Invirtiendo a largo plazo y el fenómeno Paramés

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Hoy toca libro. Pero un libro especial, puesto que se trata de un libro económico: Invirtiendo a largo plazo. Su autor es el famoso Francisco García Paramés. Si no lo conoces, tampoco te preocupes en exceso, puesto que se trata de un personaje famoso en el mundillo inversor, pero cuyo nombre no ha calado posiblemente entre la opinión pública, a pesar de que acumula méritos más que suficientes para hacerlo.

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García Paramés es conocido y etiquetado siempre como el Warren Buffet español. Pero dejemos al lado las etiquetas. Este inversor tiene un récord de rentabilidad asombroso con un sistema de gestión llamado “value”. Sin embargo, discrepancias con sus antiguos jefes le llevaron a abandonar su trabajo y a permanecer fuera de la inversión en bolsa durante dos años, el tiempo empleado para escribir este libro: Invirtiendo a largo plazo.

En el libro hace un repaso biográfico completo y también un análisis de las diferentes opciones de inversión que tienen los seres humanos. Su apuesta es clara: la bolsa es la mejor opción. Sin embargo, lo mejor del libro no son los consejos sino la humildad con la que analiza su trayectoria, incluyendo el análisis de sus propios errores, algo muy poco habitual.

Paramés insiste en muchas de las doctrinas de Buffet: invertir sólo en negocios cooncidos y estables. Ellos sienten alergia ante compañías como Twitter. De ahí la famosa frase de Buffet: “Me encanta lo que hacen esos chicos. Es como la idea de ir a Marte. Les aplaudiré si lo consiguen, pero que nadie me pida que me suba en el cohete”. Del mismo modo, Buffet y Paramés prefieren invertir en compañías como Coca-Cola o BMW (Buffet en la primera y Paramés en la segunda) antes de que en empresas tecnológicas super innovadoras. Un detalle: necesité sólo 24 horas para leerlo. Y no es un libro especialmente técnico. Prácticamente cualquier persona puede entender el 90% del contenido del mismo. Así que si alguien quiere aprender sobre la inversión en bolsa y sobre la visión de la vida de Paramés, pues ambas van de la mano, no hay nada como leer este ensayo.

Charles Wegelius y el canto al Gregario

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Hoy vamos con un libro: Gregario. No hay mejor palabra para describir la trayectoria deportiva de Charly Wegelius, uno de los pioneros británicos en el pelotón mundial y un hombre que jamás fue capaz de vencer ni una sola competición, pero que se ganó el respeto de todos sus rivales por su más que notable rendimiento, siempre enfocado en la ayuda de un jefe de filas.

Wegelius cuenta, a través de la pluma de Tom Southam, su historia en el pelotón profesional y sus pasos por equipos humildes de Italia, pero también por grandes estructuras como Mapei, Lotto o Liquigas. La historia está llena, como no podía ser de otro modo, de pequeñas anécdotas. Pero también de muchas reflexoines personales. En el libro, y eso es más que destacable, figuran muchas críticas hacia determinados comportamientos del propio Wegelius, lo que certifica que no es una loa eterna sino un libro fruto de la reflexión personal.

El capítulo más interesante, posiblemente, es el que dedica a lo sucedido en el Mundial de Madrid, cuando Wegelius apoyó a la selección italiana tirando del pelotón en los primeros kilómetros. Aquellos hechos acabarían suponiendo la destitución del seleccionador británico -buen amigo de Wegelius- y la salida de Charles del equipo nacional para el resto de sus días. Para los que conocemos personalmente a tipos como John Herety, entendemos a la perfección el dolor personal que sintió Wegelius por haber perjudicado a un hombre, el actual manager del equipo Condor, que es todo un caballero. Y también la hipocresía que envuelve al deporte de elite y especialmente a las selecciones que nunca se preocupan de un deportista, pero que siempre están dispuestas a sacar jugo de tu rendimiento y tus éxitos.

El libro, en resumen, resulta más que recomendable para  todos aquellos aficionados al ciclismo que están hartos de la historia bonita del super-héroe que cae enfermo, que tiene una infancia triste, pero que logra a través del deporte convertirse en un ídolo de masas. Wegelius es exactamente lo contrario. El retrato de un antihéroe, el retrato de un hombre que siempre soñó con algo tan sencillo y a la vez tan difícil como ser ciclista profesional.

