David Howman y los predicadores de trigo

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Estoy seguro de que muy probablemente usted, querido lector, no conocerá de nada a David Howman. No se preocupe. No se ha perdido a nadie importante y puede seguir viviendo tan tranquilamente sin saber que estamos hablando del ex presidente de la Agencia Mundial Antidopaje. Este señor, como muchos otros, es un predicador de trigo y, para desgracia nuestra, anda pululando estos días por Madrid. ¿Qué significa lo de predicador de trigo? Bueno, ahora es más sencillo llamarlo populista. Se entiende mejor. Y se adapta como un guante a la mano de esos tipos que gritan tener soluciones sencillas para problemas complejos. Todo esto viene a cuento de la Operación Puerto. Y del ridículo que muchos vienen haciendo desde que estallara haca una docena de años.

Cuando el caso saltó, fueron múltiples y variadas las voces internacionales que señalaron con el dedo a España. Decían simple y sencillamente que era una vergüenza que España no sancionase a todos los deportistas implicados. Lo que sí sabían, puesto que ignorantes hay pocos, es que el caso estaba en sede judicial. Así que en realidad… ¿qué proponían? Para cumplir sus palabras, el Gobierno Español debería haber enviado a varios militares al juzgado de Madrid, disparar a los miembros de la Guardia Civil que protegen la entrada, subir hasta el despacho del juez y del secretario judicial, torturarles sin compasión hasta arrancarles las pruebas y luego irse a Suiza a confirmar el ADN de las bolsas con el de los sospechosos. Digo esta barbaridad porque la realidad era muy sencilla de entender: en España existe una Constitución. Y unas leyes. Las dos son tajantes: las pruebas de un caso penal no pueden ser utilizadas para nada más hasta que no acabe el caso penal.

Eso lo sabían todos los populistas que han estado durante años atacando a España, a nuestra justicia y a nuestro deporte acusándonos de connivencia con el dopaje. Pues bien, resulta que se acaba la Operación Puerto y los jueces deciden dar las pruebas (bolsas de sangre) a todos esos portavoces del simplismo. Y ojo porque también podían haber decidido devolvérselas a Eufemiano Fuentes. También hubiera sido legal. Pero decidieron que no. La justicia española decidió dar una oportunidad a los predicadores del trigo. Y más de media año después, ¿qué nos encontramos? Pues que el amigo David Howman reconoce que ya han contrastado ADN con sospechosos, que tienen la lista identificada… pero que los abogados de la Agencia Mundial Antidopaje les recomiendan por el momento no publicar la lista para evitar demandas.

Entonces… ¿en qué quedamos? Muy sencillo y muy bien explicado en el refranero español: es más sencillo predicar que dar trigo. Pero Howman se lava las manos: “Yo daría los nombres”. Otra vez el mismo argumento populista. Hacemos el ridículo pero no es culpa mía porque yo no mando. Pues bien, ya les garantizo yo que si siguiera siendo presidente, no los daría por lo mismo por lo que no se dan ahora mismo: en la vida hay que separar muy bien lo que te gusta de lo que puedes hacer… al menos si no quieres acabar en la cárcel y/o arruinado.

Lo de Howman y tantos otros recuerda a las conversaciones de bar que todos mantenemos de vez en cuando y que ante problemas graves acaban con dos frases igual de grandiosas: eso lo arreglo yo en 24 horas (solución que suele incluir lanzar bombas a cascoporro) o eso se arregla en dos patadas (solución que significa que no tienes ni idea, pero que con 2 gin-tonics más… alguna cosa se te ocurrirá). Lo dicho, soluciones de barra de bar a problemas graves traen lo que hemos sufrido durante años: cínicas acusaciones de no hacer nada por organismos a los que ahora podemos señalar inquisitorialmente por hacer lo mismo: la nada más absoluta. Sin embargo, yo no lo haré. Entiendo perfectamente que los abogados del AMA tengan muchas dificultades en dar los nombres de deportistas que no pueden ser sancionados y que sí pueden demandar por una ofensa contra su honor. Se dirá que los tramposos no tienen honor. Pero eso no es un argumento legal. Es un argumento visceral y de barra de bar. Y creo que el cupo de populismos en este caso está más que cubierto. Y lo dice un servidor al que sí le gustaría personalmente que se conocieran los nombres de las personas que hicieron trampas durante años. Pero entiendo perfectamente la diferencia entre el gusto personal y la legalidad. Ellos también. Pero prefieren negarlo para ganar titulares y portadas. Son los predicadores del trigo, los populistas de la lucha antidopaje.