La lista de equipos WorldTour y profesionales de la UCI

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VALVERDE

La Unión Ciclista Internacional publicó ayer un listado de equipos. Y a partir de ahí, lo de siempre: especulaciones y críticas ácidas contra la Unión Ciclista Internacional. ¿Por qué? La verdad es que resulta muy difícil de explicar, pero parece ser que existe una ley no escrita en nuestro deporte: si usted no entiende algo, no pregunte y no intente aprender. Es más fácil insultar a los responsables de la UCI. Por eso mismo y por enésima vez, intentaré defender a los jefes de la federación internacional. A estas alturas y después de tantas defensas, creo que ya me empiezo a ganarme un apartamento en Aigle. Pero luego pienso en el clima allí y sinceramente no iría a recoger el premio (modo irónico).

Dejando a un lado las bromas, vamos a explicar con claridad lo sucedido: la UCI publicó que son 17 los equipos que han dicho y  demostrado que quieren ser WorldTour. Y que son 20 los equipos que han dicho y demostrado que quieren ser profesionales. Para aparecer en esa lista, la UCI no solicita más que dos garantías básicas: el aval bancario y los contratos de patrocinio. Es decir, ¡la pasta! Pero atención:

-Salir en esa lista no significa que tu equipo vaya a ser aceptado. Tienes que completar toda la inscripción, con la presentación de un presupuesto equilibrado, de contratos legales con todos los ciclistas, de seguros en regla…

-No salir en esa lista no significa que tu equipo haya quedado fuera. Tienes todavía hasta el 31 de octubre para seguir presentando documentación y demostrar que mereces estar en las carreteras.

Entonces… ¿para qué saca la UCI esa lista? Muy sencillo aunque nadie se pare nunca a pensarlo: esa lista es publicada porque la UCI considera que los ciclistas tienen el derecho a saber si sus equipos han presentado un aval bancario y un contrato de patrocinio que más o menos pueda garantizar la viabilidad económica. Por ejemplo, todos los ciclistas del Team Colombia, Active Jet, One Pro Cycling o Drapac saben desde ayer… que se pueden marchar a otro equipo incluso aunque tengan contratos firmados para 2016. Y pueden hacerlo sin pagar ningún tipo de indemnización. Los contratos son ahora mismo papel mojado hasta que los equipos no garanticen esa estabilidad económica solicitada por la UCI y por Ernst&Young.

Muchos entonces dirán: ahora es tarde. Deberían hacerlo un mes antes. Pero si se exigieran los avales y los contratos de patrocinio el 1 de septiembre (pensando que delante tenemos un mes inhábil como agosto), los equipos tendrían problemas muy serios para conseguir la documentación. Por eso la UCI ha considerado, con buen criterio, que el 1 de octubre es una fecha límite para que el ciclista conozca la trastienda de su proyecto. Los 4 equipos que no han pasado el corte pueden presentar la documentación y pasarlo. Pero es una fórmula de protección del corredor. Ellos tienen la posibilidad -no la obligación- de cambiar de equipo.

Otra de las críticas que se suele hacer es que la UCI no da ninguna información del proceso de inscripción. Pero lo cierto es que esto se trata de un proceso económico, legal y administrativo entre un equipo y la UCI, con los auditores de Ernst&Young de por medio. No es lógico que la UCI entre a explicar los detalles de si un equipo ha fallado en la presentación del aval o en la presentaciónde los seguros. Son los equipos, según su política comunicativa, los que pueden y deben explicar lo que está ocurriendo, puesto que son ellos los perjudicados. Sinceramente, en los últimos años he completado la inscripción de casi 20 equipos… y siempre me he sentido muy justamente tratado por la UCI y por Ernst&Young, incluso a pesar de que en una ocasión fue necesario acudir a la justicia ordinaria de Suiza para tumbar el planteamiento de la UCI. La realidad es que el proceso funciona bien y es algo de lo que deberían aprender muchos otros deportes, donde se permite que comiencen la temporada equipos sin ningún tipo de garantía de pago a los deportistas. Aquí hemos tenido equipos que no acaban el año por las deudas… pero son excepciones contadas mientras que en otros deportes son una constante demasiado frecuente. Para algo bueno que hacemos… vamos a aplaudirlo.

En la hora del adiós a Henning Mankell

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Henning-Mankell

Por problemas laborales no he podido escribir antes pero era un tema pendiente y juntar unas cuantas líneas sobre el maestro Henning Mankell no puede dejar de ser una obligación para todos los que al menos una vez en la vida hemos abierto uno de sus libros, puesto que leer su obra y convertirse en un admirador del escritor sueco son un gesto y una actitud que van irremediablemente unidos.

