Diario de media semana: de metros congelados a radio-vuelta

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El metro de Valencia es digno de estudio. Estuve cinco años de mi vida usándolo diariamente casi dos horas. Subo el jueves y veo que nada ha cambiado. Al menos hay que reconocerles que son coherentes. Cuando llega el verano, colocan el aire acondicionado a -10 grados centígrados. ¿Conclusión? Son muchas las personas que suben con una chaqueta en la mano en pleno mes de agosto, se la ponen para resistir las gélidas temperaturas del metro y se la quitan nada más poner un pie en la calle. Eso mismo ocurre en invierno. Cuanto más frío hace fuera, más calor se sufre dentro del vagón. En ese caso sucede al contrario: todo el mundo llega al metro y empieza a quitarse chaquetas, jerseys… hasta casi quedarse en ropa interior. Sólo hay dos explicaciones posibles: esto es la conjura de los necios o han copiado un programa del metro de Buenos Aires y no se han dado cuenta de que allí el verano y el invierno es justo en períodos opuestos a aquí.

 

VIERNES 5 DE SEPTIEMBRE

En verano todas las televisiones recurren a una programación B. En teoría, hay menor consumo televisivo y los directivos no quieren gastar sus mejores series en ese período. Esa esa la teoría. Tele 5, como siempre, lleva otra línea, puesto que para ellos todo el año es programación B. Viene esto a cuento del regreso estelar de Jorge Javier Vázquez a Sálvame. En su ausencia todo ha seguido igual. En su presencia, todo sigue sigual, aunque con la pizca de maldad e inteligencia que él aporta. Lo mejor es que uno piensa que si Ucrania decide bombardear al ejército ruso, si Rusia en respuesta ataca Kiev, si Estados Unidos contraataca lanzando sus aviones contra Moscú, si Rusia entonces decide enviar bombas atómicas contra las 30 principales ciudades de Estados Unidos… no pasará nada en Tele 5. Ellos nos informarán al segundo de la reacción de Chabelita y Pablo Iglesias a la III Guerra Mundial y les preguntarán si esa presión de ver que el mundo va a desaparecer en breves minutos, no les lleva a una reconciliación rápida por el bien de su criatura. Estaría bien tener esa respuesta.

 

SÁBADO 6 DE SEPTIEMBRE

El sábado es el tercer y penúltimo día de trabajo con la Federación de Ciclismo de la Comunidad Valenciana. Un año más me toca ejercer de radio-vuelta, es decir, viajo en el coche del Jurado Técnico y voy informando a los equipos de lo que sucede: caídas, pinchazos, ataques, referencias… Lo único que puedo decir es que me siento muy feliz de reencontrarme con las categorías inferiores (es una carrera elite y sub-23), de olvidarme por unos días de la presión y de los egoísmos del ciclismo profesional… aunque no haya suficiente biodramina en el mundo para calmar los mareos que sufro de tener que ir escribiendo y leyendo los dorsales de todos los escapados. ¡Y además hablo siempre demasiado deprisa! Cuatro años después y los defectos son los mismos. ¡Qué cruz!

 

DOMINGO 7 DE SEPTIEMBRE

Día para ver la Vuelta y echar mano de la nostalgia con los Lagos de Covadonga. Y día también para ver que Alberto Contador, Alejandro Valverde y Joaquín Rodríguez son tres magníficos ciclistas que no pueden ni deben compartir equipo en el Mundial de Ponferrada. La relación entre ellos es nula y lo seguirá siendo así. No pasa nada. Esto es deporte profesional y cada uno defiende sus intereses, pero resulta imposible que luego se pongan de acuerdo para una única carrera en la que el que gana se lleva toda la gloria y los demás… nada. Difícil papeleta para Javier Mínguez. Pero esto no es fútbol, donde gana todo el equipo. Esto es ciclismo donde sólo gana uno. Y está claro que los tres líderes españoles tienen muchísimas dificultades para pensar más allá de sus intereses a corto plazo. Ir con los tres supone tener tres bazas. Pero supone también el riesgo de saber que si llegamos a un final igualdado, no se van a sacrificar. O, al menos, no están dando los síntomas de que vayan a hacerlo.

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