¿Y si Jorge Mendes es el verdadero presidente del Valencia CF? (I)

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El Valencia CF está viviendo una situación límite en el ámbito deportivo, social y económico. Ahora mismo ocupa la 17ª posición y se salvaría del descenso sólo por el gol average y no por los puntos. La afición, uno de los grandes patrimonios del club, dio la espalda al equipo en el último partido en casa: fueron pocos (menos de media entrada) y acabaron discutiendo entre ellos, con la Curva Nord por un lado y el resto del estadio por el otro. Económicamente, la situación tampoco es buena después de un carrusel de compras y ventas en las que el Valencia de Peter Lim ha invertido 170 millones y ha recogido ¡176 millones! La plantilla, de todos modos, es muy cara en su coste salarial y muy floja en su potencial deportivo. Son pocos los futbolistas a los que se les podría sacar partido (tal vez los centrales, Parejo y Cancelo). Además, Lim da muestras más que evidentes de que el tiempo de poner dinero se ha acabado y desde este verano sólo está interesado en recaudar. En resumidas cuentas, hablamos de crisis deportiva, social y económica. Y lo más extraño de todo… es que nadie da la cara, nadie defiende la gestión, nadie habla de la planificación del futuro… Todo eso hace que el aficionado medio pierda la ilusión y no entienda nada de lo que está ocurriendo. Pero… ¿y si Jorge Mendes es el verdadero presidente del Valencia CF?

Lo primero que uno debe destacar es el signo de interrogación en la frase del titular. No afirmo que el famoso representante de futbolistas sea el verdadero presidente del Valencia CF. No tengo pruebas para ello. Y, por tanto, jamás podría hacerlo. Pero si es bueno que especulemos teóricamente con todas las posibilidades. Y ésa es una de ellas. En ese mismo sentido, ahí va otra pregunta, que es previa al análisis posterior de Mendes y su influencia en el Valencia CF: ¿para qué ha comprado Peter Lim el Valencia CF? Un empresario no tiene miles de motivos para comprar un club de fútbol. En realidad, son muy pocos y no siempre son motivos excluyentes, puesto que la vida difícilmente es unidireccional:

1. EGO. Es posible que después de muchos años ganando dinero, una persona quiera conseguir notoriedad pública y use un club de fútbol como trampolín de sus aspiraciones sociales, mediáticas o incluso políticas. Ahí están los casos de Bernard Tapie o Jesús Gil en Marsella y Atlético de Madrid. Peter Lim difícilmente puede encajar en este grupo, puesto que apenas se deja ver, no concede nunca entrevistas… y muy poco partido ha sacado de su condición de propietario del Valencia CF, incluso cuando los resultados eran buenos.

2. ESPECULACIÓN INMOBILIARIA/ECONÓMICA FUERA DEL FÚTBOL. Algunos clubes son comprados para tener línea directa con los políticos y conseguir negocios rentables fuera del fútbol. En España el caso más famoso es, sin duda alguna, el del Málaga, club comprado con una segunda intención -la creación de un club náutico- y en el que se invirtió mucho dinero hasta que el proyecto inmobiliaria fue descartado. Ese día se cerró el grifo. Tampoco Lim parece encajar en ese grupo puesto que en sus años como propietario no ha tenido interés alguno en acabar las obras del nuevo campo y derribar el viejo para empezar con la construcción de las torres en el solar de Mestalla. Su pasión por proyectos inmobiliarios es nula. Tal vez sea porque el sector todavía no está recuperado del todo, pero la realidad es que hemos visto una ausencia total de movimientos en este sector.

3. ALTRUISMO/JUGUETE/PASIÓN POR EL FÚTBOL. También hay clubes que son comprados como simples juguetes y en los que se mezcla cierto altruismo con la pasión de llevar a la vida real las sensaciones de estar manejando un video-juego. Un ejemplo claro podría ser el del Chelsea, donde su millonario dueño, Román Abramóvich, ha invertido cientos de millones de euros. Pero Lim tampoco encaja en ese perfil. Para empezar, ha invertido en el Valencia un 20% de su patrimonio, así que hablamos de un hobbie demasiado caro. Y, además, tampoco visita la ciudad y no contempla los partidos desde el palco ni se presenta para decirle al entrenador quién debería jugar y quién no, modelo típico en el presidente-fanático.