Por cierto, para comprar el libro, la mejor opción es siempre la vía de LIBROS DE RUTA

Los últimos días de nuestros padres, opera prima de Dicker

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Hoy vamos a comenzar un lento camino de puesta al día con todas las lecturas veraniegas que hemos ido haciendo y que no han aparecido todavía en este blog. El primero de los libros se titula: Los últimos días de nuestros padres. El autor es el famoso Joel Dicker, un escritor que alcanzó reconomiento de crítica y lectores con La verdad sobre el caso Harry Quebert.

Lo primero que hay que hacer es diferenciar una novela de otra. La verdad sobre el caso Harry Quebert es, sin duda alguna, una obra maestra, una novela redonda en todos los sentidos, una novela negra con toques literarios y con juegos al mejor nivel estilístico. De ella ya hablamos bien en nuestro blog, por lo que tenía interés en bucear entre las obras previas. Y curiosamente sólo había una: Los últimos días de nuestros padres.

Esta opera prima de Dicker es una obra coral. En Los últimos días de nuestros padres, un grupo de jóvenes se alistan al ejército en plena guerra mundial contra los nazis y son destinados a la sección F, la encargada de pelear desde las cloacas contra el ejército alemán y en territorio francés. Todos ellos, con sus ideales y miedos, son imperfectos. Pero todos comparten la misma pasión por la democracia. A partir de ahí la novela va desgranando los puntos débiles y los fuertes de estos soldados-espías. El libro es interesante y en muchos momentos engancha al lector. Pero es claramente inferior a La verdad sobre el caso Harry Quebert. Así que el consejo es sencillo: si quieres conocer a uno de los escritores más prometedores del momento, empieza por Los últimos días de nuestros padres y pasa luego a La verdad sobre el caso Harry Quebert. Si ya has leído La Verdad sobre el caso Harry Quebert y no te gustan mucho las historias bélicas, Los últimos días de nuestros padres puede ser prescindible.

 

La importancia de las cosas

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Marta Rivera de la Cruz es la autora de La importancia de las cosas, uno de los últimos libros que he leído. Este título no es precisamente nuevo, puesto que fue publicado hace ya más de un lustro. Desde entonces la vida de Marta parece haber cambiado mucho -forma parte de Ciudadanos-, pero aquí no hablamos de política sino de literatura.

La novela es interesante. Refleja personajes bien construidos y engancha desde las primeras páginas. El protagonista es un triste profesor de una todavía más triste universidad privada, un hombre enamorado en secreto de una compañera de trabajo. Mario Menkell acaba viviendo una situación que cambia su vida y de la que es mejor no contar nada para no desvelar ningún misterio. Es cierto que la novela peca en ocasiones de estirar demasiado el principio de verosimilitud: se abusa de las concidencias para hacer cuadrar las piezas del puzzle. Pero nada que no impida seguir avanzando y disfrutando de la lectura.

¿Cuánto tardará Eufemiano en demandar al Estado español?

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Ya tenemos sentencia firme en la Operación Puerto, sentencia sin posibilidad de recurso alguno. Y el resultado es desalentador, pero previsible para todos aquellos que hemos estudiado el sumario y la legislación y no nos hemos dejado engatusar por unos investigadores que, desde el primer momento, demostraron una incapacidad absoluta. Pero vayamos por partes:

1. La sentencia absuelve a todos los acusados, lo que incluye en primer lugar a Vicente Belda y Manolo Sáiz, contra los que de forma absurda algunas de las partes han ido atacando y recurriendo sin el apoyo ni siquiera del fiscal. La acusación penal (repito, penal) contra ellos no tenía sentido alguno más que el odio y el ajuste de cuentas personal.

2. Pero la nueva sentencia también absuelve a Eufemiano Fuentes y a Ignacio Labarta, quienes en un principio habían sido condenados a penas menores. Por tanto, diez años después de que todo empezara y después igualmente de muchos millones de euros invertidos en este caso, la realidad es tozuda: TODOS han sido absueltos en la vía penal, lo que viene a certificar una realidad obvia para los que siempre hemos intentado aportar luz sobre esta investigación: hacer una redada policial cuando no hay ley penal que te ampare es una chapuza. Y lo seguirá siendo siempre. Y es que el orden de los factores no altera el producto en las matemáticas. Pero en el mundo real y el mundo de la justicia, es mucho mejor tener una ley y aplicarla que el caso contrario, es decir, aplicar algo que no existe con la esperanza de crear el escándalo social necesario para que te aprueben la ley. Parece de primero de párvulos (o de democracia) pero algunos no han querido reconocerlo. Por cierto, son los mismos que ahora sonríen porque dicen que han conseguido el objetivo: tener las bolsas de sangre. Esos mismos se pasaron años diciendo que el objetivo era la condena penal. Como ven, han ido cambiando de objetivo a medida que se desmontaba el paraíso.

