Gomorra o una sensación agridulce

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GOMORRA

Aprovechando el verano he buceado en el baúl de los recuerdos hasta encontrar un libro cuya lectura había ido retrasando durante mucho tiempo. Hablo de Gomorra, una novela/ensayo de Roberto Saviano y que está centrada en la Camorra y su control de toda una región de Italia y de la vida y obra de todas las personas que allí viven.

Lo cierto es que el libro me ha dejado un sabor agridulce. No tengo nada que objetar contra Saviano. Es más, merece todos los elogios del mundo puesto que ha puesto su vida entera en favor de la verdad y en la lucha contra la camorra (mafia) y la cocaína. Pero su estilo no me convence. El libro, mitad ficción-mitad reportaje periodístico, es un constante salto de historias, de anécdotas… sin orden ni concierto. En el fondo, te sumerge en un caos en el que te envuelve con cifras, chismes, datos incontestables hasta el punto de que acabas comprendiendo bien lo que quiere transmitir, pero de forma totalmente anárquica, lo que hace que la visión global quede difuminada.

El libro, por tanto, es interesante pero creo que ha envejecido mal, especialmente para los no italianos. Para nosotros, la historia de esta familia o de aquella otra es simplemente anecdótica. Por eso se echa en falta una mayor y mejor explicación de los entramados. De todos modos, el gran acierto es explicar que la Camorra forma parte de un entramado delictivo mundial, con ramificaciones en todos los continentes, con control en los puertos y con estructura empresarial. Los tiempos de saquear a los pequeños negocios se han acabado. Ahora hasta son prestamistas de esos mismos negocios a los que imponen el uso de proveedores que pertenecen a sus estructuras económicas. Y es que el libro insiste una y otra vez en una idea: la Camorra es ahora la Gran Empresa.

Ampliación del campo de batalla, la primera novela de Houllebecq

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ampliacion

Después de leer varias noveles de Michele Houllebecq, tenía interés personal por detenerme en el comienzo de todo, su primera novela. Por fin, entre viaje y viaje, encontré un hueco para leer Ampliación del campo de batalla. Mi sensanción inicial es que no se trata de la mejor de sus obras ni tampoco de la más interesante. Pero no es un mal libro.

Houllebecq desgrana la vida de un informático sin ambición, de un informático que vive en una alegre depresión, lenta y suave. Esa visión del mundo es constante en la obra literaria de Houllebecq, por lo que una vez leídas varias de sus novelas, no significa ninguna revolución intelectual de un hombre, Houllebecq, que sin duda alguna escribe para sorprender y obligar a reflexionar.

El mejor pasaje de la obra es el siguiente fragmento: “Definitivamente, me decía, no hay duda de que en nuestra sociedad el sexo representa un segundo sistema de diferenciación [...]. Igual que el liberalismo económico desenfrenado, y por motivos análogos, el liberalismo sexual produce fenómenos de empobrecimiento absoluto. Algunos hacen el amor todos los días, otros cinco o seis veces en su vida, o nunca. Algunos hacen el amor con docenas de mujeres, otros con ninguna. Es lo que se llama la ley del mercado. En un sistema económico que prohíbe el despido libre, cada cual consigue, más o menos, encontrar su hueco. En un sistema sexual que prohíbe el adulterio, cada cual se las arregla, más o menos, para encontrar su compañero de cama. En un sistema económico perfectamente liberal, algunos acumulan considerables fortunas; otros se hunden en el paro y la miseria. En un sistema sexual perfectamente liberal, algunos tienen una vida erótica variada y excitante; otros se ven reducidos a la masturbación y a la soledad. El liberalismo económico es la ampliación del campo de batalla, su extensión a todas las edades de la vida y a todas las clases de la sociedad”.

Y como siempre suele ocurrir, los personajes de Houllebecq no encuentran la felicidad en ninguno de los ámbitos. El protagonista de esta novela, por ejemplo, lleva dos años sin pareja y lo que es peor ya no aspira a tenerla ni siente motivación alguna en ese pensamiento. Pero es que le sucede lo mismo con los amigos, con su trabajo y con la vida misma. Como bien dice: “Estoy prisionero en mi mismo. He fallado el blanco de la vida”.

