Historia de un viaje (II): el capital más importante, el humano

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FOTO CRONO

La segunda parte del análisis del viaje a Colombia debe centrarse, como no puede ser de otro modo, en el más importante elemento de todos los que forman un equipo ciclista: el capital… humano del Manzana Postobón.

El equipo Manzana Postobón siempre ha sido profesional, aunque no todos los años haya podido competir en esa categoría. En realidad, sólo lo consiguieron en 2011, cuando dieron el salto con el nombre de Colombia es pasión. Otras muchas temporadas, la mayoría, tuvieron que conformarse con ser continentales. Es más, incluso ha habido dos años, 2012 y 2015, en el que únicamente han formado una escuadra amateur. Pero categorías al margen… ellos siempre han sido profesionales.

fotogrupoEsa consideración arranca desde la propia gerencia. Luisa Fernanda Ríos es una mujer que llegó al equipo sin demasiados conocimientos previos del ciclismo de competición, pero con grandes dotes para la administración y el manejo de los grupos. Esa es precisamente una de las principales virtudes del equipo: contar con un líder y gerente sin los vicios adquiridos por todos los que formamos -y me incluyo- parte del mundillo ciclista.

El conocimiento deportivo lo aporta Luis Fernando Saldarriaga, un director que lleva décadas estudiando los mejores sistemas de entrenamiento y aplicándolo con éxito. Resulta indiscutible que Saldarriaga es un técnico del siglo XXI por sus conocimientos y capacidad de aprendizaje.

Esa estructura se completa por arriba y por abajo. Por arriba cuentan con empresarios y enamorados del ciclismo como Ignacio Vélez o Alejandro Restrepo, antiguo y actual presidente de la Corporación pedaleamos por Colombia, respectivamente. Por debajo, tienen mecánicos, masajistas, responsable financiero, doctor, psicólogo… es decir, todos los elementos necesarios para el deporte de alto nivel.

Y, por supuesto, faltan los ciclistas. De los actuales hablaremos otro día. Pero hay un dato que no puede ser olvidado. En este equipo han formado a corredores de la talla de Nairo Quintana o Esteban Chaves, por citar a los líderes de Movistar y Orica-GreenEdge. La lista de talentos es larga e incluye a corredores como Sergio Luis Henao o Fabio Duarte. La diferencia del momento actual al pasado es que por primera vez se atisba en el horizonte la posibilidad de que no tengan que emigrar cada vez que despuntan. Por primera vez, Colombia está creando las bases y las estructuras de un equipo en el que no haya límite para el desarrollo del talento. Esa puede ser la grandeza del Manzana Postobón.

Historia de un viaje (I): conociendo Postobón

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Durante casi una semana he vivido un viaje inolvidable: pisar Colombia y conocer de cerca el equipo Manzana Postobón, una estructura gestionada desde la Corporación Pedaleamos por Colombia. Ya son muchos años trabajando con ellos. Pero era mi primera experiencia viviendo de primera mano el día a día de Luisa Fernanda Ríos (manager) y su equipo directivo, con el expresidente Ignacio Vélez y con el actual presidente Alejandro Restrepo.

Esta primera entrada del blog no hablará mucho de deporte. Hablará de algo más importante: la plata (o dinero) para sostener el deporte. Y, sobre todo, la voluntad de invertir en juventud y proyectos vinculados a las prácticas deportivas. Eso es precisamente lo que está haciendo Postobón. Pero vayamos por partes.

En Europa es conocido el nombre de Postobón, sobre todo, entre los aficionados de cierta edad, aunque en pocos casos se llega a identificar bien qué significa y a qué se dedica la marca. Es conocida porque durante más de una década (1986-1996) patrocinaron un equipo ciclista en el que militaron, entre otros, corredores de la talla de Lucho Herrera, Álvaro Mejía, Óscar de J. Vargas, Reynel Montoya o Pablo Wilches. En gran parte de ese período lucharon contra Café de Colombia, el otro gran equipo colombiano del pelotón mundial. Y también conquistaron triunfos de prestigio: etapas en Vuelta a España o Giro de Italia, general de Dauphiné…

postobon-grupoEse pasado deportivo glorioso fue posible gracias a una potencia económica indiscutible. Postobón nació en 1904 de la mano de dos empresarios: Posada y Tobón (de ahí el nombre de Pos-Tobón). Pero en realidad fue la llegada de la familia Ardila Lule la que impulsó el mayor crecimiento de la compañía colombiana de bebidas. En 1954 crearon la famosa Manzana Postobón, una bebida gaseosa, de sabor manzana, fresca y que está a medio camino entre el zumo y la cola. No sería el último gran hito para la compañía: en el camino compraron los derechos para embotellar y comercializar bebidas tan famosas como Pepsi-Cola, 7Up, Lipton, Gatorade… así como desarrollaron un buen número de zumos e incluso leche hasta consolidar un grupo con 12.000 trabajadores directos, 35 marcas y 250 referencias.

