Blitz o el pánico ante el paso del tiempo

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Hoy toca hablar de la última novela que he leído: Blitz, de David Trueba. En concreto, es el tercer libro de Trueba que leo y comento -sólo tiene escritos cuatro- y es también el último de los que él ha escrito. Es más, el domingo por la noche Trueba fue protagonista de ese gran programa llamado Página Dos (La 2 de TVE). Pero volvamos al libro y a la temática principal: el pánico ante el paso del tiempo.

Maquetación 1David Trueba focaliza la historia en Beto, un personaje de poco más de treinta años que de repente se siente indefenso y sin rumbo en mitad de una profunda crisis personal. Su novia le deja por un antiguo novio y lo hace enviando un mensaje de texto a su móvil por error. Su trabajo, arquitecto paisajístico, parece no tener salida alguna en esta España sin futuro en la que nos hemos metido. Y todo ello le sucede en Munich, ciudad en la que Beto se siente huérfano, pero de la que tampoco sabe cómo huir. En esa desorientación, Beto conoce a una mujer de sesenta años que, supuestamente, debía ayudarle como traductora a manejarse dentro de un congreso internacional, pero que acabará ayudándole a mucho más.

Esa es la base de una historia en la que Trueba reflexiona una y otra vez sobre el miedo que todos sentimos a hacernos mayores. Lo sienten los niños, quienes quieren seguir creyendo en la magia, pero también los ancianos, que ya hace décadas que saben que esa magia no existe.  En muchos sentidos, Trueba y su melancólica visión de la vida recuerda la película Lost in Translation o la frase de Coixet en una de sus películas: “La vida es matar el tiempo hasta que el tiempo te mata a ti”. Sin embargo, el escritor -y también director de cine- intenta -aunque tal vez no se salga demasiado bien- darle un toque de esperanza al libro, algo que no suele aparecer en muchas de sus otras novelas.

Para conocer más a Trueba, pueden leerse las críticas de Saber perder y Cuatro amigos. Para el que nunca haya leído un libro de Trueba, el consejo es sencillo: Saber perder sigue siendo la mejor -tal vez sería más apropiado hablar de la más completa- de todas sus novelas.

Una anécdota (y algo más) sobre Andorra

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Hace ya un tiempo -tal vez casi dos años- me tocó ir a Andorra para una reunión. Dejaremos a un lado el objeto de la reunión -uno de tantos proyectos que no termina de cuajar en nada- para centrarme únicamente en un detalle: el viaje. Y, sobre todo, en el momento del paso de la frontera entre Andorra y España. Para empezar, diré hacía 20 años que no pisaba Andorra, por lo que no recordaba absolutamente nada del país de los Pirineos. Para acabar, nadie me detuvo ni me dijo ni buenas tardes a la hora de introducirme en territorio andorrano, por lo que prácticamente ni me di cuenta de que había cruzado la frontera.

7880205En cambio, al salir de Andorra para volver a casa, puesto que la idea era hacer ida y vuelta en el mismo día, un amable miembro de la Guardia Civil, con un más amable todavía perro, me estaban esperando en la frontera. Ahí comenzaron unas cuantas preguntas de rigor: ¿para qué ha venido? ¿cuánto dinero lleva encima? Mi respuesta fue la obviedad más absoluta: no tengo ni idea del dinero que llevo encima. El Guardia Civil insistió: ¿Más o menos de 100.000 euros? Mi respuesta también me resultó obvia: mi duda es si más o menos de 100 euros, así que supongo que con eso le contesto, ¿no? El Guardia Civil no pareció satisfecho con la contestación y me dijo que nuestro común amigo de cuatro patas iba a darse una vueltecita por mi coche para comprobar que no había ningún fajo de billetes escondido. Me dieron ganas de decirle que si encontraba billetes en mi coche, se los regalaba al perro para pienso durante toda su vida, pero opté por el silencio, nunca suficientemente bien considerado cuando uno está frente a la autoridad competente.

La experiencia me permitió -al margen de tener un motivo más para limpiar el coche a la llegada a mi casa- disponer de unos minutos para hablar con el Guardia Civil. Le dije, con toda la sinceridad del mundo, lo que en ese momento pensaba: “Lo siento. Pero yo creía que esto del dinero negro funcionaba al revés: la gente lo traía a Andorra”. El joven Guardia Civil sonrió y me dijo: “Está claro que no andas metido en el negocio. Hasta hace unos años así era. Pero ahora el viaje es a la inversa: todos los que tienen dinero negro en Andorra buscan un método para traerlo de vuelta a España y poder ir tirando hasta que salgan de la crisis. Nadie en España tiene dinero negro que traer para aquí, pero todos quieren recuperar el que trajeron en los años del boom. Y créeme: no hay mucho, ¡hay muchísimo!”.

