Van den Driessche y el dopaje tecnológico

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El Mundial de ciclocross nos ha permitido ver el primer caso en la historia de dopaje tecnológico, confirmado ya por el propio presidente de la Unión Ciclista Internacional. La sospechosa de haber competido con un motor dentro de su bicicleta es Femke Van den Driessche, una joven que partía como una de las candidatas a las medallas y que no tuvo su mejor día. El caso es que la investigada no puede negar la existencia del motor en su bici. Pero sí niega que sea su bicicleta.

Van den Driessche afirma (copiado de ciclo21.com): “Rompí la cadena y me tuve que bajar. Cuando me retiré, me dijeron que iba a tener que ir a explicar cosas porque había algo que no estaba bien con mi bicicleta. Lo primero que hice fue preguntarle al mecánico de dónde había salido esa bicicleta, que ahora sé que es de un amigo mío. Es una bicicleta que me compró hace ya tiempo. Yo la he usado en temporadas pasadas y es una bicicleta idéntica a las que uso para competir. Ese amigo había estado reconociendo el circuito con mi hermano y la había dejado apoyada contra nuestra furgoneta. Uno de mis mecánicos debió de equivocarse y pensar que era una de las mías y la limpió y se la llevó al box”.

La respuesta es obvia: la bici no es suya, por lo que no debe haber sanción. Perfecto. Pero es muy sencillo de demostrar: copia de la transferencia bancaria por la que le compró la bici hace tiempo y, sobre todo, hay que coger esa bicicleta que no es suya y compararla con la que sí estaba usando en el momento de la retirada. Porque además ese amigo suyo seguro que no es igual de alto que ella, ni lleva las mismas medidas, así que si la bicicleta tiene el sillín y el manillar tres o cuatro centímetros más alto o bajo… está claro que no es su bici. En el ciclocross y en el deporte de elite, dos bicicletas con la misma distancia del eje del pedalier al sillín, del sillín al manillar… son sólo posibles cuando hablamos de dos bicicletas de la misma persona. Así que Van den Driessche no necesita lágrimas ni abogados. Si esa bici lleva medidas diferentes puede demostrar que no es suya. Lo que no podemos creer es que su amigo sea igual de alto que ella, lleve las mismas medidas, la misma potencia, la misma geometría… hasta el último milímetro. Eso rompe cualquier posibilidad fruto del azar de un amigo que compra una bici, que la deja apoyada en una furgoneta y un mecánico que no se da cuenta del error y la mete dentro del box. Tantas casualidades son imposibles!

A partir de ahí, la sanción resulta obvia: debería ser la máxima en tiempo y dinero… salvo que Van den Driessche se olvide de conspiraciones y nos explique quién le ofreció el uso del motor, quién le ayudó a instalarlo, en cuántas carreras lo ha utilizado… A través del esclarecimiento de la verdad se puede reducir la sanción. Pero si vamos a seguir hablando de ovnis y amigos que usan bicis y que se las dejan olvidadas dentro del box, tenemos que irnos a la sanción máxima, aunque sea sólo por higiene.