Jorge Lorenzo y la dificultad de dar un paso atrás

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No hace muchos días escribimos una entrada sobre la casa de Jorge Lorenzo y los riesgos a los que se enfrentan en su día a día los deportistas de elite. Poco después, se supo que el vídeo había sido eliminado y posteriormente se ha dado un paso más con una petición de disculpas por parte del piloto.

Lo cierto es que el gesto de Jorge Lorenzo es difícil de ver, muy difícil. Hoy en día no es habitual que políticos, deportistas y famosos en general pronuncien ante la cámaras un simple “me he equivocado”. Nunca tres palabras evitan tantas justificaciones equivocadas. Lorenzo lo ha hecho y es digno de elogiar.

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En nuestro país también vivimos una rectificación por parte del rey Juan Carlos, aunque no quedó muy claro si se arrepentía de cazar elefantes, de haberse fracturado la cadera o de que todo se hubiera hecho público.

De todos modos, no es habitual. Sólo basta con echar la vista atrás y pensar en Bill Clinton y su relación con Monica Lewinsky. Clinton mintió de tantas formas tan diferentes que demuestra una de las circunstancias que jamás saltan a la luz pública pero que deben ser explicadas: los políticos -y en menor medida los deportistas- viven rodeados de personas que sólo tienen como objetivo en la vida reírle las gracias a su empleador. La expresión más auténtica para definir la corte de pelotas que suelen rodear a las personas importantes no es otra que la de “agradaor”, es decir, un tipo siempre dispuesto a decir al jefe lo que el jefe sin duda alguna quiere escuchar. Y así nos luce el pelo…

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