Como vemos, Peter Lim no encaja fácilmente en ninguna de las clasificaciones más tópicas. Tampoco podemos decir que sea Dmitry Piterman de la vida, gente que se dedica a comprar equipos e imponer normas estúpidas generando polémica pero también deuda y viviendo muy bien del club. Nadie puede imaginar a Lim metiendo como gasto de empresa su teléfono o comprando varios coches a nombre del club para su uso particular. Eso también es inviable. Además, debemos recordar que ha invertido el 20% de su fortuna en el Valencia CF. Es una cantidad, por tanto, muy seria y que necesita ser rentabilizada de alguna fórmula. La conclusión es que Peter Lim está en el fútbol por un cuarto motivo. Y estamos abiertos a escuchar todas las opiniones. Pero nuestra hipótesis es la siguiente:

4. HACER DINERO A TRAVÉS DEL FÚTBOL. El modelo de gestión -si es que se puede hablar de modelo y de gestión- que nos han enseñado hasta ahora Lim apunta a la posibilidad de que el Valencia CF responda a una única intención: hacer dinero a través del fútbol. Para ello, un presidente tiene muchas opciones, pero casi todas ellas complicadas puesto que no hay que olvidar que el fúbol suele ser deficitario. Peter Lim puede intentar ganar dinero con las siguientes fórmulas:

A) Crear un equipo muy fuerte deportivamente, que permita cambiar de estadio, llenar el nuevo campo, generar numerosos ingresos por televisión y por patrocinadores, construir hoteles en los alrededores del campo, restaurantes, cafeterías… En cierta manera, es el esquema del Sevilla, club que se ve obligado a vender año tras año a sus mejores futbolistas, pero que no por ello está dejando de crecer en su masa de aficionados, en los ingresos televisivos, en los patrocinios… El Atlético de Madrid de los últimos años sería otro ejemplo. Evidentemente, si Lim consiguiera implantar ese modelo, podría ir generando beneficios en el corto plazo, pero sobre todo podría consolidar un Valencia apetecible para cualquier gran inversor y vender el club por muchísimo más de lo que costó en su día, tal y como ha hecho el Atlético de Madrid con el 20% a Wanda. No es el modelo Lim. Hemos escuchado ya más de una vez que no es posible encontrar patrocinadores y que si el club no juega Champions League, los dueños-propietarios no van a invertir nada y ajustarán los gastos a los ingresos, lo que a su vez significa entrar en un círculo infernal: menos recursos, peor plantilla y resultados más flojos en el corto plazo significan menos recursos, peor plantilla y resultados más flojos en el largo plazo.

B) Club como Fondo de Inversión de futbolistas. Otro modelo de negocio que puede ser rentable es el de crear un club como pantalla de un fondo de inversión de futbolistas. Ahora que hay muchas restricciones legales y económicas a que los fondos de inversión sean dueños de futbolistas, la mejor fórmula para esquivar esas trabas es directamente crear un club entero y convertirlo en un gigantesco fondo de inversión. Este modelo requiere de varios puntos básicos para que funcione:

1. Son necesarias muchas ventas y compras para generar comisiones y negocio en el corto plazo. Es una fórmula sencilla y limpia de ganar el 5%-10% de todas las compras y el 5%-10% de todas las ventas incluso aunque el dinero conseguido en ventas y el dinero invertido en compras quede equilibrado.

2. Es necesario que el entrenador entienda que el criterio económico del fondo de inversión está por encima del criterio deportivo. Por eso hay futbolistas a los que será necesario alinear siempre y otros que es mejor vender. Y por eso evidentemente el entrenador debe asumir cuál es su función: dar lustre a los futbolistas en los que el fondo de inversión tiene más dinero invertido.

3. El club, además, tiene que servir como trampolín para jóvenes promesas, que es el grupo donde más beneficio puede haber. El mayor número posible de futbolistas debe venir de la misma “ganadería”, puesto que esto significa que otro 5-10% de los salarios de la plantilla es recuperado anualmente.

