Toni Hill y su trilogía del inspector Salgado

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Intento ponerme al día con libros leídos y no comentados, así que haré un 2×1. Ya hace algún tiempo escribí sobre la primera novela de Toni Hill, El verano de los juguetes rotos, pero han pasado muchos meses sin que encontrara la oportunidad de seguir con la saga del inspector Salgado. Ahora llega su turno y lo hace por partida doble: Los buenos suicidas y Los amantes de Hiroshima.

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El espacio temporadal transcurrido entre el primero y el segundo de los libros hace que posiblemente me haya costado reengancharme a las aventuras de Héctor Salgado. Por eso mismo, un consejo: si os gusta la saga, es mejor leer los tres del tirón (o con poco espacio entre cada lectura). Y es que esa precisamente es una de las características de la trilogía: cada libro tiene su propio caso, pero los vínculos en común son innegables y hace que leerlos de forma independiente no sea sencillo, así que en ningún caso recomiendo a los lectores que se inicien con el segundo o el tercer libro.

Entrando en el análisis concreto de los libros, no se puede negar que las virtudes de Toni Hill se mantienen durante toda la serie: escribe bien, ha creado unos personajes bien construidos, ha sabido darle emoción a la historia, con numerosos indicios falsos hasta mostrar la verdadera realidad de la trama envolviendo en cada uno de esos giros al lector… Sinceramente, poco o nada hay que reprochar a un escritor que paso a paso se ha ido afianzando entre los más grandes de la novela negra nacional, puesto que a pesar del apellido hablamos de un novelista español, que cuenta historias sucedidas en Barcelona y protagonizadas por agentes de los mossos d’escuadra, aunque curiosamente el protagonista tenga origen argentino en un posible guiño a “Vila”, el protagonista de las novelas de Lorenzo Silva.

Puestos a destacar un defecto, las obras de Hill son muy corales. Hay constantes cambios de personaje, trama, espacio, tiempo… saltos que en ocasiones pueden marear al lector menos acostumbrado a echar horas frente a los libros y, sobre todo, que impiden una característica fundamental: la conexión protagonista-lector. En cualquier novela negra, el protagonista debe ser amado (u odiado) por el lector. En esta historia, deberían serlo Héctor Salgado y Leire Castro. Pero esos constantes saltos y cambios de perspectiva hacen difícil la conexión. Sinceramente, es el único punto débil.

Por cierto, todas las tramas acaban siendo resueltas en el tercer libro. Por tanto, es posible que no haya cuarto. O el cuarto arrancará desde cero. No hay manera de saberlo por el momento… pero lo único que garantizamos es que una vez leídos los tres libros, no hay muchas dudas sobre las vidas de estos dos agentes. Y un último detalle: puestos a elegir, me gusta más la historia de la segunda novela, centrada en los trabajadores de una empresa que curiosamente empiezan a suicidarse en extrañas circunstancias que la historia de la tercera, aunque en global la tercera puede ser mejor puesto que soluciona de una vez todos los enigmas sembrados durante centenares de páginas previas.