Evidentemente el perro confirmó que en mi coche sólo había un paquete de chicles Trident. Y me marché a casa sin más. Pero con muchas ideas de cómo funcionaba el tránsito de billetes entre España y Andorra. No mucho tiempo después hemos visto que lo de ir con los fajos de billete en el coche es una horterada propia de corruptos de baja monta. Los peces gordos tenían a los bancos haciendo ese trabajo para ellos.

Toni Hill y su trilogía del inspector Salgado

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Intento ponerme al día con libros leídos y no comentados, así que haré un 2×1. Ya hace algún tiempo escribí sobre la primera novela de Toni Hill, El verano de los juguetes rotos, pero han pasado muchos meses sin que encontrara la oportunidad de seguir con la saga del inspector Salgado. Ahora llega su turno y lo hace por partida doble: Los buenos suicidas y Los amantes de Hiroshima.

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El espacio temporadal transcurrido entre el primero y el segundo de los libros hace que posiblemente me haya costado reengancharme a las aventuras de Héctor Salgado. Por eso mismo, un consejo: si os gusta la saga, es mejor leer los tres del tirón (o con poco espacio entre cada lectura). Y es que esa precisamente es una de las características de la trilogía: cada libro tiene su propio caso, pero los vínculos en común son innegables y hace que leerlos de forma independiente no sea sencillo, así que en ningún caso recomiendo a los lectores que se inicien con el segundo o el tercer libro.

Entrando en el análisis concreto de los libros, no se puede negar que las virtudes de Toni Hill se mantienen durante toda la serie: escribe bien, ha creado unos personajes bien construidos, ha sabido darle emoción a la historia, con numerosos indicios falsos hasta mostrar la verdadera realidad de la trama envolviendo en cada uno de esos giros al lector… Sinceramente, poco o nada hay que reprochar a un escritor que paso a paso se ha ido afianzando entre los más grandes de la novela negra nacional, puesto que a pesar del apellido hablamos de un novelista español, que cuenta historias sucedidas en Barcelona y protagonizadas por agentes de los mossos d’escuadra, aunque curiosamente el protagonista tenga origen argentino en un posible guiño a “Vila”, el protagonista de las novelas de Lorenzo Silva.

Puestos a destacar un defecto, las obras de Hill son muy corales. Hay constantes cambios de personaje, trama, espacio, tiempo… saltos que en ocasiones pueden marear al lector menos acostumbrado a echar horas frente a los libros y, sobre todo, que impiden una característica fundamental: la conexión protagonista-lector. En cualquier novela negra, el protagonista debe ser amado (u odiado) por el lector. En esta historia, deberían serlo Héctor Salgado y Leire Castro. Pero esos constantes saltos y cambios de perspectiva hacen difícil la conexión. Sinceramente, es el único punto débil.

Por cierto, todas las tramas acaban siendo resueltas en el tercer libro. Por tanto, es posible que no haya cuarto. O el cuarto arrancará desde cero. No hay manera de saberlo por el momento… pero lo único que garantizamos es que una vez leídos los tres libros, no hay muchas dudas sobre las vidas de estos dos agentes. Y un último detalle: puestos a elegir, me gusta más la historia de la segunda novela, centrada en los trabajadores de una empresa que curiosamente empiezan a suicidarse en extrañas circunstancias que la historia de la tercera, aunque en global la tercera puede ser mejor puesto que soluciona de una vez todos los enigmas sembrados durante centenares de páginas previas.

El problema del dopaje en el deporte popular

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El famoso informe CIRC (Comisión Independiente para la Reforma del Ciclismo) viene a insinuar que hay dopaje en el ciclismo amateur y también en las marchas cicloturistas. En fin, nada que no sepamos los que vivimos de cerca el ciclismo. Pero lo cierto es que en el ciclismo no somos una excepción de nada. Como practicante del atletismo popular, no tengo reparos a la hora de decir que el dopaje también está generalizado en ciertos ambientes del atletismo. Y no estoy hablando de los profesionales. Es más, para confirmarlo sólo basta mirar lo que sucedió en la San Silvestre de Salamanca, donde un gracioso dijo que habría control antidopaje y un montón de atletas se marcharon para casa sin dar ni un solo paso en la carrera.