Podríamos seguir con más ejemplos de lo que significa un fondo de inversión de futbolistas controlando un club. Pero la verdad es que escribiendo y leyendo estos puntos, es difícil pensar que el Valencia CF no esté cumpliendo muchas de estas características. Pero… la pregunta final siempre es la misma: ¿dónde está el verdadero beneficio para Peter Lim? O dicho de otro modo: ¿es Peter Lim el único que gestiona el Valencia? Eso necesitará de un desarrollo posterior. De todos modos, estamos abiertos a sugerencias y aportaciones de la sufrida hinchada valencianista.  

El libro de los Baltimore, la decepción de Decker

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El joven escritor suizo Joel Dicker se hizo mundialmente famoso en 2013 gracias a un libro del que ya hablamos aquí: La verdad sobre el caso Harry Quebert. Ahora llega la segunda parte de esa novela: “El libro de los Baltimore”. En realidad, llegó hace unos meses, pero sólo lo he leído hace un par de semanas.

Sobre la novela, empezaremos diciendo que son casi 500 páginas. Y también que no está al nivel de la primera de las novelas. Ni mucho menos. Pero vayamos con los detalles de la crítica literaria.

1) La verdad sobre el caso Harry Quebert era una novela negra, un thriller emocionante que enganchaba desde el principio hasta el final. El libro de los Baltimore, en cambio, es una saga familiar, la historia de un drama macerado en incomprensiones, silencios culpables y secretos no desvelados.

2) La historia repite a muchos de los personajes, especialmente, al protagonista: Marcus Goldman. Pero no iguala la emoción de la primera y, además, se vuelve reiterativa en muchas de sus tesis, por ejemplo, en la idea de garantizar las diferencias entre las dos ramas de las familias: los Baltimore y los Montclair. Dicho con otras palabras, sería mucho mejor novela… con 200 páginas menos.

3) La novela incluye giros finales emocionantes, que son muy propios de la marca Dicker. Está bien trabajado.

El resumen es muy sencillo: si no conoces al autor, busca una librería y compra La verdad sobre el caso Harry Quebert. Lo vas a disfrutar. Si eres muy fan de Marcus Goldman, puedes comprar El libro de los Baltimore. Te va a gustar, aunque no te enamorará como la primera.

La séptima función del lenguaje, un libro con mil caras

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Laurent Binet es un joven escritor francés que con sólo dos novelas ha acaparado muchos titulares y elogios. Su primera novela llevaba por título HHhH. La segunda y de la que vamos a hablar ahora es La séptima función del lenguaje. La obra tiene mil caras, pero comenzamos por decir que no es un libro que vayamos a aconsejar. Y no es que esté mal escrito, o mal diseñado o mal ejecutado. Todo lo contrario. Pero es una novela de una lectura nada fácil.

Para empezar, el libro mezcla realidad y ficción. Arranca con la muerte del crítico literario Roland Barthes tras sufrir un atropello (hecho cierto). Y coloca en las páginas a muchísimos intelectuales franceses y mundiales, con mención especial (y homenaje) a Umberto Eco. A partir de ahí, un policía y un ayudante se encargan de la investigación policial del caso. Y se entiende que comienza la ficción. Pero los límites nunca quedan definidos, característica propia de Binet y de su visión de la novela, pero que obliga al lector a replantearse constantemente si está leyendo un ensayo o una obra de ficción.

El segundo problema de la novela es que está focalizado en Francia. Las referencias a los políticos franceses de los años 80 son constantes. Y también a los intelectuales. Y el lector medio español perderá gran parte de la información. Aquí recordamos a François Miterrand, pero nos perdemos cuando bajamos al segundo y tercer nivel de políticos que hace más de dos décadas que no forman parte del día a día de Francia.

La tercera barrera es la temática de la obra: las funciones del lenguaje. Es un tema técnico y no muy apasionante, lo que provoca más de una desconexión.

Dicho todo esto, aquellos lectores interesados en Francia, en las funciones del lenguaje y en obras que mezclan ficción y realidad, considerarán el libro de Binet una auténtica obra de arte. ¡No es mi caso!