Mankell, ahora tristemente fallecido tras una larga y dolorosa enfermedad a la que nunca dejó de mirar a los ojos, no es sólo un escritor de novela negra. Es, en realidad, el GRAN ESCRITOR DE NOVELA NEGRA. Pocos escritos nórdicos habían triunfado antes de su éxito. Pero muchos aparecieron en las librerías a raíz del reconocimiento mundial a la prosa de Mankell. El fue el verdadero artífice del éxito de la novela negra de Suecia, Noruega…, una fiebre que tuvo su punto álgido con los libros de Sieg Larsson, quien tal vez haya vendido más ejemplares, pero en ningún caso ha alcanzado la calidad literaria de Mankell.

Todavía recuerdo la persona que me recomendó que leyera por primera vez a Mankell. Fue María Rodríguez, en una de esas interminables noches en META 2MIL en las que pasaban las horas pero no las páginas. Y empecé por uno de los libros de mitad de la serie: La Quinta Mujer. Es posiblemente la mejor de todas las novelas. Esa fue mi gran suerte. Desde ese mismo día supe que estaba enganchado a la magia de un Wallender que escribió mucho y muy variado, pero que pasará a la historia por ser el creador del policía Kurt Wallander, un tipo imperfecto, divorciado, infeliz, contradictorio… Un buen espejo al que asomarse para ver la crisis de una sociedad que pensó que el estado del Bienestar no iba a acabar nunca y que ha terminado chocando de bruces con una multiculturalidad a la que no están demasiado acostumbrados.

En sus libros, Mankell te saca a pasear por las repúblicas Bálticas y la caída del comunismo o por Sudáfrica. Pero la base de sus historias se concentra en Malmo y en Ystad. Y todo gira alrededor de un Wallander que, sin duda alguna, merece un hueco en la historia de la literatura al mismo nivel que Holmes o Poirot. Y no, no hay ninguna exageración en el comentario.

De todas formas, si no le convence mi argumento, ahí va el reto: lea alguna de las novelas de Mankell sobre Wallander. Y ya puestos, comience por la primera: Asesinos sin rostro. Eso sí, cuando se haya convertido en un Mankell-adicto, no podrá decir que no le hemos avisado. Pero es que, cuestiones políticas al margen, Mankell es y ha sido un referente mundial y uno de esos pocos hombres que partiendo de la obra de género -novela negra- ha llegado a la descripción más perfecta del sentido de la literatura: entrener y obligar al lector a que piense. Esa es la mejor de las frases que se puede decir sobre Mankell. Y no es poco dentro del mundo plano en el que vivimos.

La última confidencia del escritor Hugo Mendoza, decepción del año

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Hoy toca hablar de otra novela: La última confidencia del escritor Hugo Mendoza. El libro ha sido escrito por un valenciano, Joaquín Camps, y es su primera obra publicada. Planeta ha apoyado la difusión de esta opera prima y las críticas que se pueden leer en internet hablan todas de una gran novela, con intriga desde la primera hasta la última página, con una trama bien enlazada, con personajes perfectamente definidos… Sinceramente, no estoy de acuerdo con ninguna de esas valoraciones.

Al libro, para empezar, le sobran más de 300 páginas. La novela es de 900 y muchas de las tramas son tan secundarias que realmente no aportan nada al hilo conductor. Además, hay una ruptura constante del principio de verosimilitud: si al protagonista le roban la cartera en Madrid (un niño rumano) y dos rumanos están a punto de matarle 400 páginas después y en la ciudad de Valencia, no te preocupes demasiado porque los rumanos serán familia entre ellos y lo descubrirán en el último segundo devolviéndose supuestos favores y salvando la vida del guapo del libro. Detalles así son absolutamente forzados. Podría haberlo empleado en una única ocasión para salir del paso, pero es que es constante esa utilización de la casualidad más rebuscada en la vida de un protagonista al que en unos cuantos días están a punto de matar un millón de veces… ¿Verosímil? ¡En absoluto!

Luego hay personajes que realmente son una parodia de la parodia. En ese sentido hay que destacar a Pam (Paloma), que vive en un convento pero no es monja, que es profesora de matemáticas pero a la vez alumna en la Universidad y que habla haciendo constantes chistes hasta resultar cargante para el lector medio. Y con un grado de expresiones soeces impropio de cualquier persona del planeta Tierra. Eso por no hablar de una monja que le acompaña y que es el cerebrito informático de la historia, algo que resulta igualmente inverosímil.

