El caso Kreuziger: pocas y malas explicaciones de la UCI

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Durante los últimos años he invertido muchas horas de mi vida en defender a la Unión Ciclista Internacional tanto en privado como en público. Son muchas las decisiones que la UCI toma y es fácil criticarles… pero en muchas ocasiones se ha hecho por puro desconocimiento de la normativa y de las dificultades que implica tener que administrar justicia. Por ejemplo, cuando han frenado la inscripción de como profesional o ProTour de algún proyecto, lo sencillo es decir que por su culpa se está impidiendo a muchos corredores ejercer su profesión. Pero la realidad es que cuando se frenaba esa inscripción era porque el equipo más que un proyecto deportivo era una banda sin credibilidad económica y una estafa para los ciclistas. La UCI se mostraba inflexible pero eso en el fondo era bueno si queríamos que nuestro deporte no se convierta en lo que es ahora el fútbol: una ruina gestionada por tramposos acostumbrados a acumular millones de euros en deudas con bancos, seguridad social y Hacienda y que cuando se les exige que paguen, sólo pueden encogerse de hombros.

Por eso mismo, por esa defensa de la UCI, me siento legitimado para ahora mostrarme muy crítico con lo que ha sucedido en el caso de Roman Kreuziger. Entre unas cosas y otras, llevan dos años con el ciclista puesto en duda y con su credibilidad en juego. Dos años de tortura psicológica para un deportista. Y ahora… cuando llega el momento de ir al Tribunal de Arbitraje Deportivo y demostrar que Kreuziger es un mentiroso y un dopado -ésa ha sido su tesis hasta ayer-, dicen que no hay motivos para seguir con el procedimiento y dejan al ciclista seguir compitiendo, pero ya no libre de mancha, puesto que ellos lo han manchado durante dos años con argumentos que ahora ya no son capaces de defender.

La noticia, además, es explicada de forma escueta, lo que deja todavía más dudas sobre la profesionalidad con la que la Unión Ciclista Internacional y sus comités médicos han actuado. ¿Qué se supone que debe hacer ahora Kreuziger? Lo lógico sería acudir a los tribunales para pedir daños y perjuicios. Pero lo más normal será que intente olvidar un caso que jamás debió abrirse. Nadie es feliz enfrentándose a un entramado tan grande como la UCI y mucho menos para invertir en ellos cientos de miles de euros. Esa es otra ventaja de los grandes organismos internacionales: tienen dinero para aplastar legalmente a casi todo el mundo.

Pero la UCI no puede limitarse al comunicado de ayer. Si al final no hay argumentos para ir contra Kreuziger, sólo hay un camino correcto si queremos mantener la credibilidad del pasaporte biológico y los controles fuera de copmetición. La UCI debe comunicar inmediatamente el nombre de las personas que recomendaron -ahora se ve que equivocadamente- que Kreuziger fuera sancionado. Y esos médicos deben ser apartados de su trabajo como analistas de los controles antidopaje del pasaporte biológico, al margen de emitir una carta de recomendación para todos los organismos por las que se solicite que no vuelvan a trabajar en la lucha antidopaje. Hasta ahora estamos acostumbrados a exigir duras sanciones contra los ciclistas tramposos. Y así debe seguir siendo. Pero también llega el momento de exigir responsabilidades para los que no saben realizar su trabajo en la lucha antidopaje. Y qué menos que impedirles que sigan haciéndolo.