Retirarse a los 40. Sé emprendedor

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El libro de hoy tiene un título que puede llevar a la confusión: “Retirarse a los 40. Sé emprendedor”. Dejando a un lado que el libro ha llegado a mis manos de forma más que curiosa -ganado en una rifa benéfica-, lo cierto es que se lee rápido (una tarde) y deja dos o tres ideas interesantes, a pesar de haber sido escrito en 2008, justo en el final de la burbuja inmobiliaria que afectó a este país.

Óscar Sánchez es el autor y su tesis es sencilla: los 40 años son la edad perfecta por madurez y por experiencia laboral para plantearse un cambio radical en la vida y, si se puede, para intentar arrancar con un proyecto empresarial propio. Óscar Sánchez también insiste de forma machacona en una tesis: el proyecto 3.000. Es decir, cualquier familia debe marcarse como objetivo ganar 3.000 euros al mes y no tener deudas. Ya sé, sonará utópico. Pero Óscar añade consejos prácticos como olvidarse de tener una segunda residencia (es mejor alquilar desde el punto de vista financiero), olvidar el gran consumismo que nos lleva a disfrutar con marcas caras (disfrutar efímeramente)… puesto que la tesis del autor es que muchas veces los sueldos por encima de 3.000 euros suponen, al mismo tiempo, un consumo de tiempo y energía desproporcionado. O lo que es lo mismo: el dinero no da la felicidad y si conviertes tu vida sólo en dinero y sólo en trabajo… el fracaso personal no andará muy lejos.

El libro, además, viene completado al más puro estilo americano de casi una decena de casos prácticos de personas que deciden dejar la seguridad de un sueldo fijo por un proyecto empresarial propio.

Invirtiendo a largo plazo y el fenómeno Paramés

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Hoy toca libro. Pero un libro especial, puesto que se trata de un libro económico: Invirtiendo a largo plazo. Su autor es el famoso Francisco García Paramés. Si no lo conoces, tampoco te preocupes en exceso, puesto que se trata de un personaje famoso en el mundillo inversor, pero cuyo nombre no ha calado posiblemente entre la opinión pública, a pesar de que acumula méritos más que suficientes para hacerlo.

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García Paramés es conocido y etiquetado siempre como el Warren Buffet español. Pero dejemos al lado las etiquetas. Este inversor tiene un récord de rentabilidad asombroso con un sistema de gestión llamado “value”. Sin embargo, discrepancias con sus antiguos jefes le llevaron a abandonar su trabajo y a permanecer fuera de la inversión en bolsa durante dos años, el tiempo empleado para escribir este libro: Invirtiendo a largo plazo.

En el libro hace un repaso biográfico completo y también un análisis de las diferentes opciones de inversión que tienen los seres humanos. Su apuesta es clara: la bolsa es la mejor opción. Sin embargo, lo mejor del libro no son los consejos sino la humildad con la que analiza su trayectoria, incluyendo el análisis de sus propios errores, algo muy poco habitual.

Paramés insiste en muchas de las doctrinas de Buffet: invertir sólo en negocios cooncidos y estables. Ellos sienten alergia ante compañías como Twitter. De ahí la famosa frase de Buffet: “Me encanta lo que hacen esos chicos. Es como la idea de ir a Marte. Les aplaudiré si lo consiguen, pero que nadie me pida que me suba en el cohete”. Del mismo modo, Buffet y Paramés prefieren invertir en compañías como Coca-Cola o BMW (Buffet en la primera y Paramés en la segunda) antes de que en empresas tecnológicas super innovadoras. Un detalle: necesité sólo 24 horas para leerlo. Y no es un libro especialmente técnico. Prácticamente cualquier persona puede entender el 90% del contenido del mismo. Así que si alguien quiere aprender sobre la inversión en bolsa y sobre la visión de la vida de Paramés, pues ambas van de la mano, no hay nada como leer este ensayo.

Charles Wegelius y el canto al Gregario

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Hoy vamos con un libro: Gregario. No hay mejor palabra para describir la trayectoria deportiva de Charly Wegelius, uno de los pioneros británicos en el pelotón mundial y un hombre que jamás fue capaz de vencer ni una sola competición, pero que se ganó el respeto de todos sus rivales por su más que notable rendimiento, siempre enfocado en la ayuda de un jefe de filas.

