Paolo Futre y las vergüenzas del fútbol

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El portugués Paolo Futre ha declarado en la prensa de su país que el presidente de su club, Jesús Gil, le dijo que se dejaran perder un partido para que así el Espanyol se salvara de categoría. Y, como pueden imaginar, la noticia sobre el amaño de un partido entre el Atlético de Madrid y el Espanyol no ha abierto ninguna portada. Es decir, de nuevo vemos un ejemplo claro de que las informaciones que pueden dañar la imagen del fútbol son enviadas al cuarto trastero por parte de los periodistas. Es más, algunos incluso afean a Futre sus palabras. Ahí va un fragmento de la columna de Alfredo Relaño de hoy en el As:

“Respecto a Futre, dio ayer con ligereza carácter público a un suceso de años atrás. Su narración es verosímil. El Atlético no se jugaba nada, el Espanyol, la promoción. Luis Aragonés iba a pasar de este club al madrileño. Gil y Pardo, el presidente espanyolista, se tenían mutua simpatía. Cabe en la lógica del fútbol que Gil dijera a sus chicos que no apretaran. Esas cosas pasan. Con su relato al cabo de tanto tiempo, Futre le da al asunto una dimensión exagerada. Se coloca como héroe del ‘fair play’ (bien pudo decirlo en su día) y deja en pésimo lugar a sus compañeros de entonces y al club que le veneró”.

El periodista confirma que la noticia le parece verosímil… pero dice que comentarlo ahora le da una dimensión exagerada. ¿En qué sentido? No séra por las portadas que ha acaparado en España y en el resto del mundo saber que dos equipos amañaron un partido para condenar a un rival a Segunda División. Lo dijimos hace tiempo y seguimos manteniendo la misma idea: el fútbol -con los periodistas incluidos- está repitiendo los mismos males que el ciclismo cometió -con los periodistas dentro- al hablar del dopaje. Es decir, cada vez que hay una fuga de información, se dice que no hay que exagerar, que es un caso aislado, que ha pasado tiempo, que ahora hay medidas buenas… La realidad es que el ciclismo ha necesitado de un cambio radical, como el pasaporte biológico, y muchos años de castigos severos para que cambie la mentalidad del pelotón. En el fútbol ni hay medidas antifraude claras ni se está castigando a nadie. Y eso lo único que garantiza es que el próximo verano, cuando haya que jugarse el descenso a 2ª División… vamos a tener de nuevo equipos que son comprados y equipos que compran, porque el mensaje que hasta ahora están viendo los futbolistas es que si todos callan y se mantienen firmes en su silencio -la famosa omertá- nunca pasa nada. Y así nos luce el pelo.

 

 

La UCI y el silencio sobre los equipos WorldTour y profesionales: ¿quiénes van a la Comisión de Licencias?

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El viernes por la tarde ha sido históricamente el día y la hora más utilizados por la Unión Ciclista Internacional para dar malas noticias. Solían remitir un informe y/o noticia un segundo antes de marcharse para todo el fin de semana y así se ahorraban los disgustos de atender la lista de damnificados por sus decisiones. Pero esta táctica -salvo que dentro de un rato se repita, puesto que escribimos un viernes a las 17:28h- ha cambiado. Ahora estamos en una fase sin información. Veamos los datos:

-Los equipos debían presentar toda la documentación el 20 de octubre. Los auditores la revisaban y el día 1 de noviembre debían hacer un informe señalando si el equipo es aceptado o no. Finalmente, el informe solía retrasarse al día 2, 3 o 4 de noviembre, algo lógico puesto que son muchos los equipos que deben ser estudiados. Y la UCI remite una carta informativa diciéndote si has sido aceptado o enviado a la Comisión de Licencias. Todo ese proceso, en principio, debe ser dado por finiquitado.

El equipo Caja Rural-Seguros RGA fue el primero de los profesionales en decir públicamente que había sido aceptado, que tenía el informe del auditor y la carta de la UCI. Hoy, varios días después, el equipo Bora (antiguo NetApp) también lo ha dicho. Pero no sabemos nada o casi nada de muchos otros equipos. ¿Qué está pasando? La lógica marca que debe haber más de uno y de dos en la Comisión de Licencias, que son comos los exámenes de recuperación después de suspender en alguno de los apartados habituales. Pero… ¿por qué la UCI no informa de ello?