De todos estos detalles se puede deducir que el libro ha resultado toda una decepción. Pero… ¿de verdad es todo malo? No, más bien al contrario. La idea original es muy buena: un escritor fallece en el mar, su viuda recibe todos los años un nuevo libro de ese escritor y quiere saber si está vivo o no. Y encarga la investigación a un profesor universitario que se ha especializado en la obra de Hugo Mendoza. En ese sentido cabe destacar que las primeras páginas tienen una gran capacidad de atracción o, dicho de un modo más sencillo, están muy bien pensadas y escritas. Por eso mismo duele más que una buena idea y un buen comienzo vayan perdiendo fuerza a lo largo de las 900 páginas.

Lo mejor de todo es que cuando un servidor hace una crítica tan negativa de un libro tengo la humildad necesaria para decir que son muchísimas más las críticas positivas que se pueden leer sobre La última confidencia del escritor Hugo Mendoza. Por eso mismo a nadie le diré que jamás compré ese libro y que no lo lea. Eso es una decición muy personal. Lo mejor es comprarrlo, leerlo y comprobar si su gusto se acerca al mío o al de la inmensa mayoría de los críticos. En este caso, ya sabe: compre, lea y decida si le ha gustado o no.

¡Melisande! ¿Qué son los sueños?, una novela diferente

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Hoy miramos de nuevo hacia los libros: ¡Melisande! ¿Qué son los sueños? Dejando a un lado el peculiar título de la novela, francamente mejorable, hay que empezar diciendo que se trata de una novela de amor, un triángulo especial formado por dos chicos, Hoo y Ricky, y una chica, Mellie. Los tres se conocen en el instituto y a partir de ahí cruzan y entrecruzan sus vidas en más de una ocasión. La novela es una larga y dulce carta de amor de Hoo a Mellie, relato en el que vamos conociendo las traiciones que se produjeron y se producen a lo largo de sus vidas, traiciones sentimentales, pero también intelectuales. En ese sentido, cabe indicar que el autor consigue hablarnos de personas reales y de conflictos verosímiles. Hay poco lugar al tópico… y mucho al personaje de carne y hueso, con debilidades muy humanas.

En algunos sentidos recuerda otra novela de la que ya hemos hablado en este mismo blog: Canciones de amor a quemarropa. En este libro, ¡Melisande! ¿Qué son los sueños?, no tenemos tantos cambios de narrador pero sí una estructura fragmentada, muy típica de lo que estamos leyendo: una carta donde se apiñan los recuerdos de Hoo y su devoción por Mellie. En definitiva, libro “sensible” y buena novela para el que disfrute leyendo novelas de amor.

Operación Impensable… o no tanto

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Hoy vamos con otro libro, aunque no se trate de una novela negra. Tampoco es una novela. En realidad, es un libro de historia escrito por Jonathan Walker. Este historiador desvela los planes -casi tal vez es más correcto hablar de esbozo- solicitados por Winston Churchill para atacar a la URSS justo tras derrotar a la Alemania Nazi, unos planes denominados oficialmente Operación Impensable. Es decir, el primer ministro británico se llegó a plantear en serio e incluso solicitó planes militares para que la 3ª Guerra Mundial comenzase justo después de finalizar la 2ª Guerra Mundial.

En esos planes, Churchill tuvo un gran enemigo: Estados Unidos. Nadie en América veía con buenos ojos la posibilidad de comenzar una nueva guerra mundial. Los americanos no se sentían ligados al futuro de países como Polonia. Y es que gran parte de lo sucedido en los últimos meses de la 2ª Guerra Mundial es un reparto de países y zonas de influencia como si fueran cromos de fútbol. Churchill logró que Grecia quedase fuera de la influencia soviética, pero a cambio sacrificó Polonia, algo que jamás terminó de superar. Y es que no hay que olvidar que Polonia aportó 250.000 soldados a la 2ª Guerra Mundial y que muchísimos fueron los polacos que se sintieron traicionados por todo lo que ocurrió detrás del tablero militar.

Si Churchill no encontró el apoyo necesario en Estados Unidos, tampoco debe olvidarse cuál fue el segundo punto por el que esta Operación Impensable nunca cambió de nombre y pasó a ser Operación Pensable e incluso Operación Realizable: la abrumadora superioridad militar de los soviéticos en territorio europeo, con una proporción de 4 a 1 en soldados. Los militares británicos incluso llegaron a pensar si podrían utilizar a soldados (y armas) alemanes contra la URSS para intentar compensar el desequilibrio. Pero pronto vieron que la opinión pública no iba a aceptar un cambio de posición tan rápido y radical: ¿un día estamos matando nazis porque son el demonio y al día siguiente los empleamos como fuerza de choque contra nuestro ex aliado, la URSS?

