Ampliación del campo de batalla, la primera novela de Houllebecq

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Después de leer varias noveles de Michele Houllebecq, tenía interés personal por detenerme en el comienzo de todo, su primera novela. Por fin, entre viaje y viaje, encontré un hueco para leer Ampliación del campo de batalla. Mi sensanción inicial es que no se trata de la mejor de sus obras ni tampoco de la más interesante. Pero no es un mal libro.

Houllebecq desgrana la vida de un informático sin ambición, de un informático que vive en una alegre depresión, lenta y suave. Esa visión del mundo es constante en la obra literaria de Houllebecq, por lo que una vez leídas varias de sus novelas, no significa ninguna revolución intelectual de un hombre, Houllebecq, que sin duda alguna escribe para sorprender y obligar a reflexionar.

El mejor pasaje de la obra es el siguiente fragmento: “Definitivamente, me decía, no hay duda de que en nuestra sociedad el sexo representa un segundo sistema de diferenciación [...]. Igual que el liberalismo económico desenfrenado, y por motivos análogos, el liberalismo sexual produce fenómenos de empobrecimiento absoluto. Algunos hacen el amor todos los días, otros cinco o seis veces en su vida, o nunca. Algunos hacen el amor con docenas de mujeres, otros con ninguna. Es lo que se llama la ley del mercado. En un sistema económico que prohíbe el despido libre, cada cual consigue, más o menos, encontrar su hueco. En un sistema sexual que prohíbe el adulterio, cada cual se las arregla, más o menos, para encontrar su compañero de cama. En un sistema económico perfectamente liberal, algunos acumulan considerables fortunas; otros se hunden en el paro y la miseria. En un sistema sexual perfectamente liberal, algunos tienen una vida erótica variada y excitante; otros se ven reducidos a la masturbación y a la soledad. El liberalismo económico es la ampliación del campo de batalla, su extensión a todas las edades de la vida y a todas las clases de la sociedad”.

Y como siempre suele ocurrir, los personajes de Houllebecq no encuentran la felicidad en ninguno de los ámbitos. El protagonista de esta novela, por ejemplo, lleva dos años sin pareja y lo que es peor ya no aspira a tenerla ni siente motivación alguna en ese pensamiento. Pero es que le sucede lo mismo con los amigos, con su trabajo y con la vida misma. Como bien dice: “Estoy prisionero en mi mismo. He fallado el blanco de la vida”.

El libro, por tanto, no es aconsejable para personas que estén viviendo momentos delicados en su vida, puesto que Houllebecq no es -ni quiere serlo- la alegría de la huerta. Pero siempre permite reflexionar sobre cómo vivimos y qué deseamos.