Sumisión, del insumiso Houllebecq

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Para celebrar el cumpleaños hay pocas actividades que pueden propiciar tanto placer como leer libro. Tal vez escribir una reseña, sobre todo cuando se trata de una novela tan especial como Sumisión, libro del incalificable Michel Houllebecq. ¿Quién es Houllebecq?

HOULLEBECQComo fácilmente se puede apreciar en la foto, Houllebecq es, sobre todo, un hombre sin complejos. Este intelectual francés se ha hecho famoso por sus notables obras literarias y por su indiscutible liderazgo para provocar polémicas. La última no fue buscada, pero resultó realmente sonada, puesto que fue protagonista de la portada de Charlie Hebdo, justo antes de que un atentado terrorista asesinase a muchos de sus mejores miembros. Y todo ello en mitad de la campaña publicitaria de una novela en la que se habla -y mucho- del islam.

ultima-portada-Charlie-Hebdo-atentado_EDIIMA20150109_0446_5Dejemos ahora a un lado la anécdota y pasemos a lo importante: el libro. ¿Es bueno Sumisión? Sí, ¡BUENÍSIMO! Pero, ¿por qué? Intentaremos resumir lo más importante de la obra: un profesor de Universidad en Francia se ve envuelto en un mundo de decadencia personal y colectiva en el que Francia acaba polarizándose entre los partidiarios del Frente Nacional, la ultraderecha de Marine Le Pen, y Mohammed Ben Abbes, un moderado islamista que acaba entrando por los pelos en la segunda vuelta y que recibe finalmente el apoyo de socialistas y de la derecha republicana para acabar ganando las elecciones a la presidencia de Francia. Es decir, Francia pasa a ser gobernada por un partido islamista (hablamos del año 2020).

Sumisión, por tanto, es un libro en el que se mezclan personajes de verdad con otros de ficción. Y en la que vemos el proceso de decadencia y de sumisión de todos los personajes. Primero son las mujeres las que se someten a los hombres. Luego son los hombres los que se someten al Estado/Religión. Pero todos acaban sometiéndose al poder… desde la inconsistencia de seres que hace muchos años que dejaron de pensar que la lucha servía para algo. El misántropo de Houllebecq pocas veces ha conseguido tanta perfección en su visión pesimista del ser humo en su individualidad y en su colectividad. Lean la novela. Tal vez no les guste. Quizás pasen a odiar al autor. No pasa nada. Es normal entre la mayoría de sus lectores, puesto que Houllebecq parece empeñado en pisar uno tras otros a todos los colectivos del mundo: musulmanes, católicos, feministas, profesores universitarios, escritores, intelectuales, periodistas, políticos… Así que lo más seguro es que Houllebecq acabe también faltándole el respeto a usted, querido lector, e incluso es posible que lo haga en más de una ocasión. Pero todo vale la pena porque hay un punto garantizado: el libro le hará pensar. Y eso es mucho decir en estos tiempos.

SUMISION

El caso Kreuziger: pocas y malas explicaciones de la UCI

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Durante los últimos años he invertido muchas horas de mi vida en defender a la Unión Ciclista Internacional tanto en privado como en público. Son muchas las decisiones que la UCI toma y es fácil criticarles… pero en muchas ocasiones se ha hecho por puro desconocimiento de la normativa y de las dificultades que implica tener que administrar justicia. Por ejemplo, cuando han frenado la inscripción de como profesional o ProTour de algún proyecto, lo sencillo es decir que por su culpa se está impidiendo a muchos corredores ejercer su profesión. Pero la realidad es que cuando se frenaba esa inscripción era porque el equipo más que un proyecto deportivo era una banda sin credibilidad económica y una estafa para los ciclistas. La UCI se mostraba inflexible pero eso en el fondo era bueno si queríamos que nuestro deporte no se convierta en lo que es ahora el fútbol: una ruina gestionada por tramposos acostumbrados a acumular millones de euros en deudas con bancos, seguridad social y Hacienda y que cuando se les exige que paguen, sólo pueden encogerse de hombros.