Periodísticamente hablando resulta muy negativo que la UCI no nos cuente nada de lo que está ocurriendo. Tenemos derecho a la información. Pero también es cierto que la publicación de qué equipos van a la Comisión de Licencias sólo ha servido en los últimos años para crear una riada de informaciones inconexas y sin sentido alguno sobre el futuro de los diferentes equipos.

Cada vez que la UCI ha dicho que uno, dos o tres equipos debían arreglar sus problemas éticos, económicos o administrativos en la Comisión de Licencias, la prensa ha titulado que esos equipos iban a desaparecer (cosa que luego nunca ha sido cierta) y/o que la UCI se los quería cargar (cosa que tampoco es cierta). Además, tampoco se ha acabado de entender que la Comisión de Licencias es un órgano totalmente independiente de la UCI.

Por esas múltiples confusiones, tal vez en esta ocasión se está guardando un silencio hasta ahora nunca conocido. Lo que está claro es que todo el mundo -Comisión de Licencias, equipos y la propia UCI- están pudiendo trabajar con menos ruido que el habitual.

El caso de Monago y las anécdotas

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El caso de José María Monago vuelve a demostrar la situación de absoluta miopía en la que vivimos en este país, por lo que al control de las instituciones se refiere. Se ha sabido -muchos años después- que el presidente extremeño realizó más de una treintena de viajes a las Islas Canarias cuando era senador, todos ellos viajes profesionales según Monago dijo un día y todos ellos viajes que el propio Monago iba a pagar de su bolsillo, según rectificó al día siguiente. Pero lo importante no es el caso de Monago y si debe dimitir -que sí- o no. Lo importante es que volvemos a cometer los mismos errores de siempre: un dedo señala a la luna y todos miramos el dedo.

monago-670xXx80-1El caso Monago lo que demuestra es que sus señorías pueden realizar más de 30 viajes sin que nadie supervise nada. El caso Monago lo que demuestra es que ningún partido está muy tranquilo con el tema de los viajes, porque todos piden la dimisión de Monago, pero yo estoy esperando a ver a uno solo que pida lo que cualquier persona de sentido común debe pedir: una auditoría externa de los viajes de todos los diputados y senadores durante los últimos cinco años. Y, por supuesto, un control externo férreo para cualquier viaje que a partir de ahora se quiera hacer. ¿Por qué nadie pide esa auditoría? Pues sencillamente porque son muchos los que saben que 32 viajes no han hecho, pero que alguno han mezclado en el camino del todo gratis.

Lo sencillo se convierte muchas veces en imposible. Y lo sencillo es controlar los viajes de sus señorías con una simple línea en la que el señor que viaja indique con quién, dónde y para qué se ha reunido. Con esa sencilla justificación publicada en una página web, los políticos demostrarían transparencia y aportarían un dato fácilmente desmontable. La historia de los viajes recuerda a la de las llamadas telefónicas en algunas instituciones. Mucha gente llamaba a diestro y siniestro sabiendo que era gratis total. Un día empezaron a publicar la factura de cada uno en el tablón de anuncios. A partir de ahí, frenazo en seco para que no me saquen los colores. Es tan fácil cuando hay voluntad… El problema es que no hay voluntad.

PD: Hace unos minutos veo con agrado que Eduardo Sotillos, del PSOE, escribe en El Mundo y pide esa misma auditoría sobre los viajes. Ojalá haya más voces como la suya. ¡Auditoría ya!

Análisis literario: El sentido de un final, de Julian Barnes

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Mi relación personal con Julian BARNES es cuanto menos… curiosa. Hace apenas un mes, en una librería, encontré EL SENTIDO DE UN FINAL. Llevaba muchos años sin acercarme a ninguna obra de este autor inglés. Y caí en la tentación de comprar la novela. Este título venía avalado por un prestigioso premio al que Barnes había aspirado durante años y que nunca había logrado: el Booker. Pero más allá de distinciones literarias, lo importante es que se trataba de una novela de Barnes.

Al llegar a casa hice la prueba de comprobar cuántas obras hay de este escritor en las estanterías. Sorprendentemente, aparecieron cuatro más:  Antes de conocernos, Hablando del asunto, Una historia del mundo en diez capítulos y medio (muy recomendable si uno quiere reír, aunque advertimos que no es un libro muy tradicional) y Al otro lado del canal. No recordaba que fueran tantas, pero tampoco me sorprendió en exceso. ¿Y qué significa todo esto? Algo muy sencillo de explicar y todavía más sencillo de comprender: ningún libro de Julian Barnes cambiará tu vida, pero todos dejarán una sonrisa en tu rostro y un buen número de dudas en tu cabeza. Y eso hará que cuando vuelvas a ver un libro suyo en una estanterías, caigas en la tentación de comprarlo.

