Diario de un curioso en el Tour de Francia: hoteles prefabricados (III)

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En anteriores entradas del blog habíamos repasado las curiosidades que se pueden ver en el Tour de Francia, desde nuevo material en las bicicletas para afrontar el pavés hasta los hoteles Conde Drácula, una de las características habituales en Francia. Ahora nos toca analizar de primera mano la otra modalidad de hotel francés: el hotel prefabricado.

Francia ofrece un enorme número de posibilidades a la hora de dormir y por precios casi siempre razonables. La cuestión es que los hoteles suelen ser todos de cadenas en las que priman conceptos Como el de la rentabilidad incluso por encima de la satisfacción del cliente. Las cadenas más frecuentes yendo de más a menos en calidad podrían ser las siguientes (seguro que nos dejamos algunas): Mercure, Ibis, Novotel, Campanile, Kyriad… Y dentro de la escalera todavía podíamos bajar hasta los curiosos Etap, Premiere Classe y Fórmula 1, hoteles en los que todo es posible.

En estos hoteles uno no puede dejar de pensar en la sensanción de “deja vu”, es decir, todo lo que te puede ocurrir, ya te ha sucedido previamente. Por ejemplo, si entras en un Campanile, sabes que nada más llegar, a la izquierda hay una habitación con espacio para media docena de personas y una televisión de plasma, justo a la derecha tienes al recepcionista y al fondo está el comedor. El recepcionista, cuando le entregas tu reserva, necesitará media hora delante del ordenador escribiendo como un loco. Hay quien dice que está rellenando tus datos. Hay quien dice que en realidad trabajan para la Unesco y se dedican a traducir al francés todos los libros escritos en todos los países del mundo y que lo hacen en esos 30 minutos que te tienen esperando en recepción. Es una teoría que de momento no ha podido ser demostrada. Pero no te preocupes: si quieres ir a tu habitación, tienes que salir de ese edificio, cruzar una pequeña calle e ir a otro edificio, puesto que las habitaciones nunca están en el mismo edificio en el que está la recepción. Las habitaciones son todas iguales, con dos puertas -¿para qué?- y el cuarto de baño detrás de las camas y no delante, una propuesta que les permite ahorrar unos metros de pasillo.

Por lo tanto, la gran ventaja de estos hoteles de cadenas es que puedes entrar en ellos con los ojos vendados. Por lo visto, pagaron los planos de un primer arquitecto y los han copiado allí donde van, con prefabricados por todos los sitios. El gran inconveniente es la sensación de que nadie piensa que eso es su negocio. Están ahí como podían estar cobrando en la autopista.

Ejemplo 1: Campanile en este Tour de Francia. Llegamos a las 23.02 y pedimos una botella de agua mineral (dejaremos a un lado que costaba 3,8 euros). Respuesta en recepción: no vendemos nada a partir de las 23.00. En fin, uno se ha acostumbrado a que el plato tradicional en Francia sea “Je suis desolé, c’est fermé” (o como se escriba, que en castellano viene a ser sencillo de entender: no me da la gana que hoy puedas cenar, aunque sea un triste sandwich). El tema es que no pides que te abran la cocina. No pides que te preparen un sandwich. Pides que camine tres metros, coja con su manita una botella de un litro y te la dé a cambio de… 3’8 euros. No lo conseguimos.

la foto2 Ejemplo 2: Hotel Etap reconvertido en Hotel Ibis Budget (caso sucedido también en este Tour). Como ven, el hotel es pura contradicción desde antes incluso de llegar, puesto que el cartel de Etap delante tapa al verdadero cartel de Ibis. Dentro sucedía lo mismo: la calidad Etap también tapaba la calidad Ibis. Lo más gracioso es que la parte delantera del hotel era Mercure y la parte trasera era Ibis Budget, todo en un mismo edificio y compartiendo incluso recepcionistas. Ahí viene al caso contar la historia de ese mujer de mi pueblo que puso un cartel en su casa: “Se alquila lo de delante. Lo de detrás es para trabajar mi marido”. Su marido era zapatero y hacía remiendos en la parte trasera de la casa, pero la imaginación perversa del pueblo intuyó otra posibilidad de la que es mejor no seguir hablando.

Volviendo al Hotel Etapa-Ibis Budget, lo mejor llegó cuando uno intentaba aparcar el coche en el parking del hotel. Como es evidente, no fue posible. Según la recepcionista, el parking era sólo para clientes del Hotel Mercure pero no para los clientes del Ibis Budget.

la fotoCuando uno afirma que eso no es correcto y que la entrada al parking está llena de carteles que indican que el parking es compartido por los dos hoteles, la respuesta es el clásico más habitual: “Je suis desolé, c’est fermé”.

¡En fin, menos mal que para respirar no necesitamos que alguien ponga oxígeno en el aire. Si no, está claro que a partir de las 22horas, todo el mundo fallecería en Francia!

P.D.: Si alguien piensa que este blog en un alegato antifrancés, está muy equivocado. Entre otras cosas porque el alegato -no lo niego- se concentra en el negocio hotelero francés y en su costumbre de decir no a los clientes.

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