Por eso mismo, por esa defensa de la UCI, me siento legitimado para ahora mostrarme muy crítico con lo que ha sucedido en el caso de Roman Kreuziger. Entre unas cosas y otras, llevan dos años con el ciclista puesto en duda y con su credibilidad en juego. Dos años de tortura psicológica para un deportista. Y ahora… cuando llega el momento de ir al Tribunal de Arbitraje Deportivo y demostrar que Kreuziger es un mentiroso y un dopado -ésa ha sido su tesis hasta ayer-, dicen que no hay motivos para seguir con el procedimiento y dejan al ciclista seguir compitiendo, pero ya no libre de mancha, puesto que ellos lo han manchado durante dos años con argumentos que ahora ya no son capaces de defender.

La noticia, además, es explicada de forma escueta, lo que deja todavía más dudas sobre la profesionalidad con la que la Unión Ciclista Internacional y sus comités médicos han actuado. ¿Qué se supone que debe hacer ahora Kreuziger? Lo lógico sería acudir a los tribunales para pedir daños y perjuicios. Pero lo más normal será que intente olvidar un caso que jamás debió abrirse. Nadie es feliz enfrentándose a un entramado tan grande como la UCI y mucho menos para invertir en ellos cientos de miles de euros. Esa es otra ventaja de los grandes organismos internacionales: tienen dinero para aplastar legalmente a casi todo el mundo.

Pero la UCI no puede limitarse al comunicado de ayer. Si al final no hay argumentos para ir contra Kreuziger, sólo hay un camino correcto si queremos mantener la credibilidad del pasaporte biológico y los controles fuera de copmetición. La UCI debe comunicar inmediatamente el nombre de las personas que recomendaron -ahora se ve que equivocadamente- que Kreuziger fuera sancionado. Y esos médicos deben ser apartados de su trabajo como analistas de los controles antidopaje del pasaporte biológico, al margen de emitir una carta de recomendación para todos los organismos por las que se solicite que no vuelvan a trabajar en la lucha antidopaje. Hasta ahora estamos acostumbrados a exigir duras sanciones contra los ciclistas tramposos. Y así debe seguir siendo. Pero también llega el momento de exigir responsabilidades para los que no saben realizar su trabajo en la lucha antidopaje. Y qué menos que impedirles que sigan haciéndolo.

 

Entrevista en Biciciclismo sobre Cuervos y palomas y el dopaje

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La prestigiosa web Biciciclismo.com publica hoy una entrevista que me realizaron y que tiene como contenido fundamental tanto mi novela Cuervos y Palomas como el dopaje en el deporte profesional y muy especialmente en el ciclismo. A continuación, os copio el contenido de la entrevista, con preguntas y respuestas.

cuervos-y-palomasEl periodista Jorge Quintana Ortí envuelve en una novela negra una obra de aroma ciclista en torno al deporte profesional y su rincón más oscuro, el dopaje. En “Cuervos y palomas”, el escritor valenciano lanza una mirada crítica al pasado pero a la vez su visión es optimista por la regeneración y la credibilidad de un ciclismo  que tanto le apasiona y que tan bien conoce por sus años de reconocido trabajo en el semanario Meta2Mil, los últimos como director.

Un relato del lado más tenebroso y opaco del deporte, en una investigación policial que llevan a cabo el inspector Marco Klein, quien fuera un destacado especialista en correr maratones, y la subinspectora Magda Ramírez, absolutamente ignorante del mundo del deporte de élite, dos protagonistas que ha parido Quintana y que quiere, tanto que les ve en una segunda aventura. El escritor valenciano revela a preguntas de BiciCiclismo las tripas de “Cuervos y palomas” y ofrece su visión del dopaje ayer y hoy porque no duda que el ciclismo se ha regenerado.

