Adolfo Suárez y la hipocresía de una sociedad enferma

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Es un pena hacerse mayor. Cuando eres un niño, vives el mundo con ilusión y fantasía y, por supuesto, crees que nadie jamás te va a mentir. Cuando empiezas a ver canas en el pelo (el poco que va quedando), te entran dudas de si sueñas o sigues despierto… porque la verdad es que todo lo que te rodea te parece irreal. Eso es en el mejor de lo casos. En el peor te da asco.

Viene esto a cuento de lo sucedido con la muerte de Adolfo Suárez. Aunque fuera en la infancia, uno aún tiene edad de mantener bien fijada en la memoria el desprecio con el que todos los partidos políticos trataron a Adolfo Suárez cuando era presidente del Gobierno, incluido el suyo (UCD). Y esa presión insoportable para que dimitiera también estuvo respaldada por el Rey y por los propios medios de comunicación (mejor si no echamos mano de la hemeroteca, ¡madre mía lo que se publicó). Y, ojo, tal vez hasta tenían razón porque el gobierno andaba a la deriva en esos tiempos… Pero por eso resulta ahora mezquino ver como los mismos, vierten elogios y más elogios sin medida.

adolfosuarezEs obvio que Adolfo Suárez fue un gran presidente del gobierno. Es obvio que su mérito al evolucionar desde el Movimiento hasta la UCD y ayudar a la consolidación de la democracia nunca deberá ser olvidado. Pero eso no oculta sus defectos al frente del país. Los atenuará para siempre, puesto que las virtudes brillan más que los defectos. Pero por eso mismo no tiene sentido que los mismos que le llamaban golpista y que por detrás ayudarán a crear el caldo de cultivo para el 23-F, sean los que ahora sólo tengan grandes palabras hacia un hombre al que destruyeron política y personalmente. Así es España, un país donde la hipocresía manda y donde vivimos envueltos en una sociedad enferma. Parece que aquí no hay debate racional posible y del mismo modo que se dinamitó a Suárez ahora que hay elevarlo a los altares. Y lo peor de todo es que lo hacen los mismos tipos y sin mostrar el menor rubor.

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