Wegelius cuenta, a través de la pluma de Tom Southam, su historia en el pelotón profesional y sus pasos por equipos humildes de Italia, pero también por grandes estructuras como Mapei, Lotto o Liquigas. La historia está llena, como no podía ser de otro modo, de pequeñas anécdotas. Pero también de muchas reflexoines personales. En el libro, y eso es más que destacable, figuran muchas críticas hacia determinados comportamientos del propio Wegelius, lo que certifica que no es una loa eterna sino un libro fruto de la reflexión personal.

El capítulo más interesante, posiblemente, es el que dedica a lo sucedido en el Mundial de Madrid, cuando Wegelius apoyó a la selección italiana tirando del pelotón en los primeros kilómetros. Aquellos hechos acabarían suponiendo la destitución del seleccionador británico -buen amigo de Wegelius- y la salida de Charles del equipo nacional para el resto de sus días. Para los que conocemos personalmente a tipos como John Herety, entendemos a la perfección el dolor personal que sintió Wegelius por haber perjudicado a un hombre, el actual manager del equipo Condor, que es todo un caballero. Y también la hipocresía que envuelve al deporte de elite y especialmente a las selecciones que nunca se preocupan de un deportista, pero que siempre están dispuestas a sacar jugo de tu rendimiento y tus éxitos.

El libro, en resumen, resulta más que recomendable para  todos aquellos aficionados al ciclismo que están hartos de la historia bonita del super-héroe que cae enfermo, que tiene una infancia triste, pero que logra a través del deporte convertirse en un ídolo de masas. Wegelius es exactamente lo contrario. El retrato de un antihéroe, el retrato de un hombre que siempre soñó con algo tan sencillo y a la vez tan difícil como ser ciclista profesional.

Por cierto, para comprar el libro, la mejor opción es siempre la vía de LIBROS DE RUTA

La mujer sin nombre

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Llegó puntual a la cita. Y empezó a mirar el reloj con desesperación. No esperó mucho. Decidió irse. Por fin iba a ser libre, pensaba. Un fuerte golpe le despertó:

-¿Dónde vas? -le preguntó sin saludar.

-Habían pasado diez minutos y como no… -balbuceó él.

-¿Diez? Te he observado. Has llegado con la hora justa y has mirado el reloj mil veces. No tenías mucho interés en la cita. ¡Reconócelo!

No contestó. Bajó la cabeza. No encontraba las palabras. Era algo que últimamente le sucedía con frecuencia. A ella no le sucedía lo mismo:

-Vamos. Ha llegado el momento.

El volvió a mirar al suelo. Pero al menos sí lanzó una pregunta:

-¿Dónde?

Ella sonrió. Era la primera vez que lo hacía. Una maldad había cruzado su mente. No quiso desvelar el secreto. La mujer sin nombre se limitó a responder:

-Es mejor que no lo sepas.

Daan Luijkx lanza el proyecto Team Earth

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El manager holandés Daan Luijkx ha lanzado a la luz pública el proyecto Team Earth. Esta iniciativa no nace para 2017 sino para 2018. Y con unos cimientos diferentes a los habituales: “No queremos patrocinadores. Buscamos socios. El ciclismo actual está vinculado a la presencia de uno o dos sponsors como única fuente de ingresos. El 73% de los ingresos de un equipo dependen del sponsor principal. Y ese modelo no es sostenible. Por eso creamos Team Earth con una mentalidad muy diferente. Abrimos nuestro equipo a seis socios que compartan una visión común: crear un proyecto sostenible desde todos los puntos de vista, el económico pero también el organizativo y el medioambiental”, explica Daan Luijkx.

En el pasado, Luijkx fue ciclista profesional y también gestor de equipos pequeños como P3 Transfer Batavus, pero también de equipos de primer nivel mundial como Vacansoleil-DCM, donde conquistó victorias de prestigio.