-¿Cómo y por qué surge la inquietud de escribir esta novela?
-En realidad he escrito toda mi vida, no solo como periodista, sobre todo cuentos.  Escribir una novela, sin embargo, es otra historia, un esfuerzo de fondo y para eso hace falta madurez, tranquilidad y tiempo, algo que con el periodismo es muy complicado. Te tienes que sumergir en un mundo que no es el tuyo, crear unos personajes, dotarles de una vida entera y eso trabajando día a día es muy complicado. Entonces, cuando surge el parón de Meta2Mil, me empiezo a plantear escribir una novela. En ningún momento me planteo escribir de dopaje, intento escribir de corrupción, pero veo que la historia no me sale. Así que estoy un año y pico con los personajes definidos pero no estoy contento con el resultado. Llego a escribir casi 200 páginas. Y al final las tiro. En el fondo sí que tenía el gusanillo de escribir de dopaje pero siempre te da un cierto reparo porque lo has vivido muy de cerca y también había dejado el periodismo hacía poco. Así que lo tenía muy cercano todo, me faltaba un poco de perspectiva. Después de un año y pico fracasando porque al final esta novela surge del fracaso, decido coger a los personajes  y meterlos en una historia que sí que domino, que es el deporte de élite y el dopaje. Y cambia por completo, empiezo a escribir la historia, sale todo fluido, en 15 días escribo 200 páginas, toda la base, y soy capaz de escribir durante 10-12 horas diarias porque es un tema en el que me siento cómodo.

-¿Qué parte de realidad tiene la novela?
-No oculto que cuando eres periodista hay muchas cosas que conoces y no puedes escribir la mayoría por el Código Penal. No puedes contarlas porque no tienes las pruebas o tienes solo una fuente y en esas circunstancias no debes contarlas tampoco. La novela es perfecta para llenar esos huecos y hacer una serie de reflexiones con la tranquilidad que no tienes con el periodismo. En un periódico, tienes tantas páginas, caracteres… y te tienes que ceñir al día a día. Así que la novela ha sido, como escribo en la dedicatoria, una manera de ajustar cuentas con un pasado en el que hay cosas que te han quedado en el tintero. Hay parte que está basada en la realidad pero no hay que olvidar que es una novela y que los personajes protagonistas no existen.

-¿Por qué el título “Cuervos y palomas”?
-Alude a dos cosas. Palomas son el nombre que se da en el argot a las personas que llevan los productos dopantes. Y Paloma es también el nombre de la jueza instructora, se da la doble coincidencia. Y los policías cuando conocen un poco el argot, que las palomas son los que ellos tienen que buscar y que la jueza instructora se llama Paloma, tienen la feliz idea de llamar a la operación policial Operación Cuervo. De ahí Cuervos y Palomas.

-En el ciclismo ha habido palomas.
-Sí, sí, evidentemente.

-¿Y hay palomas todavía?
-¿Ahora mismo? ¿Sinceramente? Es una de las reflexiones que contesto en el libro. Yo creo que el ciclismo como deporte ha hecho los deberes. ¿Lo han hecho todos? No, porque todavía hay positivos con EPO. Por tanto, decir que en el ciclismo todos sus artistas van limpios es chocar con la realidad. Ahora bien, decir que no ha habido un cambio cultural y generacional, también sería mentir. El ciclismo ha hecho los deberes, ¿ha acabado? No, pero por lo menos hay un propósito y una intención por cambiar. El ciclismo ha dado ese paso de examinarse y es un proceso doloroso, y espero que todos los deportes tomen nota.

-¿Está de acuerdo en que hay una nueva mentalidad, un ciclismo más limpio?
-Otra de las reflexiones del libro es que un chaval que tiene ahora 24-25 años y que entró con 20 en el ciclismo pues lleva cuatro temporadas con un pasaporte biológico, diciendo todos los días de su vida donde duerme y no ha conocido otra cosa. Y ha entrado en un ciclismo en el que yendo absolutamente limpio se pueden ganar carreras, cosa que antes no sucedía. Y ese es un cambio generacional, de mentalidad y cultural muy grande. ¿Van todos limpios? No, pero al menos cuando llegan a la máxima categoría se les han puesto los medios para que puedan ir limpios y ven que pueden ganar carreras. Antes no era así, no hay por qué ocultarlo. Es la realidad.

Y los que de verdad amamos el ciclismo tenemos que reconocer que durante años el dopaje fue generalizado. Si queremos callarnos, ocultarnos… no hacemos nada bueno. El proceso de cambio se ha llevado a cabo. Ahora a nadie se le ocurre que haya una red de dopaje organizada dentro de un equipo, por ejemplo… Hace unos años tuvimos el caso Festina, y a lo peor no sólo era Festina porque cuando se hicieron redadas en ese Tour hubo algún otro equipo. No era nada extraño. Y eso es lo que intento explicar en la novela: esa evolución, cómo hay un momento en el deporte que el que dopa es un masajista, luego entran los médicos, los médicos organizan el deporte de forma sistematizada dentro del equipo, y ahora hemos pasado a una fase en la que los médicos están contra el dopaje, al igual que los mánagers, los sponsors… Y cuando hay dopaje son casos aislados al margen de la estructura.