El-sentido-de-un-finalEso ha vuelto a ocurrir con El Sentido de un final. Barnes tiene varios temas recurrentes en sus novelas. Uno de ellos es el amor, aunque siempre trufado por las infidelidades y la incapacidad del ser humano para no mentir a su pareja. En ese apartado suele citarse la infidelidad que el propio Barnes sufrió por parte de su mujer y agente literario, algo que no impidió su posterior reconciliación. El otro es la muerte, un tema que siempre ha obsesionado al escritor británico. En El sentido de un final habla de ambos y habla, sobre todo, de la soledad y el paso del tiempo.

julian barnesLa historia está contada en primera persona. El protagonista se llama Tony Webster y nos relata cómo su pandilla de amigos conoció en el instituto a Adrian, un chico introvertido, maduro y con un ingenio muy superior a la media. Webster nos explica cómo y por qué esos amigos acabaron separando sus pasos al llegar a la vida adulta. El protagonista se casa y se divorcia. Y un día descubre que la madre de su primera novia le ha dejado en el testamento 500 libras y los diarios de su amigo Adrian. Webster solicita a su antigua novia que le dé los diarios y ésta no responde, lo que obliga al protagonista a repasar toda su vida y hacer un auténtico análisis de concienza.

A partir de esa base, Julian Barnes hace lucir todo su ingenio para tejer una trama cada vez más misteriosa. Evidentemente no es una novela negra, pero acaba convirtiéndose en una novela de misterio, el misterio de un final. Pero también es una novela con una carga profunda de decepción ante el paso de la vida y, sobre todo, es una obra inteligente que provoca pensamientos y sentimientos. ¿Qué más se puede pedir a la literatura? Como siempre, Barnes no defrauda.

Libros de autoayuda: Las gafas de la felicidad

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Tal vez leer un libro de autoayuda cuando uno pasa por un momento plácido de la vida no debe ser la mejor de las elecciones posibles. O tal vez sí, nunca se sabe. Lo cierto es que el último libro que ha pasado por mis manos lleva por título “Las gafas de la felicidad”. Su autor se llama Rafael Santandreu y se ha hecho famoso, entre otras cosas, por sus múltiples apariciones televisivas, especialmente en el programa Para todos la 2, de TVE.

SANTANDREURafael Santandreu es un psicólogo radical. Y siguiendo con el tal vez habría que añadir que muy posiblemente el adjetivo de radical es algo que a él le gustaría ver junto a su nombre. Sólo así se pueden entender algunos de los planteamientos de su libro, una obra muy centrada en la psicología cognitiva. Pero vamos a bajar al terreno de la realidad: ¿cuál es la tesis de Santandreu? Muy sencillo: no hay ni un solo problema en la vida que merezca que vivas amargado. Para defender esa tesis, Santandreu echa mano de ejemplos clásicos y de otros muy actuales, donde personas que apenas pueden mover los ojos y que tienen todo su cuerpo paralizado son ejemplos de felicidad. Para el psicólogo, teniendo comida y bebida, son muy pocas más las necesidades por las que un ser humano debe entristecerse.

lasgafas-3d-1En su libro, relata cómo y por qué él nunca da el pésame en un entierro. Santandreu prefiere decirle a los familiares que hay que animarse y empezar a vivir lo antes posible porque el tiempo se nos escapa demasiado rápidamente. Es un ejemplo duro de su filosofía personal y de cómo muchas veces no es comprendida por el otro. Pero hay ejemplos mucho menos radicales en los que el sentido común de Santandreu es pasmoso. Y, entre otras cosas, comenta algo que parece obvio pero que en este país se olvidó durante años: no te crees necesidades fuera de tu alcance porque tu vida se puede caer como un castillo de naipes.

Para el que necesite un libro de autoayuda, Santandreu puede ser una buena opción, aunque sinceramente y desde un punto de vista personal me gustó muchísimo más el libro “La inutilidad del sufrimiento”, escrito por María Jesús Alava Reyes. El punto de partida es el mismo y el punto final también lo es. Pero en el camino Santandreu es mucho más directo y eso, en ocasiones, es duro de asimilar, aunque tal vez -y es el último del día- puede ser incluso más eficaz.