Los equipos se vengan en la París-Niza de la tiranía del Tour de Francia

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El equipo Sky ha sido el último en demostrar su desprecio hacia el organizador del Tour de Francia. Y lo ha hecho borrando a última hora al líder del equipo, Richie Porte, de la París-Niza, competición que también organiza la empresa ASO.

Para los que no conozcan la jugada, la explicamos paso a paso: Chris Froome, actual vencedor del Tour, se pone enfermo y no puede tomar la salida en la Tirreno-Adriático, la otra prueba del WorldTour que coincide con París-Niza. Y, de repente, Sky decide que Richie Porte no viaje a Francia sino a Italia. Porte, teórico dorsal número 1 por su condición de ganador de la París-Niza de 2013, anuncia a falta de poco más de dos días que no sale en la carrera gala y pasa a ser el líder del Sky en Italia. La empresa ASO, con toda la razón del mundo, ha atacado a los británicos, pero estos no cambian de parecer. Adiós a Francia. Está claro cuál es su jerarquía: primero la Tirreno. Y segundo, la París-Niza.

Se dice que esta decisión de Sky -y otras muchas similares de otros tantos equipos que llevan sus líderes a Italia y no a Francia- tiene que ver con el recorrido atípico de la París-Niza, un trazado sin contrarreloj ni finales en alto muy exigentes, un recorrido por tanto muy abierto. ¡Eso es una tontería! Veamos los datos: la misma actitud de los equipos WorldTour -o mejor dicho, de parte de ellos- se dio en 2013 y entonces no se hablaba tanto de los recorridos de París-Niza y de Tirreno-Adriático. Sólo hay que mirar la lista de inscritos en Tirreno y París-Niza de 2013. Ese año ya había empezado el boicot silencioso. La verdad es otra, aunque no se haga pública.

La realidad de esta historia es que son muchos los equipos cansados de ASO. La empresa francesa genera 100 millones de euros en derechos de televisión del Tour de Francia y paga 1 millón a los equipos (50.000 euros por equipo). Los equipos cada vez tienen más problemas para cerrar sus presupuestos y quieren otro reparto de esos derechos televisivos, pero ASO no está dispuesta a negociar.

CICLISMO-FLOWIZM2Es evidente que ningún equipo se atreve a dar el paso adelante y boicotear al Tour de Francia. No salir en la carrera francesa del mes de julio significaría la propia muerte del proyecto, puesto que perdería más de la mitad del retorno publicitario del equipo. Así que aprovechan para ayudar y potenciar las carreras de RCS, que al menos sí ha prometido subir esos 50.000 euros que paga el Giro (en 2013 los italianos ofrecieron pagar 100.000 y negociar la cesión de una parte de los ingresos que se puedan conseguir por fórmulas nuevas como derechos televisivos de internet o aplicaciones para móviles).

Al final, todo es sencillo de entender. Un bloque importante de equipos ha decidido pegarle a ASO en la París-Niza la “patada en el culo” que no pueden darle en el Tour de Francia. Esa es la realidad, aunque nadie la vaya a explicar públicamente. Todo lo demás -recorridos atípicos, luna llena, influencia de la crisis de Crimea y excusas similares…- son sólo ruido o silencio. ¡No se dejen engañar!

El futuro del baloncesto, ¿una Liga Europea?

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El baloncesto español tiene un producto que funciona muy bien, la Copa del Rey, y otro que no engancha al aficionado medio: la liga ACB. Son muchos los medios de comunicación -especialmente el diario As- empeñados en discutir una y otra vez la reforma de la ACB. Piden cambios y entre otras cosas apuntan a que la única solución pasa por la eliminación de los Play-Off. Es decir, quitar las eliminatorias y jugar como en el fútbol una liga en la que cuenten los partidos con todos los rivales y gane el que más puntos consiga al final de esa liga regular. En el fondo, lo que pasa una vez más es que los árboles no nos dejan ver el bosque. En el fondo, lo que no nos atrevemos a decir es que la ACB ya no tiene sentido.