Esa superioridad quedó desbaratada con el “nacimiento” de la bomba atómica, pero en 1945 se podían fabricar con cuentagotas y nadie tenía muy claro su uso. Es más, los militares americanos proponían lanzarla sobre el frente y aprovechar la descoordinación del enemigo para meter los tanques y tropas de su ejército por eso lugar -lo que habría exterminado a todos por culpa de una radiación que a esas alturas no era conocida ni asumida.

El libro, por tanto, es más que interesante para cualquiera que desee profundizar un poco más en el final de la 2ª Guerra Mundial y en la situación vivida por Polonia, el país que más sufrió la contienda (y la post-guerra). Y, como suele ser habitual, nos deja muchas dudas para la historia paralela: ¿qué hubiera ocurrido si se hubiera iniciado esa 3ª Guerra Mundial? ¿Hubiera sido mejor o peor para la historia de la humanidad? De todos modos, no hay que olvidar que la 3ª Guerra Mundial acabó llegando, aunque transformada en Guerra Fría y sin enfrentamientos directos sino con muchos y muy diferentes enfrentamientos (Corea, crisis de los misiles en Cuba…) militares, pero también económicos e incluso deportivos.

Música para feos, un gran libro de Lorenzo Silva

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Decir Lorenzo Silva significa hablar de uno de los tres grandes referentes de la novela negra española de las últimas dos décadas. Las historias de los guardias civiles Bevilacqua (Vila) y Chamorro forman parte ya de lo mejorcito de la literatura española. Pero su autor, Lorenzo Silva, ha querido ir un paso más allá, dejar a un lado la investigación policial y el análisis social para pasarse a una novela mucho más íntima, a una novela de amor: Música para feos.

MUSICA PARA FEOSLo primero que hay que decir es que trata de un gran libro. Después de tantos años escribiendo novelas negras, es lógico que Lorenzo Silva haya dudado a la hora de cambiar de personajes y sobre todo de ritmo y tono. Pero el gran escritor es capaz de escribir novelas negras como crónicas de béisbol. Todo es cuestión de documentarse y de talento. Y Lorenzo Silva se ha sabido documentar y es indudable que tiene un talento privilegiado.

La conclusión es obvia: libro muy recomendable. Pero con una advertencia seria: no lean ningún resumen ni crítica literaria… ¡No! Como suele ocurrir en estos casos, te destripan al novena por ciento de tu historia por… su ineptitud. Nosotros no lo haremos. Nos limitaremos a decir que la historia es la relación de dos personajes que se cruzan en mitad de la noche y que no quieren desvelar (sobre todo él) todos los secretos que encierran. Por eso mismo no tiene sentido alguno que empiecen a leer sabiendo lo que debería ser un enigma hasta la parte final del libro. Y por eso deberían ser fusilados al amanecer todos los que hacen sus críticas literarias ejerciendo de “bocachanclas”. Y más cuando hablamos de recomendar a un escritor que no necesita de promociones, puesto que su propio nombre y trayectoria es todo un aval.

Canciones de amor a quemarropa o la dificultad de la nostalgia

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El libro del que hoy hablaré -o mejor dicho, escribiré- es Canciones de amor a quemarropa, de Nickolas Butler. La novela está centrada en la historia de cuatro amigos, Henry, Lee, Kip y Ronny, que crecieron juntos en el mismo pueblo de Wisconsin, Little Wing. Cada uno emprendió un camino muy diferente: Henry se quedó en el pueblo y se casó con su primera novia. Ronny se convirtió en un famoso cowboy de rodeo aunque la vida ya no haya vuelto a sonreírle. Kip buscó fortuna en la bolsa mientras que Lee es una estrella de rock de fama mundial, un éxito surgido tras publicar su disco, Canciones de amor a quemarropa.

La historia va cambiando los puntos de vista. Está escrita en primera persona pero necesitas siempre varios párrafos antes de entender quién es el que habla en cada capítulo. En la novela se habla, sobre todo, de la nostalgia de los hombres -y las mujeres- que empiezan a ver cerca la barrera de los 40 años y que recuerdan con sensación de añoranza su adolescencia, la felicidad que ellos asocian a haber vivido en un pequeño pueblo y que no son capaces de encontrar en ninguna gran ciudad ni con ninguna mujer ni estilo de vida. Nada es tan pleno como lo que sintieron cuando vivían en Little Wing y no tenían ningún tipo de obligación.