La idea de la sostenibilidad del nuevo proyecto conecta estrechamente con el nombre del equipo: Team Earth (Equipo Tierra). La base argumental para este proyecto, por tanto, pasa por un nombre que no será cambiado. El Team Earth cederá parte del espacio en el maillot y los vehículos a sus socios, pero sobre todo desarrollará una historia: “Queremos contar una historia. Queremos mostrar al mundo que un equipo ciclista puede ser sostenible. Hay pocos deportes más limpios que el ciclismo. La bicicleta no contamina y hay miles de personas que gozan en todo el mundo de la bicicleta y que son responsables medioambientalmente. Buscamos seis socios que quieran difundir esa misma filosofía y que quieran hacerlo a través de un equipo ciclista. En el Team Earth encontrarán la mejor plataforma para comunicar todas sus medidas medioambientales y para que todos juntos podamos mejorar la organización de un equipo ciclista y ser sostenibles en el largo plazo”.

La angustia de los puntos en Lombardía

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Dice hoy Juan Antonio Gutiérrez en las páginas del diario As que el Giro de Lombardía no modificará la clasificación del Ranking WorldTour. Y tiene razón. Peter Sagan va a ganar a Nairo Quintana. Pero esa es sólo la mitad de la realidad. Porque la otra mitad es que cada punto va a ser peleado con uñas y dientes. Más que al individual, miremos al Ranking Por Equipos:

1. VICTORIA. Si Sagan gana la carrera es probable que Tinkoff pueda superar a Movistar. La diferencia ahora mismo entre ambos equipos es de 70 puntos y hay 100 para el vencedor, así que Movistar necesita que Sagan no gane o que alguno de sus cinco mejores corredores sea capaz de sumar más de una treintena de puntos.

2. LUCHA POR TOP10. Sin embargo, el drama estará abajo, en la pelea por meterse en el top16. La ley de la UCI se presta a varias interpretaciones. Ya lo explicamos en su día. Pero ahora no hay más vuelta atrás. Todo o nada. Dimension Data está fuera de la lucha. No tiene opciones reales de remontar. Y para la otra plaza fuera del top16 hay tres candidatos: Ag2r (418), IAM (418) y Giant-Alpecin (415). De estos tres hay uno que se no juega nada puesto que va a desaparecer (IAM), pero sus corredores parecen más en forma y motivados que los de Giant-Alpecin, que son los que vienen cayendo poco a poco durante toda la parte final del año. De esos tres, uno quedará condenada a la plaza 17 y a tener que buscar abogados para salvar la situación.

Esa es la teoría: el 17º y el 18º tendrán que pelear con Bahrein y con Bora para estar en el UCI WorldTour de 2017, puesto que se va a reducir el número de equipos en la elite mundial de 18 a 17, por lo que uno debe quedar fuera. Sin embargo, cada vez coge más fuerza una posición totalmente diferente. Y no me refiero a que la UCI dé por buenos al 17º y 18º al considerar que la desaparición de Tinkoff y de IAM les convierte en 15º y 16º. Me refiero a la presión que los propios equipos parecen querer hacer: ahora mismo los equipos son los primeros que están exigiendo un WorldTour de 18 equipos. No tiene sentido cerrar las puertas a proyectos tan potentes como Bahrein o Bora.

La UCI y la solución de Alejandro Magno al nudo gordiano

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La Unión Ciclista Internacional (UCI) se enfrenta este invierno a una situación realmente difícil: tiene 18 aspirantes para 17 licencias WorldTeam. Yendo un paso más allá, podemos decir en que todo se resume en lo siguiente: Dimension Data, Bora o Bahrein-Merida se quedarán fuera de la elite mundial. Sólo uno de los tres. Pero siempre uno. O no, que diría Rajoy.

La historia arranca de una decisión bien pensada por parte de la UCI: reducir el WorldTour de 18 a 17 equipos. Como decíamos, la idea estaba bien pensada. Por un lado, el Tour de Francia venía pidiéndolo desde hace meses. Pero por otro… no se veían proyectos de nivel alto en el horizonte. La lógica era rotunda: para darle (o incluso obligarle) la licencia a un equipo sin nivel… era mejor dejarlo en 17. Pero la economía mundial empieza a reactivarse. Y el mejor síntoma es lo ocurrido en 2016-2017, una temporada que parecía catastrófica, pero que no lo ha sido. Lampre ha encontrado un copatrocinador chino y salva su proyecto y llegan dos estructuras fuertes para sustituir a las dos que desaparecen. O dicho con nombres y apellidos: llegan Bora y Bahrein-Merida y se van Tinkoff e IAM.