Veamos, la liga española ya sólo cuenta con 18 equipos. Y hemos visto recientemente como no hay equipos en la “segunda división” que tengan el mínimo potencial económico necesario para subir. Resulta ridículo ver en la ACB proyectos sin cabeza como el del Valladolid (2 victorias y 19 derrotas), que llegó al inicio de la temporada sin haber podido ni entrenar y sin tener la plantilla casi ni cerrada. La realidad es obvia: sobran muchos de esos equipos en una presunta liga de elite. Y sólo hay que ver como el Real Madrid lleva ya 19 victorias consecutivas. Y tampoco sería de extrañar que a poco que apretaran los dientes, los de Pablo Laso pudieran acabar todda la liga regular sin sumar una sola derrota. ¿Es eso atractivo para las televisiones? Sinceramente, no lo es.

El futuro del baloncesto pasa por una liga Europea que se juegue los fines de semana. Pero ese es un salto arriesgado para cualquier deporte y ya sabemos que los máximos dirigentes de los deportes profesionales no brillan por su audacia. Es cierto que son muchos los que pueden pensar que ese mismo sistema podría aplicarse en el fútbol. Pero lo cierto es que equipos como Osasuna o Levante demuestran que teniendo presupuestos ridículos son capaces de vapulear -o al menos hacérselo pasar muy mal- a Real Madrid, FC Barcelona o Atlético Madrid. En ese sentido, la estadística es clara: equipos modestos como Osasuna o Levante serán siempre mucho más duros de pelar que campeones nacionales de Turquía, Grecia, Holanda, Bélgica…

Rusia, Ucrania y la hipocresía de la política exterior

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Dice el tópico que si debes 20.000 euros, tienes un problema. En cambio, si debes 20 millones de euros es el banco el que tiene un problema. Y si en realidad debes 2.000 millones de euros, el gobierno de tu país tiene el problema. Exactamente lo mismo es lo que ocurre en la política exterior mundial. Si eres un líder con petróleo en tus entrañas y decides atacar a un vecino con más petróleo todavía en su subsuelo, vas a tener un problema. Si eres un país con armamento nuclear y decides atacar a un vecino, los demás tendrán problemas. Sólo basta con echar un vistazo a lo que ocurre en Ucrania.

UCRANIAEl mundo en general se divide entre las personas que consideran que la ética debe gestionar el día a día del planeta y las que consideran que el fin justifica los medios. Curiosamente, no hay ni un solo gobernante internacional que en política exterior aplique la primera tendencia. Y si no… vamos a los casos prácticos:

-Juegos Olímpicos de Pekín: todos los países participan y nadie comenta nada sobre las violaciones constantes de los derechos humanos de China. ¿Por qué? Hillary Clinton lo explicó muy bien: no es fácil discutir con tu banquero.  Y es que China, con su compra de dólares (y euros), ha sabido ganarse las simpatías de las democracias occidentales.

-La actual crisis de Crimea y/o Ucrania. Rusia está actuando al límite de la legalidad en una escalada de tensión que podría llevarnos a una guerra. Pero… ¿para qué vamos a ir a la guerra? Rusia sólo tiene el objetivo de mantener una salida al mar y guardar su orgullo de vieja potencia multinacional. Ucrania sólo tiene el objetivo de que Rusia y la Unión Europea sigan prestándole dinero y dejándole robar una parte del gas que viaja desde Rusia hasta el corazón de Europa. Y al mismo tiempo proteger su orgullo de país independiente. Europa sólo quiere tener gas barato y no tiene ni armas ni dinero para discutir en este asunto. ¿Y Estados Unidos? Ellos ni siquiera necesitan ese gas. Con el fracking han puesto fin al problema energético, al menos en el corto plazo.

A partir de ahí, ¿cómo acabará el conflicto? Nadie lo puede predecir con seguridad. Lo único claro es que ninguno tiene interés alguno en la ética y la justicia… Y es que la política exterior consiste en poner un parche sobre otro. Y Ucrania es uno de los más grandes parches de la historia de Europa. Sólo así puede explicarse que vivamos una crisis como la que estamos experimentando en un país que en su origen era la cuna de Rusia, cuyas fronteras no se parecen en nada a las originales, puesto que fueron empujadas hacia el oeste muchas decenas de kilómetros… En fin, lo dicen siempre los rusos: niños pequeños, problemas pequeños; niños grandes, problemas grandes. ¡Y Ucrania no es pequeño, precisamente! Así que por mucho que querramos protestar, toca esperar a la imposición de la realpolitik. Así funciona la política internacional y así la describió Maquiavelo hace muchos años.