El libro, por tanto, no es aconsejable para personas que estén viviendo momentos delicados en su vida, puesto que Houllebecq no es -ni quiere serlo- la alegría de la huerta. Pero siempre permite reflexionar sobre cómo vivimos y qué deseamos.

Pasado perfecto, interesante novela negra cubana

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padura

Intento ponerme al día con el resumen de libros ya leídos, pero no comentados. Y lo hago con una nueva novela negra, pero muy diferente a las que he leído últimamente. El título es significativo: Pasado perfecto. El autor es Leonardo Padura. Lo primero que hay que decir es que hablamos de una novela negra ambientada en Cuba. No pretende ser crítica con el régimen. Pero la descripción del día a día de un policía en Cuba no deja en muy buen lugar a una estructura enquilosada en la burocracia más absurda como es la del comunismo cubano, donde nada puede ser preguntado sin el permiso del sindicato o del jefe del partido en el barrio, por poner sólo un ejemplo.

El investigador se llama Mario Conde y no es banquero sino policía, aunque en realidad le gustaría ser escritor. El caso trata de la desaparición de un brillante miembro del Partido Comunista Cubano y, al mismo tiempo, marido de un antiguo amor de Mario Conde, lo que colocará al policía en una complicada situación personal y en un claro conflicto de intereses. Y el título, Pasado perfecto, señala lo que todos dicen del desaparecido: no sólo es un tipo brillante sino que su trabajo siempre ha rozado la perfección. Nadie duda de él, lo que incomoda y mucho a Mario Conde.

No vamos a contar mucho más. Hacerlo sería destripar la novela. Pero sí apuntamos dos detalles: el libro incluye localismos -palabras típicamente cubanas-, pero se puede leer más o menos bien por un lector medio español. Y la escritura es muy clásica, con frases largas y bien desarrolladas. Libro, por tanto, recomendable y que es el primero de una serie de ocho novelas con Mario Conde como protagonista.

Noticias de la noche, de Petros Markaris

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La novela negra contemporánea puede dividirse, al menos, en tres grandes bloques: la americana, la nórdica y la mediterránea. En la mediterránea, con autores como el catalán Vázquez Montalbán o la americana Donna Leon, abundan las referencias gastronómicas, la mirada con humor hacia el mundo (no exenta de escepticismo vital) y el análisis de la corrupción política, económica y social. El libro que hoy desgranamos es un fiel ejemplo de esa mirada mediterránea. El autor se llama Petros Markaris y es griego, lo que siempre supone para el lector el premio especial de conocer un poco más las entrañas de un país lejano geográficamente pero no tanto cultural e incluso socialmente.

La novela es la primera de la saga de Kostas Jaritos, un miembro de la policía griega que destaca por su machismo en el trato hacia su mujer y por su deseo de no hacer absolutamente nada con su vida. Pero poco a poco se va viendo cierto cariño hacia la profesión policial que le impide quedarse de brazos cruzados. El inicio, por cierto, es de lo más curioso: “Cada mañana, a las nueve, nos observamos. Él permanece de pie ante mi escritorio, mirándome fijamente. [...] “Soy un cretino”, me dice, aunque no lo expresa con palabras. Yo, sentado detrás de la meas de mi despacho, le clavo la mirada en los ojos. [...] “Sé que eres un cretino”, le transmito, aunque tampoco pronuncio ni una palabra y es mi mirada la que habla”.

Así arranca la relación de Kostas Jaritos con su subordinado y con la vida entera. Sobreentendidos necesarios para sobrevivir en un mundo lleno de dificultades económicas. La novela arranca con la muerte de dos albaneses en un caso sencillo que capítulo a capítulo va complicándose. En definitiva, libro MUY recomendable para que el quiera pasar un buen rato con una novela negra en la que no hay escenas repelentes y en la que abundan los giros cómicos.

Euskadi Murias da el salto: serán profesionales en 2018

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Euskadi Basque Country Murias ha anunciado de forma oficial que será equipo profesional en 2018. Y, además, han recalcado que tendrán una invitación para la Vuelta a España y que están abiertos a cualquier sponsor que quiera entrar en el proyecto. Hasta aquí, los titulares informativos. Vayamos ahora con la opinión.