A partir de ahí, la novela se abre a un debate interesante. Para algunos puede ser un ejercicio de cursilería. Para otros, puede ser una obra maestra. En principio, es una buena novela para el verano: sencilla de leer y entretenida en muchos de sus tramos, pero sin grandes ambicios literarias ni de forma ni de fondo. En muchos sentidos recuerda a la película Beatiful Girl, una de las primeras apariciones estelares de una por entonces jovencísima -tal vez mejor sería decir niña- Natalie Portman. Así que si te gustó aquella película, es más que probable que te guste esta novela.

Sumisión, del insumiso Houllebecq

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Para celebrar el cumpleaños hay pocas actividades que pueden propiciar tanto placer como leer libro. Tal vez escribir una reseña, sobre todo cuando se trata de una novela tan especial como Sumisión, libro del incalificable Michel Houllebecq. ¿Quién es Houllebecq?

HOULLEBECQComo fácilmente se puede apreciar en la foto, Houllebecq es, sobre todo, un hombre sin complejos. Este intelectual francés se ha hecho famoso por sus notables obras literarias y por su indiscutible liderazgo para provocar polémicas. La última no fue buscada, pero resultó realmente sonada, puesto que fue protagonista de la portada de Charlie Hebdo, justo antes de que un atentado terrorista asesinase a muchos de sus mejores miembros. Y todo ello en mitad de la campaña publicitaria de una novela en la que se habla -y mucho- del islam.

ultima-portada-Charlie-Hebdo-atentado_EDIIMA20150109_0446_5Dejemos ahora a un lado la anécdota y pasemos a lo importante: el libro. ¿Es bueno Sumisión? Sí, ¡BUENÍSIMO! Pero, ¿por qué? Intentaremos resumir lo más importante de la obra: un profesor de Universidad en Francia se ve envuelto en un mundo de decadencia personal y colectiva en el que Francia acaba polarizándose entre los partidiarios del Frente Nacional, la ultraderecha de Marine Le Pen, y Mohammed Ben Abbes, un moderado islamista que acaba entrando por los pelos en la segunda vuelta y que recibe finalmente el apoyo de socialistas y de la derecha republicana para acabar ganando las elecciones a la presidencia de Francia. Es decir, Francia pasa a ser gobernada por un partido islamista (hablamos del año 2020).

Sumisión, por tanto, es un libro en el que se mezclan personajes de verdad con otros de ficción. Y en la que vemos el proceso de decadencia y de sumisión de todos los personajes. Primero son las mujeres las que se someten a los hombres. Luego son los hombres los que se someten al Estado/Religión. Pero todos acaban sometiéndose al poder… desde la inconsistencia de seres que hace muchos años que dejaron de pensar que la lucha servía para algo. El misántropo de Houllebecq pocas veces ha conseguido tanta perfección en su visión pesimista del ser humo en su individualidad y en su colectividad. Lean la novela. Tal vez no les guste. Quizás pasen a odiar al autor. No pasa nada. Es normal entre la mayoría de sus lectores, puesto que Houllebecq parece empeñado en pisar uno tras otros a todos los colectivos del mundo: musulmanes, católicos, feministas, profesores universitarios, escritores, intelectuales, periodistas, políticos… Así que lo más seguro es que Houllebecq acabe también faltándole el respeto a usted, querido lector, e incluso es posible que lo haga en más de una ocasión. Pero todo vale la pena porque hay un punto garantizado: el libro le hará pensar. Y eso es mucho decir en estos tiempos.

SUMISION

Entrevista en Biciciclismo sobre Cuervos y palomas y el dopaje

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La prestigiosa web Biciciclismo.com publica hoy una entrevista que me realizaron y que tiene como contenido fundamental tanto mi novela Cuervos y Palomas como el dopaje en el deporte profesional y muy especialmente en el ciclismo. A continuación, os copio el contenido de la entrevista, con preguntas y respuestas.

cuervos-y-palomasEl periodista Jorge Quintana Ortí envuelve en una novela negra una obra de aroma ciclista en torno al deporte profesional y su rincón más oscuro, el dopaje. En “Cuervos y palomas”, el escritor valenciano lanza una mirada crítica al pasado pero a la vez su visión es optimista por la regeneración y la credibilidad de un ciclismo  que tanto le apasiona y que tan bien conoce por sus años de reconocido trabajo en el semanario Meta2Mil, los últimos como director.