Este tipo de situaciones nos lleva a muchas reflexiones: ¿por qué una persona de más de 40 años, que no compite por dinero, que tiene familia y que en teoría hace deporte para sentirse bien… decide llenar su cuerpo de sustancias dopantes sólo para ser el mejor de su grupo de amigos, de su pueblo o, en el mejor de los casos, de la carrera popular o de la marcha cicloturista? No hay una explicación sencilla, pero seguramente debe venir de mano de la psiquiatría más que del deporte. Por un lado, parece existir una necesidad de reafirmarse como macho-Alfa (el líder de la manada), por otro parece que es una lucha desesperada contra el tiempo y su paso, sin olvidar el síndrome de Peter Pan, aquellos que quieren seguir siendo niños de por vida. Y así podríamos seguir hasta casi el infinito.

cuervos-y-palomasSobre esta duda también reflexiono en la novela Cuervos y Palomas. Y casos como estos son los que demuestran que el dopaje no es un problema sencillo. Cuando la gente dice que el dopaje en el deporte profesional se acaba con sanciones de por vida y multas millonarias… no dejan de ver una parte del problema: cuando el deportista se dopa después de una decisión pensada y reflexionada, después de analizar los pros y los contras. Pero hay mucha gente que se está dopando sin ningún tipo de reflexión previa. Y carreras como la Quebrantahuesos -no se puede hablar de marcha cicloturista- son un ejemplo de la locura que ha alcanzado a muchos deportistas populares que están dispuestos a poner en riesgo su salud sólo a cambio de engrandecer su ego.

A partir de ahí, ¿qué soluciones hay? Pues está la vía de admitir que la salud es un derecho y no una obligación. Y a partir de ahí y asumiendo que no hay premios… dejar que cada uno haga lo que quiera con su cuerpo, puesto que además los recursos en la lucha contra el dopaje son limitados y estarían mejor centrados en exclusiva en el deporte de formación y en el deporte profesional. Es una vía radical. Pero es una opción. Luego tenemos la posibilidad del toque estético: dar un par de escarmientos con dos redadas en un par de deportes y acontecimientos multitudinarios. Como siempre, de apostar por esta vía seguro que se usa al ciclismo y al atletismo para dar el escarmiento. De eso no hay duda. Y está la tercera posibilidad: hacer controles y redadas policiales fuertes en el deporte popular invirtiendo miles de euros para concienciar a la sociedad sobre el peligro del dopaje. ¿Cuál es la mejor? Pues como siempre sucede en la vida, no hay varitas mágicas. Todas tienen ventajas e inconvenientes.

 

Mi novela es mejor que el informe del CIRC (y más barata)

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Hace ya unos 200 años Napoleón Bonaparte dejó para la historia una de sus frases inolvidables: “Si quieres resolver un problema, nombra un responsable. Si quieres que el problema siga eternamente, nombra una comisión”. La frase se ajusta perfectamente a lo sucedido en los últimos meses con la Unión Ciclista Internacional y la pomposa Comisión Independiente para la Reforma del Ciclismo, un órgano que ha necesitado de muchos miles de euros… para elaborar un documento de 227 páginas que no aporta absolutamente nada novedoso. En el fondo, no son sino obviedades cobradas a precio de oro, que es otra de las características de los informes del siglo XXI.

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Es más, no tengo reparo alguno  en aconsejar -sin ninguna modestia, lo asumo- a la UCI y a cualquier posible lector que no pierdan el tiempo leyendo el informe del CIRC. Resulta mucho más instructivo y entretenido leer mi novela, Cuervos y palomas, con la ventaja añadida de que cuesta 15 euros más gastos de envío y no tres millones de euros, como se dice que se ha invertido en el CIRC (o CIRCO, según las lenguas viperinas).

El caso es que el informe del CIRC llega a las únicas conclusiones posibles para comisiones creadas sin verdadera voluntad de dar un paso adelante en la lucha contra el dopaje.

Por ejemplo, sobre el dopaje dicen: Hay doping pero menos que antes. Sin leer el informe uno ya sabía que no había alternativa posible a esa conclusión (en la que yo también creo). Si hoy en día existe el mismo doping que antes… ¿para qué nos estamos gastando millones de euros en controles? Y si, en cambio, ya no hay doping, ¿para qué hay que seguir invirtiendo millones de euros? Así que la conclusión era obvia: hay, pero menos. Es lo que le interesa decir al sistema. Y la respuesta que darán siempre será la misma.

Sobre los pagos de Armstrong a la UCI de Verbruggen y McQuaid dicen: lo hicieron mal, pero no es delito. Otra vez la propuesta típica de una comisión nombrada para rellenar folios y no pisar callos. Es decir, criticamos a los gestores anteriores de la UCI pero no pisamos el charco de decir que fueron corruptos. Y así tenemos a todos contentos.