2. La sentencia deja abierta la puerta a que se examinen las bolsas de sangre y se pueda identificar a los deportistas que estaban utilizando el dopaje sanguíneo para que haya sanciones deportivas. Pero, curiosamente, han pasado más de 10 años por lo que tampoco por ahí habrá sanciones deportivas ya que han prescrito todos los plazos. Por tanto, ni sanciones penales ni sanciones deportivas. Después de eso, ¿cómo se pueden atrever a decir que ha habido una gran investigación?

3. A partir de ahí, parece que se va a intentar cotejar la sangre de las bolsas con la de los sospechosos para castigarles con la pena del telediario, es decir, sacar sus nombres a la luz pública. No entraremos en juicios de valor sobre si eso es bueno o es malo. Lo único evidente es que después de diez años va a ser en casi todos los casos algo sencillamente ridículo, puesto que la mayor parte de los nombres ya se conocen y, además, ya han dejado de competir. Pero apuntamos otra posibilidad: en España y con la legislación vigente será muy complicado que se pueda hacer ese análisis comparativo de la sangre. Ya verán como los nombres acaban llegando desde fuera, por ejemplo del CONI, que son mucho más lanzados para este tipo de operaciones. O sea que ni tan siquiera en eso podemos estar a la vanguardia, pero vamos en un país que tiene su laboratorio antidopaje de referencia cerrado por problemas burocráticos… pues un ridículo más o menos no nos va a hacer cambiar de caballo.

La reflexión final seguro que a muchos de mis lectores les parece escandalosa. Pero repito: no hay juicios de valor en la mayor parte de esta reflexión. Nos limitamos a hacer una simple descripción de hechos y consecuencias. Y ahí va la consecuencia definitiva: ¿cuánto tardará Eufemiano Fuentes en demandar al Estado español por daños y perjuicios? Para el que no lo recuerde, el médico canario durmió en la cárcel durante casi una semana. Su abogado seguro que se está frotando las manos. Y ahora llega el momento de analizar calculadora en mano lo que más le interesa: si escribir un libro, comenzar una rueda de intervenciones mediáticas o presentar una demanda contra el Estado español, que a fin de cuentas somos todos. O también puede apostar por hacerlo todo junto. Pero bueno… como la Operación Puerto fue una gran investigación, no deberíamos estar preocupados, ¿verdad?

Así empieza lo malo, y el peculiar Javier Marías

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Si hay un autor español cuyo nombre esté siempre entre los favoritos para ganar el Premio Nobel de Literatura, éste no es otro que Javier Marías. Para el que jamás haya leído un libro de este novelista español, Así empieza lo malo puede ser una buena oportunidad de adentrarse en el particular universo de un hombre que, en muchas ocasiones, parece estar escribiendo siempre la misma historia tal y como Woody Allen hace con sus películas. También podría servir la obra anterior, Los enamoramientos, o incluso Todas las almas, Corazón tan blanco, Mañana en la batalla piensa en mí…

La primera precaución ante Marías para un lector medio es más que necesaria: no esperan una trepidante sucesión de hechos. Marías escribe de forma lenta y con incisos y subordinadas que en muchas ocasiones hacen que incluso se pierda el hilo central. Lo importante, para este escritor, no es el destino sino el camino. Y su prosa es realmente buena.

Una vez hecha esa precaución, vamos con la segunda: las constantes referencias culturales al cine, a la literatura e incluso a la filosofía hacen del autor una referencia multicultural. La pasión por William Shakespeare se deja sentir siempre en sus novelas, comenzando por la mayor parte de los títulos, sacados de versos del escritor británico.

Pero vayamos con la historia. Así empieza lo malo es una novela basada en un triángulo de afectos, amores y silencios. Un director de cine, con reminiscencias al tío de Marías, Jess Franco, su mujer y un joven aprendiz que llega a la casa a trabajar como secretario. Ellos tres son los protagonistas de la historia, aunque en realidad sería más correcto decir que el único protagonista de la novela no es un personaje sino la palabra. Marías vive obsesionado por un concepto: la verdad. O dicho de otro modo: ¿debemos contar siempre la verdad al prójimo? ¿O es mejor silenciar determinados puntos de nuestra biografía a sabiendas de que eso significará ahorrar mucho dolor al otro? Esa es la duda eterna en la que se mueven los tres personajes y en la que se mueve siempre el autor. A partir de ahí, la novela permite conocer el mundillo del comienzo de la transición, cuando muchos franquistas reconstruían su pasado convirtiéndose en adalides eternos de la democracia. Pero no es una obra historicista. Es una novela. Y nada más. Pero también y nada menos.

