Canciones de amor a quemarropa o la dificultad de la nostalgia

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El libro del que hoy hablaré -o mejor dicho, escribiré- es Canciones de amor a quemarropa, de Nickolas Butler. La novela está centrada en la historia de cuatro amigos, Henry, Lee, Kip y Ronny, que crecieron juntos en el mismo pueblo de Wisconsin, Little Wing. Cada uno emprendió un camino muy diferente: Henry se quedó en el pueblo y se casó con su primera novia. Ronny se convirtió en un famoso cowboy de rodeo aunque la vida ya no haya vuelto a sonreírle. Kip buscó fortuna en la bolsa mientras que Lee es una estrella de rock de fama mundial, un éxito surgido tras publicar su disco, Canciones de amor a quemarropa.

La historia va cambiando los puntos de vista. Está escrita en primera persona pero necesitas siempre varios párrafos antes de entender quién es el que habla en cada capítulo. En la novela se habla, sobre todo, de la nostalgia de los hombres -y las mujeres- que empiezan a ver cerca la barrera de los 40 años y que recuerdan con sensación de añoranza su adolescencia, la felicidad que ellos asocian a haber vivido en un pequeño pueblo y que no son capaces de encontrar en ninguna gran ciudad ni con ninguna mujer ni estilo de vida. Nada es tan pleno como lo que sintieron cuando vivían en Little Wing y no tenían ningún tipo de obligación.

A partir de ahí, la novela se abre a un debate interesante. Para algunos puede ser un ejercicio de cursilería. Para otros, puede ser una obra maestra. En principio, es una buena novela para el verano: sencilla de leer y entretenida en muchos de sus tramos, pero sin grandes ambicios literarias ni de forma ni de fondo. En muchos sentidos recuerda a la película Beatiful Girl, una de las primeras apariciones estelares de una por entonces jovencísima -tal vez mejor sería decir niña- Natalie Portman. Así que si te gustó aquella película, es más que probable que te guste esta novela.

El caso Paolini y la dificultad de explicar el dopaje

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La noticia saltó ayer por la tarde: Luca Paolini da positivo en un control antidopaje del Tour de Francia. Lo más extraño de todo es la sustancia que ha sido encontrada en su organismo: cocaína. Sí, cocaína en mitad de un gran vuelta por etapas. A la espera de que el contra-análisis pueda confirmar o no el positivo, lo único que podemos decir ahora mismo es una obviedad: el dopaje resulta muy difícil de explicar.

Para no provocar ninguna confusión, la cocaína es un producto que daña seriamente la salud se tome cuando se tome. Asentado eso, lo que resulta más complicado es adivinar para qué necesita la cocaína un deportista de elite. Si se encuentra esa sustancia en un control fuera de competición, no se sanciona, puesto que se entiende que la cocaína es un estimulante que no ayuda a largo plazo, por lo que si ha sido tomada fuera de las carreras… no hay sanción deportiva.

Pero el caso es que Paolini la tomó -o eso dice el análisis- durante el Tour de Francia. El corredor parece asumirlo vía twitter con una larga solicitud de disculpas a su equipo a los ciclistas y a la carrera. Pero dejando a un lado la petición de disculpas, el factor de estimulante que pueda tener la cocaína es ligero y deportivamente hablando no aporta prácticamente nada. Eso sin olvidar que las posibilidades de ser cazado son altísimas, ya que es una sustancia realmente sencilla de detectar por un laboratorio. Otra cosa bien distinta es que muchas veces los laboratorios no pierdan el tiempo en buscarlo porque partan de la presunción de que ninguno es tan estúpido como para tomar cocaína.

Por tanto, hablamos de una sustancia que es fácil de detectar, que no ayuda a un deportista a ganar absolutamente nada… pero que aparece en el cuerpo de Paolini, un corredor que además ya había firmado su renovación para 2016 y no tenía ningún tipo de presión deportiva o económica sobre su cabeza. Todo esto nos lleva de nuevo al titular de esta entrada: ¡qué difícil es explicar el dopaje!

cuervos-y-palomasEn la novela Cuervos y palomas intento analizar el dopaje deportivo desde muchas y muy diferentes vías, con la opinión de médicos y deportistas y aprovechando la libertad que concede el género de la novela. Pero la evidencia es que la realidad nos deja de nuevo sin palabras. ¿Qué puede llevar a un corredor como Paolini a consumir cocaína durante el Tour? No hay que olvidar que el corredor es italiano, pero no estaba en su hábitat natural, puesto que la carrera salía de Holanda, pasaba a Bélgica y aterrizaba en Francia durante tres días, por lo que hablamos de un ciclista que no podía buscar a alguien que le proporcionase la cocaína con facilidad.

La conclusión final es tan sencilla que parece complicada de escribir: el contra-análisis puede indicarnos que todo se trata de un error, aunque los comentarios del corredor en twitter no parecen apoyar esa tesis. O el contra-análisis puede confirmar que Paolini tomó cocaína. Pero en ese caso… no hablamos de dopaje deportivo. Hablamos, y es mi humilde opinión, de algo todavía más grave para el futuro de Paolini: tiene un problema serio de adición. Y necesita ponerse en manos expertas para esquivarlo.

Si un ciclista como Paolini no sabe entender que un Tour de Francia -ningún momento lo es, pero un profesional sabe que se está jugando más que nunca- no es el lugar para tomar una droga como la cocaína, su problema no es de rendimiento deportivo sino de raíces mucho más profundas y complejas. En su mano está buscar la solución. Pero si esconde la cabeza debajo del ala… podrá ignorar a la prensa y al mundo, pero no podrá superar un problema que no es de periodistas ni de nadie que no sea él. Espero que la gente que tiene en su entorno pueda ayudarle. No es fácil. Pero si hay voluntad, siempre hay un camino. Y todo este espíritu comprensivo hacia Paolini no tiene nada que ver con su posible sanción deportiva. Es justo que sea castigado con dos años. Apoyo la sanción. Pero sinceramente el caso de Paolini es más que el de un tramposo del deporte. Si lo sabe asumir, encontrará una solución. Si no, dentro de unos años veremos a Paolini convertido en un juguete roto. Malas experiencias de ese tipo hemos tenido en todos los deportes. En sus manos está el destino.