Un relato del lado más tenebroso y opaco del deporte, en una investigación policial que llevan a cabo el inspector Marco Klein, quien fuera un destacado especialista en correr maratones, y la subinspectora Magda Ramírez, absolutamente ignorante del mundo del deporte de élite, dos protagonistas que ha parido Quintana y que quiere, tanto que les ve en una segunda aventura. El escritor valenciano revela a preguntas de BiciCiclismo las tripas de “Cuervos y palomas” y ofrece su visión del dopaje ayer y hoy porque no duda que el ciclismo se ha regenerado.

-¿Cómo y por qué surge la inquietud de escribir esta novela?
-En realidad he escrito toda mi vida, no solo como periodista, sobre todo cuentos.  Escribir una novela, sin embargo, es otra historia, un esfuerzo de fondo y para eso hace falta madurez, tranquilidad y tiempo, algo que con el periodismo es muy complicado. Te tienes que sumergir en un mundo que no es el tuyo, crear unos personajes, dotarles de una vida entera y eso trabajando día a día es muy complicado. Entonces, cuando surge el parón de Meta2Mil, me empiezo a plantear escribir una novela. En ningún momento me planteo escribir de dopaje, intento escribir de corrupción, pero veo que la historia no me sale. Así que estoy un año y pico con los personajes definidos pero no estoy contento con el resultado. Llego a escribir casi 200 páginas. Y al final las tiro. En el fondo sí que tenía el gusanillo de escribir de dopaje pero siempre te da un cierto reparo porque lo has vivido muy de cerca y también había dejado el periodismo hacía poco. Así que lo tenía muy cercano todo, me faltaba un poco de perspectiva. Después de un año y pico fracasando porque al final esta novela surge del fracaso, decido coger a los personajes  y meterlos en una historia que sí que domino, que es el deporte de élite y el dopaje. Y cambia por completo, empiezo a escribir la historia, sale todo fluido, en 15 días escribo 200 páginas, toda la base, y soy capaz de escribir durante 10-12 horas diarias porque es un tema en el que me siento cómodo.

-¿Qué parte de realidad tiene la novela?
-No oculto que cuando eres periodista hay muchas cosas que conoces y no puedes escribir la mayoría por el Código Penal. No puedes contarlas porque no tienes las pruebas o tienes solo una fuente y en esas circunstancias no debes contarlas tampoco. La novela es perfecta para llenar esos huecos y hacer una serie de reflexiones con la tranquilidad que no tienes con el periodismo. En un periódico, tienes tantas páginas, caracteres… y te tienes que ceñir al día a día. Así que la novela ha sido, como escribo en la dedicatoria, una manera de ajustar cuentas con un pasado en el que hay cosas que te han quedado en el tintero. Hay parte que está basada en la realidad pero no hay que olvidar que es una novela y que los personajes protagonistas no existen.

-¿Por qué el título “Cuervos y palomas”?
-Alude a dos cosas. Palomas son el nombre que se da en el argot a las personas que llevan los productos dopantes. Y Paloma es también el nombre de la jueza instructora, se da la doble coincidencia. Y los policías cuando conocen un poco el argot, que las palomas son los que ellos tienen que buscar y que la jueza instructora se llama Paloma, tienen la feliz idea de llamar a la operación policial Operación Cuervo. De ahí Cuervos y Palomas.

-En el ciclismo ha habido palomas.
-Sí, sí, evidentemente.

-¿Y hay palomas todavía?
-¿Ahora mismo? ¿Sinceramente? Es una de las reflexiones que contesto en el libro. Yo creo que el ciclismo como deporte ha hecho los deberes. ¿Lo han hecho todos? No, porque todavía hay positivos con EPO. Por tanto, decir que en el ciclismo todos sus artistas van limpios es chocar con la realidad. Ahora bien, decir que no ha habido un cambio cultural y generacional, también sería mentir. El ciclismo ha hecho los deberes, ¿ha acabado? No, pero por lo menos hay un propósito y una intención por cambiar. El ciclismo ha dado ese paso de examinarse y es un proceso doloroso, y espero que todos los deportes tomen nota.

-¿Está de acuerdo en que hay una nueva mentalidad, un ciclismo más limpio?
-Otra de las reflexiones del libro es que un chaval que tiene ahora 24-25 años y que entró con 20 en el ciclismo pues lleva cuatro temporadas con un pasaporte biológico, diciendo todos los días de su vida donde duerme y no ha conocido otra cosa. Y ha entrado en un ciclismo en el que yendo absolutamente limpio se pueden ganar carreras, cosa que antes no sucedía. Y ese es un cambio generacional, de mentalidad y cultural muy grande. ¿Van todos limpios? No, pero al menos cuando llegan a la máxima categoría se les han puesto los medios para que puedan ir limpios y ven que pueden ganar carreras. Antes no era así, no hay por qué ocultarlo. Es la realidad.