El gran secreto entre la mujer y el director de cine acabará implicando en la historia al joven aprendiz. Pero es mejor no contar nada más para que la emoción se mantenga en su plenitud. Ya saben: Así empieza lo malo, Javier Marías en esencia pura.

El quinto elemento, un libro más que interesante

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Después de muchas semanas de silencio, retomamos el resumen de libros. Y no lo hacemos con una novela. Lo hacemos con El Quinto Elemento, libro escrito por Alejandro Suárez Sánchez-Ocaña.

Para entender el título, el autor nos explica que las guerras y los enfrentamientos entre los seres humanos se han dado hasta ahora en la tierra, el agua, el aire y el espacio. Pero ya hemos entrado en una nueva fase: guerras en la nube, es decir, el ciberespacio. A partir de esa base, Alejandro Suárez desgrana todos los errores de seguridad que existen en los ordenadores y especialmente en los móviles “inteligentes”. Pero también en las redes sociales, auténtico agujero negro en nuestra seguridad personal. El libro sirve también para comprender cómo Estados Unidos ha conseguido a través de la NSA dominar el mundo entero: pueden saber perfectamente todas tus comunicaciones, especialmente los correos electrónicos. Y el único límite es el propio del coste del análisis de tanta información.

El libro también incluye consejos para mejorar tu seguridad informática, así como un apunte sobre la red oscura (darknet), un lugar al margen de la ley… pero igualmente controlado por las agencias de seguridad, que prefieren consentir determinado nivel de delincuencia a cambio de de poder atrapar a los peces gordos. En definitiva, libro muy interesante para cualquier persona que esté interesada en estos temas, pero que no sea especialista, puesto que se trata de un ejercicio de divulgación popular y no de una investigación demasiado profunda y especializada.

El mejor libro de 2015 (español): Puerto escondido, de María Oruña

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Compré el libro antes de un viaje, casi sin fijarme en el argumento y con muchos prejuicios hacia la novela, así que arrancaba la lectura sin ningún tipo de buena predisposición hacia los personajes o la autora. Pero la historia funciona bien desde las primeras líneas y sirve para borrar cualquier tipo de prejuicio. María Oruña consigue que considere Puerto escondido como el mejor libro español que he leído en 2015. Y lo hace gracias a lo mejor que se puede decir de un escritor: engancha y entretiene.

El argumento es sencillo: aparece el cadáver de un bebé en una casa de Suances (Cantabria). A partir de ahí iremos conociendo dos tramas paralelas: una centrada en la investigación de ese cadáver (la actualidad) y otra basada en los tiempos de la Guerra Civil y los “maquis”, con otro asesinato de por medio, historias que acabarán uniéndose en un mismo punto y que harán saltar por los aires la tranquilidad de los dos protagonistas: el medio británico Olivier, propietario de la casa donde aparece el bebé muerto, y la Guardia Civil Valentina Redondo.

La prosa es sencilla. El argumento y la forma también lo son, aunque haya constantes saltos temporales. Pero el libro se deja leer con facilidad. No es, por tanto, ninguna obra complicada y resulta recomendable para todos los públicos y gustos, especialmente para lectores interesados en novela negra y en Cantabria, puesto que gran parte de la trama se desarrolla entre Comillas, Santillana del Mar, Suances, Hinojedo, Torrelavega o Santander.

Lo mejor, sin duda alguna, es la creación de personajes con gancho, como la Guardia Civil Valentina Redondo, que es la jefe de las investigaciones policiales. Es un personaje con el que se pueden seguir construyendo historias y eso parece que es lo que quiere y tiene pensado la autora. Lo peor: la promoción de María Oruña como la nueva Dolores Redondo, etiqueta totalmente innecesaria. Sinceramente y después de haber leído los dos primeros libros de ambas autoras, no hay muchas similitudes. Sí, se trata de novelas negras, ambientadas en el norte de España, con mujeres como líderes de la investigación policial… Pero el libro de María Oruña está mucho mejor escrito.

