresario ruso haya demostrado a lo largo de su vida ser un empresario de éxito y un hombre de negocios visionario.

Gracias, Finlandia (o como estudian en el mejor sistema educativo del mundo)

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Xavier Melgarejo es un entrañable señor que tiene una preocupación importante en su mente: intentar mejorar el sistema educativo español. Con ese objetivo, Melgarejo ha viajado y ha estudiado en profundidad el sistema educativo que mejor nota saca en los exámenes de PISA: el de Finlandia. Fruto de ese estudio, plantea un libro -más teórico que práctica, la verdad- sobre las diferencias entre Finlandia y España y los puntos que podríamos intentar adaptar de las virtudes del sistema finlandés.

El libro resulta interesante para todos los que sentimos preocupación ante la caótica educación española. Resumir el libro en este artículo resulta sencillamente imposible. Pero dejaremos varias perlas. En Finlandia el sistema educativo arranca de un punto de partida: sólo se permite ser profesor a los alumnos más brillantes en lo académico y después de superar exámenes que van más allá de lo teórico, puesto que se les obliga a demostrar capacidad oratoria, por ejemplo. La nota de corte para empezar a estudiar la carrera universitaria por la que posteriormente podrán ser maestros es, por tanto, la más dura de todas. Es decir, justo lo contrario que en España, donde en muchos casos estudiar para maestro se considera como una salida para el que no tiene buenas notas ni encuentra motivación por ninguna carrera.

El sistema finlandés invierte más dinero que el español. Pero no es el dinero la gran diferencia entre ambos. En Filandia se apuesta por un sistema integral y se parte de un principio básico que en España no está asumido: la educación no depende de la escuela. La educación depende de toda la sociedad, incluida la escuela. Esa es posiblemente la segunda gran diferencia entre Finlandia y España, un país donde las familias han hecho dejación de sus funciones limitándose a llevar a los niños a la escuela y, en muchos casos, a cuestionar a los profesores y los métodos de enseñanza.

La tercera gran diferencia entre Finlandia y España es la lucha política. La educación no es motivo de enfrentamiento político. En España cada cambio de gobierno significa una nueva ley de educación o, al menos, una nueva asignatura. Cuando llega el PSOE clama por eliminar Religión e introducir Ética o Educación para la ciudadanía. Cuando llega el PP, las borra de un plumazo y mete Emprendimiento y Religión. Pero el resultado es el mismo: el sistema está desacreditado ante los ojos de la sociedad por tanto cambio partidista. Y los problemas de comprensión lectora -el principal en los alumnos españoles- no se resuelven estudiando Religión o Educación para la ciudadanía.

 

Los errores de Peter Lim: la incomunicación

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El otro día comentamos el primer gran error de Peter Lim: no comprender que sin el apoyo del público, no hay club. Ahora, con la dimisión-destitución del entrenador Nuno Espirito Santo, parece que los problemas se acabaron, puesto que el foco estaba puesto sobre la cabeza del técnico portugués. Pero no es así. Los problemas de fondo siguen siendo los mismos y el principal de ellos es la incomunicación del club hacia los fans.

No sé si mucha gente lo sabrá, pero lo cierto es que la Vuelta a España pertenece a los organizadores del Tour de Francia. Sí, la principal prueba por etapas española está en manos de una empresa francesa. Pero esa misma empresa, ASO, no se ha vuelto loca. Ha dejado al frente de la empresa un gestor español, ha reforzado los puntos débiles (marketing, por ejemplo, con franceses), pero no ha roto la lógica. Por ejemplo, la negociación con los ayuntamientos es realizada por Javier Guillén. Las entrevistas con los periodistas son contestadas por Javier Guillén. Y así mil momentos más en el día a día.

Viene esto a cuento de la estructura montada por Peter Lim para dirigir al Valencia. Aceptó la marcha de Amadeo Salvo y Rufete… pero no trajo a nadie. Algunos dicen que no se puede gestionar un club a 12.000 kilómetros de distancia. Eso es cierto… pero sólo en parte. Peter Lim tiene derecho a gestionar sus empresas a miles de kilómetros. Hoy en día,  eso no es ninguna barrera. Pero el día a día de la empresa no puede ser llevado por una persona que desconoce el castellano y que desconoce el fútbol, como es Lay Hoon Chan. Lo explicamos al revés y rápidamente se entenderá. Vamos a imaginar a una persona valenciana con grandes conocimientos del fúbol: por ejemplo, Fernando Gómez Colomer. ¿Qué pasaría si lo enviamos a vivir a Singapur y lo nombramos el máximo directivo de una empresa de inversión en bolsa? Pues muy sencillo: Fernando estaría igual de perdido que Lay Hoon al frente del Valencia CF.

Cualquiera que haya visto la película Lost in Translation o incluso cualquiera que un día haya querido hacer negocios fuera de su país, sabe que las diferencias culturales y lingüísticas son una barrera más que considerable. En el caso del Valencia CF, esa falta de conocimiento de la realidad valenciana e incluso esa falta de dominio de nuestro idioma, hace que la directiva del club esté en silencio permanente. Es más, los aficionados del Valencia jamás han escuchado la voz de Lim. ¡Y ya es decir! Ese silencio tiene una pequeña parte positiva: pocas meteduras de pata ha podido protagonizar un Lim que nunca ha hablado en público. Pero eso no es suficiente. En el fondo, eso es otro motivo más para alejar el club y el público. Y así volvemos a los errores del primer día: la directiva debe comprender que el socio es el jefe. Y el socio debe sentirse implicado en el día a día del club. Y para eso es necesario alguien que no hable únicamente en inglés y, además, que hable el idioma del fútbol.