Lo primero que hay que decir es que Murias se merece un aplauso muy grande por su apuesta por el ciclismo. Es la empresa que está tirando del carro de este proyecto desde el primer día y es la marca que ha decidido dar un paso adelante. Y también Jon Odriozola se merece los elogios. Pocos como Jon han viajado por medio mundo explicando el proyecto y las bondades del ciclismo profesional… con el sueño de llegar a la categoría profesional. Como anécdota diremos que Odriozola le comentaba hace más de una década a un amigo que no se preocupara por su futuro, puesto que él un día tendría un equipo profesional y le ficharía de jefe de filas. Odriozola era entonces ciclista veterano y experto y mi amigo, un joven casi neoprofesional. La vida ha dado muchas vueltas, pero Odriozola lo ha conseguido. ¡Un triunfo a su perseverancia!

En segundo lugar, hay que hacer un análisis frío de la situación de la cantera vasca. La realidad ahora mismo es que los mejores ciclistas del pelotón amateur no son vascos. Hay corredores interesantes en Euskadi, por supuesto. Pero los dominadores de la categoría -Sergio Samitier, Gonzalo Serrano…- no son vascos. ¿Por qué? Hay mil explicaciones posibles y, entre ellas, la diosa fortuna, puesto que sólo así se puede explicar el boom de grandes talentos que han aparecido en Huesca en los dos últimos años, por citar sólo un ejemplo. Lo que está claro es que la cantera vasca vivirá un antes y un después del nacimiento de este equipo profesional. De repente, hay una luz al final del túnel: y eso siempre significa oportunidades y más ilusión para el trabajo diario, que es lo que de verdad permite sacar talentos. En este deporte… si no trabajas estás muerto. Y es difícil trabajar cuando las salidas son casi nulas. Por eso resulta tan interesante la llegada de Euskadi Murias.

A partir de ahí, son las instituciones y las empresas vascas las que deben fijar el techo del nuevo equipo. Por lo que se intuye se arranca un proyecto de mínimos pero con la ilusión de seguir creciendo. ¿Hasta dónde? Lo dicho: es el momento de que todos apoyen el proyecto y lo empujen a la clase media que tanta falta hace en el pelotón mundial.

Alex y la escritura “diferente” de Pierre Lemaitre

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Regresamos hoy con libros después de un silencio demasiado largo, pero las obligaciones laborales apenas han dejado tiempo libre para leer. La novela escogida ha sido Alex, de Pierre Lemaitre. Ya habíamos hablado de Nos vemos allá arriba y Vestido de novia. Es, por tanto, la tercera novela del mismo autor y, posiblemente, la mejor de las tres.

Alex recupera uno de los tópicos que más inquietan a Lemaitre: la posibilidad de que un verdugo sea inocente y, sobre todo, de que un ser inocente -una víctima- sea verdugo (en el pasado, en el futuro o en ambos). La novela arranca con un brutal secuestro sufrido por una joven llamada Alex. A partir de ahí una primera recomendación: si sufres con escenas violentas o de máxima tensión, ni siquiera abras la primera página del libro.

La novela va dando vueltas hasta cambiar por completo la visión de cada uno de los personajes. Y lo hace a través también del punto de vista de un policía muy particular: Camille Verhoeven. El desarrollo de su personalidad es, posiblemente, lo más atractivo de esta obra.

El resumen es obvio: buen libro para los amantes de la novela negra, pero sobre todo del thriller.

Plataforma, del siempre impactante Houellebecq

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8552a73204df4dde0fb5d277854c102aMichel Houllebecq es un escritor francés que disfruta con la provocación. Para todos los que no lo hayan leído, el libro Sumisión es una obra innegociable para entender mejor su visión del mundo y el futuro de Occidente. Y muchos de los temas desarrollados en Sumisión ya venían siendo apuntados desde Plataforma, una de sus primeras novelas. Este es el libro que he leído esta misma semana y sobre el que quiero detenerme.

Plataforma es una novela extraña, como el propio Houllebecq. La primera advertencia es obvia: si te escandaliza leer escenas de sexo, Plataforma no es tu libro. En ese sentido, Houellebecq desarrolla la novela como una crítica hacia el mundo occidental, al silencio, a la incapacidad de las personas para alcanzar la felicidad y al deseo de vivir experiencias fuera de lo normal por la sensación de vacío interior que nos inunda. En la novela de Houllebecq los personajes recorren países como Tailandia o Cuba. Y, evidentemente, sale a colación un tema del que se habla muy poco en Occidente: la prostitución infantil. También hay su habitual crítica hacia el islamismo. Pero sobre todo hay una retahíla de personajes abandonados a su suerte. Son tipos que en realidad no son malas personas. Son simplemente mediocres y lo saben y asumen.

