Thomas Dekker y el peligro de los mentirosos patológicos

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La biografía de Thomas Dekker, Mi Lucha, es un libro muy interesante para describir los años oscuros del ciclismo, pero también los defectos de la sociedad del siglo XXI, donde los hijos tienen -o tenemos- razón siempre y, sobre todo, viven en una burbuja sin responsabilidades. El caso de Dekker, no obstante, entra en lo patológico, aunque dedique parte de su biografía a echar balones fuera.

Thomas Dekker fue un ciclista holandés que compitió al máximo nivel desde 2003 hasta 2014. Desde el principio, demostró ser una fuerza de la naturaleza. Pero añadió a esa potencia natural el uso de todo tipo de sustancias dopantes. Puede argumentarse con razón que en aquellos tiempos su caso no fue ninguna excepción. Pero Thomas superó todos los límites creando una red de mentiras que englobaba su vida más allá incluso del deporte. En uno de los mejores momentos del libro, lo deja claro: “Vaya donde vaya, voy siempre conmigo. Me saboteo a mí mismo“.

El mejor ejemplo de quién fue Dekker llega en el final de su carrera, cuando Jonathan Vaughters apuesta de nuevo por él y le da la oportunidad de correr en el equipo Garmin. Pues bien, el amigo Dekker no tiene otro ocurrencia que liarse con una chica de un club y pasarse toda la noche de juerga hasta llegar tarde al desayuno en la concentración del equipo donde deberían presentarle al patrocinador principal. Así era Dekker: siempre caprichoso y siempre por encima del bien y del mal. La importancia del entorno resulta vital en estos casos, pero este tipo de personalidades busca amigos que le digan siempre que sí y a los que pueda mentir sin ningún tipo de escrúpulos. Dekker reconoce muchos de sus errores en la biografía pero demuestra una y otra vez que es incapaz de aprender de los mismos. El mismo holandés explica que el ciclismo profesional cambia en 2008, cuando llega el pasaporte biológico. Todos cambian… menos él. En definitiva, un libro interesante para ver los errores del pasado.