Ahora mismo la UCI se encuentra ante un nudo gordiano. La expresión viene por lo sucedido en tiempos de Alejandro Magno. La leyenda dice que sólo quien fuera capaz de deshacer el nudo de la ciudad de Gordión conquistaría Asia. Nadie lo logró durante años y años… hasta que llegó el gran Alejandro y de un mandoble de su espada se cargó el nudo entero. Problema resuelto. Y eso mismo es lo que puede y debe hacer la UCI. Pero veamos las alternativas:

1. APLICAR EL REGLAMENTO

Si la UCI aplica el reglamento tenemos garantizado el lío padre. ¿Por qué? Muy sencillo: la normativa UCI dice bien claro que Dimension Data acaba 18º en el Ranking WorldTeam de 2016 pero debe ser considerado 16º y, por tanto, con plaza garantizada para 2017. Con esa normativa, Dimension Data sería WorldTeam en 2017 y la plaza final estaría en juego entre Bora y Bahrein-Merida.

Pero no todo es tan sencillo. La UCI ha hecho entrega a los equipos de una Guía oficial de reglas. Según esa guía, Dimension Data debe ser considerado 18º y al no acabar entre los 16 primeros no puede tener privilegio alguno. Es decir, Dimension Data debe ir a la Comisión de Licencias y ahí es seguro que perderá por tener menos puntos que Bora y Bahrein-Merida. Dimension Data se quedaría fuera.

Lo único claro de suponer es que ocurra lo que ocurra, el tema no se resolverá en primera instancia y tendremos jaleo judicial hasta el final: Comisión de Licencias y TAS. Y, eso sí, muchos euros para los mejores despachos de abogados. Esos son los únicos con el éxito garantizado.

Lo más gracioso -tristemente gracioso- no es que reglamento UCI y normas oficiales de inscripción digan argumentos diferentes. Lo más curioso es que el reglamento de la Web de la UCI sigue hablando de 18 equipos WorldTeam. No han perdido el tiempo ni en cambiarlo. Y eso nos lleva a proponer la única solución viable en estos momentos.

2. APLICAR LA LÓGICA

La UCI necesita resolver el nudo gordiano ante el que se encuentra. Si aplica el reglamento en un sentido o en otro, está poniendo en riesgo de desaparición a proyectos de más de 10 millones de euros, con una buena política deportiva y con solvencia económica más que acreditada. La inversión de marcas como Dimension Data, Cervélo, Bora, Specialized, Bahrein, Merida… no puede estar en el aire hasta que a finales de diciembre el TAS resuelva el caso dejando a uno de ellos en la cuneta. La lógica es que la UCI debe recuperar los 18 equipos WorldTeam, al menos durante un año. Y marcar desde YA mismo unas normas claras para ascenso y descenso en 2018, con luces y taquígrafos.

El reglamento no puede superar el sentido común. Alejandro Magno fue el único capaz de comprender que la mejor manera de deshacer el nudo gordiano era cortando la cuerda. Y eso mismo debe hacer la UCI: ante el problema de tener reglamentos en el aire, con redacciones interpretables, con 18 estructuras fuertes llamando a la puerta con grandes jefes de filas (y ejércitos de abogados detrás)… la solución más sencilla es la mejor: WorldTeam de 18 equipos para 2017. ¡Y a correr! Ganarán los ciclistas, los organizadores y los aficionados. Es posible que el Tour de Francia no quiera 18 equipos. Pero todos debemos pensar lo mismo: los mejores equipos en las mejores carreras. Y dejar fuera de las grandes carreras a ciclistas como Mark Cavendish (Dimension Data), Peter Sagan (Bora) o Vincenzo Nibali (Bahrein) no tiene sentido alguno.