 

Gracias, Finlandia (o como estudian en el mejor sistema educativo del mundo)

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Xavier Melgarejo es un entrañable señor que tiene una preocupación importante en su mente: intentar mejorar el sistema educativo español. Con ese objetivo, Melgarejo ha viajado y ha estudiado en profundidad el sistema educativo que mejor nota saca en los exámenes de PISA: el de Finlandia. Fruto de ese estudio, plantea un libro -más teórico que práctica, la verdad- sobre las diferencias entre Finlandia y España y los puntos que podríamos intentar adaptar de las virtudes del sistema finlandés.

El libro resulta interesante para todos los que sentimos preocupación ante la caótica educación española. Resumir el libro en este artículo resulta sencillamente imposible. Pero dejaremos varias perlas. En Finlandia el sistema educativo arranca de un punto de partida: sólo se permite ser profesor a los alumnos más brillantes en lo académico y después de superar exámenes que van más allá de lo teórico, puesto que se les obliga a demostrar capacidad oratoria, por ejemplo. La nota de corte para empezar a estudiar la carrera universitaria por la que posteriormente podrán ser maestros es, por tanto, la más dura de todas. Es decir, justo lo contrario que en España, donde en muchos casos estudiar para maestro se considera como una salida para el que no tiene buenas notas ni encuentra motivación por ninguna carrera.

El sistema finlandés invierte más dinero que el español. Pero no es el dinero la gran diferencia entre ambos. En Filandia se apuesta por un sistema integral y se parte de un principio básico que en España no está asumido: la educación no depende de la escuela. La educación depende de toda la sociedad, incluida la escuela. Esa es posiblemente la segunda gran diferencia entre Finlandia y España, un país donde las familias han hecho dejación de sus funciones limitándose a llevar a los niños a la escuela y, en muchos casos, a cuestionar a los profesores y los métodos de enseñanza.

La tercera gran diferencia entre Finlandia y España es la lucha política. La educación no es motivo de enfrentamiento político. En España cada cambio de gobierno significa una nueva ley de educación o, al menos, una nueva asignatura. Cuando llega el PSOE clama por eliminar Religión e introducir Ética o Educación para la ciudadanía. Cuando llega el PP, las borra de un plumazo y mete Emprendimiento y Religión. Pero el resultado es el mismo: el sistema está desacreditado ante los ojos de la sociedad por tanto cambio partidista. Y los problemas de comprensión lectora -el principal en los alumnos españoles- no se resuelven estudiando Religión o Educación para la ciudadanía.

 

La tierra de las segundas oportunidades, un buen reportaje

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Hoy volvemos al análisis de los libros leídos y lo hacemos con la última obra publicada por la editorial Libros de Ruta: La tierra de las segundas oportunidades. El libro es, en el fondo, un amplio reportaje periodístico de Tim Lewis sobre el ciclismo en Africa y más especialmente sobre las vidas de tres personajes: Adrien Niyonshuti, corredor del MTN-Qhubeka; el inventor del mountain bike, Tom Ritchey, y el primer estadounidense en disputar el Tour de Francia, Jock Boyer.

Algunos pueden pensar que hablamos de un libro más de ciclismo. No es así. Es un libro que nos permite conocer más sobre Africa y sobre Ruanda, con muchas páginas dedicadas al genocidio en el que fue asesinada brutalmente una décima parte de la población ruandesa. Para que nos coloquemos en situación, es como si se matara en poco más de un mes a casi cinco millones de españoles. En esa tierra nace un proyecto: crear un equipo ciclista, Team Rwanda, en el que compitan todos los ciclistas de Ruanda, sin distinción de ninguna clase. Y el proyecto germina en manos de un Boyer que había salido de la cárcel por un caso de abuso de menores y de un fabricante de bicicletas, Ritchey, desengañado de la vida. La combinación parece condenada al fracaso. Pero paso a paso va consiguiendo pequeños destellos en el camino hacia los Juegos Olímpicos de Londres.

El libro me ha gustado por su profundidad en determinados campos: política, social… En el apartado ciclístico, tengo el inconveniente y la ventaja de conocer a muchos de los personajes que aparecen, desde Boyer hasta Doug Ryder, manager general de MTN-Qhubeka. Y lo cierto es que resulta extraño leer libros de personajes conocidos. No resulta raro leer artículos de prensa o de internet… pero el libro parece destinado a otros seres mucho más lejanos. Sin embargo, no hay nada que reprochar a la historia ni a los detalles. Se nota que el autor no es un especialista en ciclismo, pero también resulta más que evidente que ha hecho un esfuerzo por conocer de cerca nuestro deporte y  documentarse. En muchos aspectos, el libro se lee fácil. Y, sin duda alguna, merece ser recomendado. Conclusión: un acierto la compra y un placer su lectura.