-¿Se cree los resultados del ciclismo actual?
-Yo en líneas generales me los creo.

-¿Hasta cuando hay que mirar atrás?
-Sinceramente, creo que a día de hoy no sirve de nada que digamos que en los años 90 paso esto o lo otro, o quitar del podio a alguien porque hace 14 años se sabe ahora que tomó EPO y borrarlo del palmarés. Tenemos que asumir lo que hubo en el pasado y lo que hay que hacer es trabajar en el futuro y de una forma coherente y sensata. Hacer controles a las 3 de la mañana…

-¿Qué le pareció el informe de la Comisión Independiente de Reforma del Ciclismo (CIRC) impulsado por la UCI?
-Que para ese viaje no hacían falta tantas alforjas. Para decirnos que existía un dopaje organizado y que a día de hoy hay, pero menos tampoco hacía falta gastarnos tres millones de euros y hacer entrevistas a tropecientas personas. El sentido común nos lo dice. A mí lo que me preocupa y en lo que debíamos haber gastado tres millones es en reunir a todos los médicos de todos los equipos, a todas las comisiones antidopaje de todos los países y en pensar en nuevas fórmulas en la lucha contra el dopaje; ahí es donde debemos invertir los tres millones de euros. No en pensar si en el año 99 pasó no sé qué. Han hecho un trabajo enciclopédico del dopaje, que está muy bien, pero no hemos avanzado lo suficiente en el futuro porque al final hemos dicho cuatro vaguedades y que hay que hacer controles a las 3 de la mañana. Quizá hay que tener unos médicos UCI que gestionen a los equipos en las grandes vueltas y que dependan de la UCI, esa sí que es una medida real que se puede estudiar y plantear, pero…

Yo pienso que trabajar en un control médico externo es más sencillo que ir a las 4 de la mañana a hacer un control a un tío que está disputando el Tour de Francia porque incluso puede condicionar la propia carrera. Hay líneas rojas que no podemos atravesar. Hay cosas que son absurdas. Es más sencillo que la UCI tenga a un médico pagado por la UCI que supervise a un equipo durante una gran vuelta y que les haga un hemograma todos los días a los corredores pero a las 5-6 de la tarde. Y que si un corredor por ejemplo sufre una anemia severa que en un momento dado pueda tomar hierro y que sea administrado por ese médico y que reporten a un comisario de médicos general de la UCI, o de un organismo independiente. Hay medidas que pueden ser prácticas y ayudar a dar más transparencia.

-¿Se vende bien el ciclismo como deporte?
-Bueno, no estoy de acuerdo cuando se dice que el dopaje nos ha quitado patrocinadores. Si casi tenemos los mismos equipos que en el 93-94, cuando Induráin ganaba los Tours. Lo que nos ha quitado los patrocinadores ha sido la crisis económica y en cuanto remonte volveremos a tener equipos. Eso no quita que hay que vender el ciclismo mucho mejor. Y otra cosa que comento en la novela es que hay deportes como el atletismo y el ciclismo que son golpeados porque el propio sistema necesita que haya positivos y escándalos para justificarse y seguir consiguiendo dinero con el que crecer. Y siempre se ataca a los deportes que no se saben organizar, ni venderse ni trabajar.

-¿A día hoy, quién es más importante en un equipo, el corredor, el mánager, el director deportivo, el preparador físico o el médico?
-Pues si lo analizas bien, en los equipos ciclistas hace muchos años los que tenían mejores sueldos eran los médicos, y aquí la UCI lo podría explicar porque tiene acceso a todos los contratos laborales; ahora mismo estoy convencido que los mejores sueldos son de los ciclistas y que hay muchos más preparadores físicos que antes. Es más, en la novela se cuenta una anécdota que es fruto de los datos que descubrí en el Centro de Alto Rendimiento de Granada, puesto que parte de la trama sucede allí. Y la gente que trabaja allí me contó en una de las entrevistas, porque he intentado documentarme, que a ellos les había sorprendido gratamente que todos los que ahora van al CAR lo hacen con un preparador, cuando hace años iban con médicos. Ojo, que hay médicos muy buenos y que se dedican a entrenar. Pero ahora hay equipos que tienen 5-6 preparadores; estamos llegando a la profesionalización en la preparación, en la nutrición, en aspectos que antes no se cuidaban porque no hacía falta.