 

Los errores de Peter Lim: quién es el jefe?

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Peter Lim es, desde el 24 de octubre de 2014, el principal accionista del Valencia Club de Fútbol. Su llegada al fútbol español estuvo dividida, mediáticamente hablando, entre los periodistas que pensaban que podía ser un nuevo Dmitry Piterman y los que creían que Lim llegaba con una varita mágica para resolver todos los problemas del club valenciano. Como suele ocurrir en la vida, los pronósticos extremistas se equivocaron. Lim ha tenido aciertos y errores. Pero apenas un año después de su entrada, los errores empiezan a acumularse. El primero y principal de ellos resulta básico: no han identificado quién es el jefe en su negocio.

El mejor empresario valenciano es, sin duda alguna, Juan Roig. El es el dueño de Mercadona. Pero siempre recuerda a todos los que le quieren escuchar que los verdaderos jefes de su negocio son los clientes: “Sin clientes, no hay supermercado”. Para mantener una clientela fiel, Roig ha diseñado muchos procesos logísticos y empresariales, algunos acertados y otros no tanto. Pero lo cierto es que cuenta con una ventaja fundamental sobre Lim. Roig sabe quién es el jefe: el cliente.

Desde la llegada de Lim a la presidencia del Valencia se ha repetido hasta la saciedad una frase que no puede ser más equivocada: Lim es el dueño y puede hacer lo que quiera. Los periodistas e incluso los aficionados han interiorizado esa reflexión. Pero no es cierto. Veamos las cifras y comprendamos mejor el debate. Peter Lim, efectivamente, es el máximo accionista. Ha puesto 22 millones al contado para pagar la deuda. Y si todo va bien y se completa la ampliación de capital… habrá invertido un total de 200 millones de euros, es decir, más del 10% de toda su fortuna personal. Hablamos, por tanto, de cifras más que considerables en general y en particular. Pero todos esos millones no impiden que el jefe del negocio siga siendo el aficionado. ¿Por qué? Pues resulta sencillo de explicar: un club de fútbol sin seguidores… ¡está muerto como negocio!

Los fans compran los pases de socios, las entradas, los productos de marketing y consumen la televisión, por la que los clubes reciben cantidades millonarias, así como la publicidad del estadio, de las camisetas, aunque la del Valencia sigue en blanco. En definitiva, toda la rueda del negocio del fútbol está basada en la masa social. No es casualidad que los dos clubes más poderosos del fútbol español sean los que más socios tienen. Y no es casualidad que clubes como el  Getafe, sin base social detrás, no puedan aspirar ni en sus mejores años a crecer deportiva y económicamente. Por eso mismo, Lim es el dueño, puede hacer lo que quiera con el club… pero no puede vivir de espaldas a los aficionados. Siguiendo con el ejemplo de Mercadona, resulta evidente que todos los habitantes de este país tienen que entrar en un supermercado. Pueden ir al de Juan Roig o pueden ir a la competencia. Pero no sucede lo mismo con el fútbol. El fútbol no cubre ninguna necesidad básica. Las personas pueden vivir perfectamente sin pisar el estadio de fútbol, sin ver partidos por la tele, sin invertir un centenar de euros cada año en un camiseta con un coste de menos de 10… El fútbol vive de la ilusión. Y si se rompe la cadena aficionado-club… la ilusión muere. Por eso haría bien Peter Lim en empezar a preocuparse. El problema del Valencia no es que la pelotita entre o no entre. El problema es que la ola que nació a su favor con el proceso de venta… se ha roto en el espigón de las dudas que genera la gestión. Todavía tiene tiempo para recuperar la credibilidad. Pero el tiempo juega en su contra. Y también las amistades peligrosas. Pero de eso hablaremos otro día…

El caso Urdaibai y Cuervos y Palomas

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“Ustedes están preocupados porque un señor decide pincharse una sustancia que parece que no es muy buena para su salud. Yo estoy preocupada porque tengo decenas de violaciones, asesinatos, malos tratos… sufridos por personas que no han decidido ser asesinadas, violadas ni maltratadas. Como ven, tenemos perspectivas muy diferentes”. Así de tajante se muestra en la novela Cuervos y Palomas la juez encargada de la instrucción, Paloma Sáez de Esnaola.

Viene esta frase a cuento de lo sucedido con el caso de las traineras de Urdaibai. De nuevo, hay una investigación policial sobre una presunta red de dopaje, aunque en este caso no se  trata de ciclismo ni de atletismo sino de remeros. De nuevo, el caso llega al juzgado de lo penal para que se dicte sentencia por un delito contra la salud pública. De nuevo, la prensa tiene claro que todos son culpables y así lo explican en los día previos a la sentencia, aportando un buen puñado de datos que confirman que hubo dopaje y que todos los implicados son unos caraduras. De nuevo, a la fiscalía le tiembla el pulso a la hora de pedir sentencias porque comprueba que el caso se está disolviendo como un azucarillo desde el punto de vista legal. Y de nuevo los juzgados deciden la absolución de los acusados.

¿Otro escándalo? ¿Una vez más España mira hacia otro lado en la persecución del dopaje? Pues para comprenderlo mejor, no hay una forma más lúdica que la de leer Cuervos y Palomas. Ahí se intenta analizar la visión tan diferente que tienen de un mismo problema los políticos y policías encargados de la lucha antidopaje y los jueces encargados de las instrucciones y las sentencias de estos casos. Leyendo la novela, lo de Urdaibai estaba cantado.