Houellebecq suele decir: “No hay que temer a la felicidad: pues no existe”. En eso se basan sus novelas, en personajes que no creen en nada ni en nadie porque en realidad no creen en ellos mismos. Ni siquiera creen en la vida. Pero el libro no es una visión nihilista del mundo. Pasa por diferentes fases bien marcadas y reflexiona sobre todo lo que viven sus personajes con la habitual lucidez del escritor francés. Lo que resulta evidente cuando uno ha leído más de un libro de Houellebecq es que resulta imposible estar de acuerdo con él en gran parte de su pensamiento. Pero resulta muy interesante leer su punta de vista. Houellebecq vive de provocar y de sorprender. Y te obliga a pensar, aunque sea para descartar que este extraño autor de libros tenga razón. Y pensar… es uno de los hechos más difíciles a los que nos enfrentamos en un siglo XXI en el que todo está diseñado para que sigamos una rutina autómata sin reflexión alguna. Por eso Houllebecq resulta imprescindible en la biblioteca de cualquier buen lector, aunque sea para maldecirle a él y a todos sus puntos de vista.

David Howman y los predicadores de trigo

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Estoy seguro de que muy probablemente usted, querido lector, no conocerá de nada a David Howman. No se preocupe. No se ha perdido a nadie importante y puede seguir viviendo tan tranquilamente sin saber que estamos hablando del ex presidente de la Agencia Mundial Antidopaje. Este señor, como muchos otros, es un predicador de trigo y, para desgracia nuestra, anda pululando estos días por Madrid. ¿Qué significa lo de predicador de trigo? Bueno, ahora es más sencillo llamarlo populista. Se entiende mejor. Y se adapta como un guante a la mano de esos tipos que gritan tener soluciones sencillas para problemas complejos. Todo esto viene a cuento de la Operación Puerto. Y del ridículo que muchos vienen haciendo desde que estallara haca una docena de años.

Cuando el caso saltó, fueron múltiples y variadas las voces internacionales que señalaron con el dedo a España. Decían simple y sencillamente que era una vergüenza que España no sancionase a todos los deportistas implicados. Lo que sí sabían, puesto que ignorantes hay pocos, es que el caso estaba en sede judicial. Así que en realidad… ¿qué proponían? Para cumplir sus palabras, el Gobierno Español debería haber enviado a varios militares al juzgado de Madrid, disparar a los miembros de la Guardia Civil que protegen la entrada, subir hasta el despacho del juez y del secretario judicial, torturarles sin compasión hasta arrancarles las pruebas y luego irse a Suiza a confirmar el ADN de las bolsas con el de los sospechosos. Digo esta barbaridad porque la realidad era muy sencilla de entender: en España existe una Constitución. Y unas leyes. Las dos son tajantes: las pruebas de un caso penal no pueden ser utilizadas para nada más hasta que no acabe el caso penal.

Eso lo sabían todos los populistas que han estado durante años atacando a España, a nuestra justicia y a nuestro deporte acusándonos de connivencia con el dopaje. Pues bien, resulta que se acaba la Operación Puerto y los jueces deciden dar las pruebas (bolsas de sangre) a todos esos portavoces del simplismo. Y ojo porque también podían haber decidido devolvérselas a Eufemiano Fuentes. También hubiera sido legal. Pero decidieron que no. La justicia española decidió dar una oportunidad a los predicadores del trigo. Y más de media año después, ¿qué nos encontramos? Pues que el amigo David Howman reconoce que ya han contrastado ADN con sospechosos, que tienen la lista identificada… pero que los abogados de la Agencia Mundial Antidopaje les recomiendan por el momento no publicar la lista para evitar demandas.

Entonces… ¿en qué quedamos? Muy sencillo y muy bien explicado en el refranero español: es más sencillo predicar que dar trigo. Pero Howman se lava las manos: “Yo daría los nombres”. Otra vez el mismo argumento populista. Hacemos el ridículo pero no es culpa mía porque yo no mando. Pues bien, ya les garantizo yo que si siguiera siendo presidente, no los daría por lo mismo por lo que no se dan ahora mismo: en la vida hay que separar muy bien lo que te gusta de lo que puedes hacer… al menos si no quieres acabar en la cárcel y/o arruinado.

