Los últimos días de nuestros padres, opera prima de Dicker

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Hoy vamos a comenzar un lento camino de puesta al día con todas las lecturas veraniegas que hemos ido haciendo y que no han aparecido todavía en este blog. El primero de los libros se titula: Los últimos días de nuestros padres. El autor es el famoso Joel Dicker, un escritor que alcanzó reconomiento de crítica y lectores con La verdad sobre el caso Harry Quebert.

Lo primero que hay que hacer es diferenciar una novela de otra. La verdad sobre el caso Harry Quebert es, sin duda alguna, una obra maestra, una novela redonda en todos los sentidos, una novela negra con toques literarios y con juegos al mejor nivel estilístico. De ella ya hablamos bien en nuestro blog, por lo que tenía interés en bucear entre las obras previas. Y curiosamente sólo había una: Los últimos días de nuestros padres.

Esta opera prima de Dicker es una obra coral. En Los últimos días de nuestros padres, un grupo de jóvenes se alistan al ejército en plena guerra mundial contra los nazis y son destinados a la sección F, la encargada de pelear desde las cloacas contra el ejército alemán y en territorio francés. Todos ellos, con sus ideales y miedos, son imperfectos. Pero todos comparten la misma pasión por la democracia. A partir de ahí la novela va desgranando los puntos débiles y los fuertes de estos soldados-espías. El libro es interesante y en muchos momentos engancha al lector. Pero es claramente inferior a La verdad sobre el caso Harry Quebert. Así que el consejo es sencillo: si quieres conocer a uno de los escritores más prometedores del momento, empieza por Los últimos días de nuestros padres y pasa luego a La verdad sobre el caso Harry Quebert. Si ya has leído La Verdad sobre el caso Harry Quebert y no te gustan mucho las historias bélicas, Los últimos días de nuestros padres puede ser prescindible.

 

Regreso a casa, una película más que interesante

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Regreso a Casa (2014)

El verano no nos deja muchas opciones de disfrutar de buenas películas. En primer lugar, es necesario disponer de una manta a cuadros si uno quiere ir al cine, puesto que el nivel del aire acondicionado es directamente incompatible con la vida humana. Pero dejando a un lado las anécdotas, lo peor de todo es la cartelera: películas para niños, películas para adolescentes y películas para descerebrados. No hay mucho más, sobre todo en Hollywood, donde llevan años con el cartel de Cerrado por Vacaciones (de talento). Y es que los mejores guionistas están en el mundo de la televisión y las series. No hay duda sobre ello.

Por eso mismo la semana pasada decidí cambiar de registro y marcharme a ver una película china. Tenía en el recuerdo el buen sabor de boca que nos dejó Deseando amar, uno de los films más interesantes de este siglo. Pero de aquello ya hace mucho. La película que ahora mismo está en cartelera se titula Regreso a casa y viene avalada por un director y unos actores (especialmente actrices) de renombre… para cinéfilos. No entraré en ese mundo. Me limito a decir que iba bien predispuesto, con la mente abierta, pero tampoco pensando en que la película china iba a cambiar mi vida.

Y eso fue lo que me encontré. Regreso a casa es una película muy interesante. Nos permite reflexionar sobre las dictaduras, sobre la memoria, sobre el amor… Personalmente, me resulta muy curioso que en toda la película no se diga ni una sola vez de qué se acusaba al padre, lo que viene a certificar que China era (y posiblemente sigue siendo) un país en el que Kafka no habría publicado El Proceso, ya que todo allí es exactamente como él imaginó: te meten en la cárcel y nadie te dice el motivo.

Regreso a casa, en resumen, narra las peripecias de un padre que se fuga de la cárcel para intentar ver a su mujer y su hija, quienes tratan de sobrevivir a la condición de familia de un “purgado” en la mal llamada revolución cultural. Y no desvelaremos nada más para que el film no pierda parte de su encanto. Si eres capaz de aguantar una película que en algunos tramos en un poco lenta -nada desesperante, pero sí lenta-, acabarás emocionándote. De eso no hay ninguna duda!