Y los que de verdad amamos el ciclismo tenemos que reconocer que durante años el dopaje fue generalizado. Si queremos callarnos, ocultarnos… no hacemos nada bueno. El proceso de cambio se ha llevado a cabo. Ahora a nadie se le ocurre que haya una red de dopaje organizada dentro de un equipo, por ejemplo… Hace unos años tuvimos el caso Festina, y a lo peor no sólo era Festina porque cuando se hicieron redadas en ese Tour hubo algún otro equipo. No era nada extraño. Y eso es lo que intento explicar en la novela: esa evolución, cómo hay un momento en el deporte que el que dopa es un masajista, luego entran los médicos, los médicos organizan el deporte de forma sistematizada dentro del equipo, y ahora hemos pasado a una fase en la que los médicos están contra el dopaje, al igual que los mánagers, los sponsors… Y cuando hay dopaje son casos aislados al margen de la estructura.

-¿Se cree los resultados del ciclismo actual?
-Yo en líneas generales me los creo.

-¿Hasta cuando hay que mirar atrás?
-Sinceramente, creo que a día de hoy no sirve de nada que digamos que en los años 90 paso esto o lo otro, o quitar del podio a alguien porque hace 14 años se sabe ahora que tomó EPO y borrarlo del palmarés. Tenemos que asumir lo que hubo en el pasado y lo que hay que hacer es trabajar en el futuro y de una forma coherente y sensata. Hacer controles a las 3 de la mañana…

-¿Qué le pareció el informe de la Comisión Independiente de Reforma del Ciclismo (CIRC) impulsado por la UCI?
-Que para ese viaje no hacían falta tantas alforjas. Para decirnos que existía un dopaje organizado y que a día de hoy hay, pero menos tampoco hacía falta gastarnos tres millones de euros y hacer entrevistas a tropecientas personas. El sentido común nos lo dice. A mí lo que me preocupa y en lo que debíamos haber gastado tres millones es en reunir a todos los médicos de todos los equipos, a todas las comisiones antidopaje de todos los países y en pensar en nuevas fórmulas en la lucha contra el dopaje; ahí es donde debemos invertir los tres millones de euros. No en pensar si en el año 99 pasó no sé qué. Han hecho un trabajo enciclopédico del dopaje, que está muy bien, pero no hemos avanzado lo suficiente en el futuro porque al final hemos dicho cuatro vaguedades y que hay que hacer controles a las 3 de la mañana. Quizá hay que tener unos médicos UCI que gestionen a los equipos en las grandes vueltas y que dependan de la UCI, esa sí que es una medida real que se puede estudiar y plantear, pero…

Yo pienso que trabajar en un control médico externo es más sencillo que ir a las 4 de la mañana a hacer un control a un tío que está disputando el Tour de Francia porque incluso puede condicionar la propia carrera. Hay líneas rojas que no podemos atravesar. Hay cosas que son absurdas. Es más sencillo que la UCI tenga a un médico pagado por la UCI que supervise a un equipo durante una gran vuelta y que les haga un hemograma todos los días a los corredores pero a las 5-6 de la tarde. Y que si un corredor por ejemplo sufre una anemia severa que en un momento dado pueda tomar hierro y que sea administrado por ese médico y que reporten a un comisario de médicos general de la UCI, o de un organismo independiente. Hay medidas que pueden ser prácticas y ayudar a dar más transparencia.

-¿Se vende bien el ciclismo como deporte?
-Bueno, no estoy de acuerdo cuando se dice que el dopaje nos ha quitado patrocinadores. Si casi tenemos los mismos equipos que en el 93-94, cuando Induráin ganaba los Tours. Lo que nos ha quitado los patrocinadores ha sido la crisis económica y en cuanto remonte volveremos a tener equipos. Eso no quita que hay que vender el ciclismo mucho mejor. Y otra cosa que comento en la novela es que hay deportes como el atletismo y el ciclismo que son golpeados porque el propio sistema necesita que haya positivos y escándalos para justificarse y seguir consiguiendo dinero con el que crecer. Y siempre se ataca a los deportes que no se saben organizar, ni venderse ni trabajar.