Y así podríamos seguir una tras otra con las 227 páginas de una comisión que ha gastado miles de euros y que no ha aportado nada. Lo dicho, mi novela tampoco les cambiará la vida, pero al menos no me van a pagar 3 millones de euros y les garantizo que no van a necesitar tres cafés para no dormirse, tal y como más de uno y de dos han necesitado esta mañana leyendo el informe del CIRC (o CIRCO).

Los amaños del fútbol: la perspectiva del tiempo

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El 3 de octubre de 2014 -hace ya cinco meses- escribía un artículo en el blog sobre los paralelismos que encuentro entre el dopaje en el mundo del ciclismo y los amaños en el mundo del fútbol. El tiempo viene a darme la razón. Por eso mismo nunca viene mal recordar aquel artículo. Mañana lo actualizaremos con una nueva reflexión. Pero ahí va lo escrito, que sigue de plena actualidad en mitad de una redada que ya ha llevado a la cárcel a seis directivos del Osasuna y que tiene imputados a varias decenas de personas por el Levante-Zaragoza.

Una de las noticias más importantes de la semana dentro de la información deportiva es el juicio por el posible amaño de un partido de fútbol jugado entre el Levante y el Zaragoza hace ya unos cuantos años y que permitió a los aragoneses mantenerse entre la elite. El juicio aún no ha hecho sino comenzar, pero ya hemos visto lo suficiente para comprobar que el fútbol está repitiendo con los amaños los mismos errores que el ciclismo cometió con el dopaje. Y esos errores se resumen en uno: meter la cabeza debajo del ala.

_rz_a9658123APOYO MEDIÁTICO

Artículo hoy de Alfredo Relaño en el diario As: “No aconsejo cuestionar el fútbol más de la cuenta por este caso. El fútbol es creíble en un muy alto porcentaje, esa es mi experiencia. En tan alto porcentaje que podemos darlo por bueno”.

Este es el primer gran error. Nosotros también lo cometimos al hablar del ciclismo y decir que una manzana podrida no puede afectar a todo el cesto. Pero la realidad es que durante un gran período, la inmensa mayoría de los ganadores de Giro, Tour y Vuelta acabaron dando positivo, así que era imposible hablar de una manzana podrida. Pero lo hacíamos para consolarnos. Era una manera de mentirnos. Y es lo mismo que están haciendo ahora en el As con el fútbol y los amaños. Ojo, no es sólo el As. Es algo que repiten todos los medios de comunicación. Pero vayamos un paso más. ¿Por qué se equivoca Alfredo Relaño? Muy sencillo: estamos asumiendo que el Zaragoza se salva de bajar a 2ª División comprando (presuntamente) a sus rivales, pero según los periodistas eso no cuestiona la credibilidad del fútbol. En el propio artículo de Relaño acepta que en las dos-tres últimas jornadas se compran y venden partidos para subir a 1ª, 2ª y 2ª B, pero su conclusión es absurdamente ingenua y dice que eso no afecta a la credibilidad del deporte. ¿No? Esas compras y ventas de partidos están alterando totalmente la competición, desde arriba hasta abajo. Y del mismo modo que está aceptado que se compra y se vende para subir, ¿quién no nos dice que se compra y se vende para ganar un título? ¿O para entrar en la Champions? El modelo del fútbol está puesto en entredicho y deberían tomar medidas drásticas para garantizar la limpieza desde la primera hasta la última jornada. Si admitimos que las tres últimas jornadas son un tráfico de maletines, estamos admitiendo que este deporte está podrido en casi un 10% de sus jornadas y en los momentos decisivos. ¿Y eso no afecta a la credibilidad?

 

EXPLICACIONES ABSURDAS

Vamos ahora con explicaciones absurdas a lo ocurrido. Ahí va una del entrenador del Zaragoza, Javier Aguirre: “He dirigido más de 400 partidos como entrenador en España, no estoy preocupado ni lo más mínimo por este tema”. La frase recuerda palabra por palabra a la mítica expresión del ciclista sancionado por dopaje (ahí está el caso Armstrong): “He pasado más de 400 controles y nunca he dado positivo”.