-¿Qué acogida ha tenido la novela?
-Tenía ciertas dudas por cómo iba a acoger la novela el mundo del deporte y me ha sorprendido porque está siendo mucho mejor de lo que podía esperar. Porque los que han vivido esa época entienden que no estoy contando ninguna mentira y en el fondo el libro también tiene una parte muy optimista. Empieza fuerte, con la muerte de un deportista por una transfusión, pero también tiene un toque optimista. Evidentemente se puede hacer todavía mejor, pero vamos por el buen camino, aunque de vez en cuando tengamos alguna recaída.

-¿Se has saciado?
-No. La segunda parte de la novela la tengo preparada. No será sobre deporte pero será con los mismos protagonistas: Marco Klein y Magda Ramírez. Sí me he cansado de la trama del deporte, esa la quiero dejar descansar. Pero de los protagonistas no me he cansado. Además, muchos lectores me piden que siga con su vida. Me pasa como a ellos. Al final les coges cariño y, además, el protagonista que es un policía ha sido deportista de élite y tiene su encanto, entonces siempre habrá algo de deporte en esas novelas.

La comercialización del libro es realizada a través de www.librosderuta.com y puedes comprarlo directamente aquí

Para conocer mejor el libro, puedes leer prologo quintana

La corrupción en el fútbol y Cuervos y Palomas

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La novela Cuervos y Palomas está centrada en el dopaje deportivo a través de una visión de novela negra, con muertes, investigación policial… Pero también hace mucho hincapié en una segunda trama: la necesidad de los políticos españoles de ofrecer una buena imagen internacional antes de la decisión de quién organiza los Juegos Olímpicos. Es un factor de presión que recae sobre los policías, sobre la jueza instructora… Todos sienten esa presión política: necesitamos dar buena imagen. Pero al mismo tiempo todos tienen claro que los Juegos Olímpicos no se ganan sólo con buena imagen. Especialmente cínico es uno de los personajes (no diremos quién para mantener la intriga), quien constantemente argumenta que los Juegos Olímpicos se organizan sólo si eres capaz de sobornar más y mejor que el resto de candidaturas.

Viene esto a cuento de lo que acabamos de ver con el Mundial de fútbol y con el sistema corruputo que durante años ha imperado en la FIFA, un sistema que no es muy diferente al que ha mandado en el COI, es decir, la Federación Internacional de Fútbol y el Comité Olímpico Internacional. Y sorprende una vez más la reacción timorata de los medios de comunicación y especialmente de los medios españoles. No ha habido portadas. Y como mucho nos estamos centrado en el arbitraje del España-Corea en el Mundial de Corea-Japón.

La realidad… es que algunos incluso apuntan a una campaña contra Rusia, lo que recuerda la famosa frase del dedo y el tonto. Cuando un dedo apunta a la luna, sólo los tontos miran el dedo. Y así es. Sin duda alguna, Estados Unidos está interesado en echar basura contra Putin y el Mundial de Rusia 2018. No darse cuenta de ello es también del género tonto. Pero todavía con menos dudas… la investigación sólo es posible porque hay mucho golfo que cobra por elegir un país. Y eso certifica, una vez más, la corrupción en el deporte rey, algo de lo que algunos quieren siempre huir.

Desgraciadamente es posible que el ciclismo vuelve a dar en breve malas noticias para su credibilidad. Vamos a esperar acontecimientos. Pero ya verán como entonces… no hay paños calientes en los medios de comunicación sino críticas bien contundentes. Y tendrán razón. Pero esa misma contundencia es la que ahora podemos y debemos exigir los lectores cuando se ha destapado un caso de corrupción que certifica que no sólo las elecciones de las sedes sino también los propios arbitrajes vienen teledirigidos por intereses económicos.

Si se quedan con ganas de ver cómo y por qué existe corrupción en el deporte, ya saben, compren Cuervos y palomas y disfruten de las aventuras de Marco Klein y Magda Ramírez.

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