Todos esos son datos que pueden conseguirse en internet. Pero hay una referencia personal que debo transmitir y que no aparece en internet: en Colombia resulta imposible dar un solo paso en la calle sin sentir la presencia de Postobón. Los toldos de los bares, las vallas publicitarias, los equipos de fútbol más importantes del país e incluso la mayor parte de los deportistas olímpicos colombianos… ¡Todos están apoyados por la imagen corporativa de Postobón, auténtico motor del deporte colombiano!

En el caso del ciclismo, Manzana Postobón regresó en 2015. Y lo hizo apostando, como habíamos dicho, por Corporación Pedaleamos por Colombia, una entidad sin ánimo de lucro que había nacido casi una década antes y que había contado con los patrocinios de Colombia es pasión o 4-72. En todo ese tiempo, la Corporación ha vivido momentos gloriosos. Y también grandes dificultades. Pero de todo ello hablaremos en una segunda entrada del blog. Lo único evidente es que hablamos de un equipo continental… pero con un patrocinador que no conoce ningún tipo de límite por su potencial económico y por su entusiasmo hacia el deporte en general y el ciclismo en particular.

 

Van den Driessche y el dopaje tecnológico

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Entrevista-Van-Driessche

El Mundial de ciclocross nos ha permitido ver el primer caso en la historia de dopaje tecnológico, confirmado ya por el propio presidente de la Unión Ciclista Internacional. La sospechosa de haber competido con un motor dentro de su bicicleta es Femke Van den Driessche, una joven que partía como una de las candidatas a las medallas y que no tuvo su mejor día. El caso es que la investigada no puede negar la existencia del motor en su bici. Pero sí niega que sea su bicicleta.

Van den Driessche afirma (copiado de ciclo21.com): “Rompí la cadena y me tuve que bajar. Cuando me retiré, me dijeron que iba a tener que ir a explicar cosas porque había algo que no estaba bien con mi bicicleta. Lo primero que hice fue preguntarle al mecánico de dónde había salido esa bicicleta, que ahora sé que es de un amigo mío. Es una bicicleta que me compró hace ya tiempo. Yo la he usado en temporadas pasadas y es una bicicleta idéntica a las que uso para competir. Ese amigo había estado reconociendo el circuito con mi hermano y la había dejado apoyada contra nuestra furgoneta. Uno de mis mecánicos debió de equivocarse y pensar que era una de las mías y la limpió y se la llevó al box”.

La respuesta es obvia: la bici no es suya, por lo que no debe haber sanción. Perfecto. Pero es muy sencillo de demostrar: copia de la transferencia bancaria por la que le compró la bici hace tiempo y, sobre todo, hay que coger esa bicicleta que no es suya y compararla con la que sí estaba usando en el momento de la retirada. Porque además ese amigo suyo seguro que no es igual de alto que ella, ni lleva las mismas medidas, así que si la bicicleta tiene el sillín y el manillar tres o cuatro centímetros más alto o bajo… está claro que no es su bici. En el ciclocross y en el deporte de elite, dos bicicletas con la misma distancia del eje del pedalier al sillín, del sillín al manillar… son sólo posibles cuando hablamos de dos bicicletas de la misma persona. Así que Van den Driessche no necesita lágrimas ni abogados. Si esa bici lleva medidas diferentes puede demostrar que no es suya. Lo que no podemos creer es que su amigo sea igual de alto que ella, lleve las mismas medidas, la misma potencia, la misma geometría… hasta el último milímetro. Eso rompe cualquier posibilidad fruto del azar de un amigo que compra una bici, que la deja apoyada en una furgoneta y un mecánico que no se da cuenta del error y la mete dentro del box. Tantas casualidades son imposibles!

A partir de ahí, la sanción resulta obvia: debería ser la máxima en tiempo y dinero… salvo que Van den Driessche se olvide de conspiraciones y nos explique quién le ofreció el uso del motor, quién le ayudó a instalarlo, en cuántas carreras lo ha utilizado… A través del esclarecimiento de la verdad se puede reducir la sanción. Pero si vamos a seguir hablando de ovnis y amigos que usan bicis y que se las dejan olvidadas dentro del box, tenemos que irnos a la sanción máxima, aunque sea sólo por higiene.