Ahí va la reacción de Gabi, el entonces capitán: “El presidente del Zaragoza me dijo que necesitaba efectivo, que me ingresaría el dinero en mi cuenta y que yo debía dárselo en metálico”. Esta explicación es todavía más graciosa y absurda. Gabi debería saber que desde hace muchos años ningún juez acepta como defensa la ejecución de órdenes. En los juicios de Nuremberg todos los nazis decían que ellos se habían limitado a cumplir órdenes. Asumiendo esa defensa, sólo se podía condenar a Hitler. En este caso, a otro nivel, por supuesto, estamos ante lo mismo: uno no puede decir que se limitó a cumplir con lo que le pedían, sobre todo cuando lo que le pedían es completamente ilegal. Según la explicación de Gabi, le dan 85.000 euros por transferencia, que él saca del banco y se lo devuelve al presidente en dinero. Es de suponer que él no declara ese dinero en su renta como un ingreso. Por tanto, ¿de qué hablamos? ¿Está Gabi -y los demás- sirviendo como “lavadora” de dinero negro? ¿Está Gabi -y los demás- ayudando a Agapito a descapitalizar el Zaragoza cuando tienen una suspensión de pagos a la vuelta de la esquina? En fin… hay veces que las explicaciones son peores que la realidad.

Y la realidad es difícil de asumir. Pero hasta que uno no reconoce el problema, no empieza a salir de él.

 

 

Los placeres de escribir una novela (o simplemente de vivir)

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MARCA PLUS

Con la novela Cuervos y palomas publicada y con una segunda parte ya casi acabada, me apetece detenerme a contar a mis amigos y sufridos lectores los motivos por los que uno se decide a perder -tal vez sería mejor usar el verbo invertir- unas cuantas horas de su vida escribiendo una novela.

Podría usar muchos y muy variados argumentos, pero desde luego no sirve el económico, puesto que el que quiera ganar dinero escribiendo en España sólo tiene una opción rentable: preparar los guiones de Gran Hermano VIP, que es lo que de verdad tiene tirón. Así que debe haber otro tipo de beneficio muy alejado del crematístico. Tampoco mi personalidad -demasiado introvertida- me lleva a encontrar el placer en la parte mediática de la publicación de una novela, lo que no quita que sienta un profundo agradecimiento hacia todos y cada uno de aquellos que me han apoyado en el difícil camino de la promoción, con una simple foto en facebook o con el boca a boca, que son métodos que dan el mejor rendimiento posible y seguro que mucho mejor de lo que sus autores imaginan. Por cierto, en el camino de la divulgación de mi novela, hoy toca agradecer al periodista Nacho Labarga su detalle de incluir el libro en los recomendados dentro de la revista Marca Plus.

MARCA PLUSPero el verdadero sentido por el que uno escribe es otro muy distinto. Escribo y, sobre todo, escribo novelas porque me gusta. Tal vez la explicación suene estúpida, infantil o simplista. Pero sorprende ver la cantidad de tareas que hacemos al cabo del día y con las que no sentimos ningún tipo de placer, incluso muchas de ellas nos hacen sentirnos mal.

Para empezar, uno debe asumir que el hecho de sentarse a escribir una novela es un gesto de egoísmo y egocentrismo, puesto que escribir resulta inevitablemente una actividad solitaria, un proceso que, además, va a hacer que el mundo gire a tu alrededor durante semanas, meses y tal vez años robando horas a la familia y al mundo exterior, puesto que tienes un nuevo mundo en el que fijar toda tu atención.

Pero si uno es capaz de limitar ese efecto secundario, es sólo cuestión de dejarse ir y disfrutar. Hoy en día está muy extendido el mito del autor maldito. Es decir, históricamente se ha hablado mucho de la frustración del escritor, ese ser desesperado que se arranca los pelos de la cabeza para intentar llenar un folio y que al final del día acaba rompiéndolo en mil pedazos porque no está satisfecho con el resultado. Sí, es cierto y puede funcionarle a algunas personas. Son las mismas que se dedican a la arquitectura discutiendo todo el día con los folios en blanco y las pantallas del ordenador, son las mismas que se dedican al derecho y se pasan toda la vida despotricando de sus clientes… Es más, incluso pueden ser auténticas figuras de su especialidad. En lo que no serán nunca un ejemplo es en algo mucho más importante: ¡aprovechar la vida!

Por eso mismo, la satisfacción de haber sacado a la calle Cuervos y Palomas es grande. Pero todavía lo fue más el proceso creativo de inventarles una personalidad, de crear un mundo para ellos y de convertirlos en seres contradictorios, es decir, seres humanos, porque así somos todos… en mayor o menor medida, seres que nos pasamos la vida deseando cumplir sueños por los que nunca nos atrevemos a soñar. En mi caso y pensando en la literatura, tengo la satisfacción de haber cumplido ese sueño. Será, tal vez, porque nunca he olvidado una frase de Orson Welles en Ciudadano Kane: «Hay dos tipos de personas: las que consiguen lo que quieren y las que no se atreven a conseguir lo que quieren».