Gerard Piqué y el síndrome del artista

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Dicen quienes le conocen que Gerard Piqué es una persona inteligente. Yo no tengo el gusto de haber hablado con él en toda mi vida, así que no puedo confirmarlo ni desmentirlo. Pero ayer vimos una anécdota muy reveladora de lo que es un deportista profesional y, más específicamente, un futbolista. Cuando acabó el partido entre el FC Barcelona y el Real Madrid, Piqué cogió el micrófono y se quejó de que no le hubieran hecho el pasillo propio de los campeones. Así que pidió al staff del club que acudieran a hacerles el pasillo. Y así fue: todos los miembros del staff hicieron el pasillo a los futbolistas para regocijo de los aficionados culés, quienes reían la última gracia de uno de sus futbolistas bandera.

Desde la distancia, la reflexión sirve para Piqué, pero también para la inmensa mayoría de los deportistas profesionales del planeta Tierra. Sencillamente, están enfermos del síndrome del artista: creen que el mundo gira a su alrededor y todos nosotros (medios de comunicación, aficionados, familiares…) no hacemos sino contribuir a esa burbuja en la que viven.

Si de verdad Piqué fuera un tipo tan inteligente, tenía al alcance de su mano un gesto demoledor contra el Real Madrid y, sobre todo, un gesto demoledor para demostrar su calidad humana. Piqué debería haber pedido al staff técnico que acudiera al centro del campo y debería haber pedido al resto de los futbolistas que le hicieran el pasillo de los campeones a los fisios, entrenadores de porteros, médicos, preparadores físicos, delegados de campo… y a Ernesto Valverde. Son ellos, los futbolistas, los que deberían haber hecho el pasillo a su staff. Ese debía haber sido el verdadero pasillo de reconomiento a unos tipos que ganan muchísimos euros menos que los futbolistas y en los que jamás se piensa salvo cuando hay tres derrotas consecutivas, que es cuando sus puestos de trabajo pasan a estar en el aire.

Pero pedir eso a Piqué o a cualquier otro endiosado futbolista pasa por no entender cómo funciona este planeta y cómo cualquier futbolista acaba asumiendo que es Dios y que el mundo debe rendirle pleitesía. En el ciclismo, por fortuna, no necesitamos lecciones en este apartado. Es cierto que no podemos dar lecciones en otros muchos. Pero en el reconocimiento al mérito de los miembros del staff vamos muchos kilómetros por delante del fútbol.