La última confidencia del escritor Hugo Mendoza, decepción del año

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Hoy toca hablar de otra novela: La última confidencia del escritor Hugo Mendoza. El libro ha sido escrito por un valenciano, Joaquín Camps, y es su primera obra publicada. Planeta ha apoyado la difusión de esta opera prima y las críticas que se pueden leer en internet hablan todas de una gran novela, con intriga desde la primera hasta la última página, con una trama bien enlazada, con personajes perfectamente definidos… Sinceramente, no estoy de acuerdo con ninguna de esas valoraciones.

Al libro, para empezar, le sobran más de 300 páginas. La novela es de 900 y muchas de las tramas son tan secundarias que realmente no aportan nada al hilo conductor. Además, hay una ruptura constante del principio de verosimilitud: si al protagonista le roban la cartera en Madrid (un niño rumano) y dos rumanos están a punto de matarle 400 páginas después y en la ciudad de Valencia, no te preocupes demasiado porque los rumanos serán familia entre ellos y lo descubrirán en el último segundo devolviéndose supuestos favores y salvando la vida del guapo del libro. Detalles así son absolutamente forzados. Podría haberlo empleado en una única ocasión para salir del paso, pero es que es constante esa utilización de la casualidad más rebuscada en la vida de un protagonista al que en unos cuantos días están a punto de matar un millón de veces… ¿Verosímil? ¡En absoluto!

Luego hay personajes que realmente son una parodia de la parodia. En ese sentido hay que destacar a Pam (Paloma), que vive en un convento pero no es monja, que es profesora de matemáticas pero a la vez alumna en la Universidad y que habla haciendo constantes chistes hasta resultar cargante para el lector medio. Y con un grado de expresiones soeces impropio de cualquier persona del planeta Tierra. Eso por no hablar de una monja que le acompaña y que es el cerebrito informático de la historia, algo que resulta igualmente inverosímil.

De todos estos detalles se puede deducir que el libro ha resultado toda una decepción. Pero… ¿de verdad es todo malo? No, más bien al contrario. La idea original es muy buena: un escritor fallece en el mar, su viuda recibe todos los años un nuevo libro de ese escritor y quiere saber si está vivo o no. Y encarga la investigación a un profesor universitario que se ha especializado en la obra de Hugo Mendoza. En ese sentido cabe destacar que las primeras páginas tienen una gran capacidad de atracción o, dicho de un modo más sencillo, están muy bien pensadas y escritas. Por eso mismo duele más que una buena idea y un buen comienzo vayan perdiendo fuerza a lo largo de las 900 páginas.

Lo mejor de todo es que cuando un servidor hace una crítica tan negativa de un libro tengo la humildad necesaria para decir que son muchísimas más las críticas positivas que se pueden leer sobre La última confidencia del escritor Hugo Mendoza. Por eso mismo a nadie le diré que jamás compré ese libro y que no lo lea. Eso es una decición muy personal. Lo mejor es comprarrlo, leerlo y comprobar si su gusto se acerca al mío o al de la inmensa mayoría de los críticos. En este caso, ya sabe: compre, lea y decida si le ha gustado o no.