-¿A día hoy, quién es más importante en un equipo, el corredor, el mánager, el director deportivo, el preparador físico o el médico?
-Pues si lo analizas bien, en los equipos ciclistas hace muchos años los que tenían mejores sueldos eran los médicos, y aquí la UCI lo podría explicar porque tiene acceso a todos los contratos laborales; ahora mismo estoy convencido que los mejores sueldos son de los ciclistas y que hay muchos más preparadores físicos que antes. Es más, en la novela se cuenta una anécdota que es fruto de los datos que descubrí en el Centro de Alto Rendimiento de Granada, puesto que parte de la trama sucede allí. Y la gente que trabaja allí me contó en una de las entrevistas, porque he intentado documentarme, que a ellos les había sorprendido gratamente que todos los que ahora van al CAR lo hacen con un preparador, cuando hace años iban con médicos. Ojo, que hay médicos muy buenos y que se dedican a entrenar. Pero ahora hay equipos que tienen 5-6 preparadores; estamos llegando a la profesionalización en la preparación, en la nutrición, en aspectos que antes no se cuidaban porque no hacía falta.

-¿Qué acogida ha tenido la novela?
-Tenía ciertas dudas por cómo iba a acoger la novela el mundo del deporte y me ha sorprendido porque está siendo mucho mejor de lo que podía esperar. Porque los que han vivido esa época entienden que no estoy contando ninguna mentira y en el fondo el libro también tiene una parte muy optimista. Empieza fuerte, con la muerte de un deportista por una transfusión, pero también tiene un toque optimista. Evidentemente se puede hacer todavía mejor, pero vamos por el buen camino, aunque de vez en cuando tengamos alguna recaída.

-¿Se has saciado?
-No. La segunda parte de la novela la tengo preparada. No será sobre deporte pero será con los mismos protagonistas: Marco Klein y Magda Ramírez. Sí me he cansado de la trama del deporte, esa la quiero dejar descansar. Pero de los protagonistas no me he cansado. Además, muchos lectores me piden que siga con su vida. Me pasa como a ellos. Al final les coges cariño y, además, el protagonista que es un policía ha sido deportista de élite y tiene su encanto, entonces siempre habrá algo de deporte en esas novelas.

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La corrupción en el fútbol y Cuervos y Palomas

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La novela Cuervos y Palomas está centrada en el dopaje deportivo a través de una visión de novela negra, con muertes, investigación policial… Pero también hace mucho hincapié en una segunda trama: la necesidad de los políticos españoles de ofrecer una buena imagen internacional antes de la decisión de quién organiza los Juegos Olímpicos. Es un factor de presión que recae sobre los policías, sobre la jueza instructora… Todos sienten esa presión política: necesitamos dar buena imagen. Pero al mismo tiempo todos tienen claro que los Juegos Olímpicos no se ganan sólo con buena imagen. Especialmente cínico es uno de los personajes (no diremos quién para mantener la intriga), quien constantemente argumenta que los Juegos Olímpicos se organizan sólo si eres capaz de sobornar más y mejor que el resto de candidaturas.

Viene esto a cuento de lo que acabamos de ver con el Mundial de fútbol y con el sistema corruputo que durante años ha imperado en la FIFA, un sistema que no es muy diferente al que ha mandado en el COI, es decir, la Federación Internacional de Fútbol y el Comité Olímpico Internacional. Y sorprende una vez más la reacción timorata de los medios de comunicación y especialmente de los medios españoles. No ha habido portadas. Y como mucho nos estamos centrado en el arbitraje del España-Corea en el Mundial de Corea-Japón.

La realidad… es que algunos incluso apuntan a una campaña contra Rusia, lo que recuerda la famosa frase del dedo y el tonto. Cuando un dedo apunta a la luna, sólo los tontos miran el dedo. Y así es. Sin duda alguna, Estados Unidos está interesado en echar basura contra Putin y el Mundial de Rusia 2018. No darse cuenta de ello es también del género tonto. Pero todavía con menos dudas… la investigación sólo es posible porque hay mucho golfo que cobra por elegir un país. Y eso certifica, una vez más, la corrupción en el deporte rey, algo de lo que algunos quieren siempre huir.

Desgraciadamente es posible que el ciclismo vuelve a dar en breve malas noticias para su credibilidad. Vamos a esperar acontecimientos. Pero ya verán como entonces… no hay paños calientes en los medios de comunicación sino críticas bien contundentes. Y tendrán razón. Pero esa misma contundencia es la que ahora podemos y debemos exigir los lectores cuando se ha destapado un caso de corrupción que certifica que no sólo las elecciones de las sedes sino también los propios arbitrajes vienen teledirigidos por intereses económicos.

Si se quedan con ganas de ver cómo y por qué existe corrupción en el deporte, ya saben, compren Cuervos y palomas y disfruten de las aventuras de Marco Klein y Magda Ramírez.

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