Operación Impensable… o no tanto

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Hoy vamos con otro libro, aunque no se trate de una novela negra. Tampoco es una novela. En realidad, es un libro de historia escrito por Jonathan Walker. Este historiador desvela los planes -casi tal vez es más correcto hablar de esbozo- solicitados por Winston Churchill para atacar a la URSS justo tras derrotar a la Alemania Nazi, unos planes denominados oficialmente Operación Impensable. Es decir, el primer ministro británico se llegó a plantear en serio e incluso solicitó planes militares para que la 3ª Guerra Mundial comenzase justo después de finalizar la 2ª Guerra Mundial.

En esos planes, Churchill tuvo un gran enemigo: Estados Unidos. Nadie en América veía con buenos ojos la posibilidad de comenzar una nueva guerra mundial. Los americanos no se sentían ligados al futuro de países como Polonia. Y es que gran parte de lo sucedido en los últimos meses de la 2ª Guerra Mundial es un reparto de países y zonas de influencia como si fueran cromos de fútbol. Churchill logró que Grecia quedase fuera de la influencia soviética, pero a cambio sacrificó Polonia, algo que jamás terminó de superar. Y es que no hay que olvidar que Polonia aportó 250.000 soldados a la 2ª Guerra Mundial y que muchísimos fueron los polacos que se sintieron traicionados por todo lo que ocurrió detrás del tablero militar.

Si Churchill no encontró el apoyo necesario en Estados Unidos, tampoco debe olvidarse cuál fue el segundo punto por el que esta Operación Impensable nunca cambió de nombre y pasó a ser Operación Pensable e incluso Operación Realizable: la abrumadora superioridad militar de los soviéticos en territorio europeo, con una proporción de 4 a 1 en soldados. Los militares británicos incluso llegaron a pensar si podrían utilizar a soldados (y armas) alemanes contra la URSS para intentar compensar el desequilibrio. Pero pronto vieron que la opinión pública no iba a aceptar un cambio de posición tan rápido y radical: ¿un día estamos matando nazis porque son el demonio y al día siguiente los empleamos como fuerza de choque contra nuestro ex aliado, la URSS?

Esa superioridad quedó desbaratada con el “nacimiento” de la bomba atómica, pero en 1945 se podían fabricar con cuentagotas y nadie tenía muy claro su uso. Es más, los militares americanos proponían lanzarla sobre el frente y aprovechar la descoordinación del enemigo para meter los tanques y tropas de su ejército por eso lugar -lo que habría exterminado a todos por culpa de una radiación que a esas alturas no era conocida ni asumida.

El libro, por tanto, es más que interesante para cualquiera que desee profundizar un poco más en el final de la 2ª Guerra Mundial y en la situación vivida por Polonia, el país que más sufrió la contienda (y la post-guerra). Y, como suele ser habitual, nos deja muchas dudas para la historia paralela: ¿qué hubiera ocurrido si se hubiera iniciado esa 3ª Guerra Mundial? ¿Hubiera sido mejor o peor para la historia de la humanidad? De todos modos, no hay que olvidar que la 3ª Guerra Mundial acabó llegando, aunque transformada en Guerra Fría y sin enfrentamientos directos sino con muchos y muy diferentes enfrentamientos (Corea, crisis de los misiles en Cuba…) militares, pero también económicos e incluso deportivos.