Plataforma, del siempre impactante Houellebecq

Estándar
plataforma

8552a73204df4dde0fb5d277854c102aMichel Houllebecq es un escritor francés que disfruta con la provocación. Para todos los que no lo hayan leído, el libro Sumisión es una obra innegociable para entender mejor su visión del mundo y el futuro de Occidente. Y muchos de los temas desarrollados en Sumisión ya venían siendo apuntados desde Plataforma, una de sus primeras novelas. Este es el libro que he leído esta misma semana y sobre el que quiero detenerme.

Plataforma es una novela extraña, como el propio Houllebecq. La primera advertencia es obvia: si te escandaliza leer escenas de sexo, Plataforma no es tu libro. En ese sentido, Houellebecq desarrolla la novela como una crítica hacia el mundo occidental, al silencio, a la incapacidad de las personas para alcanzar la felicidad y al deseo de vivir experiencias fuera de lo normal por la sensación de vacío interior que nos inunda. En la novela de Houllebecq los personajes recorren países como Tailandia o Cuba. Y, evidentemente, sale a colación un tema del que se habla muy poco en Occidente: la prostitución infantil. También hay su habitual crítica hacia el islamismo. Pero sobre todo hay una retahíla de personajes abandonados a su suerte. Son tipos que en realidad no son malas personas. Son simplemente mediocres y lo saben y asumen.

Houellebecq suele decir: “No hay que temer a la felicidad: pues no existe”. En eso se basan sus novelas, en personajes que no creen en nada ni en nadie porque en realidad no creen en ellos mismos. Ni siquiera creen en la vida. Pero el libro no es una visión nihilista del mundo. Pasa por diferentes fases bien marcadas y reflexiona sobre todo lo que viven sus personajes con la habitual lucidez del escritor francés. Lo que resulta evidente cuando uno ha leído más de un libro de Houellebecq es que resulta imposible estar de acuerdo con él en gran parte de su pensamiento. Pero resulta muy interesante leer su punta de vista. Houellebecq vive de provocar y de sorprender. Y te obliga a pensar, aunque sea para descartar que este extraño autor de libros tenga razón. Y pensar… es uno de los hechos más difíciles a los que nos enfrentamos en un siglo XXI en el que todo está diseñado para que sigamos una rutina autómata sin reflexión alguna. Por eso Houllebecq resulta imprescindible en la biblioteca de cualquier buen lector, aunque sea para maldecirle a él y a todos sus puntos de vista.