Lo de Howman y tantos otros recuerda a las conversaciones de bar que todos mantenemos de vez en cuando y que ante problemas graves acaban con dos frases igual de grandiosas: eso lo arreglo yo en 24 horas (solución que suele incluir lanzar bombas a cascoporro) o eso se arregla en dos patadas (solución que significa que no tienes ni idea, pero que con 2 gin-tonics más… alguna cosa se te ocurrirá). Lo dicho, soluciones de barra de bar a problemas graves traen lo que hemos sufrido durante años: cínicas acusaciones de no hacer nada por organismos a los que ahora podemos señalar inquisitorialmente por hacer lo mismo: la nada más absoluta. Sin embargo, yo no lo haré. Entiendo perfectamente que los abogados del AMA tengan muchas dificultades en dar los nombres de deportistas que no pueden ser sancionados y que sí pueden demandar por una ofensa contra su honor. Se dirá que los tramposos no tienen honor. Pero eso no es un argumento legal. Es un argumento visceral y de barra de bar. Y creo que el cupo de populismos en este caso está más que cubierto. Y lo dice un servidor al que sí le gustaría personalmente que se conocieran los nombres de las personas que hicieron trampas durante años. Pero entiendo perfectamente la diferencia entre el gusto personal y la legalidad. Ellos también. Pero prefieren negarlo para ganar titulares y portadas. Son los predicadores del trigo, los populistas de la lucha antidopaje.

Nada sucio, un libro diferente de Lorenzo Silva

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Hoy vamos con otro libro. Es una novela. En realidad, una novela muy corta: apenas 145 páginas. Y no es la única nota de color. El libro tiene dos autores: el famoso Lorenzo Silva y Noemí Trujillo. Y se titula Nada sucio. Entre los dos autores han creado la primera historia de la detective Sonia Ruiz y su ayudante Pau Soria. Además, la curiosidad es que esta saga tendrá continuidad, pero no de mano de Silva y Trujillo. Serán otros autores los que sigan con la trama, algo más que curioso y, sin duda alguna, pionero en nuestro país. El libro es relativamente barato y se lee en poco más de un par de horas.

Pero yendo al fondo de la historia, debemos decir que estamos ante un clásico de la novela negra. En la obra hay más sexo de lo que suele ser habitual en las historias de Lorenzo Silva, pero el mismo ritmo y los mismos aciertos a la hora de afrontar el género noir. La novela cuenta las andanzas de una joven llamada Sonia Ruiz, mujer al límite de la ruina económica. Piensa en la investigación privada para buscar una solución a su vida. Y acaba implicando al joven Pau Soria en sus andanzas. No contaremos más para no desbrozar la historia. Pero como siempre que hablamos de un libro de Lorenzo Silva (aunque sea al 50%), recomendación garantizada!

Vestido de novia, un libro curioso de Pierre Lemaitre

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En su día hablamos de una novela de Pierre Lemaitre, Nos vemos allá arriba, y no demasiado bien. Ahora vamos con un segundo título del mismo autor: Vestido de Novia. Y vamos a ser más positivos. Lemaitre es un escritor curioso. Juega hasta el límite con el principio de verosimilitud, es decir, lleva al lector al límite de lo razonable en lo que puede ser creído y lo que directamente no puede ser aceptado. Y Vestido de Novia es un buen ejercicio de llevar las historias al límite y, al mismo tiempo, entretener al lector.

Lemaitre nos presenta a una mujer que va matando a todos los que se cruza y que apenas recuerda nada de lo sucedido. La historia dicen que tiene reminiscencias a los héroes de Hitchcock. Puede ser. Pero lo cierto es que Lemaitre merece ser leído sólo porque es un hombre diferente a lo que habitualmente encuentras en una estantería. Eso sí, todos sus libros (o al menos estos dos) tienen el mismo problema: cuesta mucho entrar en la historia. Los arranques no son nada buenos. A partir de la página 40-50… sueles engancharte a la historia. Pero hay que poner empeño para llegar hasta allí. Conclusión: lectura igual de recomendable que Nos vemos allá arriba. Es decir, libro que deben leer personas a las que les guste verse sorprendidos por un autor y un texto, con cambios de puntos de vista que transforman por completo lo leído previamente.